Archive for mayo 5, 2013


Educación

separoelmundo

La educación no es una cuestión de ver siempre cosas nuevas;
educación significa ver las mismas cosas en una nueva luz.
Desconocido

. Las fabricaciones humanas complicadas como el esperanto no son necesarias; los gestos son suficientes. Uno se hará comprender en Alemania o en Francia y nada le faltará. Esa es la “transmisión especial fuera de la enseñanza, fuera de la letra y de las palabras”, de los monjes zen.

La educación Zen es fuerte y profunda a la vez. Si la educación actual solo va dirigida, de hecho, a una parte pequeña del cerebro, y olvida un potencial, prácticamente inexplorado, la enseñanza Zen se dirige no solamente al cerebro frontal y al sistema nervioso central, sede de las aptitudes mentales, sino también al psiquismo subconsciente. Fortalece así el espíritu y el cuerpo, lo psíquico y lo orgánico, dicho de otra manera, al ser en su totalidad.

Nuestra memoria posee dos tipos de funcionamientos: por una parte está la memoria pre-frontal, intelectual, y por otra parte la memoria orgánica, la del cuerpo, que se imprime directamente a través de una modificación química en las neuronas situadas en la base del cerebro. Esta memoria es la que constituye el subconsciente. Si practicamos Zazen, influenciamos fuertemente nuestro hipotálamo y nuestro tálamo. El cerebro pre-frontal y el cerebro frontal se tranquilizan. Por el contrario, el hipotálamo y el tálamo entran en actividad. Los circuitos del cerebro se mejoran. Esta actividad química del tálamo y del hipotálamo es extremadamente importante, ya que la intuición se desarrolla gracias a ella.

En el Zen, el trabajo manual es de una gran importancia, ya que la agilidad de los dedos estimula la del cerebro profundo. La actividad manual y la actividad intelectual son rigurosamente complementarias. Ambas deben ser practicadas para el equilibrio de nuestra totalidad. El Zen rehabilita este trabajo manual, necesario para la perfecta realización de nuestro ser.

“Diez mil ri a través del océano.” Yo estoy en Kyushu y vosotros en Hokuriku; no son diez mil ri, pero aún así nuestras cejas están en estrecho contacto. Este contacto estrecho entre vuestras cejas y mis cejas es la transmisión de la persona.

Vista bajo esta perspectiva la poesía es muy interesante. Las cosas que la prosa no puede expresar aparecen con una belleza exquisita gracias al efecto poético. Esto también es la transmisión de la persona.

Es la “transmisión del espíritu”, una transmisión especial “más allá de la enseñanza”, y “fuera de las letras y de las palabras.” En este caso, poco importa la cantidad de palabras escritas o pronunciadas, nada se dice; se habla en silencio. Esto no tiene pues nada que ver con la traducción literal o libre de algo; esta expresión abierta de la persona se muestra a través de la armonía de la poesía. Digo a menudo que el sermón de un monje debe ser parecido al lenguaje de un sordomudo. Utilizar palabras persuasivas como en las situaciones ordinarias no produce en absoluto un buen efecto. Aprender de memoria antiguos sermones y recitarlos con voz seductora no suena bien en absoluto. Para hacer que pase algo verdaderamente, es necesario que salga espontáneamente, la torpeza no estorba.

 

 

La concien­cia no puede, pues, conocer los objetos más que por las diferencias y cuando estas desaparecen, la conciencia cesa de responder. Llegamos a la facultad siguiente manifestada en la evolución de la vida en el reino animal. La sensibilidad al placer y al dolor es grande en este caso y aparece en germen la facultad de establecer relaciones entre los objetos y las sensaciones; nosotros la llamamos “la percep­ción” ¿Qué significa esta palabra? Significa; que la vida llega a poder establecer un lazo entre el objeto que la impresiona y la sensación por la cual ella responde a este objeto. Cuando esta vida naciente al contacto de un objeto exterior, reconoce en él algo que produce placer o dolor, decimos nosotros que este objeto es percibido y que la facultad de percibir o establecer lazos entre los mundos exterior e interior está evolu­cionada. Cuando este progreso es realizado, la facultad mental comienza a germinar y a cre­cer en el organismo. La encontramos entre los animales superiores. Tomemos el salvaje, el cual nos permitirá pasar más rápidamente sobre estos primero períodos. En él encontramos el sentimiento del “yo” y del “no-yo” surgiendo lentamente y marchando a la par. El “no-yo” le toca y el “yo” lo siente; el “no-yo” le es agradable y el “yo” lo sabe; el “no-yo” le hace sufrir y el “yo” experimenta dolor. Entonces queda esta­blecida una distinción entre el sentimiento que se mira como el “yo” y todas las causas que se consideran como el “no-yo“. Aquí nace la inte­ligencia, y la raíz de la propia conciencia comienza a desenvolverse. Dicho en otra forma, se crea un centro hacia el cual todo converge desde fuera y desde el cual todo diverge hacia el exterior. He dicho que las vibraciones se repetían. Esta repetición produce ahora resultados más rápidos. Conduce a percibir los objetos agra­dables y por ello, permite alcanzar el grado siguiente: la esperanza del placer antes de que el contacto tenga lugar. Se reconoce en el objeto lo que ya ha dado placer y se espera la repeti­ción del mismo. Esta esperanza es el primer signo de la memoria y el comienzo de la ima­ginación. El intelecto y el deseo se entrelazan y la esperanza, conduce a una nueva cualidad mental a manifestarse en germen. Cuando exis­ten el reconocimiento del objeto y la esperanza del placer que debe acompañar la vuelta de este objeto, el progreso siguiente es formar y animar una imagen mental el objeto, su recuer­do; de aquí nace una oleada de deseo, del deseo de tener este objeto, una aspiración hacia él y finalmente, la búsqueda de tal objeto que pro­cura impresiones agradables. De este modo mul­tiplica el hombre en sí los deseos activos. Él desea el placer e impulsado por el intelecto, se dedica a su búsqueda. Durante largo tiempo el había permanecido en el período animal, du­rante el cual jamás buscaba un objeto sin una sensación interna precisa inspirándole una ne­cesidad que solamente el mundo exterior podía satisfacer.

