Ya Albert Einstein nos explicaba que la materia no existe, que la materia es una ilusión creada por la veloci­dad de vibración de las diversas formas de Energía. Todo lo que vibra en lo que llamamos cuerpo físico se nos aparece en forma de materia sólida. Nuestro sol y las estrellas son, relativamente hablando, campos de Ener­gíasAuras. Su volumen es unas 22 veces del cuerpo humano.

  • Forma
  • Color
  • Brillo
  • Pureza
  • Densidad
  • Emplazamiento
  • Movilidad
  • Función

El aura

 

 

Los 36 Tattvas: Categorías de Existencia

Atattva: Parasiva (Sivalinga, Realidad Absoluta), más allá de todas las categorías

5 SUDDHA TATTVAS
Energía Actínica o Espiritual Pura

1)
2)
3)
4)
5)

Siva tattva: Parasakti-Nada (Satchidananda, pura conciencia)
Sakti tattva: Paramesvara-Bindu (Nataraja, Personal God), energía, luz y amor
Sadãsiva tattva: el poder de revelación (Sadasiva)
Isvara tattva: el poder de ocultación (Mahesvara)
Suddhavidyã tattva: dharma, conocimiento puro, los poderes de disolución (Rudra), preservación (Vishnu) y creación (Brahma)

7 SUDDHASDDHA TATTVAS
Energía Actinódica o Espiritual-Magnética

6)
7)
8)
9)
10)
11)
12)

mãyã tattva: energía mirífica
kãla tattva: tiempo
niyati tattva: karma
kalã tattva: creatividad, aptitud
vidyã tattva: conocimiento
rãga tattva: apego, deseo
purusha tattva: el alma envuelta por los cinco tattvas previos

24 ASUDDHA TATTVAS
Energía Odica o Grosera-Magnética

13)
14)
15)
16)
17)
18)
19)
20)
21)
22)
23)
24)
25)
26)

prakriti tattva: naturaleza primordial
buddhi tattva: intelecto
ahamkãra tattva: ego externo
manas tattva: mente instintiva
srotra tattva: oído (orejas)
tvak tattva: tacto (piel)
chakshu tattva: visión (ojos)
rasanã tattva: gusto (lengua)
ghrãna tattva: olfato (nariz)
vãk tattva: palabra (voz)
pãni tattva: asir (manos)
pãda tattva: caminar (pies)
pãyu tattva: excreción (ano)
upastha tattva: procreación (genitales)

27)
28)
29)
30)
31)
32)
33)
34)
35)
36)
sãbdha tattva: sonido
sparsa tattva: sentir/palpar
rupa tattva: forma
rasa tattva: gusto
gandha tattva: olor
ãkãsa tattva: éter
vãyu tattva: aire
tejas tattva: fuego
ãpas tattva: agua
prithivi tattva: tierra

Los chakras y el aura

Los chakras son centros de energía que conforman nuestra anatomía. No son vistos con la visión normal, algunas personas clarividentes pueden percibirlos tanto en su forma como en movimiento y colocación. El movimiento, forma y color de los chakras nos ayuda a diagnostigar su funcionamiento, fluido o bloqueado. El alineamiento y armonía en el funcionamiento de los chakras por resultado buena salud. Cogemos el termino salud, como un equilibrio entre los  Planos físicos, mental, emocional y espiritual. La armonía o desarmonía en los hechos y conductas de nuestra vida cotidiana nos revelan el estado en que nuestras vidas se encuentran, también nos revelan el estado de nuestros chakras. Cada chakra tiene un nivel de vibración propio. Cada chakra vibra en sintonía con su color correspondiente. Nutren de energía nuestro cuerpo físico. Muchos sanadores trabajan armonizando y aliñando los chakras lo cual produce un balance energético que mejora el estado de la persona tanto emocional, mental, espiritual y fí-sico. Los chakras forman parte de nuestro campo magnético o Aura. El aura es el campo magnético que nos rodea y que nos inerpenetra sutilmente. El aura es nuestra energía, está en permanente vibración. La vibración del aura varía según como nos sintamos, por lo tanto no es estable y permanente. El aura nos dice mucho de las personas es como una radiografía del estado de las emociones, pensamientos, sentimientos, espiritua-lidad e estado físico. Los chakras principales son 7,están ubicados en forma aliñada vertical.

 AURA TERRESTRE Y HUMANA

“si trabajas el cuerpo de manera armoniosa y continua, descubrirás el espíritu. El cuerpo y el espíritu se reunirán en el alma y, de esta trinidad, nacerá la unidad (la verdadera curación)Los doctores John White y Stanley Krippner han descrito numerosas propiedades del campo energético universal: el CEU empapa todos los objetos, animados e inanimados, del espacio y los conecta entre sí; fluye de un objeto a otro y su densidad varía en relación inversa a la distancia desde su fuente. Sigue, además, las leyes de la inductancia armónica y la resonancia simpática (el fenómeno que se produce cuando se golpea un diapasón y otro situado cerca empieza a vibrar a la misma frecuencia, produciendo

idéntico sonido).

Tuvo que abrir los ojos de su alma, para lograr ver más allá de su imaginación a todos los seres vivos inmersos en un campo de Energía Universal(Como dice Reiki)

Los llego a percibir envueltos en un océano de Luz que parecía adaptarse a su forma… miró y meditó… y supo que cada uno de nosotros tenía un Arco Iris un reflejo de Él (Energía Universal)… y le llamó Aura. Esos colores, fueron y son el espejo de nuestra alma. Palidecen cuando anochece en nuestro corazón o se llenan de brillo cuando son más felices. Todo lo que existe sobre la Tierra absorbe Energía y la libera. Los minerales están rodeados de un Aura blanca; las plantas de un Aura amarilla. El aura que rodea a los animales es añil… la nuestra, tiene varias capas y colores. Esta complejidad revela nuestra conciencia, además de todos los aspectos de nuestro funcionamiento físico, mental, emocional y espiritual. Las capas de nuestra aura varían de color y de forma en función de los estados de ánimos y los cambios de conciencia.

EL AURA HUMANA

 centros_chakras_1

Cada ser humano está rodeado de una especie de nube luminosa, a la que hemos convenido en llamar el «aura», y dicen, los que han conseguido un desa­rrollo especial en el sentido por que puede cono­cerse, que posee hermosos y variados colores, y que del examen inteligente de ellos podemos de­ducir las disposiciones, los pensamientos y hasta la vida pasada de su poseedor. Antes de considerar lo que se llama propiamen­te el aura; que rodea y penetra el cuerpo, vale la pena echar una ojeada sobre un fenómeno que parcialmente desenvuelto se observa en los limites de ese mismo cuerpo. Una persona que posee se­mejante visión, aun en su menor grado, asegurase por sí misma de la exactitud de la enseñanza teosófica sobre el problema de la constitución septe­naria del hombre, al menos en lo que toca a sus cinco principios inferiores. Lo que se llama en nues­tros escritos el Linga Sharira, por ejemplo, es clara­mente visible bajo la forma de una niebla gris azulada ligeramente luminosa, coincidiendo exacta­mente con el cuerpo físico, pareciendo como que lo penetra. No será, sin duda, científicamente exac­to decir que se puede percibir Jiva en un estado esencial; pero su manifestación en el caso de la raza humana es perfectamente visible bajo la apa­riencia de una continua corriente de partículas de un hermoso rosa pálido, que parecen circular a lo largo de todo el cuerpo y de los nervios, como los corpúsculos sanguíneos en las venas y en las arte­rias, siendo el cerebro aparentemente el centro de esa circulación nerviosa. La absorción y la especialización, para el uso del cuerpo humano, de la fuerza vital que el sol vierte constantemente sobre la tierra, parece ser una de las funciones del órgano denominado el bazo, y sin duda a la acción de ese órgano se debe la hermosa coloración rosa que hemos mencionado antes, pues Jiva – que entonces se conoce como prana – ­irradia constantemente del cuerpo en todas las di­recciones. Un hombre perfectamente sano, por eso, no sólo puede intencionalmente co­municar algo de su salud a otro por los poros mag­néticos u otro procedimiento, sino que puede tam­bién extender consciente o inconscientemente la vitalidad y la fuerza sobre aquellos que le rodeen. Y al contrario, un hombre por su debilidad o por otra causa, que es incapaz de especializar bastante fuer­za vital cósmica para su propio uso, obra común­mente, sin darse cuenta, como una esponja, absor­biendo el prana ya especializado de las personas sensitivas que han tenido la desgracia de aproxi­mársele, para su propio beneficio temporal, sin duda, pero con serios perjuicios, casi siempre, para sus víctimas. Probablemente muchas personas han experimentado más o menos esto, tras las visitas de algunos de sus amigos, encontrándose de pronto de un modo inexplicable fatigados y ren­didos. Una fatiga semejante es la que con frecuen­cia experimentan las personas que asisten a las se­siones espiritistas, sin tomar las precauciones nece­sarias para impedir la absorción de vitalidad opera­da, en esos casos, por las entidades evocadas. Llegamos ahora a lo que llamamos el aura propiamente dicha – la que circunda al cuerpo -, cuya estructura es excesivamente compleja. A sim­ple vista, asemejase a una nube luminosa que se extiende en todos sentidos a una distancia de diez y ocho pulgadas o dos pies ( 46 cm. aproximadamente), afectando la forma oval, lo que hizo llamar­la en los escritos ocultistas el «huevo áureo». En la mayoría de los casos no tiene forma definida, pues su bordes se esfuman gradualmente en el espacio. Un examen atento de esa nube, adviértenos que no sólo contiene diversos componentes, sino que está compuesta de diferentes estados de la materia. Cada uno de ellos es, en cierto modo, como un aura distinta y ocupa todo el espacio áurico. Tie­nen, sin embargo, un estado especial de tenuidad y parecen penetrarse entre sí como vemos que el Linga Sharira penetra el cuerpo físico. No es dudo­so que, para las facultades visuales de un adepto, pero no para los medios ordinarios de la humani­dad, solamente sean generalmente visibles.

Aura Primera

La primera de ellas – empezando por las más ínfima y material – es la que suponemos pertene­ciente al cuerpo físico. Se le llama algunas veces el aura de salud, por el hecho de que su aspecto de­pende, en gran parte, de la salud del cuerpo físico a que pertenece. Es casi incolora, y parece como es­triada, es decir, como compuesta de una infinidad de líneas rectilíneas que irradian del cuerpo en to­das direcciones. Tal es al menos su condición nor­mal cuando el cuerpo está perfectamente sano. Esas líneas son, entonces claras, regulares y tan paralelas como su radiación lo permite; pero en cuanto acaece la enfermedad todo cambia de pronto, y las líneas próximas al lado enfermo pier­den su rectitud y proyectan confusamente en todos sentidos.

Aura Segunda

Íntimamente unida con la precedente, está la segunda, o aura pránica, cuya descripción puede simplificarse acaso examinando en seguida la rela­ción que existe entre ambas. Hemos dicho anterior­mente que el prana especializado irradia constante­mente del cuerpo, y la materia así irradiada constituye el aura pránica. Pero ha de observarse aquí un hecho curioso cuya explicación no se presenta en seguida. El prana irradiado no tiene el color rosa, bajo el que se le distingue fácilmente cuando cir­cunda al cuerpo, sino que posee un color con ma­tiz clarísimo, pálido. Para dar una idea más com­prensible de ello, puede decirse que se parece mu­cho a esas burbujas de aire cálido que, en los días de estío, vemos surgir de las tierras expuestas a los rayos del sol. Se podría llamar así también aura magnética, y sirve, en efecto, para producir muchos fenómenos de mesmerismo. Eso es probablemente la llama magnética que los sensitivos han observa­do en algunos experimentos del Barón Reichenbach. Y quizá esa irradiación constante del prana alrededor del cuerpo sano produce la rigidez y el paralelismo de las líneas del aura de salud, pues se observa que cuando esa irradiación cesa, las líneas, como hemos dicho ya, se entrelazan y confunden. Cuando el paciente recobra la salud, la irradiación normal de esa forma magnética de la fuerza vital se recobra gradualmente, y las líneas del aura de salud vuelven a ser claras y regulares. Mientras las líneas están firmes y rectas, y prana irradia convenientemente sobre ellas, el cuerpo parece que está por completo protegido contra los ataques de las malas influencias físicas, como si los gérmenes de la en­fermedad fueran rechazados por la proyección de la fuerza vital; pero así que por una causa como la debilidad, una herida, el sobrecargo, la depresión del ánimo o los excesos de una vida irregular se emplea una cantidad mayor de vitalidad en el inte­rior para reparar las pérdidas, se produce una nota­ble disminución en la energía de la irradiación, el sistema de protección se debilita y peligra, siendo comparativamente fácil que los gérmenes de la en­fermedad penetren. Puede indicarse también que es posible, por un esfuerzo de la voluntad bien dirigida, proyectar el prana hasta la periferia del aura de salud, creando así como una especie de escudo impenetrable a cualquier influencia astral o elemental, mientras dure ese esfuerzo de la voluntad.

