“No debes apegarte a nada; porque la
separación de lo que es querido causa dolor;
las ataduras no existen para aquellos que no
aman ni aborrecen…”
(Buda)

El I-CHING – El Libro de las Mutaciones

Es junto a la biblia uno de los libros mas antiguos del mundo, empezó a escribirse hace unos 3000 años, no se sabe si por uno o varios autores, lo que si es seguro, es que este libro que es un compendio de sabiduría e iniciación, ha marcado y dirigido la vida de la sociedad china desde hace milenios, y aun hoy en día,sigue siendo un libro primordial dentro de la cultura china,directamente de las enseñanzas de este gran libro sale el oráculo del i ching, este oráculo,del que existen dos formas de interpretación lleva ya siglos en occidente, por lo que al contrario de lo que piensan algunos, en absoluto es una técnica nueva.

El I-Ching, que también es conocido como Yijing o I-King, es el libro del oráculo chino, que se cree está escrito sobre el año 2400 aC. , y se le conoce asimismo como Libro de las Mutaciones.

Se piensa que tanto expone el presente de la persona que consulta y que adivina el futuro si esa persona adopta el camino adecuado para ello. Se trata a la vez de un libro adivinatorio y también de carácter moral.
El I-Ching consta de 64 capítulos con un sistema binario de numeración, aritmético y geométrico.

Los números impares son representados por una línea continua, y los pares, por una quebrada. Estos trazos se llaman  hexagramas, formados cada uno de ellos por dos trigramas, y no se construyen como en la escritura china, de arriba abajo, sino de abajo arriba.  Son frases y consejos muy sabios y aplicables a cualquier cultura y moral.

Son cuatro las fuentes reconocidas del libro tal y como se conoce hoy en día: el texto de Fu-Hi, los que escribieron el soberano Wen y su hijo el duque de Chou, y los de Confucio y sus discípulos.

Precisamente unos comentarios atribuidos a la escuela de Confucio son los que interpretan los 64 signos del I-Ching, que surgen definitivamente en el siglo VIII a.C. debido a Los Cambios de Chou, o Chou I.

Al unirse Los Cambios de Chou con Las 10 alas de Confucio, es como surge El Libro de las Mutaciones tal y como se conoce hoy en día.

En el I-Ching se advierte un universo que se mueve por la relación de diálogo entre los seres opuestos y que está regido por la idea del movimiento y cambio.

Según el I-Ching, los cambios ocurren de manera cíclica. La vía de la adivinación del I-Ching se basa en la ausencia que un futuro que determine qué es lo que va a pasar, y en un casualismo, es decir que los acontecimientos se producen por casualidades.

Deja tus preocupaciones
y ten un corazón completamente limpio,
como la superficie de un espejo
que no contiene imágenes.
Si quieres un espejo claro,
contémplate
y mira la verdad sin vergüenza,
reflejada por el espejo.
– Rumi –

El I-Ching es el sistema místico, filosófico, político y adivinatorio más antiguo de la China,
Es la base de la medicina tradicional, la acupuntura…todo eso y mucho más. El I-Ching se basa en hexagramas, hay seis líneas, la primera está íntimamente relacionada con las artes mánticas, la lectura del rostro, por ejemplo. La segunda, con la lectura de energías en ciertas zonas por posición o por movimiento, ahí está el Feng Shui. La tercera es el cálculo del destino de una persona. Lo que hace la astrología occidental en la China son los Cuatro

Hay un best seller que incluso lo han adaptado para autoayuda: “El arte de la guerra”.
Pertenece a la tradición de la estrategia militar en China y bebe mucho del I-Ching, la tradición anterior al confucianismo y al taoísmo. Ahora vea tanto las tres tradiciones acuden al I-Ching y este ha nutrido a estas tres tradiciones. En la China tradicional no se habla de tres religiones, sino de tres tradiciones religiosas vistas como una unidad, cada una aporta a la conciencia china algo especial. Siempre se comienza con el budismo, luego confucianismo y taoísmo, el budismo que era extranjero ha tomado la preeminencia en la concepción religiosa china.
Vayamos a otro concepto trillado por Occidente: el karma. Este nace en la India, pero luego es adoptado en la China tradicional…
La visión popular del karma es fatalista, el I-Ching y el concepto chino del karma no lo es… El concepto de karma llega a la China no mediante el hinduismo, sino mediante el budismo. El budista dice que si hago algo, yo soy responsable de mis acciones, por lo tanto sean positivas o negativas tendré que recibir las recompensas o tendré que pagar las consecuencias por ellas. Sin embargo, los chinos budistas bajo la influencia del I-Ching crean un concepto muy especial. Para los hindúes el karma es individual. Pero en la China creen que también comparten responsabilidad un grupo de personas, que hay un karma familiar y colectivo.

Entonces el karma colectivo de la China es complejo y ambiguo, porque tuvo una revolución comunista que quiso barrer la metafísica y ahora con un capitalismo de Estado se perfila como la próxima potencia mundial…

Pienso que mientras Occidente con todo su materialismo y su posmodernismo va adhiriendo ideas tradicionales, como el karma, Oriente que era tradicional comienza a abrazar ideas muy occidentales. Son ciclos… En la China ha pasado algo muy especial, el comunismo es antitradicional y es antimetafísico por definición, entonces durante el yugo comunista ha habido un gran cambio. La verdad siempre tiene que brillar, se puede opacar por un tiempo, pero la necesidad de buscarla no se puede opacar en el espíritu del ser humano. Eso es metafísica, por lo tanto, ha habido un periodo de eclipse y va a continuar mientras que el poder comunista esté allí.  Hay un renacimiento subterráneo en las universidades de los temas metafísicos y esa tendencia va a seguir creciendo. Y si hay un cambio de régimen esto va a explotar como “nueva era”, es decir, de manera superficial, pero nuevamente la tradición se va a asentar. Aunque no con la fuerza de la antigüedad.

¿Usted ha visto en el I-Ching si China va a ser la gran potencia que se consolide como el contrapoder a Estados Unidos?
Para que cualquier país progrese tiene que ser el resultado del esfuerzo colectivo de su gente, podríamos decir que es un karma colectivo. Occidente ha introducido al mundo no solo la globalización sino el poder del mercado y la población china es exorbitante: si concibiésemos un dólar al día de cada persona en la China, imagínate el dinero. Un fabricante en la China si no produce por lo menos diez millones de polos no va a poder ganar dinero, un fabricante de polos está manufacturando cada producción por lo menos 20 millones y los grandes 50 millones. Y no se venden al extranjero, si no al mercado interno. Estados unidos lo solía a hacer, fabricaban refrigeradoras, podían hacer un millón y vendían internamente, le sobraban 5 mil y las exportaba. La china no produce un millón de refrigeradoras, sino 50 millones por producción. La fuerza del pueblo chino está en su población. Y mientras que poco a poco comience a tener capacidad de adquisición hará que la China progrese, primero en su mercado interno y después en el externo.
Hay una fiebre mediática por ese país. Por ejemplo, cada vez hay más escuelas de mandarín y el año nuevo chino suscita mayor expectativa.
En el Perú, cuando yo era pequeño, no había Halloween, pero debido a la presencia económica norteamericana la celebramos. Lo mismo va a pasar si el dragón despierta, entonces su cultura rebalsa sus fronteras…
La mayor identificación de la China es con el dragón, pese a que este es un ser mitológico oscuro para Occidente, puede verse como la encarnación del Mal en el Apocalipsis…
En la mitología, el dragón está íntimamente relacionado con las fuerzas divinas, la fuerza creadora primero se manifiesta en la forma de un dragón y luego se da la creación… En la China nos protege del mal viento, de la mala fortuna, de los enemigos que vienen de la estepa del norte. Es amarillo, porque protege su tierra (por el loes la tierra es de ese color). Por eso el centro de todos los sistemas energéticos corresponde al dragón amarillo. En mandarín China significa el país central, los hijos del dragón amarillo.

Siguiendo con los referentes espirituales chinos, tenemos el Feng Shui, que es muy supersticioso. Hay gente que no duerme en cuartos con espejos y se repleta de talismanes…
El Feng Shui es una manera de ayudar a las personas… no existe un poder divino o mágico. Es el poder del pensamiento positivo…
Parece mera sugestión bienintencionada.
Yo diría que es el poder del pensamiento positivo. Yo digo con el talismán me va a ir todo bien y enfrento a las personas con una sonrisa.
Pero el pensamiento positivo puede prescindir del Feng Shui, maestro.
Sí hay cosas que son ciertas. Por ejemplo, cuando dice que tenemos que dirigirnos hacia un lugar positivo, si pongo a un niño frente a una ventana que tiene un basural ¿puede alguien estudiar así? ¿cómo será la visión del mundo de este niño? Queremos que crezca viendo un jardín bello.
Es mero sentido común.
Puede haber sugestión, pero un árbol va a tener un efecto más bonito que un basural. Mira, se dice que es mal Feng Shui cuando en frente de la puerta tenemos un poste, se dice que cuando esto sucede el papá tiene pocas oportunidades de progresar en su trabajo, el hijo también, parece una tontería. Pero viene de analogías, vamos a ver la lógica especial: Si soy un vigía me paro con mi rifle enfrente de un poste, me va a bloquear la visión, entonces si viene el enemigo tiene más oportunidades de atacarme, ¿qué hago?, tengo que ponerme fuera del poste para tener una mejor visión. La puerta en el Feng Shui es lo que alimenta, es donde entra el buen chi, lo que alimenta la casa, por eso se llama la boca del tao. Si yo tengo algo que está bloqueando la boca del dragón, ¿cómo va a ser esa energía que está ingresando? No va a ser muy positiva, por eso el papá está tan desganado, el hijo de repente no va a querer el esfuerzo extra para entrar en la universidad. No es que este poste mágicamente haga que yo pierda mis oportunidades, pero por analogía no me permite ver las oportunidades. Entonces si todos los días paso por ahí me sugestiono. De repente tengo una buena oportunidad pero tengo un poste y la pierdo. Hay que mudarse de casa…

