Meditación Devavani (Osho)                                        

Devavani significa “La voz divina”. Al practicar esta técnica, imagínate que lo Divino pasa a través de ti, que lo Divino habla a través de ti. Tú eres solamente un canal, una vasija vacía, a través de la cual lo Divino se mueve y habla.

Cada uno de las cuatro etapas dura quince minutos y, en todo momento, los ojos han de mantenerse cerrados. La técnica puede practicarse en grupo o en solitario.

Primera Parte: Siéntate en silencio y escucha la música. No has de hacer nada.

Segunda Parte: Después de quince minutos, cuando la música cese, conviértete en un canal para la voz divina. Empieza diciendo solamente la…la…la… hasta que palabras desconocidas afloren en tus labios. Después de unos cuantos días de practicar esta meditación, las palabras se convertirán en un lenguaje desconocido y descubrirás que estás diciendo frases enteras en una lengua desconocida. Esto viene a ser un latihan de la lengua, de modo que no llores, ni grites, ni rías, ni gimas, pues esto daría significación a los sonidos. Es necesario que las palabras surjan de la parte del cerebro que empleabas cuando niño, antes de que pudieras hablar; no de la parte que piensa y que comunica. Las palabras han de venir de la parte desconocida del cerebro. En el antiguo testamento, este tipo de habla se denomina “glosolalia”.Este latihan de la lengua ha de distinguirse perfectamente de la técnica giberish. No es una catarsis, no es sacar lo que tengas en tu interior. Más bien, es dejar que te conviertas en un vehículo de la divina energía. El giberish es hacer; el latihan es un dejar hacer. El giberish hace que liberes contenidos de tu interior; el latihan hace que algo se mueva a través de ti. Si las palabras dejan de aparecer, empieza con él la…la…la… hasta que las palabras empiecen otra vez a fluir por tu boca.

Tercera Parte: Durante quince minutos, quédate de pie, continúa hablando en lenguas desconocidas y deja que lo Divino se mueva a través de tu cuerpo. Deja que suceda un latihan total. Si dejas que tu cuerpo se relaje y afloje, pronto notarás energías sutiles moviéndose en su interior.  Deja que esas energías muevan tu cuerpo, lenta, graciosamente. No seas tú el que te muevas; deja que las energías te muevan.

Cuarta Parte: Simplemente túmbate y quédate totalmente quieto. Nota: La segunda etapa de esta meditación puede ser hecha en cualquier parte, en cualquier momento—conduciendo, bañándote, trabajando—y Osho dice que es más poderosa que cualquier oración. Felicidad y Cambio. El hombre podría haber sido un buen, hermoso bailarín , y ahora está sentado en una oficina, apilando archivos. No hay ninguna posibilidad para la danza. El hombre podría haber disfrutado bailando bajo las estrellas, pero simplemente sigue aumentando la cuenta bancaria. Y él dice que es infeliz: “Dame alguna meditación.” ¡Yo puedo dársela! –¿pero qué es lo que esa meditación va a hacer? ¿qué se supone que hará? Él seguirá siendo el mismo hombre: acumulando más dinero, compitiendo en el mercado. La meditación puede ayudar de esta manera: puede relajarle un poco más, aun para hacer mejor estas cosas sin sentido. Yo lo llamo meditación, un peregrinaje silencioso hacia tu propio ser.Y en cuanto encuentras tu propio centro, has encontrado el centro de la existencia entera. El extremista es siempre un egoísta. Osho

Ahora es el momento de separar el subir del bajar, ahora es el momento en que si te deslizas a la pereza siquiera por un instante, tendrá que soportar sufrimiento constante; ahora es el momento en que si te concentras por un instante, gozarás de felicidad constante. Concentra la mente con un sólo propósito; esfuérzate por prolongar los resultados del buen karma

Qué lejos está este estilo de vida de la educación a la que hemos sido acostumbrados

que además de teórica y verbalista, acumulativa, aburrida,

angustiosa, obligatoria sin sentido y otros muchos defectos que la rebajan a

un estado inferior de simple instrucción cada día más desorientada, ha marcado

como objetivos, el deseo y el éxito puros, asegurados, sin dolor ni

sufrimiento, sin frustración y sin pérdidas. ¿No es acaso esta la existencia

con la que nos encontramos ? ¿Quién no ha experimentado el miedo, la

injusticia, el abandono, la incomprensión, la indiferencia…cuando esperaba

lo contrario ? ¿Quién no ha sido egoísta prefiriendo las ventajas propias, a

ceder el paso a otros y beneficiarles ? ¿Quién no ha exclamado alguna vez

¡la vida es un fraude ! cuando acaban defraudando los padres, los hijos, los

amores, los amigos, los negocios, la política, la sociedad ? ¿Quién no ha

tenido alguna vez la idea de la autodestrucción ?.

La instrucción evasiva de estos conflictos, se acompaña de una falta de educación

para enfrentarlos con valentía, con recursos lúcidos sin necesidad de

pomposos Estudios superiores “ que no enseñan a hacer el amor, la casa, el

huerto, cocina, ropa, bienestar…” ni tener que recurrir a terapias reinsertadoras

de circo. Una educación de este tipo facilita el desarrollo de sistemas

de defensa y compensación complicadísimos en forma de adicciones

a las que englobaré con el nombre del Refugio fácil, de las que

somos inconscientes en mayoría. Por ejemplo: a sustancias como el

tabaco, alcohol, dulces, estimulantes ( coca, anfetas, éxtasis, LSD…),

tranquilizantes, analgésicos, narcóticos (opio, morfina…), marihuana,

antidepresivos…, al juego, videojuegos, internet, móvil, apuestas, cartas,

bingo, ruleta, lotería, quinielas…, Televisión, cine, compras, música-

trance, trabajo, sexo, afectos, coleccionismo y otras aficiones con

todas las perversiones imaginables… Todo esto es Karma

Karma: La rueda que ata

Origen de la existencia física y el astuto invento de la naturaleza para mantener esta existencia. La ley del karma hace que se nos pague ‘ojo por ojo y diente por diente’ en forma de alegría o sufrimiento. Es el látigo aguijoneante en las manos ocultas de la naturaleza. La mente contrae karma, coloca una cubierta sobre el alma y gobierna al cuerpo a través de los órganos y los sentidos. Aunque es el alma la que imparte fuerza a la mente, esta última, por el contrario, ha logrado soberanía y está gobernando al alma. El control sobre la mente es entonces el primer paso hacia la espiritualidad. Victoria sobre la mente es victoria sobre el mundo. Aún los yoguis y místicos realizados que pueden trascender a altas regiones espirituales, no dejan de ser tocados por la mano del karma. Los Santos clasifican los karmas en tres grupos diferentes, como sigue:

1. Sanchit (almacenados):  Acciones buenas o malas que están registradas en nuestra cuenta como ganadas y contraídas en todos los cuerpos anteriores del orden de la Creación, contando desde el día de la primera aparición de vida en la tierra. Pero, ¡ ay!, el ser humano no sabe nada de ellos y de su magnitud.

2. Prarabdha (destino): Karmas que forman el resultado y efecto de acciones del pasado, que han dado al ser humano el cuerpo actual y que tienen que ser pagados en esta misma vida. Las reacciones de estos karmas vienen a nosotros inesperada e imperceptiblemente y por tanto, no tenemos control alguno sobre ellos. Ya sea bueno o malo, tenemos que tolerar y soportar este karma, riendo o llorando, como mejor nos convenga.

3. Kriyaman (cuenta de nuestras acciones en el cuerpo actual): Este es diferente de los dos grupos arriba mencionados, ya que aquí el ser humano es libre de hacer exactamente lo que le plazca, dentro de ciertos límites. Sabiéndolo o no sabiéndolo, las acciones ejecutadas y que quedan bajo esta clasificación, dan su fruto. El resultado (de algunos de estos karmas los cosechamos antes de morir y el resto es transferido a la bodega Sanchit. El karma es la causa del renacimiento y cada nacimiento, a su vez, es seguido de la muerte. Así, continúa el ciclo de goces y de sufrimientos, los cuales son los compañeros del nacimiento y de la muerte.

“Así como piensas, en eso te conviertes”

Es una ley inalterable de la naturaleza por la cual este universo existe. Ninguna cantidad de integridad o de genio puede absolver al ser humano mientras haya el más ínfimo trazo de karma. La ignorancia de la ley no es excusa; y aunque bajo circunstancias especiales puede haber alguna concesión o relajamiento en las leyes hechas por el hombre, no existe esa  concesión en las leyes de la Naturaleza. La oración, confesión y sacrificio pueden dar alivio temporal a la mente, pero no pueden aniquilar el karma. Todo el karma debe ser eliminado totalmente antes de poder obtener la salvación permanente. El ser humano es el hacedor de su propio destino. Aunque no podemos alterar el pasado, sin embargo, podemos forjar el futuro lo mejor que podamos. “Hasta aquí y no más”, es el límite que el Maestro traza para cada uno de nosotros y por ninguna razón debe ser transgredido.
Ahora que nuestro destino nos ha traído aquí, ¿cómo podemos sacar el mejor provecho de la vida humana?

No deberíamos plantar más semillas (acciones que como consecuencia traen reacciones).
Aquél que es de un solo color, goza libertad perpetua;

No se pelea con nadie.

Las buenas acciones traerán sin duda una recompensa, pero aun así, ustedes serán prisioneros.

Posiblemente algunos irán a una prisión clase ‘A’; otros a la clase ‘B’ y otros a una prisión clase ‘C’. Puede ser que algunos gocen de placeres de otros mundos. Cielo e infierno vendrán una y otra vez, pues este círculo no puede romperse a menos que salgamos de la ilusión.

Venimos a este mundo únicamente para saldar nuestras cuentas antiguas de “dar y recibir”. Todas nuestras relaciones, padre e hijo, esposo y esposa, madre e hija, hermano y hermana y viceversa, son el resultado de reacciones kármicas del pasado. Se dice que la pluma del destino se mueve de acuerdo con nuestras acciones.

Cosechamos lo que sembramos

Venimos con nuestro destino escrito en la frente: hasta nuestro propio cuerpo es el resultado de nuestros karmas, y muy acertadamente se dice que es Karman sharir (cuerpo de karmas); es el destino el que forja nuestro molde. Sin el cuerpo físico no puede haber acciones y sin acciones no puede haber cuerpo. Por tanto, nos corresponde pasar nuestros días felizmente y dar sin rencor lo que tenemos y debemos dar, pues no hay escape de ello. Tenemos por supuesto, que tener cuidado de no crear nuevas reacciones y sembrar semillas nuevas. Este es el único modo de salir de las profundidades abismales del océano kármico. Es una idea errónea el esperar que después de la iniciación cambiaran los acontecimientos de este mundo, de tal manera que las amarguras jamás surgirán en tu camino. Los altos y bajos vienen como resultado de las reacciones de nuestras propias acciones.

Tenemos que afrontarlas y saldarlas. Sí huyésemos de ellas, las deudas permanecerían sin ser liquidadas. —Hemos sido unidos a nuestra familia y parientes por la voluntad de Dios y por los karmas del destino (prarabdha), y deberíamos aceptar las condiciones con alegría. Únicamente aquel que conoce en verdad, paga gustoso a lo largo de su vida. —¿ Quién sabe cuántas dificultades se deben a nuestras deudas pendientes?—.Si ustedes han succionado la sangre de alguien ahora (es decir, haciendo daño), en la próxima vida esa misma persona les hará daño a ustedes. Aparentemente parece ser que: “él me hace daño, es un tirano, es cruel; pero, ¿quién sabe cual es la reacción del pasado? El alma es alimentada sólo con el Pan de la vida que es la experiencia del Más Allá. Con tal alimento se fortalece el alma, y a pesar de que lleguen la miseria y el dolor, no tendrán un efecto tan grande. Si tenemos que caminar por un sendero lleno de espinas, pero nos ponemos gruesas botas, no sentiremos las espinas. Digamos que hay diez personas que son golpeadas físicamente. Una de ellas es muy débil, y después de haber recibido unos golpes ligeros, se cae. Otras personas admiten que también fueron golpeadas, pero que no lo resintieron tanto. Similarmente, si el alma es fuerte, aunque la felicidad o la desdicha le lleguen, los efectos no serán drásticos.

Pregunta:

¿ Podemos superar las impresiones kármicas del pasado?

Maestro:

Las reacciones kármicas que están dando fruto  no las pueden suprimir; usen botas gruesas para protegerse de los efectos punzantes de las espinas.

En lo que respecta a la muerte del individuo, tiene que morir, morirá, debe morir. Así que, las reacciones kármicas del pasado que están fructificando, no pueden ser detenidas, pero ustedes pueden estar en una posición tal, que las mismas no los lastimen con lo punzante de su aguijón.