Aura Tercera

El tercer aura que hemos de considerar es la que representa Kama o el deseo. No sería estrictamente correcto decir que ésta es el Kama-Rupa, pues este nombre no se aplica, propiamente ha­blando, sino a la imagen del cuerpo físico, que tras la muerte se forma por medio de los materiales de este tercer aura, y es el campo de manifestación de Kama, el espejo en que se refleja todo deseo, toda sensación y todo pensamiento de la personalidad. Es de su substancia de donde toman una forma material los malos elementales que crea el hombre y pone en actividad por sus mas bastos e inferiores sentimientos; del mismo elemento, pero más rara­mente, sacan también su cuerpo los elementales bienhechores engendrados por los buenos deseos. Y también de esa materia se forma «el cuerpo astral» que permite, a los que están en estado de hacerlo, viajar sobre otro plano, mientras que su cuerpo duerme. Como puede comprenderse, las manifestaciones de este aura tan esencialmente fugitivas, su coloración, su brillo, el número de sus latidos, cambian completamente a cada instante. Un acceso de cólera llena el aura de ráfagas rojizas sobre un fondo obscuro y un espanto súbito trans­forma instantáneamente todo en una masa lúgubre de gris lívido. Es menester, sin embargo, saber que si esas ma­nifestaciones áuricas son temporales, su registro en el akasha no lo es; aunque el elemental creado por un mal deseo cese de existir, tras un período de tiempo proporcionado a la energía de ese deseo, las fotografías de cada uno de los instantes de su existencia y de cada uno de sus múltiples efectos, quedan impresos en el registro akáshico, contribu­yendo con una justicia absoluta a la producción del Kama de su creador.

Aura Cuarta

Muy estrechamente unida al aura kámica se en­cuentra el cuarto aura, la del manas inferior, que registra exactamente los progresos de la personali­dad. Hallase, sin embargo, formada por un orden de materia más elevado que el de la substancia kámica, que corresponde a los subplanos inferiores del plano mental o devachánico. De esta substancia está formado el vehículo en el que la personalidad pasa su periodo de sueño en el Devachán; y de ella está formado también el Mayavirupa, el cuerpo de que el adepto o el discípulo se sirven para obrar so­bre el astral o los subplanos devachánicos inferiores, pues ese vehículo es superior, bajo todos respetos al «cuerpo astral» de que hemos hablado ya. Este cuarto aura, representa; en suma, el estado medio de las auras inferiores a ella; pero es algo más, pues aparecen en la misma rayos de intelec­tualidad y de espiritualidad que no dejan su huella sobre las envolturas inferiores. Si las llamas colorea­das, formadas por las vibraciones engendradas por los deseos, se producen frecuentemente y con in­tensidad en el aura kámica, provocan por fuerza vi­braciones correspondientes en este aura manásica inferior, produciendo en ella un tinte permanente del mismo color. Es así también como en este aura se pueden leer las disposiciones generales o el ca­rácter de una persona, sus buenas y peores partes; y en algunas de la corrientes, en relación con esa aura, pueden registrarse los cuadros de la pasada personalidad terrestre, cuadros sobre los cuales pueden leer algunos clarividentes como sobre un libro. Cuando, durante el sueño, un hombre aban­dona su cuerpo, la mayor parte del tercer aura, el cuarto y los que le siguen por debajo, le acompa­ñan, mientras que la primera y la segunda, más un débil residuo de la tercera, que no se ha empleado para la formación del cuerpo astral, quedan con su cuerpo. Y ha de tenerse en cuenta que si ese hom­bre ha de pasar a un plano superior, el devachánico o el espiritual, dejará más numerosas auras tras sí. Es interesante conocer los matices que las diver­sas cualidades mentales o morales pueden dar a las auras tercera y cuarta (la kámica y la manásica inferior). Esto es un tema de estudio de los más complejos y difíciles de proseguir, y en el que la ecuación personal de los diversos observadores entra por mucho, lo que hace, además, que haya difícilmente un completo acuerdo. La verdad es que sólo tras un cuidadoso estudio y una larga prác­tica se puede asegurar uno de la visión sobre el pla­no astral y los demás. Precisa, además, un alto nivel de instrucción para no equivocarse y recoger aque­llo que puede contribuir a exagerar la ecuación per­sonal, cuando se quiere expresarlo con palabras. La lista de los colores y de su significación que ahora sigue, puede tomarse como la expresión de la opinión de dos o tres personas únicamente.

Aura Quinta

Venimos ahora a considerar el aura quinta, la del Manas superior o Individualidad. No hay que decir que ese aura no la ve todo el mundo. En los casos en que es perceptible, su belleza y su delicadeza están por encima de toda expresión. Asemejase menos a una nube coloreada, que a una luz viva; pero no hay en verdad palabras para expresarla. Está compuesta de una materia que corresponde a la de los subplanos devachánicos más elevados, y es en efecto el Karana Sharira, el vehículo del Ego reencarnador que pasa con él, de vida en vida, por las condiciones de su substancia y de su grado de avance. En el aura de un adepto, tiene tan inmenso predominio sobre el aura de la personalidad, que esta última en realidad no existe; pero el estudio del aura del adepto está por encima de los medios de aquellos que están en el comienzo del Path (Sendero). Uno, por ejemplo, de esos puntos im­portantes a considerar, es el de ese obscuro y mis­terioso factor que indica el tipo particular a que per­tenece el adepto, y de ese orden de ideas que reve­la una tradición persistente, – y perfectamente fun­dada – es la preservación de las pinturas murales que representan a Gotama Buddha en los templos de Ceilán. El Gran Maestro está representado en ellas con aura cuya coloración y disposición serían ridículas e imposibles si se tratara de un hombre or­dinario o de un adepto (si puede usarse sin irreve­rencia tal expresión), de un adepto medianamente desarrollado, pero que son en realidad la represen­tación basta del actual estado áureo de los adeptos del tipo particular al que pertenecen los Buddhas. Es de notar, además, que algunas de esas pinturas indican también el aura de salud de que hemos hablado al principio.

Auras Sexta y Séptima

Las auras sexta y séptima existen sin duda, pero no tenemos datos sobre ellas; las mismas anterio­res son ya bastante difíciles de imaginar por el que no las ha visto. Podrá formarse quizá una idea re­cordando que todas las partes constitutivas del aura son sencillamente manifestaciones de una misma entidad en planos diferentes, no siendo sino ema­naciones del hombre como diversas expresiones del mismo. Al verdadero hombre no podemos verle, pero a medida que aumenta nuestra vista y nuestro cono­cimiento nos aproximamos a Eso que se oculta en él; y si admitimos que el Karana Sharira es el vehí­culo más elevado que podemos percibir, estamos entonces cerca de la concepción del verdadero hombre que podemos ver. Pero si el mismo hom­bre no se considera sino desde el punto de vista de los planos inferiores devachánicos, únicamente se verá lo que puede expresarse por el cuarto aura, la cual es la manifestación de la personalidad; y si se le examina sobre el plano astral, se encuentra que un nuevo velo le recubre, y que su parte inferior sólo ha podido expresarse por el vehículo kámico visible, mientras sobre el plano físico nos hallamos peor situados, puesto que el verdadero hombre nos está más escondido y oculto que nunca. Y aunque una vista abierta pueda percibir todas esas manifes­taciones, no es menos cierto que las más elevadas de ellas se aproximan más que las otras a la reali­dad, de suerte que es el aura lo que es el verdadero hombre, y no ese agregado de materia física crista­lizada que se ve en medio de ella y a lo que atribui­mos por nuestra ceguera una exagerada importan­cia. Estas líneas no pretenden, por lo demás, sino esbozar la superficie de un grandísimo problema, pero pueden servir para mostrar que el aura no es un estudio que esté desprovisto de interés para quien la ve, y desde que la visión de ella es a menudo una de las mayores evidencias de la apertura del sensorio supernatural, es razonable esperar que un gran número de nuestros miembros se colo­quen en situación de completar por su método de observación directa, la información que han de de­cidir para el estudio de nuestra literatura teosófica.

COLORACIONES DEL AURA

 

Nubes negras espesas, indican odio y malicia.

Fulgores de rojo prieto, sobre fondo negro, deno­tan cólera; pero en el caso de una «noble indigna­ción», frente a una injuria o una opresión, esos ful­gores son de un escarlata brillante sobre el fondo ordinario del aura.

Rojo encendido, inconfundible, pero de difícil des­cripción, indica las pasiones animales.

Rojo pardo, obscuro, como la herrumbre, mani­fiesta avaricia.

Gris plomizo, expresa profunda depresión y cuan­do es habitual el aura revela inexplicable tristeza.

Gris lívido, matiz horrible y horroroso, indica sensa­ción de miedo.

Gris verde, la peculiar nube que puede con fre­cuencia describirse con el epíteto de «viscosa» de­nota picardía.

Verde obscuro, con algunos fulgores de rojo obscu­ro, parece engendrado por los celos.

Carmesí, indica amor. Es comúnmente un hermo­so color claro, que varía muchísimo siguiendo la naturaleza del amor. Puede ser un carmesí obscuro y pasar por todos los tonos hasta el rosa pálido a medida que el sentimiento que genera la colora­ción es más puro e impersonal. Un rosa brillante, matizado de lila, es indicio del amor espiritual por la humanidad.

Anaranjado, claro, indica ambición; obscuro, es signo de orgullo. Los matices de este color varían por completo según los grados de orgullo o de am­bición que pueden surgir de las generalidades de su descripción.

Amarillo, expresa intelectualidad. Si el matiz es profundo e intenso, indica un subplano bastante bajo como campo del intelecto; si es, por lo contra­rio, claro, de un brillo dorado, acercándose al ama­rillo limón, denota objetos más elevados y menos personales.

Verde brillante, parece señalar ingenuidad, rapidez en las resoluciones y, con frecuencia, fuerza vital.

Azul claro u obscuro, indica de ordinario el senti­miento religioso, y varía naturalmente mucho, des­de el índigo al violeta obscuro, según la naturaleza del sentimiento y el impersonalismo de que está provisto.

Azul celeste (ultramar o cobalto), expresa devo­ción a un ideal noble y espiritual, y de un modo gra­dual se transforma en: Azul lila luminoso, que indica la más elevada es­piritualidad, y va acompañado casi siempre de es­trellas de oro parpadeantes, que parecen represen­tar las aspiraciones religiosas.

Es menester añadir que todos esos colores sufren infinitas combinaciones y modificaciones, de tal modo que es muy difícil leer con toda claridad las indicaciones de un aura. De ahí la necesidad de tener en cuenta el grado de su brillo, la nitidez de sus contornos y el mismo aspecto de sus chakrams o centros de fuerza. Así las facultades físicas evolu­cionadas o en vías de evolución se manifiestan siempre por colores más allá del espectro visible; por el ultravioleta cuando se emplean para fines impersonales, por un color análogo, adicionado de ultrarrojo, cuando se trata de practicantes conscien­tes de magia negra. Finalmente, el avance oculto se conoce, no sólo por los colores, sino por la mayor luminosidad del aura, el desarrollo de sus dimen­siones y la precisión de sus contornos.