Sé que usted ha compilado un estudio antiquísimo sobre cómo juzgar los estornudos basado en la dirección y hora en que se producen…
Eso es más folclórico, pero enseña la importancia de la orientación de uno. Nosotros vivimos con una concepción cartesiana, todas las direcciones son las mismas. Pero experimentamos sensaciones diferentes si miramos hacia el ocaso, o hacia las montañas. Las direcciones son vitales en el Feng Shui.
Usted enseña la lectura de rostro y la interpretación de los lunares…
El 99% de las personas que la enseñan leen rasgos; sin embargo, junto con esa tradición existe otra de lectura de rostro que lee energías. Esta lectura era antiguamente guardada con celo como un secreto. Para demostrar su efectividad enseño primero la lectura de lunares… Hay 23 lunares que los chinos han seleccionado y que tienen una casuística de por lo menos 1.200 años. Por ejemplo, si hay una persona que tiene un lunar justo en el centro del ojo, este se llama el lunar de la tristeza, porque parece una lágrima. Indica tres cosas: que es una persona que tiene muchos sueños, que es muy hábil, pero que siempre se sabotea, que tiene muy mala fortuna en el amor y es un individuo que empieza con grandes sueños, pero que al final de su vida se contenta con la mediocridad. Le pido que vea una persona así y lo compruebe.
Hummm… ¿Y cómo interpretaría la canción “ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca”?
Si uno tiene un lunar en esa zona, tiene lo que los americanos llaman un gran ’sex appeal’, una gran capacidad de atracción sexual, y eso ha sido notado por los mexicanos que han hecho una ranchera.
¿Y ustedes sienten alguna afinidad con la mística china?
Respondan escuchando la melodía de la maravillosa película “Héroe” de ¡ese fabuloso cineasta llamado Zhang Yimou!

Los 64 hexagramas.
El I Ching, Yijing o I King (en chino tradicional: ??; en chino simplificado: ??; en pinyin: yì jing) es un libro oracular chino cuyos primeros textos se suponen escritos hacia el 1200 a. C. Es uno de los Cinco Clásicos confucianos.
El término i ching significa ‘libro de las mutaciones’. El texto fue aumentado durante la dinastía Chou y posteriormente por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucianista. Se cree que describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. Es un libro adivinatorio y también un libro moral, a la vez que por su estructura y simbología es un libro filosófico y cosmogónico.
Fundamentación
La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del yin y yang.
En su aspecto cosmogónico, el I Ching describe un universo en el que la energía creadora proviene del cielo, en tanto la tierra es receptora y fecundadora de esa energía primaria.
En cierto modo el I Ching considera el cambio como la única realidad existente, el ser. En Occidente se identifica el ser con aquello que mantiene unidas la forma (principio inmaterial) y la materia (principio material) y le da la virtud formal a la forma. Para el I Ching, la materia es sólo una manifestación pasajera de un principio más profundo.
Los comentarios de Zhou y principalmente los de la escuela confuciana añaden un principio moral que debe presidir la conducta del sujeto que aspire a ser «noble». Esta filosofía moral se inspira en la naturaleza y las formas en que ésta procede, de manera que las figuras del I Ching encuentran su correlato en la vida política y se comportan como metáforas de la conducta correcta.
En el I Ching se advierte un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los pares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba a abajo.
Historia
Antes de que se escribieran los primeros comentarios del I Ching durante la dinastía Zhou, hace más de 3000 años, era una práctica frecuente en la corte y en la clase ilustrada consultar el futuro mediante tallos de milenrama, también llamada aquilea. Existían desde los tiempos del emperador Fu-Hi imágenes asignadas al resultado de la consulta.
Tres son las fuentes reconocidas de las versiones actuales del libro:
•    el texto del mítico Fu-Hi (por lo menos del 2400 a. C.);
•    los del rey Wen y su hijo el duque de Zhou (hacia el 1100 a. C.) y
•    los de Confucio y sus discípulos (500 a. C.)
A esos textos se adicionaron comentarios de hechiceros y de la escuela del yin-yang, que en épocas recientes fueron descartados por los estudiosos.
Aunque, en rigor, la lectura mediante el sistema del yin y el yang (principio femenino y principio masculino) es posible, los estudiosos prefirieron no tenerla en cuenta, para conservar la pureza arcaica del libro. Con el mismo criterio se pueden descartar los comentarios confucianos, pero la autoridad de Confucio es muy fuerte en la cultura china como para pasarlos por alto.
Este libro llegó a Europa en el siglo XIX con sus consiguientes intentos de traducción (por ejemplo la de Charles de Harlez, publicada en Bruselas en 1889). Sin embargo su acogida fue relativamente escasa por el caracter mágico que se le atribuía. Uno de los mayores especialistas occidentales en el I Ching fue el misionero y sinólogo alemán Richard Wilhelm, quien publicó una versión del libro en 1923. Una nueva versión, publicada en 1948, llevaba un prólogo del psiquiatra suizo Carl Jung, autor de la teoría del inconsciente colectivo. La versión de Wilhelm presenta el libro en tres grandes secciones, con los textos más antiguos en la primera y reservando la segunda y la tercera para Las diez alas o comentarios de la escuela confuciana. Esta traducción alemana fue a su vez traducida en 1949 al inglés y en 1950 al italiano.
Al margen de las numerosas leyendas que existen en torno al origen del I Ching, los únicos datos fiables, lo sitúan hacia el siglo XI a. C., cuando el rey Wen, desarrolló un sistema de ideas basado en 64 hexagramas, al que llamó I, que se traduce por lagarto y también por fácil, y que simboliza la rapidez y la facilidad en el cambio.
Tras la muerte del rey Wen, su hijo el duque de Zhou continuó el desarrollo del sistema de ideas elaborado por su padre, e introdujo el concepto de relación entre los opuestos y de «acción y reacción», definiendo las 6 líneas de cada uno de los hexagramas.
Por tanto, no es hasta el siglo VIII a. C. cuando definitivamente surge el Chou Í o Los cambios de Chou, libro compuesto por los 64 hexagramas y sus correspondientes líneas.
A partir de este momento, el Chouí comienza a ser cada vez más conocido y su uso se extiende tanto con fines adivinatorios, como éticos y filosóficos.
Posteriormente, en torno al siglo VI a. C. surgen dos de las principales corrientes de pensamiento de la cultura china, representadas por:
1.    Lao Tse, autor del Tao Te King, principal texto de la filosofía taoísta, y
2.    Confucio, que proponía la ética y la moral como las vías más eficaces para alcanzar el bienestar humano y social.
Entre los siglos V y III a. C., el confucianismo comienza a extenderse a todos los niveles sociales y se establecen numerosas escuelas de seguidores de sus ideas.
Durante los siglos III y II a. C., algunos miembros de las escuelas de Confucio, escribieron una serie de textos, tratados o apéndices que se conocen como Las Diez Alas, y que contienen aportaciones sobre la interpretación de los hexagramas del rey Wen, de las líneas del duque de Chou, de la simbología y las imágenes, del concepto del cambio, de los trigramas, de la secuencia de los hexagramas y de su asociación por pares.
Finalmente, al unir el Chou Í (‘los cambios de Chou’) junto con los textos o tratados que forman Las Diez Alas, es cuando surge el I Ching (o ‘libro de los cambios’) tal y como lo conocemos en la actualidad.
Usos
Experimentar el I Ching es intentar comprender cómo se generan y se producen los cambios en nuestras circunstancias y en nosotros mismos. Este milenario tratado de leyes universales, cuyo origen se remonta a más de 3000 años de antigüedad, nos indica la dirección natural o de menor resistencia al cambio que presenta la situación en la que nos encontramos.
La posibilidad de descubrir y desenmascarar las contradicciones que se esconden tras las apariencias y llegar a comprender los cambios que se producen en nuestra vida, es principalmente lo que nos ofrece el I Ching a través de la estructura de ideas representadas en los diferentes símbolos y hexagramas y de las relaciones que se establecen entre las mismas.
Si consiguiésemos comprender de antemano las posibles consecuencias de una determinada idea, palabra, hecho o actitud, algunos podrían creer que están adivinando el futuro, aunque realmente, se trataría de una simple previsión, resultado de la comprensión de la relación que existe entre los acontecimientos.
Medios de consulta
Tallos de milenrama
Jing Fang (77-37 a. C.), tras años de investigación del I Ching y sus teorías, estableció una correspondencia entre las líneas de los 64 hexagramas con los ciclos del sistema sexagesimal, es decir que a cada línea de cada hexagrama le asignó un valor expresado en un tronco celeste y una rama terrestre. Posteriormente surgió una nueva forma de adivinación en la que la interpretación del hexagrama se realizaba en función de los troncos celestes y ramas terrestres de sus líneas, proceso al que se denominó «ensamblaje» del hexagrama. Se utilizan 50 varillas de milenrama o aquilea, dejando una a parte se van dividiendo de una manera determinada en grupos las demás. Es un sistema que asegura el azar de los resultados, en el que sólo intervendrá la energía de quien consulta sobre las varillas.
Monedas
Debido a que el método de las varillas prolongaba el tiempo de la consulta, los tallos de milenrama fueron remplazados por tres monedas, a cuyas caras se les otorga un número par y otro impar. La suma de los números de cada tirada da una cifra, que si es par representa una línea quebrada, y si es impar una línea entera, con las que finalmente se dibujan los trigramas y los hexagramas. Posteriormente hubo también practicantes del I Ching que adaptaron esta forma de consulta para utilizarla con la interpretación original de hexagramas y líneas propia del oráculo de Zhou.
Este sistema presenta un juego de probabilidades más sencillo que con el método de los tallos de aquilea: hay iguales probabilidades con las monedas de sacar líneas quebradas o enteras en movimiento, cosa más complicada que con las ramas.
Otros medios
Las tabletas, por ejemplo, pero que son más complicadas de conseguir.
Estructura de interpretación
Líneas simples
La división al azar y el recuento de los tallos era una compleja operación que se reducía a números, los que a su vez representaban líneas quebradas o líneas enteras, según fueran pares o impares.
Con cada tirada de monedas se consigue una línea quebrada o continua. Se deben apuntar de una en una de abajo hacia arriba.
Trigramas
Tres líneas trazadas sobre papel constituyen un trigrama. El trigrama tiene asociados toda una variedad de significados, en la tabla se resumen los más usuales.
Nombre    Cualidad    Imagen    Familia

