vedas2A lo largo de muchos años de práctica, en una clínica en Estados Unidos, el doctor Deepak Chopra Según Deepak Chopra, que narra este caso en su libro Vida Incondicional, Ray había. Las sanaciones espontáneas se originan en el nivel más profundo del “yo” e implican el deseo que tiene la persona en su totalidad de recuperarse completamente. Guiado por ese pensamiento inflexible, el cuerpo no tiene más alternativa que obedecer. Según Chopra, la palabra quantum sería la más adecuada si nos remitiéramos a una terminología científica. El quantum o salto cuántico designa un impulso desde un determinado nivel de funcionamiento hasta otro superior. En los casos de curaciones espontáneas se produce ese ascenso hacia el nivel superior de la curación cuántica. Numerosos médicos, tanto los que practican la medicina oficial como los dedicados a las llamadas “medicinas alternativas”, se han encontrado con pacientes que han protagonizado episodios de curaciones inexplicables. Éstas pueden ser debidas a la fuerza de voluntad, a las oraciones o al empleo de placebos. Todo ello, según Chopra, apunta a un salto cuántico. La característica que se repite en estos casos es la capacidad de percepción interior del enfermo, que parece estimular el salto cuántico en el transcurrir de su proceso de curación.

Las aportaciones de Deepak Chopra al campo de la medicina del cuerpo y de la mente están centradas tanto en las investigaciones que ha llevado a cabo acerca de los procesos que determinan la curación cuántica como en las técnicas necesarias para entrar en contacto con ese nivel de sanación y de paz interior. Es en este último apartado donde entra en juego una antiquísima sabiduría, el Ayurveda, de origen hindú pero cuyos fundamentos se pueden encontrar entre muchos otros pueblos del planeta. Para el Ayurveda, la felicidad del enfermo es tan importante como su supervivencia y además concede una gran importancia a permitir que la conciencia encuentre su propio camino por encima del daño sufrido por el organismo. Prescribe un programa de dietas, descanso, meditación y un régimen especial llamado Panchakarma, que consiste en masajes, baños de vapor con hierbas, paseos a la luz del sol y otros sencillos métodos naturales adaptados siempre a las peculiaridades de cada paciente. Sin embargo, según los textos sagrados de la Charaka Samhita, este “conocimiento de la vida”, el Ayurveda, fue un regalo de los inmortales a la humanidad. Los habitantes de la India eran presa de las enfermedades y la ignorancia espiritual, hasta que siete sabios o ríshis invocaron al dios Indra y recibieron su sabiduría acerca de la vida, no sólo humana, sino también la de los animales, las plantas, las piedras, los seres inanimados y todo lo creado. Los rishis le dieron estos conocimientos a los hombres para que los aplicaran y se salvaran eternamente. Así pues, el Ayurveda es más que un sistema de medicina: es la guía hindú de la vida. Pero Deepak Chopra, como tantos otros médicos de la primera generación nacida bajo la bandera de la India libre, estaba muy lejos de apreciar la idea de un sistema que contemplara al hombre en su integridad. Estudió medicina occidental, se especializó en endocrinología, se trasladó a Estados Unidos y trabajó durante varios años en grandes hospitales donde los enfermos eran poco más que fichas anónimas. Allí tuvo la oportunidad de ser testigo de casos como el de Ray, es decir, de curaciones espontáneas que desafiaban a todos los principios de la ciencia médica. En 1981, durante una de sus visitas a la India, un amigo con el que había comenzado a practicar la meditación le recomendó que visitara al que estaba considerado como el médico ayurvédico vivo más importante. Se trataba de Brihaspati Dev Triguna, quien estaba al frente del Consejo Nacional Indio de Médicos Ayurvédicos. Al ver cómo examinaba a sus pacientes y los sencillos remedios que les prescribía, Chopra empezó a comprender hasta qué punto la medicina occidental había fragmentado la totalidad cuerpo-mente del ser humano.

El ritmo cósmico del Ayurveda

El Ayurveda no es más que flujo. Ésa es su esencia. Contempla al hombre en un momento determinado y considera si es joven o viejo o cuál es su tipo corporal. Tiene en cuenta que sus costumbres y su alimentación son diferentes a los de otra persona que viva en un medio parecido, y que su respuesta ante el dolor o la alegría es también una característica peculiar.