Pregunta:

¿ Existe alguna forma para saber si nuestras acciones están liquidando una deuda o si estamos comenzando algo nuevo?

Maestro:

Elévate al plano causal, no lo puedes saber antes.

Pregunta:

Si un iniciado, debido a sus karmas, tiene que regresar, ¿ cuán pronto seria?

Maestro:

La primera pregunta:

si es iniciado por un Maestro competente y si está siguiendo Sus mandamientos, viviendo de acuerdo con lo que Él dice, si es regular en su devoción a sus prácticas, si ve la Luz y escucha también el Principio del Sonido (internos), tanto como para haber cortado todo deseo a lo externo, —tal iniciado no tendrá que regresar en absoluto .Tendrá mayor progreso después. Quienes hayan hecho poco o nada, tendrán que regresar, pero no en forma inferior a la del cuerpo humano. Volverán de nuevo a recibir ayuda ulterior y se elevarán. Y aquellos que han desarrollado un fuerte amor por el Maestro, tanto, que todos sus deseos se hayan consumido, tales almas no regresarán; progresarán de ahi en adelante.

Ningún iniciado puede llevar la carga kármica de otros.

Es únicamente el Poder Maestro lleno de gracia, trabajando en el polo humano del Maestro viviente, Quien puede liquidar deudas kármicas bajo Su Voluntad divina, y nadie más puede hacerlo.  Sant Kirpal Singh autor
1.- karma. Significado y clases
2.- Karmas: Sanchit, Pralabdha y kriyaman

3.- Cómo maneja los karmas el Maestro

4.- Otras implicaciones del karma

5.- Cómo escapar del karma

I.- Vivir verdaderamente

a) Dieta (Ahar)

b) Conducta social (Vihar)

II.- Vida de entrega del ser

 

 

Primero tiene uno que retirarse al silencio del alma antes de que empiece a escuchar los cinco acordes de la Música Celestial.  Las corrientes sensorias tienen que ser retiradas del cuerpo y ser concentradas en el aposento del alma que está justo detrás y entre las cejas.  La jornada hacia adelante empieza desde este nivel, el séptimo en orden de abajo hacia arriba. Cuando el alma se eleva por encima de los seis Chakras o ganglios inferiores del cuerpo físico o Pind, y alcanza el loto de los mil pétalos (Sahas Dal Kanwal), la séptima etapa, se acoge al primero de los cinco acordes de la Música Divina y sigue adelante. No hay Verbo o Naam en los seis Chakras inferiores, los cuales son en verdad el sepulcro del que tenemos que elevarnos y llegar al punto desde donde empieza el gran camino principal de la espiritualidad.  Otro Santo dice: En la séptima etapa empiezas a escuchar los cinco acordes de la Música Divina, cuando retiras la lápida que encierra al alma en la tumba del cuerpo, la cual incluye los seis Chakras inferiores.  De aquí en adelante, la Música Celestial se hace cargo del alma y la jala de etapa en etapa hasta llevarla al Sat Purush, al Sat Naam

Entonces el karma colectivo de la China es complejo y ambiguo, porque tuvo una revolución comunista que quiso barrer la metafísica y ahora con un capitalismo de Estado se perfila como la próxima potencia mundial…
Pienso que mientras Occidente con todo su materialismo y su posmodernismo va adhiriendo ideas tradicionales, como el karma, Oriente que era tradicional comienza a abrazar ideas muy occidentales. Son ciclos… En la China ha pasado algo muy especial, el comunismo es antitradicional y es antimetafísico por definición, entonces durante el yugo comunista ha habido un gran cambio. La verdad siempre tiene que brillar, se puede opacar por un tiempo, pero la necesidad de buscarla no se puede opacar en el espíritu del ser humano. Eso es metafísica, por lo tanto, ha habido un periodo de eclipse y va a continuar mientras que el poder comunista esté allí. Hay un renacimiento subterráneo en las universidades de los temas metafísicos y esa tendencia va a seguir creciendo. Y si hay un cambio de régimen esto va a explotar como “nueva era”, es decir, de manera superficial, pero nuevamente la tradición se va a asentar. Aunque no con la fuerza de la antigüedad.

Occidente ha introducido al mundo no solo la globalización sino el poder del mercado y la población china es exorbitante: si concibiésemos un dólar al día de cada persona en la China, imagínate el dinero. Un fabricante en la China si no produce por lo menos diez millones de polos no va a poder ganar dinero, un fabricante de polos está manufacturando cada producción por lo menos 20 millones y los grandes 50 millones. Y no se venden al extranjero, si no al mercado interno. Estados unidos lo solía hacer, fabricaban refrigeradoras, podían hacer un millón y vendían internamente, le sobraban 5 mil y las exportaba. La china no produce un millón de refrigeradoras, sino 50 millones por producción. La fuerza del pueblo chino está en su población. Y mientras que poco a poco comience a tener capacidad de adquisición hará que la China progrese, primero en su mercado interno y después en el externo.

La mayor identificación de la China es con el dragón, pese a que este es un ser mitológico oscuro para Occidente, puede verse como la encarnación del Mal en el Apocalipsis…
En la mitología, el dragón está íntimamente relacionado con las fuerzas divinas, la fuerza creadora primero se manifiesta en la forma de un dragón y luego se da la creación… En la China nos protege del mal viento, de la mala fortuna, de los enemigos que vienen de la estepa del norte. Es amarillo, porque protege su tierra (por el loes la tierra es de ese color). Por eso el centro de todos los sistemas energéticos corresponde al dragón amarillo. En mandarín China significa el país central, los hijos del dragón amarillo.

 

Para los hindúes el karma es individual. Pero en la China creen que también comparten responsabilidad un grupo de personas, que hay un karma familiar y colectivo.

LAS PRINCIPALES FILOSOFÍ ÍAS DE LA AUTORREALIZACIÓN.

KARMA.

Las ciencias y filosofía occidentales sostienen comúnmente que la ley de la causalidad gobierna todas las acciones y los diferentes acontecimientos en el universo, que no pueden existir acciones o acontecimientos sin sus causas correspondientes, al menos en la plataforma material. La literatura Védica llama a esto la Ley de Causa y Efecto, o Ley del Karma. Las acciones del jiva resultan en su transmigración de un cuerpo material a otro. En otras palabras, el jiva se quita y se pone cuerpos, tal como una persona se pone nuevas vestiduras, desechando las viejas. Mientras el jiva transmigra, él padece o disfruta los resultados de sus actividades pasadas (Karma). En un sentido todo karma es cautiverio. Aún las actividades piadosas, o “buen karma”, atan a una persona a la rueda de la transmigración. Si uno quiere trascender el Samsara, o los nacimientos y muertes repetidos, uno tiene que estar libre de todo karma. El jiva crea su propio Karma con sus deseos particulares de disfrutar de diferentes maneras este mundo. De este modo, ni Bhagavan, ni la naturaleza material son responsables por el karma del jiva; él hace su propio destino. Según las actividades del jiva (y bajo la supervisión del Supremo), la naturaleza material sencillamente le concede otro cuerpo para que lleve a cabo sus deseos.

La liberación de la gran cadena del karma llega a través del conocimiento. “Así como el fuego convierte a la madera en cenizas, El jiva no puede liberarse del karma meramente con dejar sus actividades. Uno tiene que aprender el arte de trabajar sin incurrir en karma. En el Bhagavad-gita, Bhagavan Krishna explica en detalle este arte del karma-yoga. Resumiendo, aquel que ejecuta sus actividades como sacrificio al Bhagavan Supremo evita el Karma, el cautiverio dentro del mundo material. Esta actividad de sacrificio tan refinada se llama akarma, es decir, la acción sin reacción. El “Narada Pancaratra” explica que el arte de karma-yoga es Hrsikena-seva nam: “Servir al Señor de los sentidos con los sentidos de uno”. Es la función del guru enseñar a sus discípulos este arte esquivo del karma, la acción sin reacción.

SAMSARA.

Samsara quiere decir nacimientos y muertes repetidos, o transmigración. Como resultado del karma, una persona puede tomar su nacimiento en una familia de adinerados mercaderes o en una familia de insectos. El Padma-Purana expresa en detalle que hay 8.400.000 especies de vida y que el jiva caído tiene que tomar nacimiento en cada una de ellas. Después de evolucionar a través de muchos miles de nacimientos, el jiva alcanza por fin la forma humana, la única oportunidad de cultivar la autorrealización para su liberación última del ciclo del Samsara.

SAMSARA: LA VASTA RUEDA DEL NACIMIENTO Y LA MUERTE CONDUCE AL ALMA, PARECIENDO ENCONTRAR ELLA SU MORADA FINAL EN ALGUNA DE LAS 8.400.000 ESPECIES DE VIDA. EN LA CÚSPIDE DE LA RUEDA ESTA LA VIDA HUMANA, LA CUAL, SI SE UTILIZA SABIA Y PRUDENTEMENTE, PUEDE LIBERAR AL ALMA DE LA ESCLAVITUD DEL NACIMIENTO Y MUERTE REPETIDOS.

LA LEY DEL “KARMA” O DE CAUSA Y EFECTO

 

Cada acción genera una fuerza de energía que regresa a nosotros de igual manera…Cosechamos lo que sembramos.Y cuando optamos por acciones que les producen alegría y éxito a los demás, el fruto de nuestro karma es también alegría y éxito. El karma es la afirmación eterna del libre albedrío… Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos son los hilos de la red que tendemos a nuestro alrededor.

SWAMI VIVEKANANDA                      

 KARMA

La tercera ley espiritual es la ley del karma. El “karma” es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión “Cosechamos lo que sembramos”. Es obvio que si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes. En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las posi­bilidades, donde tenemos acceso a un número in­finito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor ma­nera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisio­nes que tomamos en todo momento. Sea que nos guste o no nos guste, todo lo que está sucediendo en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el pasado. Infor­tunadamente, muchos de nosotros escogemos in­conscientemente, y, por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de op­ciones; sin embargo, lo estamos. Si yo insultara a alguien, lo más seguro es que esa persona optara por ofenderse. Si yo le hi­ciera un cumplido, lo más probable es que optara por sentirse complacida o halagada. Pero pense­mos en esto: siempre hay una opción. Yo podría insultarla, y esa persona podría optar por no ofen­derse. Yo podría hacerle un cumplido, y ella podría optar por no permitir que mi elogio la afectara. En otras palabras, la mayoría de nosotros – aunque escogedores de opciones infinitas – nos hemos convertido en haces de reflejos condicio­nados, los cuales son constantemente provoca­dos por las personas y las circunstancias, en for­ma de comportamientos predecibles. Estos reflejos condicionados son como los de Pávlov. Pávlov se hizo famoso por demostrar que si se le da algo de comer a un perro cada vez que suena una campa­na, pronto el perro comienza a salivar cuando oye la campana, porque asocia un estímulo al otro. La mayoría de nosotros, como consecuencia del condicionamiento, respondemos de manera repetitiva y predecible a los estímulos de nuestro medio ambiente. Al parecer, nuestras reacciones son provocadas automáticamente por las perso­nas y por las circunstancias, y así olvidamos que esas reacciones son opciones que escogemos en cada momento de nuestra existencia. Sucede simplemente que escogemos esas opciones incons­cientemente. Si nos detenemos un momento y observamos las opciones que escogemos en el instante mismo en que las escogemos, ese simple acto de conver­tirnos en espectadores nos permite sacar todo el proceso del reino del inconsciente para traerlo al reino de la conciencia. Este procedimiento de elección y de observación conscientes da mucho poder. Cuando hagamos una elección – cualquier elección – hagámonos dos preguntas. En primer lugar: “¿Cuáles son las consecuencias de escoger este camino?” El corazón nos lo dirá inmediata­mente. Y en segundo lugar: “¿Traerá esta decisión que estoy tomando felicidad para mí y para quie­nes me rodean?” Si la respuesta es afirmativa, si­gamos adelante. Si la respuesta es negativa, si se trata de una opción que nos traerá sufrimiento a nosotros o a quienes nos rodean, abstengámonos de escoger ese camino. Es así de sencillo. Solamente hay una opción, entre el número infinito de opciones que se presentan a cada se­gundo, que puede traernos felicidad a nosotros y a quienes nos rodean. Elegir esta opción produce una forma de comportamiento que se conoce con el nombre de acción correcta espontánea. La ac­ción correcta espontánea es la acción apropiada que se toma en el momento oportuno. Es la res­puesta correcta a cada situación, en el momento en que se presenta. Es la acción que nos nutre, a nosotros y a todas las demás personas a quienes ella afecta.