 

Volvamos, solo por un instante, al animal. ¿Qué es lo que le impulsa a la acción? El deseo imperioso de librarse de una sensa­ción desagradable. Siente hambre, desea ali­mento y se dedica a buscarlo. Siente sed, desea apaciguarla y va en busca de agua. Siempre busca el objeto que puede satisfacer su deseo y una vez satisfecho, permanecerá en reposo. En el animal no hay movimiento espontáneo; la impulsión debe venir de fuera. El hambre, cier­tamente, es sentida por el cuerpo interiormente, pero esto es exterior con relación al centro de la conciencia. El grado de evolución de la con­ciencia puede establecerse por la relación exis­tente entre las influencias determinantes exte­riores y los móviles espontáneos. La conciencia inferior es impulsada a la acción por influen­cias exteriores a ella misma. La conciencia su­perior es impulsada a la acción por móviles que provienen de adentro. Así, estudiando al salvaje, vemos que la sa­tisfacción del deseo es la ley de su progreso. ¡Cuán extraño parecerá esto a muchos de vo­sotros! Manú ha dicho: “Tratar de librarse de los deseos satisfaciéndolos, es pretender extin­guir el fuego, con manteca derretida. Es preciso humillar y dominar el deseo. Es preciso sofocar en absoluto el deseo”. Esto es muy realmente verdadero, pero solamente cuando el hombre alcanza un cierto grado de evolución.

 