ch’ien    lo creativo    fuerte    cielo    padre

kun    lo receptivo    abnegado    tierra    madre

chen    lo suscitativo    movilizante    trueno    primer hijo

kan    lo abismal    peligroso    agua    segundo hijo

ken    el aquietamiento    quieto    montaña    tercer hijo

sun    lo suave    penetrante    viento, madera    primera hija

li    lo adherente    luminoso    fuego    segunda hija

tui    lo sereno    regocijante    lago    tercera hija
Debemos continuar con las hojas de milenrama o tirando las monedas hasta conseguir dos trigramas, uno sobre otro. Estos dos trigramas constituyen un hexagrama.
Hexagramas
Combinando los ochos trigramas básicos se forman los 64 hexagramas. Una vez se han obtenido los dos trigramas, se busca el número que resulta de la combinación de ambos en el orden correcto. La columna de la izquierda representa el primer trigrama, el de la parte inferior en el hexagrama; por otro lado la fila de arriba representa el segundo trigrama que en el hexagrama está situado en la parte superior (La formación de los trigramas y del hexagrama es desde abajo hacia arriba). Este número nos lleva al hexagrama concreto formado por ambos trigramas, y a partir del cual se obtendrá la interpretación de la respuesta del oráculo.

“Con la sola caída de una hoja podemos saber que ha llegado el otoño”. – Proverbio japonés

 

En 1913 el misionero protestante Richard Wilhelm, residente en China, sueña que un anciano maestro le inicia en el misterio de la “Montaña sagrada”. Poco tiempo después conoce al maestro Lao Naï Souan. Comenzaría una amistad fecunda y un trabajo en común para llevar a Occidente una versión asombrosa y rigurosa del libro más antiguo de la historia universal: el I Ching o libro de las mutaciones. Sin embargo, a pesar de su origen remoto, el libro demostraría que estaba pensado para situarse más allá del tiempo y de la historia. La versión de Wilhelm mostraba que la obra, incomprendida hasta entonces, era un tratado tan profundo sobre el orden universal y la condición humana que no parecía ser el fruto de una especulación filosófica sino la revelación de una mente sobrehumana. Conjugaba tres aspectos de la realidad y los unificaba en las leyes del devenir: lo espiritual, lo terrenal y el destino. Podría utilizarse para comprender las reglas de juego del Universo, la vida como fenómeno, o consultarlo como oráculo, desvelando el misterio del tiempo.
El I Ching, de la mano de Richard Wilhelm, aparece en Occidente en el período de entreguerras. Llega como por casualidad cuando éste se debate en la profusión de ideologías, caos social y sacudimiento de todas las creencias. Guía para la acción y la reflexión, había salvado miles de años para seguir siendo útil en épocas que parecían preludiar el fin de una civilización. ¿De dónde venía? Los chinos atribuyen su aparición a un personaje mítico: Fu Hi. Éste habría vivido hace 4.500 años y sido el fundador de la cultura arcaica china. Pero los símbolos o hexagramas en que se divide la obra (64) tienen muy poco en común con los ideogramas antiguos y hacen pensar que el I Ching proviene de otra fuente aún más remota. La tradición histórica refiere que el texto fue objeto de una transformación profunda, realizada por el rey Wen en el 1066 a. de C. y más tarde por el duque de Chou. Confucio y Lao-Tsé realizaron comentarios aclaratorios y bebieron de su fuente.
Cuando Carl Gustav Jung, el eminente psicólogo suizo, tuvo en manos la versión que Wilhelm hiciera del libro de las mutaciones se sintió sobrecogido. Tenía ante sí un tratado que exploraba y describía 4.096 situaciones humanas, cada una dentro de un contexto y de un tiempo histórico determinado. Los símbolos o hexagramas que presidían cada una de las 64 partes estaban construidos con seis líneas enteras o partidas. Las dos líneas inferiores correspondían a la Tierra, lo material, el basamento físico. Las dos del centro al hombre y las dos superiores al Cielo, lo luminoso, lo espiritual. Cada uno de esos hexagramas representaba, según la forma en que se alternaban las líneas enteras o partidas, una situación singular en lo social histórico, en lo personal y en el ciclo cósmico. ¿Cómo podía expresar una cantidad de información tan enorme? Pero además, las líneas individuales se movían de acuerdo a su valoración numérica cuando se consultaba el libro como oráculo y este se transformaba en un medio de evaluación dinámica: el libro era una entidad viviente, capaz de internarse en el futuro y descubrirlo. El deslumbramiento de Jung nacía de ver confirmada su intuición de la existencia de una estructura supraconsciente, que no se ponía de manifiesto en la vida normal, pero que se expresaba en el aparente automatismo del consultante al arrojar las monedas y hallar un hexagrama de respuesta. No había casualidad. El I Ching se revelaba como un puente entre el mundo humano y la totalidad de una mente universal y de unas reglas fijas que estructuraban los acontecimientos. Al expresar las leyes del tiempo y el devenir, el I Ching se situaba más allá del tiempo pero podía aclarar cualquier situación histórica e individual.
La Conexion  Sobrehumana
Richard Wilhelm incluyó en su versión del I Ching un antiguo trabajo de exégesis que se atribuye al rey Wen y que habría sido escrito en el año 1.100 a. de C. El Tuan Chuan o Gran Tratado, intenta una aproximación conceptual al misterio del libro. Según explica, los sabios de la antigüedad buscaron el medio para que los hombres pudieran conectarse con las esferas superiores y las divinidades luminosas que se expresaban en un lenguaje directo y sobrehumano. Penetraron – dice – “con su pensamiento el orden externo hasta el fin, y la ley de su propia interioridad hasta el núcleo más profundo, arribando a la comprensión del destino”. Refiriéndose a las líneas de los hexagramas, que poseen una energía significativa nos exhorta: “¡Aún si no tienes un maestro acércate a ellas como a tus padres!”.
Todo el movimiento del Universo se basa en la combinación de dos energías o aspectos básicos: lo espiritual y lo material. Sin embargo en número dos implica un estado de equilibrio. El número tres, entonces, expresa la relación sutil de esa polaridad y del comienza de todo movimiento, de la misma forma que la diferencia de potencial eléctrico genera un flujo cuando las dos cargas se relacionan mediante un conductor. El tres es el número de la creación en todas las tradiciones antiguas. El I Ching basa su numerología en la combinación básica de tres líneas, que dan origen a ocho manifestaciones energéticas fundamentales. De la duplicación y relación de esos trigramas nacen los 64 hexagramas (8×8). En la representación total de cada signo, los trigramas, al interpenetrarse y relacionarse, construyen un conjunto donde lo espiritual, lo material y lo humano encuentran su expresión, y donde cada línea posee una significación dentro del conjunto.
La Estructura  Ciclica de la ERealidad

El Gran Tratado revela que, conociendo las leyes del número y la energía de las líneas, se puede acceder al conocimiento de todo lo que ocurre en el Universo. Las leyes que rigen la Tierra y el Cielo son las mismas en todo lugar. El sistema simbólico del I Ching posee diferentes niveles de lectura. Lo que ocurre sobre la Tierra está conectado a los grandes acontecimientos del Cosmos, a sus ciclos menores y mayores. Eso se manifiesta, según el I Ching, por la estructura dual del tiempo y la existencia de patrones o arquetipos.
El primer movimiento es aquel que, viniendo del futuro, se hace presente y se marcha hacia el pasado. El segundo, retrógrado e invisible, vuelve a reconstruir el patrón original. El árbol que muere – por usar una metáfora – retrocede hasta semilla: la primavera que concluye se retrae sobre sí misma y será el modelo que asumirá la próxima, en una situación semejante. El espíritu vital abandonará el cuerpo del humano cuando muera, pero será semilla de otro. Las semillas del movimiento retrógrado del tiempo son las constructoras futuras de la realidad. De esta forma, el futuro ya existe en forma potencial hasta que se configura en el mundo visible. Es desde allí que se expresan las líneas del I Ching.

El Libro Oracular
El I Ching es un libro que debe leerse como compendio de sabiduría. En su aspecto práctico y oracular, su consulta abre las puertas a los contenidos supraconscientes de quien interroga. De esta forma también va interiorizando en forma paulatina los contenidos del libro y adquiere una visión sobre cómo afrontar los acontecimientos. La consulta más sencilla se hace arrojando seis veces tres monedas a las que se les ha adjudicado un valor, cara 2; cruz 3. Cada vez que se arrojan se suman los resultados y se realiza un trazo, comenzando desde abajo. A los trazos pares (6 u  les corresponde una línea partida. A los impares (7 ó 9) una línea entera. Una vez realizadas las seis tiradas, se toman las tres inferiores y las tres superiores y se las busca en la tabla existente en el libro. Allí en la intersección se encuentra el número del hexagrama que ha correspondido. Luego de leer el Dictamen y la Imagen, corresponde leer sólo las líneas con numeración 6 y 9. Hay allí una advertencia singular para la situación.