El universo tiene un mecanismo muy intere­sante para ayudarnos a tomar decisiones correc­tas espontáneamente. Este mecanismo se relacio­na con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de dos tipos: de bienestar o de malestar. En el ins­tante mismo en que estemos tomando una deci­sión conscientemente, prestemos atención a nues­tro cuerpo y preguntémosle: “¿Qué pasa si opto por esto?” Si el cuerpo nos envía un mensaje de bienestar, es la decisión correcta; si da señales de malestar, entonces no es el camino apropiado. Algunas personas sienten el mensaje de bien­estar o malestar en la zona del plexo solar, pero la mayor parte de la gente lo siente en el área del corazón. Prestemos conscientemente atención al corazón y preguntémosle qué debemos hacer. Des­pués esperemos la respuesta – una respuesta físi­ca en forma de sensación. Podrá estar en el nivel más sutil de sensación, pero estará ahí, en nues­tro cuerpo. Sólo el corazón sabe la respuesta correcta. La mayoría de las personas piensan que el corazón es sensiblero y sentimental, pero no es así. El cora­zón es intuitivo; es holístico, es contextual, es relacional. No se orienta a perder o a ganar. Tie­ne acceso al computador cósmico – el campo de la potencialidad pura, del conocimiento puro y del infinito poder organizador – y toma todo en cuenta. En algunas ocasiones, quizás no parezca razonable, pero la verdad es que su capacidad de computación es mucho más exacta y mucho más precisa que la de cualquier cosa que se encuentre dentro de los límites del pensamiento racional. Podemos utilizar la ley del karma para crear di­nero y abundancia, y hacer que todas las cosas buenas fluyan hacia nosotros cuando lo deseemos. Pero primero debemos tomar conciencia de que el futuro es el producto de las decisiones que tomamos en cada momento de nuestra vida. Si ha­cemos esto con regularidad, estaremos utilizando plenamente la ley del karma. Cuanto más traiga­mos nuestras decisiones al plano de la conciencia, más podremos escoger aquellas opciones que sean correctas espontáneamente – tanto para noso­tros como para quienes nos rodean.

Con respecto al karma pasado, se pueden hacer tres cosas: La primera es pagar las deudas kármicas. La mayoría de la gente escoge hacer esto – inconscientemente, claro está. Ésta también puede ser nuestra opción. Al­gunas veces, el pago de esas deudas implica mu­cho sufrimiento, pero la ley del karma dice que en el universo jamás queda una deuda pendiente. El sistema contable de este universo es perfecto, y todo es un intercambio constante, de un lado a otro, de energía. La segunda posibilidad es transformar o con­vertir el karma en una experiencia más deseable. Éste es un proceso muy interesante, en el cual uno se pregunta, mientras paga la deuda kármica: “¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme? ¿Cómo puedo hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?” Haciendo esto, buscamos el principio de la oportunidad, para luego unirlo con nuestro dharma, o sea el propósito de nuestra vida, esto nos permite convertir el karma en una nue­va experiencia. Si, por ejemplo, nos fracturamos una pierna practicando un deporte, podríamos preguntarnos: “¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Cuál es el mensaje que el universo trata de comunicar­me?” Quizás el mensaje sea que necesitamos to­mar las cosas con calma y tener más cuidado o prestar más atención a nuestro cuerpo la próxima vez. Y si nuestro dharma es enseñar a otros lo que sabemos, entonces al preguntarnos: “¿Cómo pue­do hacer que esta experiencia sea útil para mis congéneres los seres humanos?”, podríamos optar por compartir lo que aprendimos escribiendo un libro sobre la manera de practicar deportes sin ries­go; o podríamos diseñar un zapato especial o un protector para las piernas que evitara ese tipo de lesión. De este modo, a la vez que pagamos nuestra deuda kármica, habremos convertido la adversi­dad en un beneficio que puede traernos riqueza y realización. En eso consiste la transformación del karma en una experiencia positiva. En realidad, no nos hemos librado de nuestro karma, pero po­demos aprovechar un episodio kármico para crear un karma nuevo y positivo a partir de él. Otra manera de enfrentar el karma es trascendiéndolo. Trascender el karma es indepen­dizarse de él. La manera de trascender el karma es entrar constantemente en el espacio de la conciencia pura para sentir el yo, el espíritu. Es como lavar un trapo sucio en una corriente de agua; cada vez que se lava, desaparecen algunas man­chas, y si se lava una y otra vez, cada vez queda más limpio. Limpiamos o trascendemos el karma entrando y saliendo del espacio de la conciencia pura. Esto, claro está, se hace mediante la prácti­ca de la meditación. Todos los actos son episodios kármicos; beber una taza de café es un episodio kármico. Esa ac­ción genera recuerdo, y el recuerdo tiene la capa­cidad o la potencia de generar deseo, y el deseo genera nuevamente una acción. El sistema opera­cional del alma consta de karma, recuerdo y de­seo. El alma es un haz de conciencia en el cual residen las semillas del karma, el recuerdo y el deseo. Cuando tomamos conciencia de esto, nos convertimos en generadores de realidad conscien­tes. Tomando conciencia de las elecciones que hacemos, comenzamos a generar acciones que en­cierran un proceso de evolución tanto para noso­tros como para todos los que nos rodean. Y eso es todo lo que necesitamos hacer. Mientras el karma sea evolutivo – tanto para el yo como para todos los afectados por el yo – los frutos del karma serán la felicidad y el éxito. Pondré a funcionar la ley del karma compro­metiéndome a hacer lo siguiente:

 

1) Hoy observaré las decisiones que tome en cada momento. Y con el simple hecho de observar esas decisiones, las traeré a mi conciencia. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento en el futuro es estar totalmente consciente en el presente.

 

2) Siempre que haga una elección me formula­ré dos preguntas: “¿Cuáles son las consecuen­cias de esta decisión?” y “¿Traerá esta deci­sión felicidad y realización tanto para mí como para aquellos a quienes afectará?”

 

3) Después le pediré orientación a mi corazón, y me dejaré guiar por su mensaje de bienes­tar o de malestar. Si me siento a gusto con la decisión, seguiré adelante sin temor. Si la decisión me produce malestar, me detendré a mirar las consecuencias de mi acción con mi visión interior. Esta orientación me per­mitirá tomar espontáneamente decisiones correctas tanto para mí como para todos los que me rodean.

Expone la doctora Annie Besant en las siguientes páginas los principios fundamentales de la ley del karma, de acción y reacción, de causa y efecto, o de causalidad,

 

LOS PLANOS DE LA NATURALEZA

Para estudiar las operaciones del karma, se­gún la norma indicada por el Maestro, hemos de tener claro concepto de los tres planos o mundos inferiores del universo o de la Natu­raleza, y de los Principios [1] con ellos rela­cionados. Los nombres que se les dan indican el estado de conciencia en ellos actuante. Puede ayu­damos a la comprensión un diagrama de los planos con los Principios correspondientes, y con los vehículos en que una entidad cons­ciente es capaz de actuar en ellos. El Ocultis­mo práctico le enseña al estudiante a visitar dichos planos, y por medio de su propia inves­tigación transmutar la teoría en positivo cono­cimiento. El vehículo inferior, el cuerpo denso, le sirve a la conciencia para actuar en el mundo fí­sico, y en este mundo queda limitada la con­ciencia por las capacidades del cerebro. El tér­mino “cuerpo sutil” denota las modalidades del cuerpo astral correspondientes a las diver­sas condiciones del complicado mundo psíqui­co. En el mundo o plano devachánico hay dos niveles distintamente definidos: el rúpíco o con forma y el arrúpico o sin forma. En el nivel inferior, la conciencia se vale de un cuerpo ar­tificial, el mayavirrupa; pero conviene mejor el término cuerpo mental, porque denota que su materia constituyente pertenece al plano  manásico. En el nivel superior, la conciencia se vale del cuerpo causal. Del plano búdico no hay necesidad de tratar.

LOS PLANOS DE LA NATURALEZA

ATMA

BUDICO

BUDDHI

VEHICULO CUERPO ESPIRITUAL

DEVACHANICO

MANAS

VEHICULOS:

CUERPO MENTAL

 CUERPO CAUSAL

PSIQUICO

KAMA MANAS:  ASTRAL SUPERIOR

O

VEHICULO CUERPO SUTIL

ASTRAL

KAMA: ASTRAL INFERIOR

FISICO

DOBLE ETEREO

VEHICULOS:

CUERPO DENSO

CUERPO DOBLE ETEREO

CUERPO DENSO

La materia de estos planos no está en el mismo grado de vibración; y en general, la de cada uno de ellos es más densa que la del in­mediatamente superior, de conformidad con la Naturaleza, pues la involución o curso des­cendente de la evolución procede de lo rarifica­do a lo denso, de lo sutil a lo grosero. Además, numerosas jerarquías de seres ha­bitan en estos planos, desde las superiores In­teligencias del mundo espiritual hasta los ín­fimos elementales subconscientes del mundo físico. En todos los mundos, el espíritu y la ma­teria están entre fundidos, de suerte que cada partícula tiene por cuerpo la materia y el es­píritu es su vida. Todas las independientes agregaciones de partículas, toda separada for­ma de cualquier tipo, clase y especie están animadas por dichos seres vivientes cuyo grado corresponde al de la forma. No hay forma alguna que no esté así ani­mada; pero la animadora entidad puede ser una elevada Inteligencia, un ínfimo Elemen­tal o cualquiera entidad de las innumerables huestes existentes entre ambos extremos. Las entidades de que principalmente vamos a tratar ahora son las del plano psíquico, lla­mado también mundo o plano astral, pues pro­porcionan al hombre el cuerpo de deseos o cuerpo de sensación y vivifican los sentidos astrales. Son estas entidades los elementales de la forma del mundo animal, llamados en sáns­crito rupa devatas, que motivan la transmu­tación de las vibraciones en sensaciones. La más notable característica de los elementales kámicos es la sensación o facultad de percibir y responder a las vibraciones; y en el plano astral abundan dichas entidades, de diversos grados de conciencia, que reciben toda clase de impresiones y las transmutan en sensaciones. Así pues, todo ser que posea un cuerpo en ­el cual residan estos elementales, será capaz de sentir, y el hombre siente por medio de un tal cuerpo. El hombre no es consciente de las partículas de su cuerpo físico ni tampoco de sus células, que tienen conciencia propia y llevan a cabo los procesos de la vida vegetativa; pero el in­dividuo cuyo cuerpo físico constituyen dichas células no participa de su conciencia, ni las ayuda ni las estorba en su trabajo fisiológico de asimilación y desasimilación ni en ningún caso podría identificar su conciencia con la de una célula de su corazón, para saber exacta­mente cómo opera. La conciencia del hombre actúa normalmente en el plano psíquico, y aun en las re­giones superiores de este plano, la mente hu­mana funciona entremezclada con kama, pues en el plano psíquico o astral no puede actuar la mente pura. El plano psíquico o astral está henchido de elementales análogos a los que construyen el cuerpo astral del hombre y de los animales. Por medio del cuerpo astral se relaciona el hombre con los elementales del deseo y con los objetos exteriores que le inspiran atracción o repulsión. Por medio de su voluntad, sus emociones y deseos influye el hombre en los elementales que responden sensorialmente a todos los estremecimientos emotivos que emite en todas direcciones. El cuerpo astral del hombre funciona como un instrumento que transmuta en sensaciones las vibraciones procedentes del exterior, y en vibraciones los sentimientos procedentes del interior.

 

 

ACTIVIDAD DE LAS FORMAS DE PENSAMIENTO

 

No sólo genera y emite el hombre sus propias formas de pensamiento sino que como un imán atrae las de otros individuos, con tal que sean de la misma índole que las suyas. Así puede atraer poderosos refuerzos de energía a él externa y de él depende que esta energía sea positiva o negativa. Si los pensamientos son puros y nobles atraerán huestes de entidades benéficas, y así se explica que a veces se vea capaz de realizar lo que en verdad le parece superior a sus fuerzas.  Análogamente, los pensamientos bajos, si­niestros y viles atraen huestes de entidades maléficas, y así se explica que un hombre co­meta crímenes de que al punto se arrepiente creído de que algún demonio le ha tentado. Los elementales que animan las formas de pensamiento, buenas o malas, flotantes en el ambiente astromental, se enlazan con el elemental del deseo del cuerpo astral del hombre y con los que animan sus propias formas de pensamiento, con tal que todas sean de la mis­ma índole, pues los elementales de índole con­traria se repelen, de suerte que el hombre de nobles y elevados pensamientos y virtuosas emociones formará un aura contra la cual se estrellen como en un broquel toda clase de si­niestras influencias.