 

 

LOS ANALES AKASHICOS

Aunque en los círculos teosóficos se sabe lo que se quiere significar cuando hablamos de anales akáshicos, la palabra es, en verdad, poco apropia­da, pues si bien los anales se leen indudablemente en el Akasha, sin embargo, no pertenecen realmen­te a éste. Todavía peor sería el título alternativo «Anales de la luz astral», que se ha empleado algu­nas veces, porque estos anales se hallan mucho más allá del plano astral, y todo lo que en éste pue­de obtenerse, es tan sólo vislumbres interrumpidas de una especie de doble reflexión de los mismos, como pronto explicaremos. La palabra Akasha, como muchos otros de los términos teosóficos, se ha empleado muy libremen­te. En algunos de nuestros primeros libros era con­siderada como sinónimo de luz astral, y en otros se usaba para significar cualquier clase de materia in­visible, desde Mulaprakriti hasta el éter físico. En li­bros posteriores su empleo se ha limitado a la ma­teria del plano devachánico, y en este sentido es cómo pudiera hablarse de los anales como akás­hicos; pues aunque originalmente no se construyen allí, como tampoco en el plano astral, es allí, sin embargo, donde primeramente se pone uno en contacto con ellos, y donde es posible hacer estu­dios provechosos con los mismos. Este asunto de los anales akáshicos no es en modo alguno una materia fácil de tratar, pues per­tenece a la numerosa clase que requiere, para su perfecta comprensión, facultades de un orden muy superior a todas las que la humanidad ha desarro­llado hasta ahora. La solución verdadera de sus pro­blemas se encuentra en planos mucho más lejanos que los que nos es posible conocer hoy, y cualquier concepto que formemos del asunto tiene necesa­riamente que ser de lo más deficiente, puesto que no podemos considerarlo sino desde abajo en vez de desde arriba. Por tanto, la idea que de ello nos formemos, ha de ser solamente parcial, no obstan­te lo cual no nos inducirá a error, a menos que nos permitamos creer que el diminuto fragmento, que es todo lo que podemos percibir, es el todo perfec­to. Si ponemos cuidado en que los conceptos que lleguemos a formar sean todo lo exactos que las circunstancias permitan, no tendremos nada que rectificar, si bien mucho que añadir, cuando, en el curso de nuestra marcha progresiva, adquiramos gradualmente superior sabiduría. Téngase, pues, bien entendido desde un principio, que una com­prensión completa del asunto, es una absoluta im­posibilidad en nuestro presente estado de evolu­ción, y que surgirán muchos puntos sobre los cua­les no es posible obtener una explicación exacta, aunque sea factible a veces sugerir analogías e indi­car las líneas donde puede encontrarse una expli­cación. Tratemos, pues, de remontar nuestros pensa­mientos al principio de este sistema solar a que pertenecemos. Todos estamos familiarizados con la teoría astronómica ordinaria acerca de su origen, la que comúnmente se llama la teoría nebular, según la cual vino primero a la existencia como una gi­gantesca nebulosa inflamada, de un diámetro que excedía en mucho al de la órbita aun de los plane­tas más lejanos, y luego, a medida que en el curso de edades sin cuento, esta enorme esfera se enfrió gradualmente y se contrajo, formóse el sistema tal como lo conocemos. La ciencia oculta acepta esta teoría en sus líneas generales, como representación correcta del aspecto puramente físico de la evolu­ción de nuestro sistema; pero añade que si limita­mos nuestra atención sólo a este aspecto físico, tendremos una idea muy incompleta e incoherente de lo que realmente tuvo lugar. Principia por el pos­tulado de que el Ser elevado que emprende la for­mación de un sistema (a quien algunas veces lla­mamos el Logos del sistema), forma primero en su mente un concepto completo de la totalidad del mismo con todas sus sucesivas cadenas. Por el acto mismo de tal concepción, llama a todo simul­táneamente a la existencia objetiva en el plano de su pensamiento (plano, por supuesto, mucho más elevado que ninguno de los que tenemos conoci­miento), desde el cual descienden, en el debido momento, los diversos globos, cualquiera que sea el estado más objetivo que les esté destinado. A menos que tengamos siempre presente el hecho de la existencia real de todo el sistema, desde el principio mismo, en un plano superior, nunca llega­remos a comprender debidamente la evolución físi­ca que vemos actuando aquí abajo. Pero el ocultismo enseña algo más que esto. Nos dice que no sólo este maravilloso sistema a que pertenecemos es llamado a la existencia por el Logos, tanto en los planos inferiores como en los superiores, sino que su relación con Él es aun más estrecha que esto, pues es absolutamente una par­te de Él – una expresión parcial suya en el plano fí­sico -, y que el movimiento y la energía de todo el sistema es su energía que actúa dentro de los lími­tes de su aura. Por estupendo que sea este concep­to, no debe parecer, sin embargo, increíble a aque­llos de nosotros que hayan estudiado algo la cues­tión del aura. Estamos familiarizados con la idea de que, a medida que una persona progresa en el Sendero, su cuerpo causal, que es el límite determinante de su aura, aumenta claramente de tamaño, así como en luminosidad y pureza de color. Muchos de voso­tros sabéis por experiencia que el aura de un discí­pulo que ha adelantado considerablemente en el Sendero, es mucho mayor que la del que acaba de dar el primer paso en el mismo, mientras que tratándose de un Adepto, el tamaño proporcional es aun mucho más grande. En descripciones orienta­les, por completo exotéricas, leemos la inmensa ex­tensión del aura Budha; creo que una de ellas le atribuye tres millas como límite; pero cualquiera que sea su amplitud, es evidente que esto es otro dato del hecho del extremadamente rápido creci­miento del cuerpo causal, a medida que el hombre avanza en su camino. No hay duda de que la rapi­dez de este desarrollo aumenta en progresión geo­métrica; de suerte que no debe sorprendernos el que se nos diga que hay Adepto de un nivel aun su­perior, cuyo aura es capaz de comprender el mun­do entero; y desde esto podemos llevar nuestro pensamiento a concebir que haya un Ser tan elevado, que comprenda dentro de Sí Mismo todo el sistema solar. Y no debemos olvidar que por enorme que esto nos parezca, es como la más diminuta gota de agua en el océano sin límites del espacio. Así, pues, resulta literalmente verdad lo que antiguamente se decía del Logos – el cual tiene en Sí Mismo todas las capacidades y cualidades que nos sea posible atribuir al Dios más elevado que poda­mos concebir -, que «de Él, por Él y para Él son todas las cosas», y «en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser». Ahora bien; si esto es así, claro es que todo lo que sucede en nuestro sistema sucede absoluta­mente dentro de la conciencia de su Logos, por lo que desde luego se ve que los verdaderos anales deben ser su memoria; además es evidente que cualquiera que sea el plano en que exista tal por­tentosa memoria, no puede menos de estar inmen­samente por encima de todo cuanto conocemos, y por consiguiente, cualesquiera que sean los anales que nosotros podamos leer, deben ser sólo una reflexión de ese gran hecho dominante, proyectado en el medio más denso de los planos inferiores. En el plano astral es desde luego evidente que suceda así; que allí sólo existe una reflexión de otra reflexión, y sumamente imperfecta, pues los anales que pueden percibirse son muy fragmentarios y a menudo en extremo desnaturalizados. Sabemos cuán universalmente se usa el agua como símbolo de la luz astral; pero en este caso particular es de lo más apropiado. En la superficie del agua tranquila podemos distinguir un reflejo claro de los objetos que la rodean, lo mismo que en un espejo; pero a lo más es una reflexión, esto es, una representación de dos dimensiones de objetos de tres dimensio­nes, y por tanto, difiriendo en todas sus cualidades, excepto en el color, de lo que representa, y presen­tándose, además de esto, a la inversa. Pero si la superficie del agua es agitada por el viento, ¿qué vemos entonces? Siempre una reflexión, es verdad; pero tan truncada y torcida, que resulta por com­pleto inútil y hasta contraproducente como guía respecto de la forma y verdadera apariencia de los objetos reflejados. Por un momento aquí y allá puede suceder que obtengamos una reflexión clara de una pequeña parte de la escena, de una hoja de un árbol, por ejemplo; pero se necesitaría mucho trabajo y considerable conocimiento de las leyes naturales, para formar algo que se parezca a un concepto verdadero del objeto reflejado, reuniendo un gran número de tales fragmentos aislados de una imagen del mismo. Ahora bien; en el plano astral no puede haber nunca nada que se parezca a lo que hemos imagi­nado como superficie tranquila, sino que, por el contrario, la que existe está siempre en rápido y alucinador movimiento; júzguese, pues, cuán poca confianza puede haber de alcanzar una reflexión clara y definida. Por esto, ningún clarividente, poseedor sólo de esta facultad en el plano astral, de­berá confiar jamás en la exactitud de cuadro algu­no del pasado que se le pueda presentar: acá o allá una parte de él puede ser exacta; pero no tiene me­dios para saber cuál es. Si está bajo la dirección de un maestro competente, puede, por medio de una educación larga y cuidadosa, aprender a distinguir las impresiones en que deba confiar, y construir con los truncados reflejos una imagen del objeto reflejado; pero ordinariamente, mucho antes de que llegue a dominar tales dificultades, desarrolla la vida devachánica, la cual hace innecesario seme­jante trabajo. En el plano devachánico, las condiciones son muy diferentes. Allí los anales son completos y exac­tos, siendo imposible cometer errores en su lectura. Si tres clarividentes que poseen los poderes del pla­no devachánico, acuerdan examinar determinado asunto, lo que cada cual vea será absolutamente la misma reflexión, y cada uno obtendrá una impre­sión correcta de la lectura. No quiere esto decir que cuando después comparen sus notas en el plano físico, concuerden exactamente. Bien sabido es que cuando tres personas presencian un suceso aquí abajo en el plano físico y se proponen anotarlo, sus descripciones difieren considerablemente, porque cada uno habrá observado especialmente aquella parte que más despertaba su interés, la cual pondrá de relieve, como rasgo principal del suceso, llegan­do hasta a ignorar a veces otros puntos que en rea­lidad eran mucho más importantes. Ahora bien; en el caso de una observación en el plano devachánico, esta apreciación personal no afectaría de un modo apreciable las impresiones recibidas, porque haciéndose cada uno por com­pleto cargo de todo el asunto, le será imposible ver sus partes fuera de la proporción debida; pero ex­cepto en el caso de personas cuidadosamente edu­cadas y experimentadas, este factor no entra en juego al transferir las impresiones a los planos infe­riores. Está en la naturaleza de las cosas que sea imposible que cualquier relato en el plano físico de una visión o experiencia devachánica sea comple­ta, puesto que las nueve décimas partes de lo que se ve y se siente allí, no puede ser expresado en modo alguno por palabras físicas; y desde el momento en que toda expresión tiene, por tanto, que ser parcial, es evidente que hay alguna posibilidad de selección en la parte que se exprese. Por esta razón es por lo que en todas nuestras investigacio­nes teosóficas de los últimos años, se ha puesto tan especial cuidado en comprobar constantemente el testimonio de los clarividentes, de suerte que nada que se funde en la visión de una sola persona se ha permitido que aparezca en nuestras publicaciones. Esto es algún tanto análogo a la dificultad que experimenta un pintor al tratar de reproducir un paisaje de tres dimensiones en una superficie plana, o sea prácticamente en dos dimensiones. Así como el artista necesita una educación larga y cui­dadosa de la mano y el ojo antes de poder producir una representación satisfactoria de la naturaleza, así también el clarividente necesita una educación lar­ga y sostenida antes de poder describir con exacti­tud en el plano inferior lo que ve en uno superior; al paso que la probabilidad de obtener de una perso­na inexperta una descripción exacta, es igual que obtener un paisaje perfectamente ejecutado de al­guien que no hubiese aprendido nunca a dibujar. Debe también tenerse presente que el cuadro más perfecto es, en realidad, una reproducción infi­nitamente lejana de la escena que representa, pues no hay línea, ni ángulo que puedan ser nunca los mismos que los del objeto reproducido. Es sencillamente una tentativa muy ingeniosa la de hacer so­bre uno solo de nuestros sentidos, por medio de lí­neas y colores trazados en una superficie plana, una impresión semejante a la que hubiéramos experimentado si hubiésemos tenido realmente ante nosotros la escena descrita. Excepto por una suges­tión que depende por completo de nuestra expe­riencia previa, no puede apórtasenos nada de los rugidos del mar, del aroma de las flores, del gusto de la fruta o de la blandura o dureza de la superfi­cie dibujada. De exacta e igual naturaleza, aunque en mayor grado, son las dificultades que experimenta el clari­vidente al intentar describir en el plano físico lo que ha visto en el astral; dificultades que se agravan ex­traordinariamente por el hecho de que en lugar de tener tan sólo que traer a la mente de sus oyentes conceptos que les son ya familiares, como sucede con el artista cuando pinta hombres, animales, árboles, etc., tiene que tratar, con los medios imper­fectos de que dispone, de sugerirles conceptos que en la mayor parte de los casos son completamente nuevos para ellos. No será, pues, nada sorprenden­te que, por más vívidas e impresionantes que pa­rezcan sus descripciones a su auditorio, haya él mis­mo de sentir su completa deficiencia, y ver que sus mayores esfuerzos han fracasado totalmente al pre­sentar una idea de la realidad de lo que ha visto. Y debemos también tener presente que en el caso del relato que se hace en el plano físico de los ana­les que se lean en el plano devachánico, esta difícil operación de transferencia de lo superior a lo infe­rior, no se ha verificado una vez, sino dos, puesto que la memoria se ha traído a través del plano as­tral. Aun en el caso de que el investigador posea la ventaja de haber desarrollado sus facultades devachánicas, de tal suerte que las pueda poner en ac­tividad en el estado de vigilia en el cuerpo físico, se ve sin embargo, cohibido por la incapacidad abso­luta del lenguaje físico para expresar lo que ve. Trátese, por un momento, de comprender bien lo que se llama la cuarta dimensión. Es muy fácil pensar en nuestras tres dimensiones – imaginar en nuestra mente el largo, ancho y alto de cualquier objeto – y ver que cada una de ellas está expresa­da por una línea en ángulo recto con las otras dos. La idea de la cuarta dimensión implica la posibili­dad de trazar una cuarta línea en ángulo recto con las tres que hoy existen.