El Libro de los Cambios
El I Ching o Libro de los Cambios, constituye el más antiguo de los textos clásicos del pensamiento chino. Se discute la paternidad de la obra pues en ocasiones se le atribuye a Weng Wang, fundador de la dinastía Chou; otras vo¬ces al mítico emperador Fu Ha¡, y en algunas oportunidades a Confucio.
En todo caso su antigüedad puede situarse por lo menos entre los años 1.000 y 2.000 A. C.
Por una serie de manipulaciones –que detallamos más adelante– se llega a establecer dos trigramas resultantes de la combinación de líneas rectas y cortadas. Cada uno de ellos tiene su explicación en el Libro, hasta completar un total de 64 posibilidades diferentes.
Posteriormente diversas escuelas de comentaristas agregaron más y más glosas al texto original del I Ching. En esta oportunidad sólo se presentan los 64 hexagramas básicos con las explicaciones que de ellos hizo el alemán Richard Wilheim en su presentación del I Ching a Occidente. También se contempló la traducción del religioso James Legge, cronológicamente la primera versión directa del chino a una lengua occidental, el inglés.
Para los chinos, el I Ching significa la fuente de consulta ante cualquier decisión de importancia.
El libro -como reverentemente se le califica– puede indicar en cada momento la dirección correcta para el actuar. Quien le consul¬ta premunido de respeto y atención a lo que el I Ching pueda indicarle en¬cuentra en su texto una apreciación ponderada de su actual situación y recomen¬daciones para su conducta futura.
No se trata de un libro de adivinación, de una bola mágica¡ que muestre el futuro, ni nada parecido. Simplemente que de acuerdo a la concepción china, adoptada por muchos occidentales, en los 64 hexagramas se resumen todas las posibilidades vitales.
La manipulación de varillas o monedas -según el sistema, que se adopte– pone en contacto al individuo, un microcosmos específico, con el todo, el macrocosmos: el resultado, la palabra del I Ching se encuentra a través del hexagrama que se construye mediante las varillas o monedas.
El I Ching usa fundamentalmente las imágenes, algunas asociadas con la antigua mitología china, otras con la poesía, las instituciones sociales y religio¬sas, incluso con arquetipos o momentos históricos específicos.
El sicólogo C. Gustav Jung -quien prologó la traducción de Wilhem¬- se declaró uno de sus adeptos. Concretamente Jung calificó el I Ching tanto como una técnica de oráculos -auxilios para el futuro– como un método de exploración del inconsciente. Se recalca en el libro la preocupación por el cam¬bio constante en el aspecto de los acontecimientos.
En el mundo occidental considerable parte del esfuerzo humano se encamina a combatir o restringir la posibilidad de peligro que implica todo cambio.
Para la mentalidad china, en cambio, cualquier momento que se tome como punto, de observación es en sí mismo resultante de toda una cadena causal que abarca hasta los detalles más mínimos del devenir anterior.
Al tirar las monedas o manejar las varillas se hacen presentes todas las posibilidades. Una parte, que para la mente occidental puede parecer insignificante, entra en contacto con el todo y adquiere por ese contacto las cualidades del momento. El hexagrama que se obtiene indica las cualidades dominantes al momento de su origen.
Fundamental para comprender el I Ching resulta el concepto que Jung lla¬mó de “sincronicidad”. Atañe a que la coincidencia de acontecimientos en el tiempo y en el espacio es más que una casualidad. Existiría una interdependencia de los acontecimientos objetivos entre sí y en relación con los estados subjetivos con la psiquis de él o los observadores.
Los 64 hexagramas (seis líneas) son otros tantos instrumentos para comprender el significado de otras tantas situaciones básicas. La verdad del hexagra¬ma emana de las condiciones físicas del momento en que se obtuvo, en que se construyó línea por línea. De acuerdo a la tradición china se trata de “agentes espirituales” que de una manera misteriosa dan un sentido de respuesta a las manipulaciones, una verdadera alma del Libro.
Aunque el occidental no entiende la esencia de tales conceptos, se encuentra con que la situación que describe “su” hexagrama corresponde a “su” momento vital. El “por qué” permanece sin respuesta.
El I Ching, no requiere interpretaciones particulares, ni artificios, ni conocimientos particulares para su consulta. Cualquiera que aplique su sentido común puede entender el sentido de las respuestas. Ello tiene especial aplicación en cuanto al sector oculto, al inconsciente del hombre.
El I Ching no encara fundamentalmente el problema de realizar o no determinadas acciones, sino el cómo, la manera correcta apropiada de realizarlas. Por otro lado, no ofrece pruebas ni resultados: simplemente se abre a quien desea consultarlo, sin poner más exigencias.
En China, el I Ching constituyó -y sigue vigente como antaño-¬ parte esencial de la vida diaria. Con frecuencia le veía en las esquinas a un anciano que libro y varillas en mano estaba presto a leer el antiguo Libro para dar consejo e información al pasante. Sus símbolos sirven de adorno en las casas, lo mismo que sus sentencias.
El I Ching no adivina, deduce, saca conclusiones. Sus reespuestas son el resultado natural de una observación que abarca el tiempo, el tipo de situación y también a la persona que solicita la respuesta. Nada queda excluido; y es en estas circustancias donde es posible entender el I Ching.
Todo esto es bastante diferente de lo que solemos pensar normalmente. De hecho, pra nosotros, el futuro es una cosa lejana, tan completamente apartada de nuestro tiempo y de nuestro espacio, que el mero pensamiento de formar parte de él nos parece absurdo.
Jung dijo que el I Ching, se comprenda o no, es un precioso documento humano. Esa es la realidad. Pero no debemos pensar en documento como reliquia histórica, arqueológica, o testimonio póstumo. Al contrario. El I Ching es el libro del presente y del porvenir, un libro que no tiene edad porque se ocupa de cosas que están más allá del tiempo.
Cuando apareció hace aproximadamente tres mil años, de la mano de cuatro sabios, entre los que se encontraba el rey Wen y su hijo, el duque de Chou, sólo era una simple recopilación de signos destinados a servir de oráculo. Pero no es sólo esto lo que ha permanecido.
El I ching atravesó los siglos, con su humanidad y su sabiduría abiertas a todos. El confucionismo y el taoísmo tuvieron en esta obra sus raíces, y la tradicion civilización china se inspiró en él para llevar a cabo sus obras más nobles y duraderas.
A traves de los siglos ha llegado hasta nosotros, vivo y con plena actualidad. El I Ching debe ser, para quien lo lea y lo consulte, una guía, una solución a sus dudas, un instrumento vital. Y nacido para esto, es para lo que el I Ching sigue vivo y se transmite de generación en generación a través de los siglos.
Esto el el I Ching, el Libro de las Mutaciones, el libro que nos eseña a mirar hacia nuestro futuro como si fuera nuestro presente

Es el oráculo más antiguo de la humanidad, es el instrumento de orientación personal por excelencia y de iluminación interior por sapiencia demostrada eficazmente en milenios de consultas.
Similar a la vida misma, el “libro de los cambios” nos propone recordar que la estabilidad o permanencia de las cosas es una mera ilusión; ya que todo cambia irremediablemente.
Cuando nos sentimos óptimos y radiantes porque tenemos la certeza de haber encontrado el lugar seguro en el que queríamos estar, cuando pensamos que mejor negocio que el que estamos haciendo en este momento no podríamos hacer, cuando creemos haber encontrado el amor de nuestra vida; siempre termina sucediendo alguna transformación que nos vuelve temerosos llegando a veces a agobiarnos. Aprender a percibir, asumir y protagonizar esas mutaciones, equivale a adquirir madurez mental y emocional.
Este oráculo es especialista en interpretar esos cambios, y ayudarnos a direccionar nuevamente nuestros objetivos haciéndonos concientes de la naturaleza mas esencial de las cosas y de los seres: la evolución.
Seguramente ésta es una de las lecciones mas duras que a diario nos impulsa a aprender a recibir con tranquilidad lo nuevo y a sepultar con la misma tranquilidad si es posible, lo viejo.
Paradójicamente, cuanto más avanza nuestra civilización, más desorientados nos encontramos en nuestro interior.
La cultura intenta mostrarnos a diario, que la sabiduría, la verdad, la belleza y el bien, se encuentran fuera del hombre y por tanto nos empuja a ideales exteriores, que lejos están de poder erradicar la tan conocida angustia existencial.
Tan fácilmente como los días transcurren sin cesar en nuestro almanaque cósmico, de igual manera terminamos olvidando una y otra vez, que la felicidad es un proceso interno, individual, que por cierto contagia, pero no es un proceso ni material, ni social.
Prueba de ésto es que una misma situación puede ser vivida por algunos como una enorme desdicha y por otros como una gran satisfacción; por tanto, de nuestra riqueza o pobreza interior depende que nuestro paso por la vida se nos presente como un hermoso lecho de rosas o como una larga y despiadada condena.
El I Ching es un oráculo de edificación interior; consultándolo encontraras la más inteligente orientación que abarque tanto la parte material como la espiritual de aquel obstáculo por el que estés atravesando.
Los consejos vertidos por los hexagramas te brindaran la contención y la paz necesaria para poder atravesar los momentos de crisis, angustia o desasosiego que te generan los problemas o estancamientos. Su milenaria sabiduría nos remite automáticamente a la sensación de encontrarnos frente a ese especial e inteligente corazón que conoce nuestros conflictos y necesidades, más aún que nosotros mismos.
Ya sabemos que las cosas y las distintas situaciones cambian de continuo, pero nos resulta sumamente difícil poder pensarlas, vivirlas y sentirlas en función de su constante mutación.
Es por eso, que cuando algo nos quita la seguridad ya conocida por nuestros ojos, nos enfadamos, nos angustiamos y con ello, perdemos mucha de la energía que bien podríamos utilizar para seguir avanzando en nuestro camino. No lo dudes, consultar el I Ching es ir descubriéndonos a nosotros mismos, y cuánto más y mejor podamos conocernos, con mayor precisión podremos ubicarnos frente a las dificultades que nos presenta el trajín cotidiano.
La pregunta que desees hacer al oráculo, carece de formalidad alguna, ella puede tratar sobre cualquier aspecto de tu vida, solo es necesario que la pienses claramente y nos llames. Si deseas recobrar la calma, solicita tu consulta y comenzá a transitar una comprensión de ti que antes no tenias.