En las primeras fases la satisfacción de los deseos es la ley de la evolución. Si el hombre no satisface sus deseos, no hay para él progreso posible. Necesario es comprender que, en este período, no existe nada que pueda llamarse moralidad. No hay distinción entre el bien y el mal. Todo deseo debe ser satisfecho. Cuando este centro consciente que acaba de nacer trata de satisfa­cer sus deseos, entonces solamente, puede desen­volverse. Durante esta fase primitiva, el Dharma del salvaje, o del animal superior le es im­puesto. No hay elección. Su naturaleza interior, que distingue el desenvolvimiento del deseo, pide ser satisfecha. La satisfacción de este de­seo es la ley de su progreso. El Dharma del salvaje es pues el satisfacer todos sus deseos y no encontraréis en él el más débil sentimiento del bien y del mal, ni la más vaga noción de que la satisfacción de los deseos pueda estar prohibida por una ley superior. Sin la satisfacción de los deseos no hay de­senvolvimiento posible y éste debe preceder al despertar de la razón y del juicio y a la ad­quisición de las facultades más altas de la me­moria y de la imaginación. Todo esto debe te­ner nacimiento en la satisfacción del deseo. La experiencia es la ley de la vida y del progreso. Sin acumular experiencias de todas clases, el hombre no puede saber que vive en un mun­do sometido a la Ley. Esta tiene dos maneras de hablar al hombre: el placer, cuando ella es ob­servada; el dolor cuando es violada. Si en esta fase poco avanzada los hombres no efectuasen toda clase de experiencias, ¿cómo conocerían la existencia de la Ley? ¿Cómo llegarían a establecer una distinción entre el bien y el mal sin haber tenido la experiencia del bien y del mal? Solo los opuestos hacen posible la existencia de un universo. Estos opuestos se presentan a la conciencia en un momento dado bajo la forma de bien y mal. No podréis reconocer la luz sin la oscuridad, el movimiento sin el reposo, el placer sin el dolor. Igualmente, no podéis conocer el bien que es la armonía con la Ley, sin conocer el mal que es el desacuerdo con la Ley. El bien y el mal son opuestos que carac­terizan un período más avanzado de la evolu­ción humana y el hombre no puede llegar a apreciar lo que les distingue sin haber pasado por las experiencias de uno y otro y ahora se produce un cambio. El hombre ha llegado a un cierto grado de discernimiento. Abandonado a sí mismo de un modo absoluto, el llegará con el tiempo, a reconocer que ciertas cosas le son favorables, le fortifican, exaltan su vida mientras que otras le debilitan, dismi­nuyen su vida. La experiencia le enseñará todo esto. Con ella por solo maestro, llegará a dis­tinguir el bien del mal, identificará el senti­miento agradable, que exalta la vida, con el bien y el sentimiento doloroso, que la dismi­nuye, con el mal y así llegará a concluir que toda felicidad y todo progreso tienen su origen en la obediencia a la Ley. Pero esta inteligencia naciente necesita mucho tiempo para comparar entre si las experiencias agradables y dolorosas y estas experiencias, difíciles de comprender en cuanto que lo que primero ha dado placer, llega, por el exceso, a causar dolor y de aquí deducir el principio de la Ley. Mucho tiempo ha de pa­sar para que ella pueda reunir innumerables experiencias y deducir de ellas la idea de que esto es bueno y aquello es malo. Pero a esta deducción no llega por sus  solos medios. De mundos pasados vienen ciertas Inteligencias de una evolución más alta que la suya, Maestros que vienen a ayudar su desarrollo, a llevar de la mano su crecimiento, a enseñarle la exis­tencia de una ley que impone las condiciones de su evolución y que aumentará su bienestar, su inteligencia y su fuerza. En realidad la Revelación que proviene de la boca de un Maestro apresura la evolución, en lugar de quedar en­tregada a las lentas enseñanzas de la experiencia y el hombre encuentra en las palabras de un superior y en su expresión de la ley una ayuda a su desenvolvimiento. El Maestro dice a esta inteligencia naciente: “Si matas a este hombre, cometerás una acción que yo prohíbo por autoridad divina; esta ac­ción es mala y te hará desgraciado”. El Maestro dice: “Es bueno socorrer a los que mueren de hambre; este hambriento es tu hermano, alimén­talo, no lo dejes morir de hambre, comparte con él lo que tú posees; esta acción es buena y si tú obedeces a esta ley, te encontrarás bien”. Las recompensas se ofrecen para atraer la inte­ligencia naciente hacia el bien y los castigos y amenazas para separarlos del mal. La prospe­ridad terrestre está asociada a la obediencia de la Ley y el infortunio terrestre a su trasgre­sión. Esta declaración de la ley, de que la des­gracia es la consecuencia de lo que la ley pro­híbe y la dicha es la consecuencia de lo que la ley ordena, estimula a la inteligencia naciente. Ella desobedece a la ley y al venir el castigo, sufre y después se dice: “El Maestro me había advertido”. El recuerdo de una orden confir­mada por la experiencia hace sobre la concien­cia una impresión mucho más fuerte y más rá­pida que la experiencia sola sin la revelación de la ley. Esta declaración de lo que los sabios califican de principios fundamentales de la mo­ralidad a saber, que ciertos géneros de ac­ción retardan la evolución y otros la aceleran­, es para la inteligencia, un inmenso estimulante. ¿Rehúsa el hombre obedecer la ley? Queda entonces entregado a las duras lecciones de la experiencia, El dice: “Yo quiero este objeto, por más que la ley lo prohíba” y queda enton­ces entregado a las severas enseñanzas del do­lor y el látigo del sufrimiento le enseña la lec­ción que no ha querido aprender de los labios del Amor. ¡Cuán frecuente es esto en nuestros días! ¡Cuántas veces un joven razonador e infatuado rehúsa escuchar la ley, rehúsa escuchar la experiencia y no tiene en cuenta las enseñanzas del pasado! El deseo supera en él a la inteli­gencia. Su padre tiene el corazón destrozado. “Mi hijo, dice, está sumido en el vicio; mi hijo se deja arrastrar al mal. Yo le he enseñado a obrar bien y he aquí que se ha vuelto un em­bustero. Tengo el corazón destrozado por su conducta”. Pero Ishvara, Padre más tierno que ningún padre terrestre, permanece paciente. Porque él está en el hijo lo mismo que en el pa­dre. Está en él y le instruye de la única ma­nera que esta alma consiente en aceptar. El joven no ha querido escuchar la autoridad ni el ejemplo. Es necesario a toda costa que el mal principio que retarda su evolución sea arran­cado de él. Si rehúsa instruirse por la dulzura, que se instruya por el dolor, que se instruya por la experiencia. Que se sumerja en el vicio para experimentar enseguida el amargo dolor que sobreviene por haber pisoteado la ley. No hay prisa. Si la lección es penosa de aprender, al menos la aprenderá seguramente. Dios está en él y por tanto le deja marchar a su gusto. ¡Qué digo! Hasta le facilita el camino. A la demanda del joven, Dios responde: Hijo mío, si rehúsas escuchar, haz lo que deseas y se instruido por tu dolor abrasador y la amargura de tu degradación. Yo estoy junto a ti, te vigilo a ti y a tus acciones, porque Yo cumplo la ley y soy el Padre de tu vida. Tú aprenderás a desear en el fango y la degradación, lección que no has querido recibir de la sabiduría y del amor”. He aquí porque Él dice en el Gita: “Yo soy el fraude del truhan”. Porque siempre pa­ciente, Él trabaja por el fin glorioso y nos hace emprender caminos dolorosos cuando no que­remos seguir los caminos llanos. Nosotros, inca­paces de comprender esta compasión infinita, interpretamos mal sus intenciones: pero Él pro­sigue su obra con la paciencia de la eternidad, para llegar a que el deseo sea completamente extirpado y que su hijo pueda ser perfecto como su Padre que está en los Cielos es perfecto. Abordemos el periodo siguiente. Hay en él ciertas grandes leyes de desenvolvimiento que son generales. Hemos aprendido a atribuir a ciertas cosas el carácter de bien y a otras el de mal. Cada nación se forma una idea especial de la moralidad. Muy pocos saben como esta idea se ha formado y cuales son sus puntos dé­biles. Para lo corriente de la vida ella es su­ficiente. La experiencia de la raza guiada por la ley, le ha enseñado que ciertas acciones re­tardan la evolución mientras que otras la aceleran. La gran ley de la evolución metódica subsecuente a las fases iniciales es la que go­bierna los cuatro pasos sucesivos del desenvol­vimiento siguiente del hombre y se afirma cuan­do este ha alcanzado un punto determinado, cuando su enseñanza preliminar ha concluido. Esta ley existe en todas las naciones cuya evolución ha alcanzado cierto nivel, pero ha sido proclamada por la India antigua como la ley definida de la vida evolucionante, como la pro­gresión que sigue el alma en su crecimiento, como el principio subyacente que permite com­prender el Dharma y conformarse a él.