 

FUNDAMENTO DEL KARMA

 

Conocida la relación entre el hombre y los reinos elementales y considerada la creadora energía de la mente que engendra las vívidas formas de pensamiento, nos hallamos en dis­posición de comprender el fundamento del karma durante un ciclo de vida del ego, o sea el periodo que transcurre entre dos nacimien­tos y abarca por lo tanto una vida terrestre, una vida astral y una vida mental para volver de nuevo a la vida terrestre. Conviene advertir que durante un ciclo de vida, el ego permanece muchísimo más tiem­po fuera del plano físico, de suerte que la ver­dadera vida del ego es la ultraterrena, y así vemos que no será posible comprender acerta­damente las operaciones del karma sin estu­diar las actividades del ego fuera del plano físico. Dice un Maestro: “Afirman los vedantinos que la vida terre­na, por su inestabilidad y relativamente corta duración, es ilusoria, y que la vida real es la del ego en las esferas superiores” [2]. Durante la vida terrena se manifiesta más directamente la actividad del ego en la crea­ción de formas de pensamiento por medio de la mente. El germen o embrión de estas for­mas es una imagen mental que se mantiene unida a la conciencia de su creador como una idea concebida, pero todavía no expresada. Esta imagen mental puede compararse a un molde estereotipado en la conciencia del ego, del que puede producir tantas copias o formas de pensamiento como quiera. La imagen men­tal es la estereotipia y las formas de pensa­miento son los ejemplares. La imagen es puro pensamiento. Las formas de pensamiento son astromentales. El ego lleva en su conciencia la imagen mental durante todo un ciclo de vida, y si al pasar por los planos astral y mental en el arco ascendente no puede la imagen sopor­tar la sutil atmósfera de uno u otro de ambos planos, prescinde temporáneamente de ella, y al volver a la tierra por el arco descendente, recoge la imagen en el punto donde la había dejado sin perder su conexión con ella; es de­cir, que la imagen mental puede permanecer largo tiempo aletargada y recobrar después su actividad. Cada impulso del ego y la influencia de las derivadas formas de pensamiento y de las en­tidades análogas acrecientan la energía y mo­difican la forma de la imagen mental, que evo­luciona de conformidad con leyes definidas. La agregación de las imágenes mentales cons­tituye el carácter del individuo, cuyo aspecto, externo es reflejo de lo interno; y así como las células orgánicas se modifican en el trans­curso del proceso fisiológico, así también las imágenes que dan la tónica mental del indivi­duo experimentan notables modificaciones. El estudio de la operación del karma arrojará mucha luz sobre estas modificaciones. De diversa índole puede ser una imagen mental, según el motivo de su creador. Puede ser pasional, ética o intelectual; pero sea cual sea su índole es una creación del ego y el fundamento del karma. Sin imagen mental no ­habría karma que enlazase un ciclo de vida con otro, y es indispensable el cuerpo mental para que haya karma individual. Los minera­les, vegetales y animales no tienen karma in­dividual porque carecen de manas [3]. Consideremos ahora la imagen mental con relación a la forma de pensamiento en el plano astral y veamos cómo se produce esta forma. Las vibraciones de la imagen mental levantan vibraciones sintónicas en la materia as­tral, y como esta materia es más densa que la mental, constituye la forma o envoltura de la imagen mental, de modo que las imágenes mentales creadas por el ego y adheridas in­alienablemente a su conciencia, tienen su ex­presión astromental en las formas de pen­samiento que constituyen el ambiente peculiar del ego, su propio mundo, de la propia suerte que las imágenes mentales del Logos tienen su expresión en el universo manifestado y así también, como aunque cesara la ma­nifestación del universo, no se aniquilaría su imagen en la mente del Logos, así aunque se desvanezca por consunción la forma de pensa­miento, permanece en la conciencia del ego la imagen mental. Conviene añadir que las vibraciones de la imagen mental no sólo provocan otras en la materia del plano astral, sino que repercuten en la materia indiferenciada, en el akasha, el inagotable depósito de todas las vibraciones mentales, emocionales y físicas, que allí se es­tereotipan como imágenes fijas y constituyen los anales akásicos, los simbólicos libros de los Lipikas, que puede leer todo el que según dice la Doctrina Secreta posee la visión del Dangma [4]. Una mente ejercitada puede proyectar en la materia astral las imágenes akásicas como por medio de la linterna mágica se proyecta una fotografía en una pantalla, de suerte que una escena del pasado puede reproducirse en toda su vivida realidad con los más leves por­ menores, pues en la materia akásica existe como perpetuo clisé que percibe y es capaz de  reproducir el experto vidente. Esta incompleta descripción bastará para dar una débil, pero por de pronto suficiente idea del fundamento del karma. En el akasha se fija la imagen mental crea­da por el ego. De la imagen mental deriva la forma de pensamiento animada según queda dicho, que actúa en el mundo astral produciendo diversos efectos relacionados con la imagen mental y con el ego. Cada uno de los efectos producidos por la forma de pensamien­to puede compararse a un hilo de tela de ara­ña, y el conjunto de los efectos a la tela te­jida por la forma de pensamiento. Además, cada efecto tiene su peculiar matiz, por el que puede conocerse de qué imagen mental pro­cede y a qué ego pertenece. Así cabe tener alguna idea de cómo los Se­ñores del karma o administradores de la ley kármica perciben al primer golpe de vista la completa responsabilidad del ego por la ima­gen mental que crea y su responsabilidad par­cial por sus efectos ulteriores, que será mayor o menor según entren o no otros hilos kármicos en la determinación de los efectos. También podemos comprender por qué el motivo desempeña parte tan importante en la operación del karma; por qué las acciones es­tán subordinadas a su generadora energía; y por qué el karma opera en cada plano de conformidad con su índole, y sin embargo en­laza todos los planos con un hilo sin solución de continuidad. Cuando los luminosos conceptos de la Reli­gión de la Sabiduría derraman su luz sobre el mundo y disipan las tinieblas, dejando ver la absoluta justicia que obra bajo las aparentes incongruencias, desigualdades y accidentes de la vida, no es extraño que nuestro corazón se dirija con inefable gratitud a los excelsos se­res que mantienen la antorcha de la Verdad y nos libran de la tensión que estaba a punto de estallar, de la congoja con que presenciábamos males al parecer irremediables y nos movían a dudar de la justicia y del amor. ¡ No estás condenado ! Dulce es el Alma de las cosas, y descanso celestial el corazón del Ser. Más fuerte que el infortunio es la volun­tad. Lo bueno se transmuta en mejor y lo mejor en óptimo. Tal es la Ley que obra rectamente y nadie puede detener ni desviar. Su corazón es Amor. Su fin es paz y plenitud. ¡Obedeced !.  Para mayor claridad trazaremos un diagra­ma del triple resultado de la actividad del ego que crea el karma fundamental. Así tendremos durante un ciclo de vida.

KARMA

PLANO

MATERIA CONSTITUYENTE

RESULTADO

ESPIRITUAL

AKASHA

IMÁGENES AKASHICAS QUE FORMAN

EL HOMBRE

EL REGISTRO KARMICO

CREA EN EL

MENTAL INFERIOR

MENTAL

IMÁGENES MENTALES QUE PERMANECEN

EN LA CONCIENCIA DE SU CREADOR

ASTRAL

ASTRAL

IMÁGENES ASTROMENTALES, ENTIDADES

ACTIVAS EN EL PLANO ASTRAL

 

KARMA INDIVIDUAL

 

El estudiante ha de reconocer que el alma ­del hombre, el ego, el causante del karma es una entidad progresiva, un ser viviente que adelanta en estatura mental y en sabiduría según recorre el sendero de su eónica evolu­ción, por lo que conviene tener siempre pre­sente la esencial identidad de la mente concreta y la mente abstracta, aunque las distinguimos para mayor facilidad en su estudio; pero la diferencia es de actividad funcional y no de naturaleza. La mente superior o abstracta actúa en el plano causal con plena conciencia de todo el pasado del ego, mientras que la mente inferior actúa en los planos mental y astral, con todas sus facultades embargadas por la índole kámi­ca del deseo, con la conciencia limitada a las ex­periencias que mayormente le han impresiona­do en la encarnación por que está pasando [5]. Para la mayoría de las gentes la mente con­creta es su yo; y el ego individual, que siempre actúa desde su propio plano o sea el plano causal o mental superior, es para ellos la voz de la conciencia, vaga y confusamente con­siderada como sobrenatural, como la voz de Dios, y aciertan al reconocerle autoridad, aunque desconozcan su naturaleza.  Pero el estudiante ha de comprender muy bien que la mente inferior es de la misma esencia que la superior, como el rayo de sol es de la misma esencia del sol. El sol de la mente superior brilla siempre en el plano causal, mientras que el rayo de la mente inferior penetra en el plano físico a través del plano astral. Por lo tanto, el ego es una entidad progre­siva, y cuando la mente superior emite un rayo a que llamamos mente inferior, puede compararse este descenso a una mano que se sumergiera en un estanque de agua para recoger un objeto caído en el fondo, y saliera del agua con el objeto recogido. El adelanto del ego depende del valor de los objetos recogidos por la alargada mano; y al retraerse el rayo, la importancia de toda su obra mientras estuvo actuando en el plano fí­sico, se estima por el valor de las reunidas experiencias. Es como si el propietario y cultivador de una finca rústica saliese al campo a trabajar sufriendo todas las inclemencias del tiempo, y regresara con el fruto de su labor para llenar los alfolíes. Cada yo personal es el aspecto actuante en el plano físico del ego individual a quien re­presenta en el grado de desenvolvimiento co­rrespondiente a la etapa de su evolución. Cuando así se comprende, se desvanece la duda que suele asaltar a los principiantes en el estudio de la Teosofía, respecto a la aparente injusticia de que recaigan sobre la personali­dad las consecuencias de culpas que no come­tió. Entonces se echa de ver que el mismo ego que sembró el karma, lo cosecha; que el mismo labrador que plantó la semilla, cosecha el fruto, aunque haya mudado de traje entre la siembra y la cosecha. Así también las envolturas astral y física del ego se desgastaron entre la siembra y la cosecha, y se ha revestido de nuevos trajes para recoger el fruto de lo que sembró. En las primeras etapas de la evolución del ego, adelanta muy lentamente, porque le zarandean los deseos y cede a las atracciones del plano físico. La mayoría de las imágenes men­tales que genera son pasionales, y en conse­cuencia las formas de pensamiento son violen­tas y de corto alcance. Su duración dependerá de la cantidad de elemento manásico [6] que haya entrado en la formación de la imagen mental. Los firmes y sostenidos pensamientos for­jarán claras y definidas imágenes mentales, y en consecuencia vigorosas y duraderas formas de pensamiento, por lo que la imagen mental ha de ser una dominante influencia que dirija las energías del ego. Durante la vida terrena forja el hombre un sinnúmero de imágenes mentales. Unas son recias, vigorosas, de continuo reforzadas por repetidos impulsos mentales. Otras son débi­les, vagas, que apenas nacidas se desvanecen. Unas son de índole espiritual y denotan an­helos de servir al prójimo, deseos de conoci­miento, ansias de más alta vida. Otras son pu­ramente intelectuales, como límpidas joyas del pensamiento o receptáculos de los resultados de profundos estudios. También las hay emocionales que denotan amor, compasión ternura y devoción; o pasio­nales denotadoras de ira, ambición, orgullo, codicia, gula, lujuria y cuantas emociones si­niestras anidan en la naturaleza inferior. A la muerte del cuerpo físico, el ego ve su conciencia henchida de cuantas imágenes men­tales de una u otra índole forjó durante la vida que acaba de pasar. Es el resultado de su vida astromental. Todo pensamiento, por fugaz que haya sido, está allí representado. Po­drán haberse desvanecido largo tiempo las for­mas de pensamiento que sólo duraron  unas cuantas horas, pero las imágenes mentales, sin faltar una, permanecen en la conciencia del alma que se las lleva consigo al mundo astral luego de muerto el cuerpo físico.