El médico ayurvédico estudia incluso la época del año y la hora del día. Las hierbas que recomienda varían de un hombre a otro y de una estación del año a otra. Lo que resulta más fascinante todavía es que se detiene en las peculiaridades de cada enfermedad y nunca hay dos diagnósticos que sean exactamente iguales. El cáncer de piel de un hombre podría ser curable, mientras que el de otro quizá sea resistente al tratamiento. Si un médico tiene suficiente habilidad, sabe incluso si un paciente morirá a causa de un simple resfriado. Concede un crédito considerable a la tecnología de la medicina occidental, pero opina que está completamente fragmentada. Él se basa en que la naturaleza está formada por una inteligencia y el hombre forma parte de la naturaleza. En consecuencia, la inteligencia del hombre le pone en relación con el Universo.

El médico ayurvédico no se inmiscuye en la vida del paciente. Sus dedos se limitan a tomar el pulso de esa vida y perciben sus ritmos, extraen el conocimiento de la disonancia, las vibraciones interrumpidas que podrían causar las enfermedades. Es suficiente. Para él no hay más que un ritmo saludable: el ritmo cósmico. La esencia de la salud consiste en prestar atención al marcador del ritmo. Cuando se hace así, la enfermedad desaparece. Después de este reencuentro con la antigua sabiduría curativa ayurvédica, Chopra siguió ejerciendo la medicina occidental hasta que entró en contacto con Maharishi Mahesh Yogui, el fundador de la meditación trascendental. Hasta entonces, la meditación que practicaba Chopra era muy personal: no hacía falta purificarse o encender una vela, ni tan siquiera rezar para seguir la práctica. La idea que le guiaba era completamente nueva: la integración de la mente y el cuerpo. Y eso debía tener lugar aquí y ahora.

Chopra asegura que “es imposible proceder de la India y no tener una serie de fuertes impresiones sobre la meditación. Ésta significaba para mí controlar la mente, por lo que estaba indicada para los ermitaños y la gente de inclinaciones religiosas. Conducía a la paz interior, pero sobre todo a quienes renunciaban al mundo. Si uno había progresado lo suficiente y estaba dispuesto a abandonarlo todo, la meditación le procuraba una recompensa preciosa, pues rompía las ataduras de la ignorancia. Yo estaba de acuerdo con todo eso, pero no podía esperar”. La meditación trascendental fue para Chopra una novedad, pues en su país no le habían enseñado nada al respecto. Era algo que no se ceñía a las antiguas costumbres. Por ejemplo, en vez de hablar de ignorancia y servidumbre, se refería al estrés que se acumula en el organismo. Eliminaba todo lo relativo a los extenuantes esfuerzos por alcanzar la iluminación. La meditación correcta debía ser un proceso sin esfuerzo que condujera a una relajación más profunda y liberara del estrés. La realización espiritual seguía siendo el gran objetivo que había sido durante innumerables siglos, pero no tenía sentido insistir en ella mientras el cuerpo y la mente no estuvieran preparados. En todos estos principios se encuentra el germen de la curación cuántica. Según las teorías ayurvédicas, la naturaleza razona igual que nosotros. Ésa es la clave. Si la naturaleza lo piensa todo de la misma manera, entonces ha previsto todos los remedios. Todo está ordenado porque todo es inteligencia. Los alimentos y las plantas son inteligencia. Lo que tomamos para nutrirnos, lo convertimos en nuestra propia inteligencia. Cuando conocemos la forma de traer de nuevo al orden la inteligencia, no hace falta saber nada más. La enfermedad es inteligencia interrumpida, pero podemos hacer que vuelva al orden.

El primer paso para que se produzca la curación cuántica es darle al organismo las técnicas para que encuentre la salud por sí mismo, ayudándose de esta inteligencia de la naturaleza. Las hierbas, minerales y metales que usa el médico ayurvédico “piensan” como nosotros. Para cada parte del cuerpo, la naturaleza proporciona una sustancia que la complementa. La medicina consiste, pues, en permitir que lo similar hable a lo similar y el remedio íntegro, tal como lo aporta la naturaleza, podrá restaurar la salud gracias a su similitud con nosotros mismos El Ayurveda funciona porque corrige una distorsión en la conciencia; un movimiento erróneo vuelve al orden y el individuo encuentra el camino que le lleva al nivel de conciencia donde se encuentra la auténtica curación.

Las técnicas curativas de Chopra

Cada paciente aprende a reconocer el tipo físico o dosha al que pertenece, según los principios de la medicina ayurvédica: fuego (pitta), que controla el metabolismo; aire (vatha), que controla el movimiento; y tierra (kapha), que controla la estructura. El pitta es de contextura mediana, emprendedor, irritable, tiene tendencia al estrés y siente aversión por el sol y el calor. El vatha es delgado, activo, aunque se cansa con facilidad, imprevisible, de apetito irregular y de sueño leve e interrumpido. Por último, el kapha goza de gran fortaleza física, resulta afectuoso y tolerante, es lento para captar nueva información, aunque la retiene luego con facilidad, su sueño es pesado y prolongado y tiende a la obesidad. Si no hay un tipo dominante, la persona posee dos doshas, es decir, que exhibe cualidades de sus dos doshas principales.