images

Ya Albert Einstein nos explicaba que la materia no existe, que la materia es una ilusión creada por la veloci­dad de vibración de las diversas formas de Energía. Todo lo que vibra en lo que llamamos cuerpo físico se nos aparece en forma de materia sólida. Nuestro sol y las estrellas son, relativamente hablando, campos de Ener­gíasAuras. Su volumen es unas 22 veces del cuerpo humano.

  • Forma
  • Color
  • Brillo
  • Pureza
  • Densidad
  • Emplazamiento
  • Movilidad
  • Función
Aura de la Tierra  Aura humana 
Cuerpo terrestre, diámetro 12.000 Km Cuerpo humano 60 cm.
Atmósfera 500 Km.4% aproximadamente Campo etérico 2,4 cm. 4% aproximadamente
Campo magnético 1º, Van Allen5.000 Km Campo aúrico hasta color amarillo, aprox. 25 cm
Campo magnético 2º, Van Allen20.000 Km Campo aúrico total, aproximadamente 50 cm.
Magnetosfera 65.000 km Zona de influencia del aura, 300 cm. ( 3 metros)

 

 

 

El aura de la tierra responde en las mismas proporciones al aura humana y de la mayoría de seres vivos, al igual que con el ser humano, la parte del aura más densa de la Tierra es la atmósfera, es donde hay más cantidad de energía, y donde ésta interactúa más con la corteza terrestre, en el ser humano esos 2-3 cm de campo etérico están continuamente interactuando con el cuerpo, hay es donde se acumula la mayor cantidad de energía calorífica emanada por el cuerpo, así como los vapores que emitimos con nuestro sudor, la similitud por lo menos no deja de ser interesante.

El aura

 

El flujo de energía no se confina al interior del cuerpo físico como normalmente se considera. El cuerpo emite una energía radiante que se relaciona específicamente con la ubicación y la intensidad de la energía en su interior, y por lo tanto, revela algo de cómo está funcionando. Esta emanación en tres dimensiones, que rodea al cuerpo en todas direcciones y se extiende cierta distancia de su superficie, se llama extensamente aura y representa la suma total de la energía emitida por los chakras. La segunda banda del aura, conocida como la banda emocional o astral, emana del segundo chakra. Refleja la actividad física y sexual, las ‘emociones viscerales’ y su color es anaranjado.