El mundo astral se divide en siete subplanos y cada uno de éstos en gradaciones infinitesi­males correspondientes a otros tantos de den­sidad de la materia astral, de suerte que el ego cargado de imágenes mentales groseras permanecerá en los subplanos inferiores del mundo astral envuelto en dichas imágenes mentales que se esforzará en activar y se predispondrá de este modo a reiterarlas física­mente en su próxima vida terrena, así como también se verá atraído hacia las escenas terrestres que le deparen ocasión de derivar de sus imágenes mentales, formas de pensa­miento. Lo mismo sucede respecto de las imágenes mentales cuya índole las sintonice con cual­quier otro subplano inferior del mundo astral, hasta que por consunción o agotamiento pierden estas groseras imágenes mentales la materia que les da existencia formal, pero quedan latentes en la conciencia del ego, que en­tonces mantiene vivas las imágenes mentales de armoniosa índole forjadas durante la anterior vida terrena y asciende a los subplanos superiores del mundo astral sintonizados con ellas. Pero también estas imágenes mentales consumen el elemento de deseo y queda el puro elemento mental, a la par que el ego se des­poja por completo del cuerpo astral y queda con el cuerpo mental inferior por externa en­voltura. Cuando terminada la vida mental o devachanica y después de una breve estancia en el mundo causal o mental superior, donde ve todo su pasado, el ego retorna al mundo físico por los planos mental inferior y astral, la res­pectiva materia de estos planos reaviva las imágenes mentales que quedaron latentes en la conciencia del ego, y se convierten en las cualidades del carácter que ha de manifestar el ego en la nueva personalidad. Conviene advertir que las creencias supers­ticiosas transmutadas en imágenes mentales durante la vida terrena, ocasionan acerbos su­frimientos al ego en los primeros estadios de la vida astral, pues le representan horrorosos tormentos que en rigor carecen en absoluto de realidad.

Al retornar el ego al mundo físico, dice Leadbeater en su obra: El Plano Astral: Los Señores del Karma, que llevan cuenta de las buenas y malas acciones de cada personalidad, construyen de conformidad con el karma la plantilla del doble etéreo que ha de servir de molde al cuerpo físico del ego en la próxima encarnación. Durante la vida devachánica se asimila el ego las experiencias adquiridas en los mundos fí­sico y astral, y su adelanto depende del nú­mero de imágenes mentales de una y otra ín­dole que forjó durante la vida terrena. Las imágenes mentales de siniestra índole le servirán de lección y escarmiento por las penosas consecuencias que le acarrearon al transmutarlas en formas de pensamiento concretadas en acción. Las imágenes mentales de índole armónica le aprovecharán porque al asimilarse su esencia se convertirán en apti­tudes y facultades propias ya para siempre de su naturaleza. El ego agrupa todas las imágenes mentales de una misma índole, se asimila su esencia, y por meditación crea un nuevo órgano mental, a manera de molde en el que vierte la asimila­da esencia y la transmuta en facultad. Por ejemplo, si durante la vida terrena for­jó el ego muchas imágenes mentales de anhe­los de conocimiento y de esfuerzos para com­prender verdades superiores, cuando muere el cuerpo físico mantiene durante la vida astral el mismo nivel mental que tenia en la vida físi­ca; pero en el mundo mental inferior o deva­chán transmuta todas esas imágenes mentales en facultades y aptitudes, de modo que el ego vuelve a la tierra con un órgano mental mucho más agudo y eficaz que el que poseyó en la anterior encarnación, con mayor potencia de facultades intelectuales que le permiten aco­meter y llevar a cabo estudios e investigacio­nes de que hasta entonces fue de todo punto incapaz. Tal es la transmutación de las imágenes mentales que dejan de existir en el plano mental, puesto que se han transmutado en facultades; pero subsisten perpetuamente en los anales akásicos en donde el ego las percibe desde el plano causal. Por lo tanto, quien anhele acrecentar el vi­gor de sus presentes facultades intelectuales, podrá lograrlo si mantiene persistentemente su anhelo, pues las aspiraciones y deseos durante una vida terrena se convierten en apti­tudes en la siguiente y la voluntad de obrar se transmuta en positiva aptitud para la definida acción. Conviene advertir que las facultades y apti­tudes de esta suerte elaboradas están estrictamente sometidas en su condición a los mate­riales de que dispuso el ego, por lo que si éste no plantó durante la vida terrena las semillas de la aspiración y el anhelo, muy escasa o nula será su cosecha en la vida mental. Las imágenes mentales constantemente re­petidas sin definido propósito y anhelo de acre­centar las facultades intelectuales y volitivas, se transmutan en corrientes de pensamiento o canales por los que se desperdicia la ener­gía mental. De aquí la importancia de no permitir que la mente vague de un punto a otro sin deter­minado propósito, porque entonces forja imá­genes mentales de índole trivial que formarán canales por donde se habitúe a fluir la energía mental sin encontrar resistencia a que apli­carse. Cuando por falta de oportunidad y no de aptitud se ha frustrado el anhelo de realizar una acción de índole pura y elevada, se for­mará una imagen mental que se transmutará  en vivo pensamiento durante la vida devachánica y se concretará en positiva acción durante la próxima vida terrena en cuanto se le de­pare favorable oportunidad, que se le deparará inevitablemente si el anhelo o aspiración se transmutaron en pensamiento durante la vida mental, la misma ley rige cuando el deseo es de índole grosera y sensual, aunque en este caso no se transmuta en pensamiento en el devachán, donde no pueden penetrar estas siniestras imágenes mentales, sino que permanecen la­tentes en el ego hasta que a su paso por el mundo astral en retorno a la tierra se trans­mutan en formas de pensamiento y se concre­tan en acción. Así los deseos codiciosos formarán una ima­gen mental que vigorizada por la repetición del deseo, determine en una vida ulterior la congénita tendencia al robo que se concrete en acción. El karma causativo es completo, y cuando la imagen mental está lo bastante vigorizada, se concreta casi automáticamente en acción. Además sabido es que la repetición conti­nuada de un acto lo convierte en hábito, y lo mismo sucede en todos los planos, de suerte que la reiteración de un deseo en el plano as­tral y de un pensamiento en el mental, los transmutarán en acción en el plano físico a la menor oportunidad. Muchas veces, el que comete un crimen dice que “lo hizo sin pensar” que “estaba obceca­do”, que “no sabía lo que hacía”, y que “no hubiera cometido el crimen si reflexionara en lo que iba a hacer”. El criminal que así se disculpa, tiene razón en lo que dice, pues en verdad no cometió el crimen deliberadamente con premeditación, sino impulsivamente como resultado automá­tico de los deseos y pensamientos precedentes, que sin remedio se concretaron automática­mente en acción.

Sucede algo parecido a cuando una disolu­ción salina saturada cristaliza súbitamente en cuanto se le añade un menudisimo cristal de la misma substancia disuelta. De la propia suerte, cuando la agregación de imágenes mentales está saturada, una sola más que se añada, las concretará en acción. Es inevitable la acción porque al reiterar una y otra vez la imagen mental se anuló la libertad de elección, y lo físico no tiene más remedio que obedecer al impulso mental. El persistente deseo de obrar en tal o cual sentido durante una vida, se transmuta en im­pulso en otra, y parece entonces como si el deseo fuese una imperiosa exigencia que se hace a la naturaleza para que depare la opor­tunidad de la acción. También ha de observar el ego las imágenes mentales que de las experiencias pasadas en la vida terrena almacena la memoria. Son el fiel historial de la influencia ejercida por el mundo exterior en el ego, quien debe meditar sobre ellas para descubrir sus mutuas relacio­nes y conocer su valor como expresión y ma­nifestación de la Mente universal en la Natu­raleza. Por meditación aprende el ego de las expe­riencias, lecciones de placer que acaba en do­lor y dolor que termina en placer. Reconoce la existencia de leyes inviolables a las que ha de obedecer. Aprende lecciones de éxitos y fraca­sos, de esperanzas y desengaños, de triunfos y derrotas, de temores infundados, de fuerzas incapaces por lo débiles de resistir a la prue­ba, de la presunta sabiduría que se torna ig­norancia, del paciente sufrimiento que invier­te en victoria la aparente derrota y la atolon­drada precipitación que trueca en derrota la aparente victoria. Sobre todas estas cosas medita el ego y por su propia virtud alquímica transmuta las entremezcladas experiencias en el oro del conocimiento, de modo que renace en la tierra con mejor disposición y aptitud para arrostrar los sucesos de la nueva vida con el resultado de las pasadas experiencias. La conciencia se desenvuelve por medio de la transmutación en conocimiento de las imá­genes mentales dimanantes de las experien­cias, y particularmente de las que enseñan que el sufrimiento deriva de la ignorancia o de la desobediencia a la ley. Durante las sucesivas vidas terrenas, el ego se ve continuamente impulsado por el deseo hacia los objetos de sensación, pero al ceder a sus halagos se lastima al chocar contra la ley. La experiencia le enseña que todo placer ­deseado contra la ley es un germen de dolor; y cuando en una nueva vida, el deseo le im­pulsa a un morboso goce, el recuerdo de las pasadas experiencias se afirma en la concien­cia y refrena los impetuosos corceles de los sentidos que si se desbocaran se precipitarían obcecadamente en el objeto de sensación. En el actual estadio de la evolución huma­na, todos los egos, excepto los más atrasados, han tenido suficientes experiencias para reco­nocer las más salientes características del “bien” y del “mal”, o sea de lo que está en armonía o en discordancia con la divina Ley, de suerte que por su dilatada experiencia puede el ego manifestarse clara y explícitamente en su aspecto ético; pero en cuanto a las cues­tiones peculiares del presente estadio de evolución y no de los ya recorridos, la experiencia del ego es tan deficiente, que aún no se ha transmutado en conciencia, y se expone a errar en sus determinaciones por muy sincero que sea su intento de obrar rectamente. En este caso, la voluntad de obedecer armo­niza al ego con la divina ley en los planos su­periores; y su desconocimiento de cómo ha de obedecer, se remediará por efecto del dolor que experimente al obrar en contra de la ley, de suerte que el sufrimiento le enseñará lo que ignoraba y sus aflictivas experiencias acre­centarán su conciencia para evitar ulteriores errores y caídas y darle mayor conocimiento de Dios en la Naturaleza, de la consciente ar­monía con la ley de la vida, de la consciente cooperación al desenvolvimiento del plan de Dios. Así tenemos que los principios definidos de la ley kármica que operan con las imágenes mentales como causas se pueden expresar del modo siguiente:

Las aspiraciones y deseos se convierten en aptitudes

Los pensamientos reiterados se convierten tendencias

La voluntad de obrar se convierte en acciones

Las experiencias se convierten en conocimiento

Los sufrimientos se convierten en conciencia

OPERACIÓN DEL KARMA

Cuando el ego se ha asimilado en el mundo mental todos los materiales acopiados durante su vida terrena, vuelve a moverle el deseo de vida senciente, y entonces comienza el último periodo del ciclo de vida, durante el cual se reviste de nuevos cuerpos mental y astral ade­cuados a la nueva vida terrena que va a pasar por la puerta del nacimiento, trayendo con­sigo los resultados de su vida en el mundo mental. Si el ego es joven, poco habrá ganado, por­que el adelanto en los primeros estadios de la evolución es mucho más lento de lo que algu­nos se figuran, y las vidas se suceden pesada­mente, de modo que escasas son la siembra en el mundo físico y la cosecha en el mental. Según se van desenvolviendo las facultades  se acelera en proporción el adelanto del ego, y cuando entra en la vida mental con gran acopio de experiencias, sale de ella y vuelve a la tierra con facultades acrecentadas según el descrito procedimiento. Antes de su redescen­so, permanece algún tiempo el ego en el Plano causal, donde percibe todo su pasado, y de allí sale revestido tan sólo del cuerpo causal que perdura todo el ciclo de sus encarnaciones y está rodeado por el aura correspondiente a su individualidad, aura luminosa, policromada, más o menos resplandeciente y de radio proporcional a su grado de evolución. Al pasar por los planos mental y astral en su retorno a la tierra se reviste el ego de nuevos cuerpos constituidos por la respectiva materia de dichos planos, de conformidad con los resultados de su pasado karma, teniendo por embrión las imágenes mentales que al ascen­der después de la anterior muerte física quedarán privadas de materia, y que ahora reavivan con la que atraen de los planos men­tal y astral y constituyen la tónica de los pensamientos y emociones de toda índole que ha de constituir su congénito carácter en la nueva encarnación [7]. Una vez así revestido, cuya operación puede ser breve o muy prolongada según el caso, se halla el ego dispuesto a recibir de los Seño­res del Karma el cuerpo etéreo por ellos for­mado con los materiales que el mismo ego pro­porcionó, y que sirve de molde para construir por ley fisiológica el cuerpo denso en que debe manifestarse en el mundo físico durante la próxima encarnación. De esta suerte el ego individual se refleja en el ego personal, y su carácter, sus cualida­des, dotes y circunstancias dependerán de sus pensamientos anteriores. Se convertirá en lo que pensó, y así el hombre es según quiso ser. Sin embargo, el cuerpo físico, en sus dos aspectos de etéreo y denso, limita y condiciona la actividad de las facultades del ego, que ha de vivir en determinado ambiente de cuya ín­dole derivarán las circunstancias externas. Ha de seguir el ego un sendero trazado por las causas que estableció y arrostrar vicisitudes ora placenteras, ora penosas, resultantes de las fuerzas que generó y que ponen a prueba sus facultades. Pero algo más que los aspectos individual y personal del ego parece aquí necesario para proporcionar campo de acción a sus energías de modo que se adapten a los instrumentos condicionantes y a las reaccionarias circunstancias. Nos acercamos a un punto del que muy poco cabe decir apropiadamente, porque se trata de la región de las potentes Inteligencias espirituales cuya naturaleza transciende de mucho nuestras limitadas facultades, pero cuya existencia podemos conocer y cuya acti­vidad señalar, aunque respecto de quiénes es­tamos en análoga posición a la de los animales respecto de nosotros, que conocen que existi­mos, pero ignoran el alcance y operaciones de nuestra conciencia.