Numero y espacio en el I Ching

Los asombrosos hexagramas del milenario oráculo chino, mucho más que un simple método predictivo, nos remiten al corazón del hombre, espejo del Universo.
El número nace, en la tradición occidental, de la confluencia piramidal egipcia y el remoto halo atlántico. Es arquitectura antes que cuerpo, geometría antes que concepto. De allí lo toman tanto griegos como hebreos, humanizándolo, reduciéndolo a algo más transportable y etéreo. Su destino será tan maravilloso como sutil, puesto que antes de fragmentarse en algoritmos y cifras digitales, admirará a los buscadores omphálicos de la divina proporción como Pitágoras y Paccioli, sentará las bases de la astronomía y la óptica en el ámbito helenístico, y ordenará la sabiduría bíblica de la época clásica desdoblándose en letras. El número griego será, pues, algo desnudo, una gema de sí mismo, independiente, exacto e, incluso, excluyente. En lo que respecta a la noción del número en la Biblia, jamás llegará a la abstracción, pocas veces saldrá del libro. Será cronología o profecía, pero, a excepción del templo salomónico, escasamente un concepto relativo al espacio.
En el ámbito extremo-oriental, en cambio (y eso lo conserva muy bien el I ching) es especial el antiguo País del Medio, el número será rúbrica y emblema, topografía y música, no dividiéndose nunca del espacio del que surge o hacia el que va. En efecto, mientras que Grecia y el viejo Israel, de donde derivan las dos ramas mas importantes del árbol de nuestra cultura espiritual, separan cada vez mas el numero del espacio, tomándolo como unidad de tiempo o mera proporción, los chinos insisten en cualificar su arquitectura, su medicina, sus artes adivinatorias incluso, como prolongaciones gestálicas del número. Desde luego que eso los limita y confina en sí mismo, como prueba de su propia historia, pero también les salva de la esquizofrenia occidental que inventa el mesianismo (una dudosa teleonomía jamás corroborada por la historia) o la razón pura (una aún mas dudosa forma filosófica de cuadricular la realidad) y acaba alejándose cada día más de la naturaleza.


Los chinos son un pueblo demasiado práctico para ver, en la inmortalidad, otra cosa que longevidad bien entendida, en tanto que para los griegos tardíos de influencia órfica y neoplatónica, el cuerpo es tumba; y para los hebreos el juicio final y la resurrección, negadores de toda entropía, vale mas la cultura que la naturaleza, lo que el hombre decide libremente que lo que el cielo dispone espontáneamente. Prometeo y Jesús, a diferencia de Fo Xi, ejercen la rebeldía, y expresan en su transgresión el alto grito libertario de Occidente, para bien y para mal. Al griego y al hebreo les cuadra el símbolo del fénix, en tanto que al citado personaje mítico chino la tortuga.
Ching
Numero y espacio en el I Ching (2da parte)
Ese quelónido que sigue siendo primordial para entender el misterio que rodea al I Ching. Al respecto, Vitus Droscher, el genial etólogo alemán, sostuvo que la tortuga es “longeva porque crece hasta el día de su muerte”, frase a todas luces alquímica si las hubiere. Prueba elocuente del número indivisible de lo vivo, la tortuga sostiene el mundo desde la vieja cosmogonía hindú hasta la fantasía galápago, allí en donde silban sus amores y hablan de una felicidad que los seres humanos nunca conoceremos. El carey de su caparazón, como el jade, es un elástico cómputo de las revoluciones solares y la danza estelar y tal vez por eso, al contacto del fuego, entre el azar y la intuición, que diría E. Saad, fundó para los primeros adivinos y sabios chinos un saber basado en la sincronicidad. Mas tarde, por encima de la tortuga y segura como ella, creció el I Ching, arrastrando en su curso secular taoísmo y confucionismo, ritual y danza, número y aforismos.
En occidente, por una curiosa sincronía, la tortuga fue para los griegos un animal hermético, dueño de saberes secretos, entre los cuales se cuenta el de la música cítara. Plutarco dice de ella que es símbolo de las virtudes domésticas y Dom Pernety sostuvo que ella es la prima materia del trabajo alquímico: ejemplifica en su forma cómo lo lento se vuelve rápido, cómo la tierra se vuelve cielo.
En apretadas páginas el estudioso E. Saad intenta hallar el puente, tan necesario hoy, entre Oriente y Occidente, sirviéndose para ello de analogías biológicas y científicas y probando, una vez más, lo que ahora llamamos biorritmos, los chinos lo conocieron bajo el principio sincrónico del I Ching. El largo y fascinante laberinto que ese libro antiguo nos propone recorrer tiene, desde el punto de vista numerológico, dos cifras significativas a las que también Occidente prestó atención: el 6 y el 9. Sólo de pensar su reflejo especular nos vienen a la memoria las leyes que rigen la embriología humana, siendo seis sexos y nueve la cifra aproximada de lunas que tardará una criatura cabeza abajo en el vientre de su madre, en tornarse cabeza arriba entre los brazos de su padre. Los cabalistas hebreos sostienen que la letra cuya cifra es seis, la vav ( ), alude al día de la creación del hombre, y que por ello representa su columna vertebral; mientras que la tet ( ) cuyo valor es nueve, alude a su ombligo, centro aúreo, punto de intersección entre las generaciones. ¿A caso no nos dice, de modo parecido, el I Ching, que entre la segmentación (líneas partidas) y la coherencia (líneas enteras) el peso del pasado puede hacer ingrávido nuestro presente, alternándonos una y otra vez sobre lo que crece y decrece, sobre la ilusión dualista y, sobre todo, acerca de la relación cabeza/pie, principio y fin de nuestro destino personal?

Si el hombre desea nacer una y otra vez tiene, al fin y al cabo, que revertir el seis en nueve, pasando por el trigrama dialéctico psicoanalítico si quiere o bien atendiendo a la inscripción metabólica que desde su propio cuerpo le anuncia las rutas correctas e incorrectas de su fisiología y su camino dietético, tiene la ventaja de transpersonalizar nuestras preguntas arrojándonos de regreso al cosmos, mas allá de la ciudad y de la época, es decir más acá de la máscara social, y en tal sentido emerge, al igual que la cabala con sus treinta y dos senderos, como una vía de sabiduría que mediante sesenta y cuatro hexagramas (obsérvese que es el doble de la occidental) nos permite pensarnos más allá del ego, como simples puntos focales en el gran diorama de la naturaleza.
Tal vez en esa diferencia numérica escribe el secreto del valor que los chinos confieren al espacio, del que elocuentemente nos habla el I Ching.
Cuando digo espacio, nos referimos a la naturaleza, medio ambiente, ecología.
Los treinta y dos senderos de la sabiduría judeocristiana se remiten, tout court, al corazón del hombre. Pero hoy sabemos que no somos ni debemos ser, como especie, el centro del universo. Hay otras treinta y dos formas esparcidas en las redes cristalinas de la materia y son ellas, que nos preceden y nos sucederán, las que en definitiva regulan, desde una posición no egótica, nuestro ritmo viviente.
Heroica ha sido nuestra aventura numérica desde los días de Grecia a Israel, puesto que nos ha conducido al ordenador y a la fibra óptica, a las estadísticas y la tabla periódica de los elementos. Sin embrago tal aventura pertenece al reino del conocimiento al que sigue faltándole el rey sabio, un eje reparador, un acorde armónico.
El I Ching puede, según explica E. Saad, ocupar ese lugar, convirtiéndonos de pensadores temporales en seres para quienes el espacio no es meramente la envoltura aleatoria de su cuerpo sino un organismo vasto y maravilloso del que tenemos el privilegio de ser el sintético espejo microcósmico. Dado que la crisis energética que enfrentamos (carestía de petróleo, polución, materiales no biodegradables) pone en tela de juicio la velocidad, deberemos volver a pensar en la mítica tortuga de Fu Xi y su proverbial lentitud, porque, tal como dijo Lao Tsé, “sin salir de su cuarto el sabio conoce el universo”, y sólo hay una verdadera paz en la ecuanimidad de espíritu.
Abramos, pues, la ventana de nuestra habitación a ese libro que es el universo: el I Ching.