Ahora bien; a la mente or­dinaria le es imposible entender esta idea, aunque unos pocos que han hecho de este asunto un estudio especial, han llegado gradualmente a compren­der una o dos figuras simples de cuatro dimensio­nes. Sin embargo, no tienen palabras en el lenguaje corriente para llevar un concepto de estas figuras a la mente de otro, y si cualquier lector que no se haya ejercitado especialmente en el asunto trata de concebir una forma semejante, sus esfuerzos resul­tarán por completo inútiles. Ahora bien; el expresar una de estas formas claramente en palabras físicas sería, como efecto, describir exactamente un obje­to del plano astral; pero al examinar los anales en el plano devachánico, tendremos que hacer frente a la mayor dificultad de una quinta dimensión. De suerte que la imposibilidad de explicar por comple­to estos anales es evidente aun para el observador más superficial. Hemos calificado los anales como la memoria del Logos; sin embargo, son mucho más que memoria en el sentido ordinario de la palabra. Por más imposible que sea el imaginarse cómo aparecen estos cuadros desde el punto de vista del Logos, no obstante, sabemos que a medida que nos eleva­mos más y más, nos aproximamos también gradualmente a la verdadera memoria, nos acercamos por grados a ver como Él ve, por cuya razón tiene gran importancia, en lo que a estos anales se refie­re, la experiencia del clarividente en el plano bú­ddhico, el más elevado que la conciencia puede alcanzar hasta llegar al nivel de los Arhats. Ya aquí no se halla limitado por el tiempo ni el espacio; ya no necesita, como en el plano devachánico, pasar revista a una serie de sucesos, pues el pasado, el presente y el porvenir están igual y simultáneamente presentes para él. En efecto; a pesar de hallarse este plano, por elevado que sea, infinitamente por debajo de la conciencia del Logos, es, sin embargo, de toda evidencia, por lo que en este plano vemos, que los anales deben ser para Él mucho más de lo que llamamos memoria; pues todo lo que ha suce­dido en el pasado y todo lo que sucederá en el por­venir, está sucediendo ahora ante su ojos, exacta­mente como los sucesos de lo que llamamos el pre­sente. Por totalmente increíble y absolutamente in­comprensible que esto sea, para nuestra limitada inteligencia, es, no obstante, una verdad absoluta [1] Naturalmente, no es de esperar que en nuestro ac­tual estado de conocimiento, lleguemos a compren­der cómo se produce semejante maravilloso resultado, y el esforzarnos en dar una explicación, seria envolvernos en una nube de palabras de la que no resultaría nada claro. Sin embargo, se me ocurre cierto género de pensamientos que quizá pueda su­gerir la dirección en que la explicación puede ha­llarse; y cualquier cosa que nos auxilie a compren­der la posibilidad de tan sorprendente declaración, le será una ayuda para dar mayor amplitud a nues­tra mente. Recuerdo que hace ya bastantes años leí un cu­riosísimo librito llamado, según creo, Las Estrellas y la Tierra, cuyo objeto era demostrar la posibilidad científica de que la mente de Dios pueda abarcar simultáneamente el pasado y el presente. Sus argu­mentos me impresionaron entonces como verda­deramente ingeniosos, y trataré de hacer un resu­men de los mismos, porque creo que son bastante sugestivos con respecto al asunto en que nos ocu­pamos. Cuando vemos alguna cosa, ya sea el libro que tenemos en la mano, o una estrella a millones de millas de distancia, lo hacemos por medio de una vibración del éter, llamada comúnmente un rayo de luz, que pasa desde el objeto que se ve a nuestros ojos. Ahora bien: la velocidad con que se transmite la vibración es tan grande – cosa de 300.000 Km. por segundo -, que cuando vemos cualquier objeto en nuestro mundo, podemos considerarlo como prácticamente instantáneo; pero cuando entramos a tratar de distancias interplanetarias, ya tenemos que tomar en consideración la velocidad de la luz, porque para atravesar estos espacios transcurren períodos apreciables. Por ejemplo: la luz tarda ocho minutos y un cuarto en pasar desde el Sol hasta no­sotros, de suerte que cuando miramos a la órbita del Sol, la vemos por medio de un rayo de luz que la abandonó más de ocho minutos antes. De esto se sigue un resultado muy curioso. El rayo de luz por medio del cual vemos el Sol, nos trae sólo lo que ocurre en aquel orbe en el momento de su par­tida, sin que en modo alguno haya sido afectado por nada de lo que después haya sucedido; de ma­nera que en realidad no vemos al Sol tal cual es, sino lo que era hace ocho minutos. Si tiene lugar en el Sol cualquier cosa importante, como por ejemplo la formación de una nueva mancha, un astrónomo que estuviese en aquel momento observando el Sol a través de un telescopio, ignoraría por completo el incidente en el momento en que se realizara, toda vez que el rayo de luz que trajera la noticia no llega­ría a él hasta ocho minutos más tarde. Esta diferencia es más sorprendente cuando se trata de las estrellas fijas, a causa de sus distancias inmensamente mayores. La estrella Polar, por ejem­plo, está tan distante, que la luz, viajando con la ve­locidad inconcebible antes mencionada, tarde un poco más de cincuenta años para llegar a nuestros ojos; de lo que se deduce, inevitablemente, que no vemos la estrella Polar donde está y lo que es en este momento, sino donde estaba y como era hace cincuenta años. Más aún: si mañana, a causa de al­guna catástrofe saltase en mil pedazos la estrella Polar, la seguiríamos viendo brillar tranquilamente en el firmamento durante el resto de nuestra vida; nuestros hijos alcanzarían la edad viril, y a su vez se verían rodeados de hijos antes que la noticia de tan tremendo accidente llegase a la vista humana. Exis­ten también otras estrellas tan distantes, que su luz tarda millares de años en llegar hasta nosotros; por lo que, respecto a su estado, nuestras noticias están anticuadas en miles de años. Adelantemos ahora un paso más en nuestro ar­gumento. Supongamos que nos fuera posible colocar a un hombre a 186.000 millas de distancia de la Tierra, dotándole de la maravillosa facultad de ver todas las cosas que aquí se sucedían con la misma claridad que si se hallara a nuestro lado. Es eviden­te que el hombre colocado a tal distancia vería todo un segundo después del instante en que tuvo lugar. Doblad la distancia y su retraso sería de dos segundos, y así sucesivamente; colóquesele a la distancia del Sol (pero conservándole siempre el mismo poder misterioso de tal vista), y al mirarnos no vería lo que estamos haciendo, sino lo que está­bamos haciendo hace ocho minutos y cuarto. Llévesele a la estrella Polar, y ante sus ojos pasarían los sucesos de hace cincuenta años; contemplaría los juegos infantiles de los que en aquel momento eran hombres de edad madura. Por maravilloso que esto parezca, es literal y científicamente ver­dad, y no puede negarse. Mi librito continuaba argumentando con bastan­te lógica, que siendo Dios todopoderoso, debe po­seer el maravilloso poder de visión que hemos su­puesto a nuestro observador; y que siendo además omnipresente, tiene que encontrarse en todas las estaciones que hemos mencionado, así como en todos los puntos intermedios, y no sucesiva, sino simultáneamente. Admitiendo, pues, tales premi­sas, se deduce por modo inevitable que todo lo que ha sucedido desde el principio mismo del mundo, debe necesariamente estar sucediendo en cada momento a los ojos de Dios, no como una simple memoria, sino como hecho que se realiza. Todo esto es bastante materialista, y está en el plano de la ciencia puramente física, y por tanto, debemos tener la seguridad de que no es el modo como actúa la memoria del Logos; sin embargo como he dicho antes, no carece de utilidad, porque nos hace vislumbrar algunas posibilidades que de otro modo no se nos ocurrirían. Pero aun cuando de un modo vago podemos comprender la idea de que todo el pasado puede estar simultánea y activa­mente presente en una conciencia lo bastante ele­vada para ello, nos hallamos frente a una dificultad mucho mayor cuando tratamos de entender de que modo puede estar el porvenir comprendido en esta conciencia [2].  Si pudiéramos creer en la doctrina mahometana del kismet o en la teoría calvinista de la predestinación, el concepto sería hasta fácil; pero sabiendo, como sabemos, que ninguna de las dos es verdad, tenemos que buscar alguna otra hipóte­sis más aceptable[3] . Puede haber todavía mucha gente que niegue la posibilidad de la previsión, pero semejante negativa demuestra simplemente su ignorancia de las prue­bas que existen sobre el asunto. Un gran número de casos auténticos no permiten dudar del hecho, pero muchos de ellos son de tal naturaleza que hacen muy difícil encontrar una explicación racional, Es evidente que el Ego posee cierta dosis de la facultad de previsión, y si los sucesos previstos fue­ran siempre de gran importancia, podría suponerse que un estímulo extraordinario le permitía cada vez hacer una impresión clara de lo que veía sobre su personalidad inferior. Esta es, sin duda alguna, la explicación de muchos de los casos en los que se ha previsto la muerte o graves desastres; pero se conoce un gran número de ejemplos en que tal ex­plicación no resulta adecuada, puesto que los suce­sos previstos son con frecuencia excesivamente tri­viales y sin importancia, Una historia de segunda vista, bien conocida en Escocia, ilustrará lo que acabo de decir. Un hombre que no creía en lo oculto, fue avisado por un montañés vidente de la próxima muerte de un vecino suyo. La profecía fue comunicada con mucha ri­queza de detalles, incluyendo una descripción com­pleta de los funerales, con los nombres de los por­tadores de las cintas del paño mortuorio, y de otras personas que estarían presentes. Parece que el oyente se rió de toda la historia, olvidándola en se­guida; pero la muerte de su vecino, en el tiempo predicho, le recordó el aviso, y determinó falsificar la predicción, por lo menos en parte, siendo él uno de los portadores de las cintas. Pudo conseguir que las cosas se arreglaran a su gusto; pero en el momento en que el entierro se iba a poner en marcha, le llamaron para un asunto de poca importancia, que sólo le retuvo uno o dos minutos. Al volver a toda prisa a ocupar su puesto, vio con sorpresa que la procesión se había cumplido exactamente, por­que los cuatro portadores de las cintas eran los que habían sido indicados en la visión. Ahora bien; éste fue un asunto insignificante, sin importancia para nadie, definidamente predicho meses antes; pero aun cuando se ha tratado de al­terar en algún detalle, el intento ha fracasado por completo. Ciertamente que esto se parece mucho a la predestinación, hasta en los más pequeños por­menores, y sólo examinando esta cuestión desde planos superiores, es cómo podremos encontrar el modo de escapar a esta teoría. Por supuesto, como he dicho antes acerca de otro aspecto del asunto, la explicación completa se nos escapa todavía, y es evidente que seguirá sucediendo lo mismo hasta que nuestro conocimiento sea infinitamente supe­rior a lo que es ahora; y lo más a que podemos as­pirar al presente, es a indicar la senda en la cual puede hallarse alguna explicación. No hay duda alguna de que así como lo que está sucediendo actualmente es el resultado de causas generales en el pasado, así también lo que suceda en el porvenir será el resultado de causas ya en ac­tividad, Aun aquí abajo podemos calcular que si se ejecutan ciertos actos, se seguirán determinados re­sultados; pero nuestro cálculo está sujeto a ser des­baratado por la ingerencia de factores que no se habían tenido en cuenta. Pero si elevamos nuestra conciencia al plano devachánico, podremos ver mucho más lejos en los resultados de nuestras ac­ciones. Podemos seguir, por ejemplo, el efecto de una palabra casual, no sólo en la persona a quien haya sido dirigida, sino también, mediante ella, en muchas otras personas al extenderse la influencia en círculos cada vez mayores, hasta que parece que afecta al país entero; y una sola vislumbre de semejante visión es mucho más eficaz que cualquier número de preceptos morales, para imprimir en nosotros la necesidad de una extrema circunspección en pensamientos, palabras y hechos. No sólo podemos, desde este plano, ver de un modo tan completo el resultado de cada acto, sino que también podemos ver dónde y de qué modo intervienen los efectos de otros actos, aparentemente sin relación alguna con aquel, y lo modifican. En efecto; puede decirse que el resultado de todas las causas en acción en la actualidad, son claramente visibles; que el porvenir, tal como sería si no se ori­ginasen causas completamente nuevas, hallase abierto ante nuestra mirada. Nuevas causas, por supuesto, se originan, por­que la voluntad del hombre es libre; pero en el caso de la gente vulgar, puede calcularse de ante­mano el uso que hará de su libertad con gran exac­titud. El hombre común tiene tan poca voluntad verdadera, que depende en gran parte de las cir­cunstancias; su karma anterior le coloca en deter­minado medio ambiente, cuya influencia sobre él es de tal modo el factor más principal en la historia de su vida, que su carrera futura pudiera predecirse casi con certeza matemática. Respecto al hombre desarrollado, el caso es distinto; para él, también los principales hechos de su vida están determina­dos por su karma pasado, pero el modo con que él permitirá que le afecten, y cómo los tratará y hasta triunfará de ellos, es todo cosa suya, y no pueden predecirse en el plano devachánico sino como pro­babilidades. Pero puede preguntarse: ¿cómo es posible, en medio de esta perturbadora confusión de anales del pasado y previsiones del porvenir, encontrar determinado cuadro cuando se necesita? Desde luego es un hecho que el clarividente