EVITACION  DE LOS RESULTADOS DEL KARMA

http://www.youtube.com/watch?v=t4pvsGTaczI

Dicen algunos al reconocer por vez primera la existencia del karma, que si todo proviene de la actuación de la ley, están irremediable­mente esclavizados a su destino. Antes de considerar cómo puede utilizarse la ley para gobernar el destino, conviene el examen de un caso típico en demostración de que la fatalidad y el libre albedrío actúan ar­mónicamente a la par. Llega un ser humano a este mundo con de­terminado carácter constituido por ordinarias facultades intelectuales y buenas y malas cua­lidades emotivas; con un cuerpo físico sano y bien formado, aunque no de espléndida índole. Tales son sus limitaciones claramente señala­das, y al llegar a la plenitud de la vida física se encuentra con un carácter constituido por sus cualidades mentales, emocionales y físicas, del que ha de hacer el mejor uso posible. Habrá alturas mentales que no sea capaz de escalar y conceptos inasequibles a sus facul­tades. Habrá tentaciones que no pueda resis­tir y empresas físicas incapaz de realizar. Re­conoce que no puede pensar como un genio ni ser hermoso como un Apolo. Se ve encerrado en un circulo incapaz de trasponer por mucho que se esfuerce. Además, no puede evitar ciertas tribulacio­nes que le afligen y forzosamente ha de sobre­llevar. Sucede así porque el ego está limi­tado por sus pasados pensamientos, sus des­perdiciadas ocasiones, sus errores, siniestras tendencias y pasionales deseos. Sin embargo, el ego, el verdadero hombre no está limitado, porque es esencialmente li­bre. Quien hizo el pasado que aprisiona su presente, puede actuar en su cárcel de modo que en el porvenir manifieste su esencial libertad. En cuanto conozca que esencialmente es li­bre, quebrantará las cadenas que le aherrojan y proporcional a la medida de su conocimiento será la ilusividad de sus limitaciones. Pero el hombre ordinario cuyo conocimiento es chis­pa y no llama, dará el primer paso hacia el libre albedrío, si considera como hechura pro­pia sus limitaciones y se esfuerza en cercenarlas. Cierto es que no puede pensar como un ge­nio; pero puede tener mayor confianza en su capacidad y ejercitarla gradualmente hasta que llegue a ser un genio. Cierto es que no puede domeñar sus insensatas pasiones en un momento, pero sí luchar contra ellas por muchas veces que sucumba, hasta que al fin las venza. Aunque le limiten flaquezas emocionales y físicas, si sus pensamientos son cada vez más puros y armoniosos y sus obras benéficas, me­recerá más bellos y eficaces instrumentos en el porvenir. Siempre es esencialmente libre el ego en su cárcel y puede derribar las vallas que él mis­mo levantó. Es su propio carcelero y si quiere libertarse se libertará. Si comete una grave falta que le acarrea tribulación es porque pecó en el pasado como pensador y ha de sufrir ahora como actor. Si pierde a un ser amado, no debe afligirse, por­ que no lo perdió para siempre sino que se mantiene unido a él por el amor y lo recupe­rará en el porvenir. Entre tanto, debe prestar a otros seres el auxilio que hubiera prestado al desaparecido del mundo físico, a fin de no sembrar semillas que dieran por amargo fruto una pérdida análoga en futuras vidas. Cuando comete una injusticia, sufre las consecuencias, porque la pensó en otro tiempo y ha de sufrirlas pacientemente, y esperar que el día de mañana quedará libre de toda limitación si sus pensamientos son nobles y bienhechores. En medio de las tinieblas apa­rece un rayo de luz que dice: “¡Oh! vosotros los que sufrís. Sabed que porque queréis sufrís. Nadie os obliga. La ley que parecía cadenas se ha transmu­tado en alas que remontan al ego a regiones cuya existencia sin alas sólo podría conje­turar.

DETERMINACION DEL PORVENIR

 

 

La perezosa corriente del tiempo impele ha­cia adelante a la hueste de egos que siguen el movimiento de la tierra y pasan de uno a otro globo. Pero la Religión de Sabiduría proclama de nuevo que cuantos quieran pueden acortar el camino de la evolución y substraerse al im­pulso de la perezosa corriente. El que comprende algo del significado de la ley, de su absoluta seguridad y su infalible exactitud, emprende la educación de si mismo y se encarga activamente de vigilar su propia evolución. Analiza su carácter y procede a reformarlo, ejercitando deliberadamente sus facultades mentales y morales, acrecentando sus aptitu­des, vigorizando sus puntos débiles, subsanan­do sus defectos y eliminando superfluidades. Convencido de que se ha de convertir en lo que piense, ejercita deliberada y metódicamente la meditación en un noble ideal, y comprende por qué Pablo, el insigne iniciado cristiano exhortaba a sus discípulos diciendo: “Por lo demás, hermanos, pensad en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable.” (Filipen­ses, 4: 8.). Diariamente ha de meditar en su ideal y esforzarse en vivir de conformidad con él pero ha de proceder tranquila y perseverantemente, sin precipitación pero sin tregua, por­que sabe que edifica sobre el firmísimo funda­mento de la roca de la eterna ley. Entonces recurre a la ley y en ella se am­para, y ya no teme el fracaso ni hay poder en el cielo y la tierra capaz de obstruir su camino. Du­rante la vida terrena acopia experiencias y aprovecha todo cuanto a su paso encuentra, y durante la vida mental se asimila las expe­riencias y planea su futuro edificio. En esto consiste el valor de la verdadera finalidad de la vida, aunque se funde en el tes­timonio ajeno y no en el conocimiento propio. Cuando un hombre acepta y comprende en parte la actuación del karma, emprende desde luego la construcción de su carácter y coloca cada piedra con especial cuidado, porque sabe que edifica para la eternidad. Ya no titubea ni anda de un lado para otro ni forja hoy un plan y otro mañana, o no forja ninguno, sino qué traza un bien meditado proyecto y cons­truye con arreglo a él, porque el ego es a la par arquitecto y constructor y no vuelve a desperdiciar tiempo en estériles conatos. De aquí la rapidez con que se recorren los últimos estadios de evolución y los sorpren­dentes y casi increíbles progresos que realiza el vigoroso ego en su plena virilidad.

 

MODIFICACION DEL KARMA

 

 

Quien deliberadamente ha emprendido la determinación de su porvenir, se percata, a medida que aumenta su conocimiento, de la posibilidad de hacer algo más que construir su carácter y fijar su futuro destino. ­Se da cuenta de que se halla en un universo, de que es un ser viviente y activo con voluntad libre, capaz de actuar sobre las circunstancias tanto como sobre sí mismo. Está desde hace largo tiempo acostumbrado a obedecer las capitales leyes éticas estableci­das para guía de la humanidad por los divinos Instructores aparecidos de edad en edad, y comprende que estas leyes se basan en funda­mentales principios de la Naturaleza y que la moral es la ciencia aplicada a la conducta.  Advierte que en su vida diaria es capaz de neutralizar los resultados perjudiciales de una mala acción por medio de una buena acción. Si un hombre lanza un mal pensamiento contra otro, y éste le corresponde con un pen­samiento igualmente maligno, ambas formas de pensamiento se entrefundirán como dos go­tas de agua y acrecentarán su violencia; pero si aquel contra quien se dirige el mal pensa­miento conoce la ley kármica neutralizará la maligna forma de pensamiento con otra de benevolencia y compasión, de modo que el odio cese por el amor. Engañadoras formas de pensamiento planean por el mundo astral; pero el conocedor de la ley kármica las contrarresta con formas de verdad, pureza y amor que invalidan la fal­sía, la torpeza y el egoísmo. Cuando aumenta el conocimiento, esta ac­ción es directa y definida, y al pensamiento di­rigido con deliberado propósito, le nacen las vigorosas alas de la recia voluntad. A las malignas formas así destruidas ya no pueden reanimarlas ningún elemental. Su vida y la materia de su forma retornan al reposi­torio universal. De esta suerte se evita el mal karma desde su origen y no pueden anudarse lazos kármi­cos entre quienes disparan los mortíferos dar­dos y quienes los rechazan con el invulnerable broquel del amor y la compasión. Los divinos Instructores que autorizada­mente exhortaron a devolver bien por mal, apoyaron su exhortación en el conocimiento de la ley. Quienes les obedecen, aunque no comprendan el fundamento científico del pre­cepto, evitan el mal karma que pesaría sobre ellos sí correspondiesen al odio con el odio; pero quienes conocen la ley, destruyen deliberadamente las formas perniciosas y al esterilizar las semillas del mal evitan futuras cosechas de dolor. ­En un grado de adelanto relativamente su­perior al de la mayoría de la humanidad, no sólo puede el hombre construir su carácter e influir de propósito en las formas de pensa­miento que crucen por su ambiente, sino que también empezará a tener vislumbres de su pasado, y le será por ello posible revisar las causas y los efectos kármicos, para aquilatar mejor su presente. Así es capaz de modificar su porvenir mediante la consciente moviliza­ción de fuerzas que obren sobre otras ya mo­vilizadas y operantes. El conocimiento le per­mite valerse de la ley con tanta seguridad como el cientista la utiliza en sus investiga­ciones. Consideremos ahora las leyes del movimiento. Si cuando se mueve un cuerpo en determinada dirección, obra sobre él una fuerza en distinta dirección, el cuerpo se moverá entonces en la dirección resultante de las dos fuerzas componentes, sin haber perdido ener­gía; pero parte de la fuerza que dio el impulso inicial se habrá empleado en resistir el choque de la nueva fuerza, y la resultante de ambas no será ni una ni otra sino una tercera que determinará la nueva dirección del móvil. Un físico puede calcular exactamente en qué dirección empleará sobre un cuerpo en movimiento una fuerza que le dé la nueva di­rección deseada. De este modo no se estorba ni se quebranta la ley. Se la utiliza conscientemente para que las fuerzas naturales actúen según conviene a la voluntad humana. Si aplicamos este principio a la modificación del karma, advertiremos que no nos opone­mos al karma cuando modificamos su acción por medio del conocimiento. Nos valemos de fuerzas kármicas para influir en los efectos kármicos y vencemos a la Naturaleza con el arma de la obediencia. Supongamos ahora que un individuo de muy adelantado conocimiento, al escrutar su pasado ve corrientes kármicas que convergen en un punto de siniestra acción. Puede inter­poner una nueva fuerza de sentido contrario y suficiente intensidad entre las convergentes, para modificar favorablemente la fuerza re­sultante. Mas para ello no le basta la facultad de ver el pasado y descubrir su relación con el pre­sente, sino que necesita además sobrado cono­cimiento para calcular exactamente la influen­cia que la nueva fuerza interpuesta ejercerá en la alteración de la resultante, considerada como efecto de causas pasadas y como causa de efectos futuros. De esta suerte puede disminuir o invalidar los resultados del mal que hizo en el pasado, mediante la interposición de fuerzas armóni­cas en su corriente kármica. No puede destruir ni deshacer lo hecho; pero mientras sus efectos no se concreten en acción puede modi­ficarlos o neutralizarlos o subvertirlos me­diante nuevas fuerzas que interponga como causas coadyuvantes a la producción de los esperados efectos. En todo esto no hace más que valerse de la ley con tanta seguridad como el físico que equilibra una fuerza con otra, e incapaz de aniquilar ni una dina de energía puede impri­mir a un cuerpo el movimiento deseado previo cálculo de la acción de las fuerzas dinámicas. Análogamente puede el karma modificarse por la influencia de las circunstancias en que opera.  Consideremos bajo otro aspecto esta impor­tantísima cuestión. A medida que aumenta el conocimiento es más fácil evitar el mal karma pasado. Como quiera que el ego, al escrutar sus vidas anteriores, y acercarse a la libera­ción, ve las causas que van a producir sus efectos, conoce cuáles son éstas, cuáles las ya extinguidas, y cómo anudó los lazos kármicos. No sólo puede mirar hacia atrás para ver las causas, sino también hacia adelante para ver los efectos, pues así como en el mundo físico, el conocimiento de sus leyes capacita para predecir los resultados, así un ego lo bastante evolucionado puede conocer las causas kármi­cas que estableció y predecir los efectos de ellas resultantes. El conocimiento de las causas y de su ac­tuación nos capacita para establecer nuevas causas que neutralicen los efectos de aquéllas; y valiéndonos de la ley con absoluta confianza en su inmutabilidad, será posible por medio del cuidadoso cálculo de las fuerzas movili­zadas, determinar nuestro porvenir. Es cues­tión de puro cálculo. Supongamos que en el pasado estableci­mos vibraciones de odio. Podemos neutralizarlas e impedir sus efectos, oponiéndoles vi­braciones de amor. Así como en el mundo físico podemos pro­ducir el silencio por la interferencia de dos on­das sonoras de suerte que las vibraciones gra­ves de una entrechoquen con las sutiles de la otra, así también en los planos superiores al físico es posible valerse de la interferencia de las vibraciones de odio y amor para anular las causas kármicas y establecer el equilibrio que significa liberación. Este conocimiento está más allá del al­cance de la mayoría de la humanidad, que si desea aprovecharse de la ciencia del alma debe apoyarse en el testimonio de los versados en el asunto y obedecer los preceptos de los instructores religiosos del mundo, pues por de­voción se logrará el mismo resultado que por conocimiento. La aplicación general de estos principios dará a entender que el hombre está entorpeci­do por la ignorancia, y cuán importante parte desempeña el conocimiento en la evolución humana. La corriente arrastra a los hombres porque son ignorantes; son impotentes por lo ciegos. Quien desee adelantarse a la masa general de la humanidad, como el veloz corcel deja atrás al rocín, necesita tanta sabiduría como amor, tanto conocimiento como devoción. No ha de ir limando lentamente los eslabones de la ca­dena que forjó tiempo atrás. Puede limarlos sin tardanza y librarse de ellos tan efectivamente como si desgastados por el tiempo lo dejasen en libertad.