La energía vital o ¨ Chi ¨

Es la esencia que nutre nuestra vida y la del Universo. Los Ejercicios Tradicionales Chinos nos enseñan a mantener el libre fluir de la energía vital.
Equilibrando el ¨ Chi ¨
Los conocimientos de la circulación de energía en el cuerpo humano comienzan hace unos cuatro mil años. La medicina china descubrió que la energía circula por canales denominados meridianos que circulan como ríos en todo el cuerpo.
Si la circulación de ¨ Chi ¨
no es la adecuada o se encuentra bloqueada se produce un desequilibrio energético, si ese desequilibrio no se corrige puede dar lugar con el tiempo a una enfermedad
Los sabios de la antigüedad consideraban que solo bastaba la meditación estática y la respiración para regular el cuerpo y la mente. Con posterioridad los médicos y físicos chinos afirmaron que para aumentar la circulación energética además de meditar había que moverse.
Descubrieron que obtener paz mental era tan importante como el moverse y que movimientos específicos como los realizados en las técnicas de Tai Chi o Chi Kung podían aumentar la energía vital o ¨ Chi ¨ en determinados órganos. Sus conclusiones al respecto fueron las siguientes: quienes se ejercitan adecuadamente enferman con menos frecuencia y retardan el envejecimiento.
El libre fluir de la energía que se obtiene con los Ejercicios Tradicionales Chinos nos mantendrá saludables, pero para ello hay un largo camino por recorrer. De acuerdo a lo expresado por el Dr. Yang Jwing-Ming ¨ debemos aprender a regular antes el cuerpo, la mente y la respiración, solo entonces estará su mente lo bastante clara para percibir como se distribuye el ¨ Chi ¨ en el cuerpo y comprender como ajustarlo.¨

LOS RITUALES DE CONSERVACIÓN DE LOS INTRUMENTOS ORACULARES


La Pregunta:
La tradición china requiere que el I Ching, cuando no se esté utilizando, permanezca envuelto en una tela de seda, a una altura que nunca sea inferior a la de las espaldas de un hombre. Cundo el intérprete esté a punto de usarlo, tras lavarse las manos, debería desenvolver la tela y extenderla sobre una mesa como si fuese un mantel.
La creencia de que un objeto sagrado, al ponerse en contacto con una superficie impura, desde el punto de vista ritual, pierde parte de sus virtudes, no es exclusivamente china.
Los 50 tallos adivinatorios deberían ser exclusivamente tallados de milenrama, de entre 30 y 60 cm de largo. Sostenemos, sin embargo, que finos bastoncitos de madera (paarecidos a agujas de punto pero sin que acaben en punta) pueden sustituir de un modo digno a los originales.
Según la tradición, debería conservarse en un estuche, bien sea sencillo o más elaborado, que habria de disponer de una tapa que nunca debiera ser utilizado para ningún otro fin. El material con el que se construya el estuche no tiene la menor importancia, pero deberia estar limpio y ser agradable a la vista.
Formacion de la Pregunta:
Cuando la persona que interroga propone una pregunta por cuenta propia, ya debe haber decidido previamente las palabras que va a utilizar antes de empezar a interrogar al oráculo. Sin embargo, cuando interpreta el oráculo por cuenta ajena, la pregunta debe ser formulada conjuntamente, porque el planteamiento es de vital importancia.
Sobre todo, es preciso evitar las preguntas del tipo “si o no”: el oráculo exige preguntas bien articuladas de modo que pueda ofrecer respuestas que asimismo sean particularizadas.


Las respuestas del oráculo raramente nos dicen cuanto tiempo debe pasar antes de que los hechos o acontecimientos se verifiquen (por esto es importantes especificar el tiempo). Informaciones acerca de una hora o un día preciso se especifican en contadas ocasiones, porque debemos partir de que, en general, los procesos cósmicos se rigen por leyes inmutables, pero los cambios particulares y el resultado de una acción pueden ser acelerados o retardados o, incluso, en cierto modo, alterados por las circunstancias, incluido cualquier acto voluntario nuestro o de los demás.
En el I ching, el futuro no se considera inalterable. Cada cosa se percibe como una secuencia regular y pronosticable de cambios, de forma parecida al proceso de las cuatro estaciones, o como un río, que igual fluye por una estrecha garganta o entre las rocas, como está tranquilo y fluye lentamente hasta el mar.
Sin embargo, no existe fatalismo, ni la idea de que los hombres no puedan tener ningún control sobre su propio destino. Quien nada siguiendo la corriente, obviamente puede elegir la ruta. En cambio, quien trata de nadar contracorriente tiene mayores dificultades para controlar el camino, aunque no se dice nada sobre que su acción negativa le pueda ocasionar mayores perjuicios que al primero.
Preguntas que en apariencia podrían recibir únicamente una sola respuesta formada por una palabra o una frase, en ocasiones, encuentran respuestas inesperadamente particularizadas, porque el I Ching es muy generoso con sus consejos, y puede haber circunstancias acerca del desenlace de nuestros proyectos que no hayamos descubierto hasta el momento.

Por otra parte, hay pocos problemas esenciales a los que se pueden responder con un simple si o con un no. Por lo general, es mejor no descuidar ninguna parte de la respuesta: pasajes que aparentemente son poco relevantes pueden esconder significados profundos.
Interpretacion de las Preguntas
Sea como sea que hayan utilizado los tallos o las monedas o las cartas para obtener los hexagramas, la verdadera dificultad viene ahora, cuando se intentan interpretar las respuestas a partir de la pregunta y de todas las circunstancias inherentes. El éxito de nuestra interpretación está, sin duda, ligado a nuestra experiencia, pero la necesidad básica es la de permitir a la intuición que asuma un papel más importante que el del razonamiento analítico.
Mientras que algunas fases pueden perfeccionarse a través de la práctica, la interpretación exige que sin olvidar la práctica sea necesario también un cierto talento. Sin embargo, en este momento es fundamental algún conocimiento sobre la mecánica de la interpretación.
Un sistema para conseguir ese conocimiento es el de abrir de vez en cuando y al azar el I Ching, aceptar el hexagrama evocado como si estuviese unido a la respuesta de alguna pregunta nuestra y, por tanto, estudiar el texto y sus comentarios, teniendo siempre presente la pregunta imaginaria, pero sin tratar de hacer trabajar demasiado la intuición. Una vez alcanzada una discreta capacidad operativa, se puede comenzar a proponer una pregunta auténtica utilizando los tallos, lanzando las monedas o con las cartas, permitiendo en esta fase un mayor espacio a la intuición.
Muchos se ven tentados a probar una interpretación directa a partir de la estructura del hexagrama sin recurrir a los textos ni a los comentarios, pero para alcanzar tal nivel serían necesarios muchísimos años de experiencia.
Es muy importante tener presente, estudiando los principios generales de la interpretación, que la estructura de los hexagramas se basa en la idea de que existe una intima correlación entre todas las cosas del universo, desde las inmensas galaxias hasta los seres microscópicos. Cuando la respuesta que se obtiene a una de nuestras preguntas parece tener poquísima relación con la misma, lo único que podemos hacer es analizar la respuesta desde una clave distinta. También es importante recordar que el I Ching no utiliza palabras que puedan ser utilizadas para llevar a cabo actos nefastos. Todas las respuestas parten de la idea de que somos empujados exclusivamente por motivos virtuosos.
Pero tal y como los hombres e dejan engañar fácilmente por sus convicción de tener limpia la conciencia, no es fácil que la impureza de nuestros motivos permanezca oculta. Si pedimos consejo al I Ching sobre algo poco correcto, la respuesta suele alejarnos de nuestros propósitos.
Quien acepta las indicaciones del I Ching sobre su futuro modo de actuar, se asemeja al navegante que atraviesa aguas desconocidas. Puede aparecer en lugares desconocidos, pero las indicaciones del libro, aunque sin mapa ni brújula, podrían ser suficientes para encontrar el camino de vuelta. Aunque debe poseer una dosis suficiente de intuición y mucha paciencia.
Antes de comenzar la fase interpretativa, está bien sumergirse en una silenciosa meditación, dejar que la mente oscile, suspendida en el aire, y que la intuición se aproxime lentamente, como un águila en estera de su presa.

TAI CHI CHUAN MEJORA LA CIRCULACIÓN

La práctica de Tai Chi Chuan, un ejercicio chino basado en la realización de movimientos lentos, ayuda en la mejora de la función circulatoria, según ha concluido un grupo de investigadores taiwaneses.
Practicar esta actividad reporta además otros beneficios sobre el organismo, como el aumento de la fuerza muscular, de la flexibilidad y de la capacidad aeróbica (de oxígeno celular).
A medida que la gente envejece, disminuye su habilidad para disipar el exceso de calor, por lo que se aumenta el flujo de sangre a la piel, ha señalado Jong Shyan Wang, coordinador del estudio. “Nuestros estudios demuestran que el Tai Chi Chuan puede disminuir los índices de declive en la función circulatoria cutánea o flujo sanguíneo cutáneo”,
Por ello apunta que la práctica de ésta actividad podría ser recetada como un ejercicio aeróbico para la gente mayor.
En este estudio los investigadores trabajaron con un grupo de diez ancianos que habían estado practicando Tai Chi Chuan durante una media de once años, una hora al menos, tres veces por semana, fueron comparados con un grupo de diez hombres que tenían características físicas similares pero que eran sedentarios. Todos los hombres realizaron un ejercicio de bicicleta mientras los investigadores examinaban su ritmo cardiaco, su consumo de oxígeno y su presión arterial, también se les extrajo sangre antes y después de las pruebas.
Los hombres que habían practicado Tai Chi Chuan tenían un flujo sanguíneo y una temperatura cutánea bastante más elevada durante el ejercicio que el grupo de personas sedentarias, lo que demostraba que sus vasos sanguíneos tenían una mayor capacidad de procesar y suministrar el calor que generaba su cuerpo durante las pruebas.
Además todos ellos presentaban mayores niveles de óxido nítrico en sangre después de realizar el ejercicio, una indicación de que sus vasos sanguíneos eran más capaces de responder ante el aumento del flujo sanguíneo.
Noticia sacada del Diario Médico, 23 de octubre del año 2001.