no experto no puede generalmente hacerlo sin un lazo espe­cial que lo ponga en relación con el asunto requeri­do. La psicometría es un ejemplo en este punto, y es muy probable que nuestra memoria ordinaria sea realmente sólo otra presentación de la misma idea. Parece como si hubiera una especie de lazo magnético o afinidad entre cualquier partícula de materia y los anales que contienen su historia; una afinidad que le permite obrar como una especie de conductor entre esos anales y las facultades de cualquiera que pueda leerlos. Por ejemplo: una vez traje yo de Stonehenge un pedacito de piedra, no mayor que la cabeza de un alfiler, y al ponerlo en un sobre y dárselo a una psi­cómetra que no tenía idea alguna de lo que era, ésta empezó inmediatamente a describir aquellas ruinas maravillosas y el desierto país que las rodea, y luego prosiguió describiendo de modo vívido lo que evidentemente eran escenas de su historia pri­mitiva, demostrando que aquel diminuto fragmento había sido suficiente para ponerla en comunicación con los anales relacionados con el lugar de donde procedía. Las escenas por las que pasamos en el transcurso de nuestra vida, parece que obran del mismo modo sobre las células de nuestro cerebro, como sucedió con la historia de Stonehenge sobre aquella partícula de piedra; establecen una relación con aquellas células, por cuyo medio nuestra men­te se pone en relación con aquella parte particular de los anales, y así nos «acordamos» de lo que he­mos visto. Hasta el clarividente experto necesita algún lazo para poder encontrar los anales de un suceso para él ignorado. Si, por ejemplo, desease observar el desembarco de Julio César en las costas de Inglate­rra, tiene varias maneras de intentarlo. Si acaso hu­biese visitado la escena del suceso, el modo más sencillo sería evocar la imagen del lugar, y luego recorrer sus anales hasta llegar al período deseado. Si no hubiese visto el sitio, podía recorrer el tiempo pasado hasta la fecha del suceso, y luego buscar en el canal una flota de barcos romanos, o podía exa­minar los anales de la vida romana por aquella épo­ca, en donde no tendría dificultad en encontrar una figura tan prominente como la de César, o en se­guirle la pista una vez que lo hubiera encontrado en sus guerras de las Galias, hasta que puso el pie en Bretaña. La gente pregunta a menudo acerca del aspecto de estos anales, si aparecen cerca o lejos de la vis­ta, si las figuras de ellos son grandes o pequeñas, si los cuadros se suceden unos a otros como en un panorama, o se confunden uno con otro como vis­tas disolventes, etc. Sólo puede contestarse que su apariencia varía hasta cierto punto con arreglo a las condiciones en que se les ve. En el plano astral, la reflexión es casi siempre un simple cuadro, aunque a veces las figuras que se ven están dotadas de movimiento; en este caso, en vez de una mera ráfaga, ha tenido lugar una reflexión más larga y perfecta. En el plano devachánico tienen dos aspectos muy diferentes. Cuando el visitante de este plano no está pensando en modo alguno acerca de ellos, los anales constituyen simplemente el fondo de lo que quiera que esté pasando, lo mismo que la re­flexión en un espejo colocado en el extremo de una habitación, puede formar un fondo a la vista de la gente que en ella esté. Debe siempre tenerse presente que en estas condiciones son meras re­flexiones de la incesante actividad de una gran Conciencia de un plano más elevado, y tienen mu­cho la apariencia de una sucesión sin fin, tal y como vemos en las películas de cine. No se funden unos con otros como las vistas disolventes, ni es una serie de cuadros que se suceden, sino que la acción de las figuras reflejadas continúa constantemente, como si uno estuviera observando a los ac­tores en un escenario lejano. Pero si el investigador fija su atención especial­mente en una escena dada, o desea evocarla ante sí, se verifica inmediatamente un cambio extraordi­nario; pues siendo éste el plano del pensamiento, el pensar en una cosa es ponerla instantáneamente en presencia de uno. Por ejemplo: si un hombre quiere ver los anales del suceso a que nos hemos referido antes – el desembarco de Julio César -, se encuentra en el mismo momento, no mirando un cuadro, sino en la orilla del mar en medio de los legionarios, desarrollándose la escena en torno suyo exactamente bajo todos aspectos, como si hubiese estado allí presente corporalmente aquella mañana de otoño del año 55 antes de Cristo. Dado que lo que ve es una reflexión, los actores están, por su­puesto, completamente inconscientes de su perso­na, así como tampoco ningún esfuerzo de su parte puede cambiar el curso de la escena en lo más mí­nimo, excepto solamente que puede dirigir la rapi­dez con que el drama se despliega antes sus ojos; puede hacer que los sucesos de todo un año pasen ante él en el transcurso de una hora, o puede en cualquier momento detener totalmente el movi­miento, y mantener cualquier escena particular en la inmovilidad de un cuadro por el tiempo que quiera. Y no sólo observa lo que hubiese visto si hubiese estado allí presente, sino mucho más. Oye y com­prende todo lo que la gente dice, y penetra todos sus pensamientos y motivos; y una de las posibili­dades más interesantes de las muchas de que dis­pone el que haya aprendido a leer los anales, es el estudio del pensamiento de las edades del remoto pasado, el pensamiento de los hombres de las ca­vernas y de los moradores de los lagos, así como el que regía la poderosa civilización de los Atlantes, de Egipto o de Caldea. De qué manera se abren ante tal estudiante las perspectivas del pasado – no sólo la historia de todos los grandes hechos del hombre, sino también del proceso de la naturaleza, de la vida caótica extraña de las primeras rondas -, sólo podemos indicarlo aquí ligeramente; pero el lector comprenderá fácilmente que campo ilimita­do se abre aquí para el investigador paciente. En un caso especial puede haber para el lector de estos anales un lazo de simpatía aun más estre­cho con el pasado. Si en el curso de estas investiga­ciones tiene que observar algunas escenas, en las cuales él mismo ha intervenido en vidas anteriores, puede examinarlas de dos modos: puede mirarlas del modo usual como un espectador (aunque siem­pre, téngase presente, cuya penetración y simpatías son perfectas), o puede nuevamente identificarse con aquella personalidad suya, muerta hace tanto tiempo; puede retornar por el momento a aquella vida del pasado, y experimentar otra vez absoluta­mente los mismos pensamientos y emociones; las alegrías y los dolores de un pasado prehistórico. No puede concebirse aventura alguna más extraña y vívida que algunas de esas por las cuales puede pasar de este modo; sin embargo, en medio de todo el proceso, no debe nunca perder la conciencia de su individualidad: debe conservar el poder de tor­nar a voluntad a su presente personalidad. La exacta lectura de los anales, ya sean del pro­pio pasado de uno o del de otros, no debe, sin em­bargo, suponerse como un hecho factible para na­die, sin una educación cuidadosa previa. Como ya se ha dicho, aunque en el plano astral pueden ob­tenerse reflexiones ocasionales, es necesario el po­der de usar el sentido devachánico antes de que se lleguen a obtener lecturas en que se pueda confiar. A la verdad, para reducir a su mínima expresión la posibilidad del error, este sentido tiene que estar por completo dominado por el investigador en el estado de vigilia en el cuerpo físico; y para adquirir esta facultad, se requieren años de labor incesante y de la más rígida propia disciplina. Mucha gente parece que cree que tan pronto ha firmado su soli­citud e ingresado en la Sociedad Teosófica, va a recordar por lo menos tres o cuatro de sus vidas pasadas; verdaderamente, hay algunos que pronto empiezan a imaginarse recuerdos. Actualmente hay, según creo, cuatro personas perfectamente seguras de que en su última encarnación fueron: María, reina de los escoceses (el porqué María Estuardo es tan frecuentemente elegida, no está muy claro, considerando el carácter que la historia le atribuye; pero tal es el hecho); dos que fueron Cleopatra (otro antepasado no muy deseable cierta­mente); y varios que fueron ¡Julio César!. Es mucha verdad que algunas personas han te­nido en sueños vislumbres de escenas de vidas pa­sadas; pero naturalmente éstas son, por lo general, fragmentarias y de poca confianza. Yo mismo he tenido en mi juventud una experiencia de esta na­turaleza. Entre mis sueños observé que había uno que se repetía constantemente: un sueño de una casa con un pórtico que daba a una hermosísima bahía no lejos de una colina, en cuya cima se ele­vaba un bello edificio. Yo conocía aquella casa per­fectamente, y estaba tan familiarizado con la disposición de sus habitaciones y con la vista que se percibía desde su puerta, como lo estaba con las de mi propia casa en la vida presente. En aquel tiempo no sabía nada acerca de la reencarnación, de manera que sólo me parecía una simple coinci­dencia el que este sueño se repitiese tan a menu­do; y sólo después de algún tiempo de haber ingre­sado en la Sociedad Teosófica fue cuando, ense­ñándome uno, que sabía, escenas de mis pasadas encarnaciones, descubrí que este sueño persisten­te había sido en realidad un recuerdo parcial, y que la casa que tan bien conocía, era una en que yo había nacido hacía más de dos mil años. Pero aun cuando conocen varios casos en los que una escena que se recuerda bien, ha pasado así de una vida a otra, es necesario un desarrollo considerable de las facultades ocultas, antes de que el investigador pueda seguir definitivamente una línea de encarnaciones, ya sean suyas o de otros. Esto se hace claro si tenemos presentes las condi­ciones del problema que hay que resolver. Para seguir a una persona desde esta vida a la que le ha precedido, es necesario, en primer término, rastrear su vida presente hacia atrás hasta su nacimiento, y luego seguir en sentido contrario las etapas del des­censo del ego a la encarnación. Esto nos llevaría, por supuesto, eventualmente al estado del ego en su propio plano: el nivel Arupa del Devachán; así se verá que, para ejecutar tal tarea de modo eficaz, el investigador debe poder usar del sentido correspon­diente a aquel elevado nivel en estado de vigilia en su cuerpo físico; en otras palabras: su conciencia tiene que reconcentrarse en el mismo ego que se reencarna, y no ya en la personalidad inferior. En este caso, al ser despertada, la memoria del ego, sus pasadas encarnaciones se le aparecerán como un libro abierto, y podría, si quisiera, examinar el estado de otro ego en aquel nivel, y seguir su vida pasada en los planos devachánico y astral que a aquel conducían, hasta llegar a la última muerte fí­sica de este ego, y por medio de ésta a su vida an­terior. No hay más que este modo por medio del cual la cadena de vidas puede seguirse con seguri­dad absoluta, y por consiguiente podemos desde luego considerar como impostores conscientes o inconscientes a los que se anuncian que pueden averiguar las encarnaciones pasadas de cualquiera, a tantos chelines por cabeza. Por demás está decir que el ocultista verdadero no hace nada público, y que jamás en ninguna circunstancia, acepta dinero por exhibir sus poderes. Seguramente que el estudiante que desee obte­ner el poder de seguir una línea de encarnaciones, puede verificarlo, aprendiendo con un maestro competente lo que hay que hacer. Ha habido algu­nos que persistentemente han asegurado que sólo era necesario que un hombre fuese bueno, abnega­do y fraternal, para que toda la sabiduría de las edades afluyese a él; pero un poco de sentido co­mún mostrará en seguida lo absurdo de semejante asunto. Por bueno que sea un chico, si quiere aprender a multiplicar, tiene que dedicarse a ello; y exactamente sucede lo mismo con la capacidad de emplear las facultades espirituales. Las facultades en sí se manifestarán, indudablemente, a medida que el hombre evoluciona; pero sólo puede aprender a usar de ellas con confianza y sacar el mejor partido posible, por medio de un trabajo duro y de un esfuerzo perseverante. Considérese el caso de los que desean ayudar a otros, mientras se hallan en el plano astral durante el sueño; es evidente que mientras más conoci­mientos posean aquí, más valiosos serán sus servi­cios en aquel plano superior. Por ejemplo, el cono­cimiento de idiomas les seria útil, pues aun cuando en el plano devachánico se puede comprender directamente por la transmisión del pensamiento cualquiera que sea el idioma, no sucede lo mismo en el plano astral, y el pensamiento tiene que ser formulado definidamente en palabras para ser comprendido. Si, por lo tanto, se desea ayudar a un hombre en aquel plano, se debe tener algún len­guaje en común, por medio del cual se pueda co­municar con él, y por consiguiente, mientras más idiomas se conocen, más se puede extender el ra­dio de acción. En una palabra: no existen quizá ninguna clase de conocimiento que no sea utilizable en la obra del ocultista. Sería conveniente para todos los estudiantes el no olvidar que el Ocultismo es la apoteosis del sen­tido común; que las visiones que se les presentan no son necesariamente un cuadro de los Anales Akáshicos, ni cada experiencia una revelación de lo alto. Es mucho mejor errar por el lado del saludable escepticismo que por el de la excesiva credulidad, siendo una regla admirable no andar buscando ex­plicaciones ocultas a cualquier cosa cuando una evidente física fuese bastante. Nuestro deber es tra­tar de conservar siempre nuestro equilibrio, y no perder el dominio propio, considerando las cosas que puedan sucedernos con razón sana y buen sen­tido; de este modo seremos mejores teosofistas, ocultistas más sabios y auxiliares más eficaces que lo que hemos sido antes.