Según Chopra, para que el cuerpo y el alma se mantengan en un estado de armonía y se reinstaure, caso de producirse una enfermedad, la salud total del individuo, es necesario que exista un equilibrio constante entre los tres tipos de doshas. Para ello, en su clínica se practica la meditación diaria y se efectúan masajes con aceite de sésamo antes de proceder al baño con hierbas purificadoras. La dieta, sencilla y desintoxicante, se basa en la cocina ayurvédica, que recomienda incluir en cada comida los seis gustos fundamentales: astringente, amargo, dulce, picante, salado y ácido. Sopas, infusiones, yogur, miel, limones, lentejas, arroz y frutas se ingieren a diario en un ambiente relajado que favorece la comunicación entre los pacientes. Paseos, contacto con la naturaleza, luz solar y aire puro son los próximos pasos a seguir.  El enfermo encuentra poco a poco el bienestar y la paz perdidos. Cuando estos dones se derraman sobre el individuo se está preparado para conectar con el espacio interior en el que se produce la curación cuántica.

Un regalo de los dioses

En 1947, el movimiento de no violencia y desobediencia civil encabezado por el Mahatma Gandhi logró derrotar a uno de los imperios coloniales más poderosos del planeta. Después de un dominio de 347 años. Gran Bretaña perdió la joya más preciada de su corona. Ese mismo año nació Deepak Chopra, hijo de un médico de formación occidental, fascinado por los conceptos de “progreso” y “modernidad”. La India estrenaba su libertad y, al mismo tiempo, debido al creciente proceso de occidentalización, se empezaban a derrumbar los pilares de un sistema de conocimientos y espiritualidad que había sustentado a las civilizaciones hindúes durante miles de años.”En mi infancia –cuenta Chopra en uno de sus libros– tenía el vago conocimiento de que había una medicina distinta a la que practicaba mi padre. Era la medicina india tradicional llamada Ayurveda, término formado con las palabras sánscritas ayus, vida, y veda, conocimiento. Pero la idea de recurrir al Ayurveda, con sus miles de hierbas de eficacia no comprobada y con su gran número de rituales carentes de sentido, era una herejía para personas como mi padre, que practicaba con orgullo la medicina occidental”.

El médico ayurvédico no se inmiscuye en la vida del paciente. Sus dedos se limitan a tomar el pulso de esa vida y perciben sus ritmos, extraen el conocimiento de la disonancia, las vibraciones interrumpidas que podrían causar las enfermedades. Es suficiente. Para él no hay más que un ritmo saludable: el ritmo cósmico. La esencia de la salud consiste en prestar atención al marcador del ritmo. Cuando se hace así, la enfermedad desaparece. Después de este reencuentro con la antigua sabiduría curativa ayurvédica, Chopra siguió ejerciendo la medicina occidental hasta que entró en contacto con Maharishi Mahesh Yogui, el fundador de la meditación trascendental. Hasta entonces, la meditación que practicaba Chopra era muy personal: no hacía falta purificarse o encender una vela, ni tan siquiera rezar para seguir la práctica. La idea que le guiaba era completamente nueva: la integración de la mente y el cuerpo. Y eso debía tener lugar aquí y ahora.

Chopra asegura que “es imposible proceder de la India y no tener una serie de fuertes impresiones sobre la meditación. Ésta significaba para mí controlar la mente, por lo que estaba indicada para los ermitaños y la gente de inclinaciones religiosas. Conducía a la paz interior, pero sobre todo a quienes renunciaban al mundo. Si uno había progresado lo suficiente y estaba dispuesto a abandonarlo todo, la meditación le procuraba una recompensa preciosa, pues rompía las ataduras de la ignorancia. Yo estaba de acuerdo con todo eso, pero no podía esperar”. La meditación trascendental fue para Chopra una novedad, pues en su país no le habían enseñado nada al respecto. Era algo que no se ceñía a las antiguas costumbres. Por ejemplo, en vez de hablar de ignorancia y servidumbre, se refería al estrés que se acumula en el organismo. Eliminaba todo lo relativo a los extenuantes esfuerzos por alcanzar la iluminación. La meditación correcta debía ser un proceso sin esfuerzo que condujera a una relajación más profunda y liberara del estrés. La realización espiritual seguía siendo el gran objetivo que había sido durante innumerables siglos, pero no tenía sentido insistir en ella mientras el cuerpo y la mente no estuvieran preparados. En todos estos principios se encuentra el germen de la curación cuántica. Según las teorías ayurvédicas, la naturaleza razona igual que nosotros. Ésa es la clave. Si la naturaleza lo piensa todo de la misma manera, entonces ha previsto todos los remedios. Todo está ordenado porque todo es inteligencia. Los alimentos y las plantas son inteligencia. Lo que tomamos para nutrirnos, lo convertimos en nuestra propia inteligencia. Cuando conocemos la forma de traer de nuevo al orden la inteligencia, no hace falta saber nada más. La enfermedad es inteligencia interrumpida, pero podemos hacer que vuelva al orden.