EL USO DEL I CHING
Los símbolos del I Ching se obtienen por la combinación de trigramas -grupos de tres líneas– rectas y quebradas. De su mezcla se obtienen ocho trigramas te simbolizan otras tantas etapas de cambio, de movimiento.
Cada una de ellas tiene una característica definida y un nombre particular, que los individualizan,
La clasificación siguiente los define básicamente:
Nombre
(en chino) (en español)
Ch’ien Lo Creativo
K’ un Lo Receptivo
Chen Lo que despierta
K’an el Abismo
Ken Manteniéndose quieto
Sun Lo suave, lo dócil
Li Lo Oscilante
Tui Lo Gozoso
Atributos: Imagen:
Ch’ien Fuerza Cielo
K’ un Devocion,docilidad Tierra
Chen Lo que despierta Madre
K’an El abismo Peligro
Ken Reposo Montana
Sun Penetracion Viento y madera
Li Dar Luz Fuego
Tui Alegria Lago
Relacion Familiar:
Ch’ien Padre
k’ un Madre
Chen Primer Hijo
K’an Segundo Hijo
Ken Tercer Hijo
Sun Primera Hija
Li Segunda Hija
Tui Tercera Hija
Los hijos representan el movimiento en sus variados estados: comienzo del movimiento, peligro en movimiento, descanso y completación del movimiento. Las hijas representan a la devoción en sus varias etapas: penetración apacible, claridad y adaptabilidad, alegria tranquila.
De la combinación de dos de estas imágenes aparecen los hexagramas -seis líneas cada uno- hasta completar un total de 64. Las líneas positivas (rectas) se obtienen cuando resulta una suma impar (7 o 9) y las negativas (quebradas) cuando el resultado es par (6,  como a continuación se explica.
Cuando se trata de interpretar el oráculo, al momento de leer las líneas sólo interesan las que corresponden a los números 6 o 9; las demás no tienen significado independiente. En los demás casos no entrañan movimiento, y por lo tanto no deben ser tomadas en consideración.
Las manipulaciones con varillas o monedas permiten que lo inconsciente del hombre se active a fin de traer a luz todos los factores, conocidos y ocultos de una situación. Siempre para consultar el oráculo hay que enfrentarlo con es¬píritu tranquilo y claridad de mente, abiertos a recibir los influjos ocultos, sin prejuicios.
Subyace en todo el I Ching la idea del cambio, que a su vez implica permanencia.
Originalmente existen todas las cosas, que se transmutan y modifi¬can constantemente para retornar a sí mismas. Es el equilibrio fundamental del ying y el yang, la luz y la oscuridad, representadas por el círculo dividido.

Metodos del I Ching
Metodo Primero:
Varillas vegétales:
Se usaban cincuenta varitas de madera especial. En Occiden¬te, los más devotos consultores del I Ching las importan y guardan en cajas especiales. Informalmente se emplea en cualquier tipo de vara, especialmente 50 fósforos.
Se comienza por apartar una vara, que no entra en el movimiento. Quedan 49 que, quien consulte el I Ching debe dividir en dos lotes, al azar, dejando uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Se saca una vara del haz que se encuentra a mano derecha y se coloca entre el dedo meñique y el anular de la mano izquierda. Luego, del haz que está a la izquierda se van eliminando varas en grupos de a cuatro, hasta que queden en un haz cuatro o menos. Este sobrante se coloca entre el dedo anular y el medio de la mano izquierda.
Luego se realiza la misma operación con el haz de: la derecha, y cuando quedan cuatro o menos, estas varas se colocan entre el dedo medio y el índice de la misma mano izquierda.
La suma de varitas sujetas entre los dedos de la mano izquierda dará necesariamente 9 o 5. Enseguida debe desecharse la vara colocada entre el meñique y el anular; se obtiene así un número 8 o 4. El cuatro se considera como una unidad numérica completa y se le asigna y anota valor de 3. El ocho se considera como una doble unidad y se anotan 2. Por ende, si en la primera vez la suma de varillas dio 9, se anotará un dos; si 5, un 3.
Las varillas colocadas en la mano se apartan.
Las restantes -que habían sido separadas en lotes de a cuatro- se juntan para nuevamente dividirlas en dos haces y repetir la operación completa. Vale decir: se saca una vara del haz de la derecha y se coloca entre el meñique y el anular; luego las varas de izquierda se eliminan en grupos de a cuatro, hasta que queden cuatro o menos que se colocan entre el anular y el medio y luego se hace lo mismo con las varas de la derecha. Al sumar las varillas que sujeta la mano el resultado c be ser 8 o 4. El 8 se anota como 2 y el 4 como 3. Esta vez se incluye la primera varilla que se sujeta entre el meñique y el anular.
La operación se repite una vez más, y nuevamente el resultado será de 8 o 4, anotándose 2 o 3 para la persona que consulta.
Al sumar los tres valores obtiene la primera línea.
Si ella suma 9 (3 + 3 + 3) el resultado se denomina antiguo yang; se transforma en una línea positiva y se le asigna el símbolo de 0 o 0. Para dibujar el hexagrama se van trazando líneas rectas o cortadas; en este caso, como la línea es positiva debe dibujarse una línea recta.
Si la suma da 6 (2 + 2 + 2) se denomina antiguo yin, que se transfoma en una línea negativa y se representa por el signo de X o X. Para formar el hexagrama se dibuja en este caso una línea quebrada.
Si la suma es 7 (2 + 3 + 2, o 3 + 2 + 2, o 2 + 2 + 3) se llama joven yang; se trata de una línea positiva que no se considera para su interpretación individual. Se le da como símbolo —— y en él hexagrama se dibuja como línea recta.
Si la suma es 8 (3 + 3 + 2, o 3 + 2 + 3, o 2 + 3 + 3) se denomina joven yin; es una línea negativa que tampoco se considera para su lectura individual y que se designa por el símbolo — –. En el hexagrama toma la forma de una línea quebrada.
Todo el procedimiento recién descrito se repite cinco veces más, hasta construir el hexagrama (seis líneas). La primera vez se dibuja la línea que va en base del hexagrama, y después las que van más arriba:
Si en la sexta manipulación la suma de varillas da ocho-, el hexagrama final será este
—- —-
Si la quinta vez resulta nueve
Si al tirar por cuarta vez las varillas se obtiene digamos 7, se dibuja o línea recta
Al sumar por tercera vez las varillas, si se vuelve a obtener por ejemplo 6 se completa el trigrama inferior:
Al completar el procedimiento por segunda vez se obtuvo seis, y es una línea cortada:
La primera vez que se sumaron las varillas se obtuvo 9 y se dibujó una línea recta
Quien consultó el I Ching deberá luego ubicar el hexagrama en el cuadro correspondiente. El hexagrama aquí formado lleva el número 17 y se llama Sui, seguimiento.
El interesado debe leer la explicación que viene inmediatamente después del signo, así como el juicio general y la imagen. En la parte en que se habla de las líneas, sólo deben interesarle aquellas que el número 6 o el 9, ya que las restantes no se adaptan a su situación. Eso es todo.

Metodo Segundo:
Las Tres Monedas
Se trata de un procedimiento más corto, para el que se emplean tres monedas. Las monedas se lanzan seis veces al aire. Cada vez se obtiene una línea.
La “cara” de la moneda se considera como ying y se le asigna valor 2.
El “sello” de la moneda se considera yang, con valor 3.
Si las tres monedas aparecen en yang (sello) el valor es 9.
Si las tres monedas aparecen en ying, (cara), el valor es 6.
Dos ying y un yang dan 7
Dos yang y un ying, 8.
El resto del procedimiento es igual al anterior. La primera vez que se lanzan las monedas al aire constituye la linea de la .base; la segunda a la si¬guiente, y así hasta llegar a la cima.

Metodo Tercero:
Las Cartas de los Trigramas

Las cartas de los trigramas son ocho, tantas como trigramas. Todas tienen un anverso y un reverso en el que se encuentra el trigrama opuesto.
Son, por orden:
– El cielo
– La tierra
– El trueno
– El agua
– La montaña
– El viento
– El Fuego
– El lago
Las parejas de opuestos en las ocho cartas son:
– Cielo-Tierra
– Trueno-Viento
– Fuego-Agua
– Lago-Montaña
Cada una de las cuatro parejas aparece en dos ocasiones.
Los números fundamentales son el 6, el 7, el 8 y el 9, y sirven para individualizar los posibles cambios. los números fundamentales no tienen ninguna base histórica, es decir, no forman parte integrante de ninguna tradición, únicamente sirven para que el hexagrama resultante pueda, eventualmente, mutar. sin embargo, tienen algo que ver con los números resultantes en el lanzamiento de las tres monedas. De hecho, el 6 corresponde a la línea partida mutable, el 9 a la linea entera mutable, el 7 a la línea entera fija y el 8 a la linea partida fija.
9 — o —
6 — x —
7 ———-
8 —-. —-
La forma de utilizar estas cartas es muy sencilla. Después de barajarlas un rato (aunque estén al revés) se depositan sobre la mesa. Una vez formulada la preguna, se extrae la primera carta (la de arriba) y se coloca boca arriba ante nosotros: es el trigrama inferior, Despues, se da la vuelta a la segunda carta y se pone sobre la anterior:es el trigrama superior. Luego se consultamos la tabla para descubrir cual es el hexagrama correspondiente. Y a continuación se comprueba si hay alguna línea mutable.
Para comprobar si hay alguna línea mutable, se observa el número fundamental de la primera carta (trigrama inferior).
Si el número es un 7 o un 8, quiere decir que no hay lineas mutables, y que el exagrama resultante no cambia. Por lo tanto el consultante debera leer la sentencia y los comentarios, omitiendo el comentario a las lineas mutables.
En cambio, si el número es un 6 o un 9, quiere decir que existen lineas mutables. Si aparece el 6 lineas partidas y si aparce el 9 lineas enteras. Para saber cuántas son las líneas que van a cambiar, también hay que tener en cuenta el número fundamental del trigrama superio. Si el número del trigrama inferior es un 6 y el del trigrama supero es también un 6 quiere decir que cambian todas las lineas partidas. Si el número del trigama inferior es un 9 y el del trigrama superor es tambien un 9, quiere decir que cambian todas las líneas enteras. Inferior 6 y superior 7, cambian la primera linea partida y la línea partida inmediatamente posterior. Inferior 6 y superior 8, cambian la primera línea partida y la segunda linea partida que haya detras. Inferior 6 y superior 9 cambia la primera linea partida y la ultima linea (la de arriba) si es partida.
Si no aparecen líneas partidas que puedan mutar (entre las lienas 2 y 6) quiere decir que hay que detenerse en la primera línea. Si entre ellas aparece otra, mientras que las indicaciones son para tres, significa que hay que detenerse en las dos primeras. y así sucesivamente.
Si el inferior es 9 y el superio es 8 cambian la primera linea entrea y la linea entrea inmediatamente posterior. Inferior 9 y superio 7 cambian la primera línea entrea y la segunda linea entera que haya detras. Inferior 9 y superior 6 cambian la primera linea entrea y la ultima linea (la de arriba) si es entera.
Si no aparecen lineas mutables (entre la liena 2 y 6) quiere decir que hay que detenerse en la primera línea. Si entre ellas aparece otra, mientras las indicaciones son para tres, significa que hay que detenerse en las dos primeras y así sucesivamente.