 

EXTINCIÓN DEL KARMA

El karma nos tiene atados a la rueda de muertes y nacimientos. El buen karma nos obliga a reencarnar tan persistentemente como el adverso, y la cadena forjada por nuestras virtudes, aunque de oro, nos sujeta con tanta fuerza como la de hierro forjada por nuestros vicios.

Así pues, ¿cómo quebrantar estas cadenas si el hombre ha de pensar y sentir mientras exista y los pensamientos y deseos engendran continuamente karma? La respuesta nos la da en el Bhagavad Gita la profunda lección de Krishna a Arjuna. No recibe esta lección un eremita ni un erudito, sino un guerrero, un khsatriya que ha de cum­plir con los deberes de su estado y luchar por la victoria. No en la acción sino en el deseo; no en la acción sino en la apetencia de su fruto está la sujetadora fuerza de la acción. Cuando se ejecuta una acción con deseo de gozar de su fruto, se sigue el procedimiento a propósito para lograr el apetecido resultado. El ego pide y la Naturaleza otorga, A cada causa corresponde un efecto y a cada acción un fruto. El deseo los enlaza. Si se mata el deseo, cesa el enlace, y cuando todos los lazos del deseo se hayan roto, quedará libre el ego. Ya no podrá sujetarlo el karma. La rueda de causas y efectos seguirá girando, pero el ego está liberado. “Por lo tanto, cumple tú constantemente y sin apego la acción que debas cumplir, pues el hombre que sin apego cumple la acción al­canza en verdad el Supremo” (Bhagavad Gitá. – Estancia III, 19.) Para practicar la Yoga de  acción, ha de ejecutar el hombre todas sus acciones como un deber, en armonía con la ley en cualquier pla­no de existencia en que se halle, para ser una fuerza operante en la evolución, de acuerdo con la Divina Voluntad, con perfecta obedien­cia en todas las fases de su actividad. De esta suerte sus acciones tendrán carác­ter de sacrificio ofrecido al volteo de la Rueda de la Ley sin apetencia del fruto, del que hace generosa donación en servicio de la humanidad. El fruto no es del actor. Pertenece a la ley que se encarga de su distribución. Dice el Bhagavad Gita: “Al de obras no moldeadas por el deseo, cuyas acciones se consumen en el fuego de la sabiduría, los doctos le llaman sabio. Inapetente del fruto de las obras y siempre satisfecho, de nada se ampara y no hace cosa alguna aunque todas las haga. “Sin confiar en nada, con su mente y su ser disciplinados y todo anhelo de goce en abandono, cumple las acciones sólo con el cuerpo y no cae en pecado. Satisfecho con lo que recibe, libre de los pares de opuesto, sin envidia, equilibrado en el éxito y en el fracaso, no está ligado a las acciones que ejecuta. Quien tiene los apetitos muertos y el pensamiento firme en la sabiduría, quien sacrifica las obras y permanece en equilibrio, todas las acciones que ejecuta no le ligan ni le afectan. (Estancia IV, 19-23.) Cuerpo y mente actúan en plena actividad. Con el cuerpo se ejecutan las acciones físicas y con la mente las mentales; pero el Yo per­manece tranquilo, sereno, sin prestar nada de su eterna esencia para forjar las cadenas del tiempo. Nunca se negligencia la recta acción sino que se ejecuta fielmente dentro de los límites de los poderes eficientes, pues la renuncia al fruto de la acción no supone pereza ni des­cuido en su cumplimiento.

Dice el Bhagavad Gitá:

Si el ignorante obra por apego a la acción, oh Bhárata! el sabio debe obrar sin apego a ella, anheloso del bienestar del mundo. No perturbe el sabio la mente de los ignorantes apegados a la acción; antes bien, obrando en armonía conmigo, haga atractiva toda acción. (Estancia III, 25-26). Quien alcanza el estado de la “inacción en la acción” descubre el secreto del agotamiento del karma, destruye por el conocimiento las acciones que ejecutó en el pasado y quema las del presente en el fuego de la devoción. Entonces llega al estado de conciencia des­crito simbólicamente por Juan en el Apocalip­sis, al decir: “Al que venciere, yo le haré Columna en el templo de mi Dios y nunca más saldrá afuera”. (Apoc. 3-12). ­Porque el ego sale muchas veces del Templo a las llanuras de la vida; pero llega tiempo en que se convierte en “columna del templo de mi Dios”. Este templo es el mundo de las almas liberadas, y sólo quienes no están ligados a sí mismos egoístamente, pueden quedar ligados a todos en nombre de la única Vida. Así pues, deben romperse no sólo los lazos del deseo personal sino también los del deseo individual. Pero en este punto incurren los principiantes en un error muy natural y fre­cuente. No hemos de romper los lazos del de­seo convirtiéndonos en marmolillos insensibles. Por el contrario, el hombre es tanto más sensitivo cuanto más cerca está de la libera­ción, pues el perfecto discípulo en unidad con su Maestro responde compasivamente a toda pulsación del mundo exterior; todo le conmueve y a todo responde; y precisamente porque nada desea para sí es capaz de darlo todo a todos. Un hombre así ya no engendra karma ni forja cadenas que le sujeten, y a medida que va siendo más expedito canal por donde la Vida divina se derrame en el mundo, sólo an­hela ensanchar su cauce para que sea más caudaloso el flujo de la Vida divina. Su único anhelo es ser más amplio receptáculo en que con el menor impedimento se vierta la Vida. Después de rotas las cadenas que le sujetaban, su única tarea es trabajar en servicio de los demás. Pero jamás se rompe el enlace de la Unidad con la Totalidad, del discípulo con el Maestro y del Maestro con el discípulo. Este enlace no ­es una ligadura. Es la Vida divina que siem­pre nos impulsa superadelante, sin sujetarnos a la rueda de nacimientos y muertes. Primeramente nos atrae a la vida terrena el deseo de goces sensorios, y después otros deseos más puros que sólo pueden satisfacerse en la tierra, como el de conocimiento, desarro­llo, devoción de índole espiritual. Pero cuando todo esto está logrado ¿qué retiene todavía a los Maestros en el mundo de los hombres? Nada que pueda el mundo ofrecerles. No hay en la tierra conocimiento que no posean ni poder que no ejerzan ni ex­periencia que les aleccione. Todo lo saben y todo lo pueden. El mundo es incapaz de atraer­los con halago a la reencarnación. Sin embargo, reencarnan compelidos por un divino impulso interno, para ayudar a sus hermanos en el multimilenario trabajo de la hu­mana evolución, con el jubiloso servicio de su inefable amor e imperturbable paz, sin que el mundo pueda allegarles más dicha que ver a otras almas crecer a su semejanza y compartir con Ellos la consciente vida de Dios.

 

KARMA COLECTIVO

 

La agrupación de egos en familias, castas, naciones y razas introduce un nuevo elemento de perplejidad en los resultados kármicos, y así se explican los llamados “accidentes” y los ajustes que constantemente hacen los Señores del Karma. Parece que aunque nada puede sucederle a un individuo, que no esté determinado por su karma, cabe la posibilidad de aprovechar una catástrofe nacional o sísmica para que extinga parte del mal karma que no le hubiera co­rrespondido extinguir en la vida por que está pasando. Digo que parece, porque trato este asunto teóricamente, sin conocimiento práctico de él, aunque es muy lógico suponer que la muerte súbita no puede privar a un ego de su cuerpo físico, a menos que sea deudor de semejante muerte a la ley, pues si no mediase esta cir­cunstancia se “salvaría milagrosamente” del naufragio, del terremoto, del descarrilamien­to, del incendio o de cualquier catástrofe en que se viera envuelto. Pero si debe una muerte súbita y su karma nacional o familiar le envuelven en una catás­trofe, no podría salvarse aunque aquella muer­te no estuviera trazada en la plantilla kármica que sirvió para la formación del cuerpo etéreo. Desde luego se le evitará todo sufrimiento inmerecido, pero se le dejará pagar su deuda aprovechando la ocasión deparada por el kar­ma colectivo en indirecta operación de la ley. Análogamente puede beneficiarse el ego cuando pertenece a una nación que goza de un buen karma colectivo, y así recibe el pago de un crédito pendiente, que no se le hubiera satisfecho por la sola razón de su karma in­dividual. El nacimiento de un ego en determinada nación está regido por los principios generales de la evolución y por sus peculiares caracte­rísticas. Si consideramos la ordinaria evolución de la humanidad, el ego en su lento desenvolvi­miento ha de pasar por las siete razas raíces y las correspondientes subrazas de un globo. Esta necesidad requiere ciertas condiciones a que ha de adaptarse el karma individual, y la nación perteneciente a la subraza por la que el ego haya de pasar reunirá las condiciones requeridas. El examen de una larga serie de encarna­ciones ha demostrado que algunos egos pro­gresan normalmente de una subraza a otra, mientras que otros reencarnan repetidamente en una misma subraza. Dentro de las condiciones de la subraza las características individuales del ego le condu­cirán a una u otra nación. Así nos muestra la historia que al cabo de un normal período de mil quinientos años aparecen de nuevo colec­tivamente ciertas características nacionales. Una gran masa de los antiguos romanos reen­carnan en nuestros días en Inglaterra cuyas características nacionales son la expansión co­lonial y la conquista por los mismos procedi­mientos de la antigua Roma. Un ego en quien estuviese muy señalada esta característica nacional nacerá en Ingla­terra conducido por su karma para participar en bien o en mal de todo lo que el karma colec­tivo pudiera afectarle como individuo. Los lazos de familia son de índole más per­sonal que los nacionales, y quienes contraen afectos en una vida propenden a reunirse en otra como miembros de una misma familia. A veces estos lazos persisten cada vez más es­trechos en sucesivas vidas; pero otras veces, a causa de la diferencia de duración de la vida mental por la mayor actividad intelectual y espiritual de algunos durante la vida terrena en que fueron parientes de otros, pueden dis­persarse los miembros de una familia y no volverse a encontrar hasta después de varias encarnaciones. En general, cuanto más íntima es la unión en las superiores manifestaciones de la vida mayores probabilidades hay de nacer en una misma familia. También el karma del individuo está influido por la interacción del karma familiar y puede gozar o sufrir de un modo que no corresponda a su peculiar karma en aquella vida, pagando así deudas o cobrando créditos todavía pendientes. En lo que a la personalidad se refiere, parece que ha de haber cierta compensación en las vidas astral y mental, de modo que se haga justicia aun a la transitoria personalidad. El examen pormenorizado del karma colectivo nos llevaría más allá de los límites de un tratado elemental como el presente y no esta­ría al alcance de nuestros conocimientos, por lo que sólo podemos exponer estas incomple­tas indicaciones. El conocimiento exacto del asunto exigiría un detenido examen de casos individuales, continuado durante millares de años, pues las especulaciones sobre este asunto son inútiles, y lo que se requiere es la paciente observación. Sin embargo, algo adecuadamente cabe de­cir respecto al karma colectivo en cuanto a la relación entre los pensamientos y acciones de los hombres y los aspectos del mundo exterior. Sobre este obscuro punto dice Blavatsky: “De acuerdo con Platón expone Aristóteles que la palabra “elementos” denota los princi­pios incorpóreos colocados como inspectores en cada una de las cuatro grandes divisiones de nuestro mundo. Así es que los paganos no adoran ni veneran a los elementos ni a los puntos cardinales sino a las entidades espirituales que simbolizan. “Según la iglesia romana hay dos clases de seres siderales: los ángeles y los demonios. Según los kabalistas y ocultistas sólo existe una clase, sin diferencia entre los “Rectores de Luz” y los “Rectores de Tinieblas” o Cosmocratores, a quienes la iglesia romana supo­ne entre los “Rectores de Luz” cuando los oye designar por otro nombre distinto del que ella les da. No castiga o premia el Rector o Maha­raja con permisión de Dios o sin ella, sino que el mismo hombre se castiga o premia por su karma, que cuando erróneo acarrea individual y colectivamente (como sucede a veces en las naciones) toda clase de males y calamidades. “Nosotros establecemos causas que ponen en actividad a las potestades correspondientes del mundo sideral, y las atraen irresistible­mente hacia quienes establecen tales causas y sobre ellos reaccionan, tanto si han perpetrado malas acciones como si han tenido siniestros pensamientos. La ciencia moderna nos dice que el pensa­miento es materia, y según enseñan a los pro­fanos los señores Jevons y Babbage en sus Principios científicos, cada partícula de materia existente debe ser un registro de todo cuanto ha sucedido. La ciencia moderna penetra cada día más en el vórtice del ocultismo, aunque de ello no se dé cuenta. El pensamiento es materia, pero no en el sentido del materialista Moleschott, quien afir­ma que el pensamiento es el movimiento de la materia, declaración absurda casi sin igual. Los estados mentales y los físicos se hallan en completo contraste; pero esto no importa para que todo pensamiento, además de la acción cerebral, tenga un aspecto objeti­vo en el mundo astral, aunque para nosotros sea en objetividad suprasensible. (Doctrina Secreta. Comentarios a la Estancia V del libro de Dzyan.) Parece que cuando los hombres engendran gran número de malignas y destructoras for­mas de pensamiento, las cuales se agrupan en grandes masas en el mundo astral, su energía se precipita sobre el plano físico y provoca motines, asonadas, trastornos, revoluciones, guerras y todo linaje de disturbios sociales que caen como karma colectivo sobre sus pro­genitores. Así tenemos que también el hombre es colectivamente dueño de su destino, y crea­dor de su propio ambiente. Las rachas de crímenes, las epidemias, los períodos de conmoción o trastorno en una ciudad se explican según el mismo principio. Las formas de pensamiento animadas por la cólera incitan al asesinato. Los elementales de estas formas están alimentados por los efectos del crimen y los vigorizan el sentimiento de venganza de los pacientes de la víctima, la fe­rocidad del criminal y su rencor cuando lo ajustician y se ve lanzado violentamente del mundo. Así la horda de formas malignas im­pulsan desde el mundo astral a la perpetración de nuevos crímenes que se repiten horrorosamente. Los sentimientos de temor que provoca la propagación de una epidemia intensifican la virulencia de la enfermedad y se perturba el ambiente magnético de cuantas personas se hallan en el área de la epidemia. En todos sentidos e innumerables modali­dades causan estragos los malignos pensa­mientos de los hombres cuando en vez de cooperar al desenvolvimiento del divino plan del universo invierte en la destrucción su po­der creador.