 

 

 

La fuente energética que todos poseemos desde el día de nacimiento, y nos acompaña hasta el descanso eterno, se llama: aura. Los estudiosos han visto a través de sus estudios todo lo referente a manifestaciones psicológicas, es decir, reconocen las radiaciones a que se dirigen en distintos sectores del cuerpo humano formando un campo magnético que se relaciona con lo biológico, la mente y, por supuesto con el funcionamiento de nuestras glándulas endocrinas y los cincos sentidos. En parapsicología se considera el Aura, algo más de lo indicado, puesto que, el misterio de tales radiaciones que salen de las células del nuestro cuerpo es algo que atrae, fascina, ilumina, condiciona hasta el punto de envolverte en un poder mágico. Nadie puede negar que Aura y celebridad no tienen nada en común, y nadie puede comprar un pedazo de Aura, en ningún mercado del mundo, si ésa no se posee como herencia personal. Políticos, actores, actrices, gente de negocio, de comercio pueden trabajar mucho sin alcanzar metas anheladas, sólo por no tener un campo magnético atractivo que le permita abrir puertas más fácil, mientras, una persona del pueblo, analfabeta, sin darse cuenta, posee un carisma aurético tan atractivo, que puede hasta representar una fuerza social y ganar condiciones a favor de su mismo futuro. En el 1939 el descubridor del campo magnético humano, fue el ruso KIRLIAN, que trabajaba en un laboratorio electro terapéutico, cuando vio centellas eléctricas sobre la piel de un paciente; su genial idea fue de fijar sobre una placa fotográfica este experimento. Desde entonces la evidencia del campo magnético alrededor del cuerpo humano.

 

El Aura la poseen también las matas, plantas, frutas, verduras y animales.

 
Mas tarde los estudios llegaron a concluir que, la falta de fuerza de los laberintos luminosos, según su compatibilidad del circulo aurético, el sujeto, estaba sufriendo una grave enfermedad o se encontraba en estado de fuerte depresión nerviosa. Las ciencias ocultas han siempre puesto a trabajar profesionales de todas las esferas sociales, y desde siempre nunca han llegado a resultados de reciproco entendimiento. Nadie puede desmentir que cuando se habla de ojos magnéticos o de persona fuertemente atractiva, estamos hablando de un sujeto solar, radiante, que posee un Aura intuitiva, comunicativa, expresiva, convincente, y es cierto, existen distintas clases auréticas: la intuitiva, cromática (de colores) curativa, cinematográfica, vegetal ( plantas, flores), animales y minerales. Los colores en parapsicología se llaman “los colores del alma”, o la la expresión energética del momento. No acaso cuando no tenemos gana de nada, o nos han mortificado seriamente, yo no sé definir de que color es nuestra Aura. Un amigo contestó un día que el color de su Aura en aquel día debía ser negro, tan mal estaba. Por cierto los colores tienen gran importancia en nuestra existencia, y expresan particular estado de animo del momento que estamos viviendo. 

 

Los colores vivos denotan:

 

Acción, energía, decisión, y también; violencia agresión insatisfacción.

 

Los colores pasteles:

 

Sensibilidad, ternura, indecisión, persona que conduce vida retirada, soñadores.

 

Los colores mixtos:

 

Pertenecen a personas que se adaptan fácilmente a situaciones de vida particular, o sobreviven en condiciones sociales difíciles. El aura es radiación de energía sutil emitida por la materia y los seres vivos en particular, cuya vibración y color representan e identifican ciertas características. Para entender y comprender el aura, es conveniente interpretar el universo como una manifestación de energía en diferentes grados, sujeta a factores que originan diferentes naturalezas, llamando pues, materia a uno de los estados aparentemente más densos de la energía. Todo cuerpo orgánico o inorgánico tiene su aura, o sea emite una determinada energía, la diferencia del aura de uno y otro es la densidad de radiación energética, la vibración (color) y movimientos de las propias energías aúricas. También debemos entender que el aura forma parte indisoluble de un campo de energía electromagnética que nos defiende de las radiaciones externas, el aura defiende a los seres vivos de las influencias externas, al igual que, la atmósfera terrestre nos defiende de las radiaciones cósmicas, si las defensas atmosféricas y campos magnéticos de la Tierra desapareciesen, la vida en la Tierra sería prácticamente imposible, este hecho lo podemos constatar en otros planetas del sistema solar que al carecer en la actualidad de atmósfera carecen de la vida, por lo menos, tal y como la podemos encontrar en la Tierra. 

Aura de la Tierra Aura humana 

Cuerpo terrestre, diámetro 12.000 Km. Cuerpo humano 60 cm. Atmósfera 500 Km.4% aproximadamente. Campo etérico 2,4 cm. 4% aproximadamente.  Campo magnético 1º, Van Allen5.000 Km. Campo aúrico hasta color amarillo, aprox. 25 cm.

Campo magnético 2º, Van Allen20.000 Km. Campo aúrico total, aproximadamente 50 cm.

Magnetosfera 65.000 km. Zona de influencia del aura, 300 cm. ( 3 metros). 

Como vemos el aura de la tierra responde en las mismas proporciones al aura humana y de la mayoría de seres vivos, al igual que con el ser humano, la parte del aura más densa de la Tierra es la atmósfera, es donde hay más cantidad de energía, y donde ésta interactúa más con la corteza terrestre, en el ser humano esos 2-3 cm de campo etérico están continuamente interactuando con el cuerpo, hay es donde se acumula la mayor cantidad de energía calorífica emanada por el cuerpo, así como los vapores que emitimos con nuestro sudor, la similitud por lo menos no deja de ser interesante. El aura al ser una radiación energética, tiene una manifestación luminosa, si pudiésemos concentrar toda la luz emanada por una persona en un cm. 2 podríamos ver más fácilmente todos los colores del espectro, así que, de momento sólo la pueden ver aquellas personas dotadas para ello, o bien mediante fotografías obtenidas por las llamadas cámaras Kirlian.  Como ya hemos dicho el aura es la radiación de una energía con una manifestación luminosa, y como sabemos la luz se descompone o está formada por los llamados colores. Cada color corresponde a una radiación luminosa con diferente longitud de onda. El llamado espectro nos muestra las diferentes longitudes de onda de dicha radiación, los colores naturales que encontramos en el arco iris se encuentran entreuna longitud de onda para el rojo de 7.800 & hasta la del violeta de 4.000 &. Por ello en la medida que nos acercamos al violeta la vibración es más sútil y más alta. (longitud de onda más corta mayor vibración). Hay que pensar que el violeta tiene casi el doble de vibraciones que el rojo. El aura es como una especie de blindaje psíquico, muestra nuestra propia energía y nos defiende de la energía externa. La energía etérica está impregnada de los colores violeta, añil y azul, es más compacta y el aura propia de esa zona tiene mayor vibración. Cuando nos encontramos bien, los colores azules que se sitúan en nuestra energía etérica alcanzan mayor saturación y luminosidad, el resto de energía no se irradia hacia el exterior, y es por eso que mantenemos nuestros pensamientos y sentimientos positivos.

Una persona se encuentra mal cuando pierde energía, esa pérdidade energía se da por múltiples causas y se manifiesta emitiendo grandes cantidades de energía hacia el exterior de la zona de nuestra aura, y por lo general suele ser verde, amarilla, naranja y roja, cuando la emisión es importante por cantidad o calidad de la energía liberada, cuando ocurre esto el campo etérico suele contraerse. Cuando nos encontramos muy mal, es que estamos perdiendo mucha energía, de forma intensa e inarmónica, y por ello se manifiesta en el color rojo.  

Tabla de longitud de onda de los colores

Violeta – 4.200 Angstrom

Añil 4.200 – 4.400

Azul 4.400 – 4.800

Verde 4.800 – 5.700

Amarillo5.700 – 5.900

Naranja 5.900 – 6.100

Rojo 6.100 -7.800   

Colores dominantes en el Aura

Rojo:

La persona pierde gran cantidad de energía y con mucha intensidad, las causas son, los pensamientos, sentimientos y emociones destructivas que bloquean la adecuada coordinación energética del cuerpo.Por lo general, la persona está muy deprimida (pierde energía-rojo débil y cercano al cuerpo), o bien está enfadada y agresiva. (rojo fuerte y se aleja del cuerpo). Alto riesgo para la salud  

Naranja

La persona todavía pierde una gran cantidad de energía a causa de sentimientos, emociones y pasiones, como celos, envidia, deseos y obsesiones sexuales, cuanto más intensos son, más se acercan al rojo. Es frecuente encontrar en estas personas, fijaciones, obsesiones, manías y fobias. Alto riesgo para la salud. 

 Amarillo

La pérdida de energía es significativa, por lo general es debido a frustraciones y a un estado alto de ansiedad, éstas personas están continuamente inquietas, no pueden controlar sus pensamientos, hay un continuo análisis de las circunstancias sin conclusión alguna. Desarreglos funcionales.  

Verde

La pérdida de energía obedece a circunstancias conocidas por la persona, hay una gran preocupación (especialmente con los verdes sucios), pero también pensamientos positivos o esperanzas que equilibran en gran medida o controlan la pérdida de energía. Equilibrio fisiológico. Liberacion.  

Azul

La persona apenas pierde energía, genera más de lo que pierde, y la que pierde, mayoritariamente es armónica. Sus sentimientos son altruistas, existe relajación, tranquilidad y se siente segura y protegida. La mente tiene una perspectiva holística, con gran capacidad de asociación, es capaz de captar la esencia de las cosas. Gran inteligencia. Evolucion.

 

Añil

Solamente se pierde una mínima energía de naturaleza armónica, es un estado muy similar al anterior, la mente intuitiva está muy activa, y los sentidos han aumentado su capacidad de percepción gracias al estado mental. La sensación de bienestar es profunda. Gran compresión y capacidad de integrar los conocimientos más profundos. Iluminacion.

  

Violeta

Se pierde la mínima energía. La mente ha sintonizado con el universo, Se alcanza el conocimiento sin necesidad de la experiencia ni la participación de los sentidos, la mente está en armonía y sintoniza con el entorno. Clarividencia y estado de máxima comprensión existencial. Sintonización con el sentido de la vida. Interrelación con el todo. Máximo nivel de desarrollo de la conciencia. Espiritualidad.