El primer paso para que se produzca la curación cuántica es darle al organismo las técnicas para que encuentre la salud por sí mismo, ayudándose de esta inteligencia de la naturaleza. Las hierbas, minerales y metales que usa el médico ayurvédico “piensan” como nosotros. Para cada parte del cuerpo, la naturaleza proporciona una sustancia que la complementa. La medicina consiste, pues, en permitir que lo similar hable a lo similar y el remedio íntegro, tal como lo aporta la naturaleza, podrá restaurar la salud gracias a su similitud con nosotros mismos El Ayurveda funciona porque corrige una distorsión en la conciencia; un movimiento erróneo vuelve al orden y el individuo encuentra el camino que le lleva al nivel de conciencia donde se encuentra la auténtica curación.

Las técnicas curativas de Chopra

Cada paciente aprende a reconocer el tipo físico o dosha al que pertenece, según los principios de la medicina ayurvédica:

fuego (pitta), que controla el metabolismo;

aire (vatha), que controla el movimiento; y

tierra (kapha), que controla la estructura.

El pitta es de contextura mediana, emprendedor, irritable, tiene tendencia al estrés y siente aversión por el sol y el calor.

El vatha es delgado, activo, aunque se cansa con facilidad, imprevisible, de apetito irregular y de sueño leve e interrumpido.

Por último, el kapha goza de gran fortaleza física, resulta afectuoso y tolerante, es lento para captar nueva información, aunque la retiene luego con facilidad, su sueño es pesado y prolongado y tiende a la obesidad.

Si no hay un tipo dominante, la persona posee dos doshas, es decir, que exhibe cualidades de sus dos doshas principales.

Según Chopra, para que el cuerpo y el alma se mantengan en un estado de armonía y se reinstaure, caso de producirse una enfermedad, la salud total del individuo, es necesario que exista un equilibrio constante entre los tres tipos de doshas. Para ello, en su clínica se practica la meditación diaria y se efectúan masajes con aceite de sésamo antes de proceder al baño con hierbas purificadoras. La dieta, sencilla y desintoxicante, se basa en la cocina ayurvédica, que recomienda incluir en cada comida los seis gustos fundamentales: astringente, amargo, dulce, picante, salado y ácido. Sopas, infusiones, yogur, miel, limones, lentejas, arroz y frutas se ingieren a diario en un ambiente relajado que favorece la comunicación entre los pacientes. Paseos, contacto con la naturaleza, luz solar y aire puro son los próximos pasos a seguir.  El enfermo encuentra poco a poco el bienestar y la paz perdidos. Cuando estos dones se derraman sobre el individuo se está preparado para conectar con el espacio interior en el que se produce la curación cuántica.

Un regalo de los dioses

En 1947, el movimiento de no violencia y desobediencia civil encabezado por el Mahatma Gandhi logró derrotar a uno de los imperios coloniales más poderosos del planeta. Después de un dominio de 347 años. Gran Bretaña perdió la joya más preciada de su corona. Ese mismo año nació Deepak Chopra, hijo de un médico de formación occidental, fascinado por los conceptos de “progreso” y “modernidad”. La India estrenaba su libertad y, al mismo tiempo, debido al creciente proceso de occidentalización, se empezaban a derrumbar los pilares de un sistema de conocimientos y espiritualidad que había sustentado a las civilizaciones hindúes durante miles de años.”En mi infancia –cuenta Chopra en uno de sus libros– tenía el vago conocimiento de que había una medicina distinta a la que practicaba mi padre. Era la medicina india tradicional llamada Ayurveda, término formado con las palabras sánscritas ayus, vida, y veda, conocimiento. Pero la idea de recurrir al Ayurveda, con sus miles de hierbas de eficacia no comprobada y con su gran número de rituales carentes de sentido, era una herejía para personas como mi padre, que practicaba con orgullo la medicina occidental”.