 

CONCLUSION

Tal es en bosquejo la capital ley del karma y sus operaciones, cuyo conocimiento y em­pleo le permite al hombre acelerar su evolución, libertarse de la rueda de muertes y nacimientos y llegar a ser mucho antes de que su raza termine su curso, un auxiliar y salvador del mundo. El profundo y firme convencimiento de la verdad de esta ley tranquiliza serenamente el ánimo y desvanece todo temor, pues nada puede sucedernos que no sea obra nuestra y no merezcamos. Como toda siembra ha de dar su cosecha no hemos de lamentarnos si por haber sembrado vientos cosechamos tempestades. Pero una vez pasada la tempestad no vuelve a atormentarnos. Por lo tanto, mejor será afrontar con áni­mo alegre los dolorosos resultados de un mal karma, pues vale más pagar cuanto antes las deudas que tengamos. No se figuran las gentes la fuerza que podrían obtener si se apoyaran en la ley. Desgraciadamente, para los occiden­tales el karma es una quimera, y aun entre los teósofos, la creencia en el karma es más bien una función intelectual que un vivo convenci­miento que guíe su conducta, pues como dice Bain, la virtualidad de una creencia se mide por su repercusión en la conducta, y la creencia en el karma debiera manifestarse en la pureza, serenidad, vigor y dicha de la vida. Sólo nuestras mismas acciones pueden entorpecernos y nuestra propia voluntad encade­narnos. Cuando los hombres reconozcan esta ver­dad habrá sonado la hora de su liberación, pues nadie puede esclavizar a quien obtuvo el poder por medio del conocimiento y  lo emplea en el amor.   ­

El fenómeno de la mente: La experiencia extrasensorial.

Qué decir de los estados de conmoción o dolor. Es muy común que en sueños el cuerpo sutil viaje fuera del cuerpo físico, puesto que el cuerpo sutil puede ir donde quiera por el poder de la mente. La muerte significa que el cuerpo sutil abandona de una vez por todas el cuerpo físico y nunca más regresa. En la mayoría de los casos, el cuerpo sutil guiado por los deseos de la mente, acepta inmediatamente otro cuerpo burdo, de acuerdo con la ley del karma, y toma otro nacimiento. Sin embargo, los Vedas explican también que una entidad viviente (jiva) que deja su cuerpo burdo en una de las siguientes circunstancias:

a)-Suicidio,

b)- en un estado muy intoxicado; o

c)- en un accidente muy violento, no recibe de inmediato un nuevo cuerpo material burdo.

Sucede lo mismo cuando la persona está muy apegada a su cuerpo o a la casa donde ha vivido, etc. Entonces la entidad viviente se convertirá en un fantasma durante un tiempo, y rondará por los lugares, o permanecerá cerca de las personas que conoció en el pasado. Teniendo que quedarse en tal situación durante mucho tiempo, la entidad viviente condicionada padece incontables sufrimientos y frustraciones, porque conserva sus deseos burdos de disfrutar y ya no tiene un cuerpo burdo para satisfacerlos. Por lo tanto, los fantasmas buscan con frecuencia explotar los cuerpos de personas de mente o carácter débil o enfermo para poder disfrutar. Particularmente, cuando están medio dormidas, estos seres sutiles pueden entrar más fácilmente en un cuerpo y controlar temporalmente sus movimientos, ideas mentales e incluso pueden hablar.

Así que tanto las personas débiles como aquellas muy apegadas a su cuerpo físico anterior, o inclinadas a buscar este tipo de relación (como es el caso de los médium), perciben algunas veces la presencia de estos seres fantasmales como voces interiores que les dan órdenes o sugerencias para que realicen o no ciertas acciones. Cuando estos seres están presentes, pueden causar serios disturbios físicos y mentales. En general, los estados mentales que los psicólogos analizan como esquizofrenia, catatonia, paranoia, y otras alteraciones graves, son el resultado patético de las situaciones antes mencionadas.

Desafortunadamente la gente equivocada que es incapaz de distinguir entre la naturaleza espiritual verdadera y la naturaleza material (en su forma burda y sutil), consideran con frecuencia que estas entidades fantasmales son divinas, seres perfectos que poseen todas las cualidades de la trascendencia. Por lo tanto, se convierten algunas veces en médium y enseñan a la gente a adorar estas entidades, bajo el nombre de espiritismo, por motivos materiales superfluos. Pero estos adoradores confusos, por la ley del karma, están simplemente preparando su futura existencia fantasmal después de su muerte, y recibirán un cuerpo burdo sólo después de muchos padecimientos y frustraciones.

Ley de Causa y Efecto

La Ley de Causa y Efecto dice que ” recibiremos el efecto de todo lo que causamos”. Es la maestra gracias a la cual hemos ido aprendiendo a lo largo de todas nuestras vidas, ya que, el ser sólo aprende cuando padece el daño que causa. De ninguna manera fue creada como castigo. A continuación del cuerpo etérico se halla un campo psicotrónico o electromagnético que se llama TELA BUDICA, cuya función es separar el etérico del cuerpo emocional. Este campo tiene un a frecuencia vibratoria que está de acuerdo a la de nuestra evolución. Por lo tanto, a mayor evolución mayor velocidad. Ninguna energía externa de más baja frecuencia puede pasar a través de la Tela Búdica para dañarnos. Es como si alrededor nuestro hubiese un ventilador girando a gran velocidad y pretendiéramos pasar a través de él con algo lento. Esto sería despedido hacia afuera. Pero al igual que con un ventilador podríamos pasar a través de él con algo lento, desde adentro hacia afuera. Cuando emitimos una energía negativa nosotros, ésta pasa a través de la Tela Búdica y por la zona por donde pasa baja la frecuencia de ese campo. Quedando esa zona con bajas defensas. La energía, cuando se desprende de nosotros va hacia donde la enviamos, uniéndose con energía igualmente calificada, y cuando retorna a nosotros tiene, ahora sí, por donde entrar. Por este orificio entra la energía que emitimos, más la que encontró en su camino, más la que nos puedan enviar, incluso la energía negativa que cualquier ser tenga a su alrededor, y que se cruce con nosotros aunque sea por un momento. Por esta razón nos sentimos mal cuando nos encontramos con personas negativas, mientras ellos se sienten bien, después de hablar con nosotros. Nuestra aura tiene alta vibración, entonces aumenta la velocidad de la del otro, mientras nosotros, por nuestras perforaciones, absorbemos su energía. Normalmente creemos que el otro nos absorbe nuestra energía, NO ES ASI, nosotros absorbemos la energía negativa porque estamos desprotegidos. Cuando la energía negativa entra a través de la Tela Búdica afecta el cuerpo etérico, por eso nos cansamos y algunas veces hasta nos enfermamos.

Eso vamos a hacer con nuestros patrones mentales negativos:

POLARIZARLOS HACIA LO POSITIVO.

Supongamos que nosotros somos una masa de energía que está en la mitad de su camino de evolución. De acuerdo a la escala imaginaria estaríamos vibrando naturalmente a 500 movimientos por minuto, entonces todo lo que se desprende de nosotros debe tener una velocidad acorde con la velocidad de quien emerge. Por lo tanto, se supone que todo lo que se desprende de nosotros tiene una velocidad media, pero como tenemos patrones mentales negativos (es decir, más lentos) actuamos en nuestra velocidad natural hasta que alguien nos moviliza un patrón mental. En ese momento bajamos nuestra vibración hasta la velocidad de ellos y actuamos en una forma inapropiada para nuestra evolución. Nuestra tarea en principio va a ser llevar la vibración de nuestros patrones hasta la velocidad que le corresponde a nuestra evolución. Luego las llevaremos al máximo y así ascenderemos nosotros. Para esto usaremos la Ley de Mentalismo, que dice: Si tú lo has pensado y tú lo has creído: tú lo has creado. Todo lo que pensamos y creemos LO CREAMOS.  Si a un niño le decimos que es torpe, primero piensa que puede ser torpe, luego cree que lo es y a partir de allí CREA AL TORPE. Veamos lentamente como funciona esta ley: Cuando emitimos un pensamiento se desprende de nosotros una masa de energía que tiene una calificación, la que nosotros le dimos. Se dirige hacia donde nosotros la enviamos uniéndose por principio de ATRACCIÓN con energía igualmente calificada y más allá del hecho de que pueda afectar a los demás o no, siempre, siempre esta energía por Ley de Causa y Efecto vuelve a nosotros. Y cuando vuelve trae todo el caudal energético necesario para que se cumpla lo que pensamos. Por ejemplo: Si pensamos que en un examen nos va a ir mal, pensamos en la profesora, en la escuela, en la materia y en todo lo que rodea al examen siempre con la idea de que nos va a ir mal. Por lo tanto, van a desprenderse masas de energía con esa calificación hacia todos los lugares donde la enviamos. Después de hacer el recorrido como ya describimos vuelve a nosotros una gran masa de energía cuya calificación es un mensaje constante para que nos reprueben. Así vivimos boicoteando toda nuestra historia.