EL AURA HUMANA Y LOS CANALES AKASHICOS

El Aura Humana:


Lo que se llama en nues­tros escritos el Linga Sharira, por ejemplo, es clara­mente visible bajo la forma de una niebla gris azulada ligeramente luminosa, coincidiendo exacta­mente con el cuerpo físico, pareciendo como que lo penetra. No será, sin duda, científicamente exac­to decir que se puede percibir Jiva en un estado esencial; pero su manifestación en el caso de la raza humana es perfectamente visible bajo la apa­riencia de una continua corriente de partículas de un hermoso rosa pálido, que parecen circular a lo largo de todo el cuerpo y de los nervios, como los corpúsculos sanguíneos en las venas y en las arte­rias, siendo el cerebro aparentemente el centro de esa circulación nerviosa.

La absorción y la especialización, para el uso del cuerpo humano, de la fuerza vital que el sol vierte constantemente sobre la tierra, parece ser una de las funciones del órgano denominado el bazo, y sin duda a la acción de ese órgano se debe la hermosa coloración rosa que hemos mencionado antes, pues Jiva – que entonces se conoce como prana – ­irradia constantemente del cuerpo en todas las di­recciones, formando así una de las auras de que ha­blaremos más adelante. A  sim­ple vista, asemejase a una nube luminosa que se extiende en todos sentidos a una distancia de diez y ocho pulgadas o dos pies ( 46 cm. aproximadamente), afectando la forma oval, lo que hizo llamar­la en los escritos ocultistas el «huevo áureo».

Aura Primera: La primera de ellas – empezando por las más ínfima y material –cuerpo físico. Se le llama algunas veces el aura de salud, por el hecho de que su aspecto de­pende, en gran parte, de la salud del cuerpo físico a que pertenece. Es casi incolora, y parece como es­triada, es decir, como compuesta de una infinidad de líneas rectilíneas que irradian del cuerpo en to­das direcciones Tal es al menos su condición nor­mal cuando el cuerpo está perfectamente sano. Esas líneas son, entonces claras, regulares y tan paralelas como su radiación lo permite; pero en cuanto acaece la enfermedad todo cambia de pronto, y las líneas próximas al lado enfermo pier­den su rectitud y proyectan confusamente en todos sentidos.

Aura Segunda: Íntimamente unida con la precedente, está la segunda, o aura pránica, cuya descripción puede simplificarse acaso examinando en seguida la rela­ción que existe entre ambas. Hemos dicho anterior­mente que el prana especializado irradia constante­mente del cuerpo, y la materia así irradiada constituye el aura pránica. Pero ha de observarse aquí un hecho curioso cuya explicación no se presenta en seguida. El prana irradiado no tiene el color rosa, bajo el que se le distingue fácilmente cuando cir­cunda al cuerpo, sino que posee un color con ma­tiz clarísimo, pálido. Para dar una idea más com­prensible de ello, puede decirse que se parece mu­cho a esas burbujas de aire cálido que, en los días de estío, vemos surgir de las tierras expuestas a los rayos del sol. Se podría llamar así también aura magnética, y sirve, en efecto, para producir muchos fenómenos de mesmerismo. Eso es probablemente la llama magnética que los sensitivos han observa­do en algunos experimentos del Barón Reichenbach. Y quizá esa irradiación constante del prana alrededor del cuerpo sano produce la rigidez y el paralelismo de las líneas del aura de salud, pues se observa que cuando esa irradiación cesa, las líneas, como hemos dicho ya, se entrelazan y confunden. Cuando el paciente recobra la salud, la irradiación normal de esa forma magnética de la fuerza vital se recobra gradualmente, y las líneas del aura de salud vuelven a ser claras y regulares. Mientras las líneas están firmes y rectas, y prana irradia convenientemente sobre ellas, el cuerpo parece que está por completo protegido contra los ataques de las malas influencias físicas, como si los gérmenes de la en­fermedad fueran rechazados por la proyección de la fuerza vital; pero así que por una causa como la debilidad, una herida, el sobrecargo, la depresión del ánimo o los excesos de una vida irregular se emplea una cantidad mayor de vitalidad en el inte­rior para reparar las pérdidas, se produce una nota­ble disminución en la energía de la irradiación, el sistema de protección se debilita y peligra, siendo comparativamente fácil que los gérmenes de la en­fermedad penetren. Puede indicarse también que es posible, por un esfuerzo de la voluntad bien dirigida, proyectar el prana hasta la periferia del aura de salud, creando así como una especie de escudo impenetrable a cualquier influencia astral o elemental, mientras dure ese esfuerzo de la voluntad.

Aura Tercera: El tercer aura que hemos de considerar es la que representa Kama o el deseo. No sería estrictamente correcto decir que ésta es el Kama-Rupa, pues este nombre no se aplica, propiamente ha­blando, sino a la imagen del cuerpo físico, que tras la muerte se forma por medio de los materiales de este tercer aura, y es el campo de manifestación de Kama, el espejo en que se refleja todo deseo, toda sensación y todo pensamiento de la personalidad.
Es de su substancia de donde toman una forma material los malos elementales que crea el hombre y pone en actividad por sus mas bastos e inferiores sentimientos; del mismo elemento, pero más rara­mente, sacan también su cuerpo los elementales bienhechores engendrados por los buenos deseos. Y también de esa materia se forma «el cuerpo astral» que permite, a los que están en estado de hacerlo, viajar sobre otro plano, mientras que su cuerpo duerme.
Como puede comprenderse, las manifestaciones de este aura tan esencialmente fugitivas, su coloración, su brillo, el número de sus latidos, cambian completamente a cada instante. Un acceso de cólera llena el aura de ráfagas rojizas sobre un fondo obscuro y un espanto súbito trans­forma instantáneamente todo en una masa lúgubre de gris lívido.
Es menester, sin embargo, saber que si esas ma­nifestaciones áuricas son temporales, su registro en el akasha no lo es; aunque el elemental creado por un mal deseo cese de existir, tras un período de tiempo proporcionado a la energía de ese deseo, las fotografías de cada uno de los instantes de su existencia y de cada uno de sus múltiples efectos, quedan impresos en el registro akáshico, contribu­yendo con una justicia absoluta a la producción del Kama de su creador.

Aura Cuarta: Muy estrechamente unida al aura kámica se en­cuentra el cuarto aura, la del manas inferior, que registra exactamente los progresos de la personali­dad. Hallase, sin embargo, formada por un orden de materia más elevado que el de la substancia kámica, que corresponde a los subplanos inferiores del plano mental o devachánico.
De esta substancia está formado el vehículo en el que la personalidad pasa su periodo de sueño en el Devachán; y de ella está formado también el Mayavirupa, el cuerpo de que el adepto o el discípulo se sirven para obrar so­bre el astral o los subplanos devachánicos inferiores, pues ese vehículo es superior, bajo todos respetos al «cuerpo astral» de que hemos hablado ya. Este cuarto aura, representa; en suma, el estado medio de las auras inferiores a ella; pero es algo más, pues aparecen en la misma rayos de intelec­tualidad y de espiritualidad que no dejan su huella sobre las envolturas inferiores. Si las llamas colorea­das, formadas por las vibraciones engendradas por los deseos, se producen frecuentemente y con in­tensidad en el aura kámica, provocan por fuerza vi­braciones correspondientes en este aura manásica inferior, produciendo en ella un tinte permanente del mismo color. Es así también como en este aura se pueden leer las disposiciones generales o el ca­rácter de una persona, sus buenas y peores partes; y en algunas de la corrientes, en relación con esa aura, pueden registrarse los cuadros de la pasada personalidad terrestre, cuadros sobre los cuales pueden leer algunos clarividentes como sobre un libro. Cuando, durante el sueño, un hombre aban­dona su cuerpo, la mayor parte del tercer aura, el cuarto y los que le siguen por debajo, le acompa­ñan, mientras que la primera y la segunda, más un débil residuo de la tercera, que no se ha empleado para la formación del cuerpo astral, quedan con su cuerpo. Y ha de tenerse en cuenta que si ese hom­bre ha de pasar a un plano superior, el devachánico o el espiritual, dejará más numerosas auras tras sí. Es interesante conocer los matices que las diver­sas cualidades mentales o morales pueden dar a las auras tercera y cuarta (la kámica y la manásica inferior).  en nuestro presente estado de evolu­ción, y que surgirán muchos puntos sobre los cua­les no es posible obtener una explicación exacta, aunque sea factible a veces sugerir analogías e indi­car las líneas donde puede encontrarse una expli­cación. Tratemos, pues, de remontar nuestros pensa­mientos al principio de este sistema solar a que pertenecemos. Esto es un tema de estudio de los más complejos y difíciles de proseguir, y en el que la ecuación personal de los diversos observadores entra por mucho, lo que hace, además, que haya difícilmente un completo acuerdo.

Aura Quinta: Venimos ahora a considerar el aura quinta, la del Manas superior o Individualidad. No hay que decir que ese aura no la ve todo el mundo. En los casos en que es perceptible, su belleza y su delicadeza están por encima de toda expresión. Asemejase menos a una nube coloreada, que a una luz viva; pero no hay en verdad palabras para expresarla. Está compuesta de una materia que corresponde a la de los subplanos devachánicos más elevados, y es en efecto el Karana Sharira, el vehículo del Ego reencarnador que pasa con él, de vida en vida, por las condiciones de su substancia y de su grado de avance. En el aura de un adepto, tiene tan inmenso predominio sobre el aura de la personalidad, que esta última en realidad no existe; pero el estudio del aura del adepto está por encima de los medios de aquellos que están en el comienzo del Path (Sendero). Uno, por ejemplo, de esos puntos im­portantes a considerar, es el de ese obscuro y mis­terioso factor que indica el tipo particular a que per­tenece el adepto, y de ese orden de ideas que reve­la una tradición persistente, – y perfectamente fun­dada – es la preservación de las pinturas murales que representan a Gotama Buddha en los templos de Ceilán.

Auras Sexta y Séptima: Las auras sexta y séptima existen sin duda, pero no tenemos datos sobre ellas; las mismas anterio­res son ya bastante difíciles de imaginar por el que no las ha visto. Podrá formarse quizá una idea re­cordando que todas las partes constitutivas del aura son sencillamente manifestaciones de una misma entidad en planos diferentes, no siendo sino ema­naciones del hombre como diversas expresiones del mismo. Al verdadero hombre no podemos verle, pero a medida que aumenta nuestra vista y nuestro cono­cimiento nos aproximamos a Eso que se oculta en él; y si admitimos que el Karana Sharira es el vehí­culo más elevado que podemos percibir, estamos entonces cerca de la concepción del verdadero hombre que podemos ver. Pero si el mismo hom­bre no se considera sino desde el punto de vista de los planos inferiores devachánicos, únicamente se verá lo que puede expresarse por el cuarto aura, la cual es la manifestación de la personalidad; y si se le examina sobre el plano astral, se encuentra que un nuevo velo le recubre, y que su parte inferior sólo ha podido expresarse por el vehículo kámico visible, mientras sobre el plano físico nos hallamos peor situados, puesto que el verdadero hombre nos está más escondido y oculto que nunca. De ahí la necesidad de tener en cuenta el grado de su brillo, la nitidez de sus contornos y el mismo aspecto de sus chakrams o centros de fuerza.

Los Anales Akashicos


La palabra Akasha, como muchos otros de los términos teosóficos, se ha empleado muy libremen­te. En algunos de nuestros primeros libros era con­siderada como sinónimo de luz astral, y en otros se usaba para significar cualquier clase de materia in­visible, desde Mulaprakriti hasta el éter físico. En li­bros posteriores su empleo se ha limitado a la ma­teria del plano devachánico, y en este sentido es cómo pudiera hablarse de los canales como akás­hicos; Téngase, pues, bien entendido desde un principio, que una com­prensión completa del asunto, es una absoluta im­posibilidad

Todos estamos familiarizados con la teoría astronómica ordinaria acerca de su origen, la que comúnmente se llama la teoría nebular, Logos del sistema. Estamos familiarizados con la idea de que, a medida que una persona progresa en el Sendero, su cuerpo causal, que es el límite determinante de su aura, aumenta claramente de tamaño, así como en luminosidad y pureza de color. Lo hacemos por medio de una vibración del éter, llamada comúnmente un rayo de luz, que pasa desde el objeto que se ve a nuestros ojos. Ahora bien: la velocidad con que se transmite la vibración es tan grande – cosa de 300.000 Km. por segundo -, que cuando vemos cualquier objeto en nuestro mundo, podemos considerarlo como prácticamente instantáneo; pero cuando entramos a tratar de distancias interplanetarias, ya tenemos que tomar en consideración la velocidad de la luz, porque para atravesar estos espacios transcurren períodos apreciables. Por ejemplo: la luz tarda ocho minutos y un cuarto en pasar desde el Sol hasta no­sotros, de suerte que cuando miramos a la órbita del Sol, la vemos por medio de un rayo de luz que la abandonó más de ocho minutos antes. De esto se sigue un resultado muy curioso. El rayo de luz por medio del cual vemos el Sol, nos trae sólo lo que ocurre en aquel orbe en el momento de su par­tida, sin que en modo alguno haya sido afectado por nada de lo que después haya sucedido; de ma­nera que en realidad no vemos al Sol tal cual es, sino lo que era hace ocho minutos. No hay posibilidad de que exista un futuro en El mismo, puesto que lo tiene todo presente.