Otros aspectos de la medicina ayurveda

Además de su enfoque con respeto a los alimentos, el Ayurveda también hace énfasis en la actividad física como el deporte, los masajes (usualmente con aceite de coco o de sésamo) y disciplinas holísticas como el tai chi chuan o el yoga e insiste en el equilibrio mente-cuerpo, mediante la meditación, para alejar la enfermedad.

Según investigaciones realizadas en Estados Unidos, el empleo de los procesos de desintoxicación ayurvédicos y el reequilibrio mediante la dieta, han reducido los niveles de colesterol y ansiedad en enfermos cardiacos.  Además, han ayudado a personas con problemas digestivos (úlceras de estómago), asma y alergias respiratorias, afecciones de la piel, hepatitis, ansiedad e insomnio.

A lo largo de muchos años de práctica, en una clínica en Estados Unidos, el doctor Deepak Chopra Según Deepak Chopra, que narra este caso en su libro Vida Incondicional, Ray había. Las sanaciones espontáneas se originan en el nivel más profundo del “yo” e implican el deseo que tiene la persona en su totalidad de recuperarse completamente. Guiado por ese pensamiento inflexible, el cuerpo no tiene más alternativa que obedecer. Según Chopra, la palabra quantum sería la más adecuada si nos remitiéramos a una terminología científica. El quantum o salto cuántico designa un impulso desde un determinado nivel de funcionamiento hasta otro superior. En los casos de curaciones espontáneas se produce ese ascenso hacia el nivel superior de la curación cuántica. Numerosos médicos, tanto los que practican la medicina oficial como los dedicados a las llamadas “medicinas alternativas”, se han encontrado con pacientes que han protagonizado episodios de curaciones inexplicables. Éstas pueden ser debidas a la fuerza de voluntad, a las oraciones o al empleo de placebos. Todo ello, según Chopra, apunta a un salto cuántico. La característica que se repite en estos casos es la capacidad de percepción interior del enfermo, que parece estimular el salto cuántico en el transcurrir de su proceso de curación.

Las aportaciones de Deepak Chopra al campo de la medicina del cuerpo y de la mente están centradas tanto en las investigaciones que ha llevado a cabo acerca de los procesos que determinan la curación cuántica como en las técnicas necesarias para entrar en contacto con ese nivel de sanación y de paz interior. Es en este último apartado donde entra en juego una antiquísima sabiduría, el Ayurveda, de origen hindú pero cuyos fundamentos se pueden encontrar entre muchos otros pueblos del planeta. Para el Ayurveda, la felicidad del enfermo es tan importante como su supervivencia y además concede una gran importancia a permitir que la conciencia encuentre su propio camino por encima del daño sufrido por el organismo. Prescribe un programa de dietas, descanso, meditación y un régimen especial llamado Panchakarma, que consiste en masajes, baños de vapor con hierbas, paseos a la luz del sol y otros sencillos métodos naturales adaptados siempre a las peculiaridades de cada paciente. Sin embargo, según los textos sagrados de la Charaka Samhita, este “conocimiento de la vida”, el Ayurveda, fue un regalo de los inmortales a la humanidad. Los habitantes de la India eran presa de las enfermedades y la ignorancia espiritual, hasta que siete sabios o ríshis invocaron al dios Indra y recibieron su sabiduría acerca de la vida, no sólo humana, sino también la de los animales, las plantas, las piedras, los seres inanimados y todo lo creado. Los rishis le dieron estos conocimientos a los hombres para que los aplicaran y se salvaran eternamente. Así pues, el Ayurveda es más que un sistema de medicina: es la guía hindú de la vida. Pero Deepak Chopra, como tantos otros médicos de la primera generación nacida bajo la bandera de la India libre, estaba muy lejos de apreciar la idea de un sistema que contemplara al hombre en su integridad. Estudió medicina occidental, se especializó en endocrinología, se trasladó a Estados Unidos y trabajó durante varios años en grandes hospitales donde los enfermos eran poco más que fichas anónimas. Allí tuvo la oportunidad de ser testigo de casos como el de Ray, es decir, de curaciones espontáneas que desafiaban a todos los principios de la ciencia médica. En 1981, durante una de sus visitas a la India, un amigo con el que había comenzado a practicar la meditación le recomendó que visitara al que estaba considerado como el médico ayurvédico vivo más importante. Se trataba de Brihaspati Dev Triguna, quien estaba al frente del Consejo Nacional Indio de Médicos Ayurvédicos. Al ver cómo examinaba a sus pacientes y los sencillos remedios que les prescribía, Chopra empezó a comprender hasta qué punto la medicina occidental había fragmentado la totalidad cuerpo-mente del ser humano.

 

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