 

La tercera capa del aura, la banda mental, procede del chakra del plexo solar y refleja las funciones mentales basadas en el intelecto y el poder personal. Es amarilla y brillante en una persona de mente activa.

 

La cuarta capa del aura, o banda del corazón, emana del chakra del corazón. Es verde y refleja inspiración en todas formas.

 

La quinta capa del aura, o banda causal, procede del chakra de la garganta y es azul, refleja la autoexpresión y el karma del alma…  avanzando a través de encarnaciones sucesivas.

 

La sexta capa de color azul oscuro, o banda espiritual, emana del sexto chakra y refleja el desarrollo espiritual y la conciencia intuitiva de la persona; y la séptima capa, o banda cósmica, refleja el principio del alma o la conciencia cósmica del individuo. Su color es púrpura Cada banda irradia diferentes colores de intensidad variable que revela a quienes pueden verlos el estado de salud, el carácter, la disposición emocional de la persona y las tendencias, habilidades, actitudes, problemas pasados y desarrollo espiritual. Por lo tanto, el aura se puede emplear para el diagnóstico y por toda la historia los videntes (o sensitivos) han informado emplearla como base para la curación.

 

Un estudio de médicos ortodoxos occidentales también ha relevado que muchos diagnostican la enfermedad mediante el campo de energía que perciben alrededor de sus pacientes, o mediante los vórtices de energía conectados con el sistema endocrino. Un profesional, John Pierrakos, ha realizado una extensa investigación en el fenómeno.

 

Medición científica del sistema chakras-aura

 

Aunque la fuerza vital es evidente para muchas personas que se dedican a la curación, ha eludido la medición científica hasta hace poco. Esto puede deberse a que sus sutiles energías sólo pueden reaccionar y ser notadas por organismos vivos. Creó un tipo de cristal especial que según afirmaba, permitía ver con objetividad el aura. Éste y su predicción de que en el futuro seria posible fotografiar el aura y utilizarla para un diagnóstico más exacto de todo tipo de enfermedades fueron desechados como algo fantástico. También se rechazaron las opiniones del doctor F.S.C. Northrup de Yale, que proponía la existencia de campos de vida dinámicos en torno a los seres vivos al igual que el descubrimiento de un cuerpo energético que poseen todos los seres humanos, como afirmaba el profesor de anatomía de Yale, H. S. Burr.

Sin embargo, durante los avances de la década de 1930 en fotografía de alto voltaje de los científicos rusos Semyon y Valentina Kirlian, que revelaban corrientes aparentes de energía que surgía de las puntas de los dedos en una forma que se sugirió en la teoría tradicional del aura, parecían satisfacer las predicciones de Kilner. En los siguientes diez años, los Kirlian llegaron a convencerse de que estas corrientes de energía reflejaban el bienestar o malestar de un organismo y esta opinión posteriormente logró apoyo de la investigación en plantas. Durante la década de 1960, otro investigador ruso, Leonidov, desarrolló una microfotografia sin luz que proporcionaba mayor evidencia objetiva del aura.

El profesor Vladimir Inyushin, quien prosiguió la investigación de los Kirlian,  posteriormente describió el campo de energia que rodea a las formas vivientes como cuerpo de plasma biológico, afirmando, como Burr habia hecho antes, que es un organismo unificado completo emitiendo sus propios campos elecromagnéticos, que son la base de todos los campos biológicos. Los chakras también han sido el tema de considerable investigación científica la más notable del profesor japonés Hiroshi Motoyama. Comenzó su investigación en la década de 1960 con estudios de psíquicos y curanderos, Motoyama desarrolló varios aparatos fisiológicos sofisticados para medir las sutiles energías en y alrededor del cuerpo. Elaboró un aparato para determinar en forma experimental el funcionamiento de los chakras, mide los campos electromagnéticos alrededor del cuerpo y puede mostrar mediante cambios sutiles en ellos cuando un chakra está naturalmente activo o se activa por algún otro medio. Motoyama concluyó que los sistemas de energía que apuntalan la medicina tradicional china e hindú son fundamentalmente los mismos, a pesar de las diferencias en la terminología.

Hasta hace poco, gran parte de la investigación científica pionera de las energías sutiles de los chakras y el aura se realizó en Rusia y el Oriente. Sin embargo, en la actualidad encontramos un interés creciente en los sutiles sistemas de cuerpo y energía en Occidente. La profesora Thelma Moss del Instituto Neuropsiquiátrico de la Escuela de Medicina de la Universidad de California fue la primera investigadora seria de estos fenómenos en los Estados Unidos. Desde su trabajo pionero se han realizado investigaciones exhaustivas de estos sistemas de energía, principalmente en la Universidad de California, por parte de la doctora Valerie tlunt. En Inglaterra, el profesor Dennis Milner, de la Universidad de Birmingham, ha hecho investigaciones en relación con la fotografía de Kirlian y la psicofisiología del sistema de chakras fue trazada por la doctora Serena Roney-Dougal.