El número nace, en la tradición occidental, de la confluencia piramidal egipcia y el remoto halo atlántico. Es arquitectura antes que cuerpo, geometría antes que concepto. De allí lo toman tanto griegos como hebreos, humanizándolo, reduciéndolo a algo más transportable y etéreo. Su destino será tan maravilloso como sutil, puesto que antes de fragmentarse en algoritmos y cifras digitales, admirará a los buscadores omphálicos de la divina proporción como Pitágoras y Paccioli, sentará las bases de la astronomía y la óptica en el ámbito helenístico, y ordenará la sabiduría bíblica de la época clásica desdoblándose en letras. El número griego será, pues, algo desnudo, una gema de sí mismo, independiente, exacto e, incluso, excluyente. En lo que respecta a la noción del número en la Biblia, jamás llegará a la abstracción, pocas veces saldrá del libro. Será cronología o profecía, pero, a excepción del templo salomónico, escasamente un concepto relativo al espacio.
En el ámbito extremo-oriental, en cambio (y eso lo conserva muy bien el I ching) es especial el antiguo País del Medio, el número será rúbrica y emblema, topografía y música, no dividiéndose nunca del espacio del que surge o hacia el que va. En efecto, mientras que Grecia y el viejo Israel, de donde derivan las dos ramas mas importantes del árbol de nuestra cultura espiritual, separan cada vez mas el numero del espacio, tomándolo como unidad de tiempo o mera proporción, los chinos insisten en cualificar su arquitectura, su medicina, sus artes adivinatorias incluso, como prolongaciones gestálicas del número. Desde luego que eso los limita y confina en sí mismo, como prueba de su propia historia, pero también les salva de la esquizofrenia occidental que inventa el mesianismo (una dudosa teleonomía jamás corroborada por la historia) o la razón pura (una aún mas dudosa forma filosófica de cuadricular la realidad) y acaba alejándose cada día más de la naturaleza.
Los chinos son un pueblo demasiado práctico para ver, en la inmortalidad, otra cosa que longevidad bien entendida, en tanto que para los griegos tardíos de influencia órfica y neoplatónica, el cuerpo es tumba; y para los hebreos el juicio final y la resurrección, negadores de toda entropía, vale mas la cultura que la naturaleza, lo que el hombre decide libremente que lo que el cielo dispone espontáneamente. Prometeo y Jesús, a diferencia de Fo Xi, ejercen la rebeldía, y expresan en su transgresión el alto grito libertario de Occidente, para bien y para mal. Al griego y al hebreo les cuadra el símbolo del fénix, en tanto que al citado personaje mítico chino la tortuga.

Prueba elocuente del número indivisible de lo vivo, la tortuga sostiene el mundo desde la vieja cosmogonía hindú hasta la fantasía galápago, allí en donde silban sus amores y hablan de una felicidad que los seres humanos nunca conoceremos. El carey de su caparazón, como el jade, es un elástico cómputo de las revoluciones solares y la danza estelar y tal vez por eso, al contacto del fuego, entre el azar y la intuición, que diría E. Saad, fundó para los primeros adivinos y sabios chinos un saber basado en la sincronicidad. Mas tarde, por encima de la tortuga y segura como ella, creció el I Ching, arrastrando en su curso secular taoísmo y confucionismo, ritual y danza, número y aforismos.
En occidente, por una curiosa sincronía, la tortuga fue para los griegos un animal hermético, dueño de saberes secretos, entre los cuales se cuenta el de la música cítara. Plutarco dice de ella que es símbolo de las virtudes domésticas y Dom Pernety sostuvo que ella es la prima materia del trabajo alquímico: ejemplifica en su forma cómo lo lento se vuelve rápido, cómo la tierra se vuelve cielo.
En apretadas páginas el estudioso E. Saad intenta hallar el puente, tan necesario hoy, entre Oriente y Occidente, sirviéndose para ello de analogías biológicas y científicas y probando, una vez más, lo que ahora llamamos biorritmos, los chinos lo conocieron bajo el principio sincrónico del I Ching. El largo y fascinante laberinto que ese libro antiguo nos propone recorrer tiene, desde el punto de vista numerológico, dos cifras significativas a las que también Occidente prestó atención: el 6 y el 9. Sólo de pensar su reflejo especular nos vienen a la memoria las leyes que rigen la embriología humana, siendo seis sexos y nueve la cifra aproximada de lunas que tardará una criatura cabeza abajo en el vientre de su madre, en tornarse cabeza arriba entre los brazos de su padre. Los cabalistas hebreos sostienen que la letra cuya cifra es seis, la vav ( ), alude al día de la creación del hombre, y que por ello representa su columna vertebral; mientras que la tet ( ) cuyo valor es nueve, alude a su ombligo, centro aúreo, punto de intersección entre las generaciones. ¿A caso no nos dice, de modo parecido, el I Ching, que entre la segmentación (líneas partidas) y la coherencia (líneas enteras) el peso del pasado puede hacer ingrávido nuestro presente, alternándonos una y otra vez sobre lo que crece y decrece, sobre la ilusión dualista y, sobre todo, acerca de la relación cabeza/pie, principio y fin de nuestro destino personal?

Si el hombre desea nacer una y otra vez tiene, al fin y al cabo, que revertir el seis en nueve, pasando por el trigrama dialéctico psicoanalítico si quiere o bien atendiendo a la inscripción metabólica que desde su propio cuerpo le anuncia las rutas correctas e incorrectas de su fisiología y su camino dietético, tiene la ventaja de transpersonalizar nuestras preguntas arrojándonos de regreso al cosmos, mas allá de la ciudad y de la época, es decir más acá de la máscara social, y en tal sentido emerge, al igual que la cabala con sus treinta y dos senderos, como una vía de sabiduría que mediante sesenta y cuatro hexagramas (obsérvese que es el doble de la occidental) nos permite pensarnos más allá del ego, como simples puntos focales en el gran diorama de la naturaleza.
Tal vez en esa diferencia numérica escribe el secreto del valor que los chinos confieren al espacio, del que elocuentemente nos habla el I Ching.
Cuando digo espacio, nos referimos a la naturaleza, medio ambiente, ecología.
Los treinta y dos senderos de la sabiduría judeocristiana se remiten, tout court, al corazón del hombre. Pero hoy sabemos que no somos ni debemos ser, como especie, el centro del universo. Hay otras treinta y dos formas esparcidas en las redes cristalinas de la materia y son ellas, que nos preceden y nos sucederán, las que en definitiva regulan, desde una posición no egótica, nuestro ritmo viviente.
Heroica ha sido nuestra aventura numérica desde los días de Grecia a Israel, puesto que nos ha conducido al ordenador y a la fibra óptica, a las estadísticas y la tabla periódica de los elementos. Sin embrago tal aventura pertenece al reino del conocimiento al que sigue faltándole el rey sabio, un eje reparador, un acorde armónico.
El I Ching puede, según explica E. Saad, ocupar ese lugar, convirtiéndonos de pensadores temporales en seres para quienes el espacio no es meramente la envoltura aleatoria de su cuerpo sino un organismo vasto y maravilloso del que tenemos el privilegio de ser el sintético espejo microcósmico. Dado que la crisis energética que enfrentamos (carestía de petróleo, polución, materiales no biodegradables) pone en tela de juicio la velocidad, deberemos volver a pensar en la mítica tortuga de Fu Xi y su proverbial lentitud, porque, tal como dijo Lao Tsé, “sin salir de su cuarto el sabio conoce el universo”, y sólo hay una verdadera paz en la ecuanimidad de espíritu.

En el I Ching se advierte un sistema de numeración binario, a la vez geométrico y aritmético, en el que una línea continua es a la vez todos los números impares, y una quebrada, los pares. Los trazos de los hexagramas se construyen de abajo hacia arriba, al contrario de la escritura china posterior, que se construye de arriba a abajo. Todo el movimiento del Universo se basa en la combinación de dos energías o aspectos básicos: lo espiritual y lo material. En número dos implica un estado de equilibrio. El número tres, entonces, expresa la relación sutil de esa polaridad y del comienza de todo movimiento, de la misma forma que la diferencia de potencial eléctrico genera un flujo cuando las dos cargas se relacionan mediante un conductor. El tres es el número de la creación en todas las tradiciones antiguas. El I Ching basa su numerología en la combinación básica de tres líneas, que dan origen a ocho manifestaciones energéticas fundamentales. De la duplicación y relación de esos trigramas nacen los 64 hexagramas (8×8). En la representación total de cada signo, los trigramas, al interpenetrarse y relacionarse, construyen un conjunto donde lo espiritual, lo material y lo humano encuentran su expresión, y donde cada línea posee una significación dentro del conjunto.