 

 

El sistema chakra-aura y la salud

 

En Norteamérica y Canadá se ha estudiado extensamente a clarividentes como Jack Schwartz y Rosaline Bruyére, que perciben las energías de los chakras y el aura y los utilizan en el diagnóstico y el tratamiento. Esta investigación parece confirmar las observaciones de los antiguos.

Se ha descubierto que trastornos en la distribución de energía del chakra base corresponden con la falta de energía física y mala salud general, dolor crónico de la parte baja de la espalda, ciática, venas varicosas y problemas del recto, incluyendo tumores y crecimientos cancerosos.

 

Tabla de Veintiun Chakras

Los Chakras son plexos nerviosos o centros de fuerza y conciencia localizados dentro de los cuerpos internos de la persona. En el cuerpo físico existen los correspondientes plexos nerviosos, ganglios y glándulas. Los siete chakras principales se pueden ver psíquicamente como coloreadas ruedas de muchos pétalos o lotos situados a lo largo de la médula espinal. Los siete chakras bajos, apenas visibles, existen por debajo de la médula espinal. Los Siete Chakras Superiores: Los chakras más sutiles yacen arriba y dentro del chakra coronario al tope de la cabeza. La literatura Budista cita treinta y dos chakras superiores. La tradición Agámica Hindú delinea siete niveles de dimensiones enrarecidas de paranada, el primer tattva y el estrato más elevado de sonido. Estos son: vyapini, vyomanga, ananta, anatha, anasrita, smana y unmana. Los chakras elevados han sido experimentados por muy pocos, como conglomerados de nadis, corrientes espirituales nerviosas, que son estimuladas y desarrolladas por muchas experiencias samadhi, despacio descienden hacia los cuerpos mental y astral, efectuando una transformación permanente del ser completo.

 

 

 

Los 36 Tattvas: Categorías de Existencia

Atattva: Parasiva (Sivalinga, Realidad Absoluta), más allá de todas las categorías

5 SUDDHA TATTVAS
Energía Actínica o Espiritual Pura

1)
2)
3)
4)
5)

Siva tattva: Parasakti-Nada (Satchidananda, pura conciencia)
Sakti tattva: Paramesvara-Bindu (Nataraja, Personal God), energía, luz y amor
Sadãsiva tattva: el poder de revelación (Sadasiva)
Isvara tattva: el poder de ocultación (Mahesvara)
Suddhavidyã tattva: dharma, conocimiento puro, los poderes de disolución (Rudra), preservación (Vishnu) y creación (Brahma)

7 SUDDHASDDHA TATTVAS
Energía Actinódica o Espiritual-Magnética

6)
7)
8)
9)
10)
11)
12)

mãyã tattva: energía mirífica
kãla tattva: tiempo
niyati tattva: karma
kalã tattva: creatividad, aptitud
vidyã tattva: conocimiento
rãga tattva: apego, deseo
purusha tattva: el alma envuelta por los cinco tattvas previos

24 ASUDDHA TATTVAS
Energía Odica o Grosera-Magnética

13)
14)
15)
16)
17)
18)
19)
20)
21)
22)
23)
24)
25)
26)

prakriti tattva: naturaleza primordial
buddhi tattva: intelecto
ahamkãra tattva: ego externo
manas tattva: mente instintiva
srotra tattva: oído (orejas)
tvak tattva: tacto (piel)
chakshu tattva: visión (ojos)
rasanã tattva: gusto (lengua)
ghrãna tattva: olfato (nariz)
vãk tattva: palabra (voz)
pãni tattva: asir (manos)
pãda tattva: caminar (pies)
pãyu tattva: excreción (ano)
upastha tattva: procreación (genitales)

27)
28)
29)
30)
31)
32)
33)
34)
35)
36)

sãbdha tattva: sonido
sparsa tattva: sentir/palpar
rupa tattva: forma
rasa tattva: gusto
gandha tattva: olor
ãkãsa tattva: éter
vãyu tattva: aire
tejas tattva: fuego
ãpas tattva: agua
prithivi tattva: tierra

 
Los chakras son centros de energía que conforman nuestra anatomía. No son vistos con la visión normal, algunas personas clarividentes pueden percibirlos tanto en su forma como en movimiento y colocación. El movimiento, forma y color de los chakras nos ayuda a diagnostigar su funcionamiento, fluido o bloqueado. El alineamiento y armonía en el funcionamiento de los chakras por resultado buena salud. Cogemos el termino salud, como un equilibrio entre los  Planos físicos, mental, emocional y espiritual. La armonía o desarmonía en los hechos y conductas de nuestra vida cotidiana nos revelan el estado en que nuestras vidas se encuentran, también nos revelan el estado de nuestros chakras. Cada chakra tiene un nivel de vibración propio. Cada chakra vibra en sintonía con su color correspondiente. Nutren de energía nuestro cuerpo físico. Muchos sanadores trabajan armonizando y aliñando los chakras lo cual produce un balance energético que mejora el estado de la persona tanto emocional, mental, espiritual y fí-sico. Los chakras forman parte de nuestro campo magnético o Aura. El aura es el campo magnético que nos rodea y que nos inerpenetra sutilmente. El aura es nuestra energía, está en permanente vibración. La vibración del aura varía según como nos sintamos, por lo tanto no es estable y permanente. El aura nos dice mucho de las personas es como una radiografía del estado de las emociones, pensamientos, sentimientos, espiritua-lidad e estado físico. Los chakras principales son 7,están ubicados en forma aliñada vertical.

AURA FÍSICA

PRANAYAMAHOSHA

AURA DE LA SALUD

Aura Primera casi incolora, y parece como es­triada, es decir, como compuesta de una infinidad de líneas rectilíneas que irradian del cuerpo en to­das direcciones.

AURA ETÉREA

AURA VITAL

Aura Segunda

Íntimamente unida con la precedente, está aura pránica, El prana irradiado no tiene el color rosa, bajo el que se le distingue fácilmente cuando cir­cunda al cuerpo, sino que posee un color con ma­tiz clarísimo, pálido. en los días de estío, vemos surgir de las tierras expuestas a los rayos del sol. Se podría llamar así también aura magnética, y sirve, en efecto, para producir muchos fenómenos de mesmerismo. Eso es probablemente la llama magnética que los sensitivos han observa­do en algunos experimentos del Barón Reichenbach.

AURA ASTRAL

Aura Tercera

El tercer aura que hemos de considerar es la que representa Kama o el deseo. Un acceso de cólera llena el aura de ráfagas rojizas sobre un fondo obscuro y un espanto súbito trans­forma instantáneamente todo en una masa lúgubre de gris lívido.

AURA MENTAL INFERIOR

Aura Cuarta

Muy estrechamente unida al aura kámica se en­cuentra del manas inferior, registra exactamente los progresos de la personali­dad. formada por un orden de materia más elevado que el de la substancia kámica, que corresponde a los subplanos inferiores del plano mental o devachánico. De esta substancia está formado el vehículo en el que la personalidad pasa su periodo de sueño en el Devachán; y de ella está formado también el Mayavirupa, el cuerpo de que el adepto o el discípulo se sirven para obrar so­bre el astral o los subplanos devachánicos inferiores, pues ese vehículo es superior, bajo todos respetos al «cuerpo astral» de que hemos hablado ya. Este cuarto aura, representa; en suma, el estado medio de las auras inferiores a ella; pero es algo más, pues aparecen en la misma rayos de intelec­tualidad y de espiritualidad que no dejan su huella sobre las envolturas inferiores. Si las llamas colorea­das, formadas por las vibraciones engendradas por los deseos, se producen frecuentemente y con in­tensidad en el aura kámica, provocan por fuerza vi­braciones correspondientes en este aura manásica inferior, produciendo en ella un tinte permanente del mismo color. Es así también como en este aura se pueden leer las disposiciones generales o el ca­rácter de una persona, sus buenas y peores partes; y en algunas de la corrientes, en relación con esa aura, pueden registrarse los cuadros de la pasada personalidad terrestre, cuadros sobre los cuales pueden leer algunos clarividentes como sobre un libro. Cuando, durante el sueño, un hombre aban­dona su cuerpo, la mayor parte del tercer aura, el cuarto y los que le siguen por debajo, le acompa­ñan, mientras que la primera y la segunda, más un débil residuo de la tercera, que no se ha empleado para la formación del cuerpo astral, quedan con su cuerpo. Y ha de tenerse en cuenta que si ese hom­bre ha de pasar a un plano superior, el devachánico o el espiritual, dejará más numerosas auras tras sí. Es interesante conocer los matices que las diver­sas cualidades mentales o morales pueden dar a las auras tercera y cuarta (la kámica y la manásica inferior). Esto es un tema de estudio de los más complejos y difíciles de proseguir, y en el que la ecuación personal de los diversos observadores entra por mucho, lo que hace, además, que haya difícilmente un completo acuerdo. La verdad es que sólo tras un cuidadoso estudio y una larga prác­tica se puede asegurar uno de la visión sobre el pla­no astral y los demás. Precisa, además, un alto nivel de instrucción para no equivocarse y recoger aque­llo que puede contribuir a exagerar la ecuación per­sonal, cuando se quiere expresarlo con palabras. La lista de los colores y de su significación que ahora sigue, puede tomarse como la expresión de la opinión de dos o tres personas únicamente.

 

AURA MENTAL SUPERIOR

Aura Quinta

Venimos ahora a considerar el aura quinta, la del Manas superior o Individualidad. No hay que decir que ese aura no la ve todo el mundo. En los casos en que es perceptible, su belleza y su delicadeza están por encima de toda expresión. Asemejase menos a una nube coloreada, que a una luz viva; pero no hay en verdad palabras para expresarla. Está compuesta de una materia que corresponde a la de los subplanos devachánicos más elevados, y es en efecto el Karana Sharira, el vehículo del Ego reencarnador que pasa con él, de vida en vida, por las condiciones de su substancia y de su grado de avance. En el aura de un adepto, tiene tan inmenso predominio sobre el aura de la personalidad, que esta última en realidad no existe; pero el estudio del aura del adepto está por encima de los medios de aquellos que están en el comienzo del Path (Sendero). Uno, por ejemplo, de esos puntos im­portantes a considerar, es el de ese obscuro y mis­terioso factor que indica el tipo particular a que per­tenece el adepto, y de ese orden de ideas que reve­la una tradición persistente, – y perfectamente fun­dada – es la preservación de las pinturas murales que representan a Gotama Buddha en los templos de Ceilán. El Gran Maestro está representado en ellas con aura cuya coloración y disposición serían ridículas e imposibles si se tratara de un hombre or­dinario o de un adepto (si puede usarse sin irreve­rencia tal expresión), de un adepto medianamente desarrollado, pero que son en realidad la represen­tación basta del actual estado áureo de los adeptos del tipo particular al que pertenecen los Buddhas. Es de notar, además, que algunas de esas pinturas indican también el aura de salud de que hemos hablado al principio.

AURA ESPIRITUAL

Auras Sexta y Séptima

Las auras sexta y séptima existen sin duda, pero no tenemos datos sobre ellas; las mismas anterio­res son ya bastante difíciles de imaginar por el que no las ha visto. Podrá formarse quizá una idea re­cordando que todas las partes constitutivas del aura son sencillamente manifestaciones de una misma entidad en planos diferentes, no siendo sino ema­naciones del hombre como diversas expresiones del mismo. Al verdadero hombre no podemos verle, pero a medida que aumenta nuestra vista y nuestro cono­cimiento nos aproximamos a Eso que se oculta en él; y si admitimos que el Karana Sharira es el vehí­culo más elevado que podemos percibir, estamos entonces cerca de la concepción del verdadero hombre que podemos ver. Pero si el mismo hom­bre no se considera sino desde el punto de vista de los planos inferiores devachánicos, únicamente se verá lo que puede expresarse por el cuarto aura, la cual es la manifestación de la personalidad; y si se le examina sobre el plano astral, se encuentra que un nuevo velo le recubre, y que su parte inferior sólo ha podido expresarse por el vehículo kámico visible, mientras sobre el plano físico nos hallamos peor situados, puesto que el verdadero hombre nos está más escondido y oculto que nunca. Y aunque una vista abierta pueda percibir todas esas manifes­taciones, no es menos cierto que las más elevadas de ellas se aproximan más que las otras a la reali­dad, de suerte que es el aura lo que es el verdadero hombre, y no ese agregado de materia física crista­lizada que se ve en medio de ella y a lo que atribui­mos por nuestra ceguera una exagerada importan­cia. Estas líneas no pretenden, por lo demás, sino esbozar la superficie de un grandísimo problema, pero pueden servir para mostrar que el aura no es un estudio que esté desprovisto de interés para quien la ve, y desde que la visión de ella es a menudo una de las mayores evidencias de la apertura del sensorio supernatural, es razonable esperar que un gran número de nuestros miembros se colo­quen en situación de completar por su método de observación directa, la información que han de de­cidir para el estudio de nuestra literatura teosófica.

 

 

 

Intérprete Energético

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Escuela Loto Blanco - Shaolin Tradicional

Escuela Lianhua Jia - Shaolin Tradicional

anarkiaespiritual

Just another WordPress.com site

SUKHA

SUKHA centro AYURVEDA

Esencia de la Medicina Tradicional China

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Spirit Voyage Blog

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Kukhahnyoga's Blog

A Journey Into Yoga, Breathing, Wellness, and Health

OTRA VIDA ES POSIBLE CON SAIKU

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Mantar Vigyan

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Yoga XTC Blog

everything in the light of yoga

YOGA SU PRÁCTICA Y FILOSOFÍA

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Espaco Astrologico

A Astrologia como um direcionamento superior para a humanidade do futuro.

Sociedad Valenciana de Acupuntura

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Alternativo21

Vidas en equilibrio con la Tierra