 

 la Ley de Justicia que rige la evolución:

 

Descubriendo el aura

 

El aura está dividida en siete estratos o capas relacionadas directamente con los siete chakras (centros energéticos que se asocian con las glándulas endocrinas del cuerpo físico). Cada uno de esos estratos puede tener uno de los once colores del aura. Aquel color que se repite frecuentemente será el básico (que denota las cualidades positivas y negativas del ser), el que cambia únicamente en circunstancias específicas.

 

Algunos significados de los colores del aura

 

Gris o negro: Depresión

 

Rojo: Fustración, ira o demasiada actividad.

 

Naranja: Creatividad o sexualidad.

 

Amarillo: Emociones

                                                                                                                                

Verde: Sanación

 

Dorado y plateado: Alto nivel de evolución.

 

Púrpura: Espiritualidad

 

Azul: Comunicación

 

Blanco: Ser lleno de luz.

 

Rosado: Amor

 

  “Aura: campo magnético o eléctrico que rodea especialmente el cuerpo animal y que contiene colores debidos a la frecuencia vibratoria de la energía de este campo. Semejante energía se debe al desarrollo psíquico y a las fuerzas vitales del cuerpo. El aura cambia de color en el curso de la evolución psíquica, pasando de un violeta muy subido a un blanco más puro en los estados más avanzados. El aura es visible en ciertas condiciones y ha sido fotografiada. Puede afectar ciertos instrumentos cuya receptividad ha sido perfectamente regulada. Toda célula viviente tiene su aura y lo mismo ocurre con grupos de células.”

El aura es la consecuencia de ciertas energías en actividad en nuestro campo de conciencia. Estas energías, provenientes del Sol o del alma, están contenidas en el hombre gracias a sus centros psíquicos; cuando éstos son activos, el aura lo es también. Los centros determinan la naturaleza y calidad del aura. Cuanto más elevados son los centros activos, más amplio y benéfico es el resplandor del aura. Aparte del aura del Espíritu, cuya vibración es percibida solamente en el momento de las últimas iniciaciones, existen tres fuegos cuya fusión compone el aura humana: El resplandor espiritual del alma, cuyas frecuencias vibratorias pueden ser percibidas solamente por iniciados avanzados. La resplandeciente luz dorada del cuerpo etéreo o vital alimentado por el centro del bazo. (bazo:m. Víscera de los vertebrados, de color rojo oscuro y forma variada, situada a la izquierda del abdomen. Sus funciones primordiales son la eliminación de hematíes caducos, la producción de linfocitos y el almacenamiento de hierro que se usa en la formación de la hemoglobina.) Se ha comprobado que el espacio que ocupamos no pertenece solo a nuestro cuerpo, sino que las vibraciones que irradiamos producen un halo que permanece durante un determinado tiempo en el lugar que hemos ocupamos anteriormente. Este hálito o halo se denomina aura. Todo ser humano posee su campo energético que si bien no lo vemos directamente, nuestros órganos de percepción captan esa energía ajena, esa aura de los otros, aunque nuestro nivel inconsciente no lo registra.

EL AURA HUMANA


Alrededor de la cabeza y del cuerpo, delineándolos con un contorno de entre 5 y 10cm de espesor, hay algo que se denomina cuerpo etérico. Según el estado del Yo Espiritual, el etérico se ve de color gris humo, azul, blanco, amarillo claro o dorado. El ojo físico lo percibe con más facilidad que al aura en sí; más allá del etérico esta el aura, que contiene todos los colores del espectro solar, algunos, brillantes, otros, cenagosos, y cada uno de ellos en todos sus tonos, mide entre 90cm y un metro y medio de circunferencia; tu aura es el tu de ti, completamente individual, refleja el estado de tu cuerpo astral, que se imprime de manera constante sobre tu cuerpo físico.

En condiciones adecuadas se las ve con la visión física, habitualmente periférica, o con el Tercer Ojo, la glándula pineal, situada en el centro de tu frente, entre las cejas. Existe una íntima vinculación entre el color, el sonido y las otras expresiones de la vida. El sonido ocupa un peldaño inferior en la escala, justo por encima de la forma y la sustancia de la materia. Por lo tanto, el sonido es intermediario entre el nivel superior de ideas abstractas en la mente y la forma concreta, el sonido es capaz de dar forma al éter, mediante estas formas, el poder correspondiente de la mente puede hacer una impresión en la materia física.La varita mágica es la energía de la mente y la energía del sonido, tal como lo demostró Einstein y lo acepta ahora la ciencia moderna, energía y materia son intercambiables. La magia esta sujeta a la Primera Ley de la Física y la Metafísica: la ley de polaridad, esto significa que, cuando se utilizan estos tres pasos y lo que ha sido imaginado por la mente y dispuesto por la palabra hablada es negativo por algún motivo (lo sepas o no) en frases tales como “lo que se teme sobreviene”. El miedo es una emoción tan poderosa que llega a proyectar un olor muy desagradable, los animales huelen el miedo en el ser humano y en cualquier otro animal, de manera instantánea. Y aunque no lo sepas el miedo es una fe muy poderosa, capaz de cambiar literalmente las leyes de la física. El miedo es fe negativa. La Fe poderosa manifiesta sus imágenes con tanta prontitud y seguridad cuando se la proyecta por fuerzas positivas como cuando se lo hace por fuerzas negativas. El cuerpo físico tiene formas geométricas inactivas en forma holográfica. Están siempre, nacen con nosotros. Están ahí, lo sepamos o no. Se mueven con escasa vibración generando color y sonido que nos caracteriza e individualiza. Ese color y sonido nos permite abrir nuestra conciencia a determinada realidad en la cual estamos virtualmente atrapados por vibración. La totalidad de tu capacidad cerebral es inmensa; sin embargo tú, en tu pensamiento limitado, usas sólo un tercio de ella. ¿Para qué crees que es el resto?

O sea: sólo te permites contemplar y razonar aquellos pensamientos que serán aceptados por los demás, inconsciente colectivo o mente de masa. Bueno, la descripción exacta seria «mente cerrada». Cada vez que hagas esto, el pensamiento superior se ofrecerá como «portador» para extender tu razonamiento a partir de este punto. Esto activará otras porciones de tu cerebro para más pensamiento, más recibimiento y más conocimiento. Cuando deseas experimentar la súper conciencia, el pensamiento ilimitado, tu pituitaria empieza a abrirse y florece como una magnífica flor.  Ser un genio es muy simple. Todo lo que tienes que hacer es pensar por ti mismo. El cerebro ha sido un gran misterio que ha dejado perplejos a muchos. Algunos lo extraen para mirarlo y no pueden encontrar nada en él excepto sus fluidos, que son agua. El agua es conductora de la corriente eléctrica. Cuanto más densa es el agua, mayor es la amplificación de la corriente eléctrica que pasa a través de ella. En las porciones latentes de tu cerebro, el fluido es más denso para poder amplificar las frecuencias de pensamiento más altas hasta convertirlas en corrientes eléctricas más potentes y enviarlas a través del cuerpo a mayor velocidad. Así, cuando permites que más de tus pensamientos se alojen en las partes latentes del cerebro, tu cuerpo se activa para volverse más rápido y profundo en sus respuestas. Una vez que la totalidad de tu cerebro está en uso, puedes hacer cualquier cosa con tu cuerpo. La propia acupuntura, maneja la energía canalizando las corrientes eléctricas naturales del organismo.La persona deb e buscar vibrar nuevamente en esa frecuencia, a través de un trabajo consciente. No sabemos amar. Lo único que activa las forma geométricas espontáneamente es el Amor Incondicional. El concepto de aura es un concepto bidimensional. Es lo que registra una Kirllian o un programa de Aura-soma en la PC. Somos vibración que la máquina registra y decodifica en colores pero también somos sonido. El Universo es música. Todos somos sonido y luz, conciencia en movimiento continuo.

Cómo se ve el Aura


Debido a que el aura es un plasma etérico, se puede visualizar de muchas maneras. El aura se ve de varias formas, como capas de color que bordean el cuerpo; bandas circulares alrededor del mismo, como éter flotando sin forma definida, como flamas de colores que se extienden y desvanecen.. Otra forma de percibir el aura es con el ojo interno, (llamado comunmente tercer ojo). esto se logra con entrenamiento, ejercicios, práctica y continuo trabajo personal del individuo. Primeramente para entrenarnos a visualizar el aura, tenemos que comenzar con reconocer que existe dentro de nuestro cerebro una área de percepción, a la que se denomina Sexto sentido.
– no queramos ir a “x” lado, porque tenemos alguna duda de que no es prudente, (como un mal presentimiento).- llegamos a un lugar y sentimos el ambiente muy pesado o negativo y queremos irnos de él – conocemos a una persona y sin saber nada de ella sentimos gran afinidad, como si de toda la vida la conociéramos. – sentimos que alguien está pensando en nosotros, y de repente nos llama, etc. Como estos ejemplos, hay muchas otras formas de comprobar que algo nos está indicando cosas que no podemos ver, o tocar, pero si podemos sentirlas. Este es el comienzo de la sensibilidad, que nos permite entrar al mundo de lo psíquico y manejar en forma mas amplia nuestra mente, de tal manera que con la práctica, y podamos conocer el potencial que tenemos dentro de nosotros mismos. Para lograr abrir nuestros sentidos, es necesario dejar libre nuestra mente, tener plena seguridad de lo que queremos hacer, no dudar, confiar en que interiormente tenemos el conocimiento y la capacidad para hacer las cosas. Cuando tenemos esta certeza, entonces podremos ir abriendo nuestra conciencia hacia otras dimensiones.

Ejercicio para aprender a ver tu aura Busca un lugar cómodo en tu casa, donde nadie te moleste, durante 10 minutos (aproximadamente). Debes ubicarte frente a un espejo, en el que te veas por completo. Ubícate en una silla o en el suelo… y siéntate delante de él, a unos 2 mts. Agrega a tu ambiente, una música suave tipo New Age Aquieta tu Mente…
Fija tu vista mirando tu rostro (en el entrecejo), Y mantenla así, por unos minutos… No pienses en estos momentos en pagos de cuentas, o algo por el estilo, para ello hay otros momentos, ¿sí? Aquiétate, y respira profunda y suavemente… siempre por la nariz. Vas a notar que todo tu entorno comienza a brillar al poco tiempo.
No temas… es normal, es tu campo áurico que se manifiesta al estar relajado. Comienzas a descubrir quién eres en realidad! Y como tu te observas en el espejo, lo ves…
Ahora … cierra tus ojos y haz lo siguiente:Aspira profundamente.. contando mentalmente,Uno…dos…tres…cuatro… Retenlo..uno..dos…tre Y luego de retener…Exhala el aire suavemente…(siempre por la nariz) hasta vaciar casi completamente los pulmones Hazlo pausadamente …Repítelo tres veces y así culminarás el ejercicio. Abre tus ojos y vuelve a observarte en el espejo Veras a un Ser Maravilloso!A Ti!!…………De esta manera, vas logrando un cambio en tu vida. Al “encender” tu energía y que ésta se manifieste

¿QUÉ ES EL AURA?

Qué es el aura, si no una luz que emerge de nosotros, mostrando lo que en realidad somos? Al tratar de describir con términos físicos lo que es el Aura, inmediatamente la asociamos con la palabra Energía, la cual desde nuestra periferia visual viene del griego o energos o en@’dZetIk, eneros…que en Realidad quiere expresar: “producir, crear movimiento”, la palabra Aura por su parte, también con sus pasados en la palabra griega, aer, que quiere decir “brisa”. Si tenemos la capacidad de asociar mentalmente los significados de ambas palabras, tendremos una imagen mental del aspecto del aura. Intentando Ser capaces, empezaremos por definir lógicamente, de nuevo, una y otra vez, esas palabras.

Energía:f. Fuerza, poder: puso toda su energía en conseguirlo. || Fuerza de voluntad o de carácter: trata a sus trabajadores con mucha energía. || FÍS. Capacidad de los cuerpos para producir un trabajo: Energía Hidráulica. || Energía Atómica FÍS. Energía Nuclear. || Energía Cinética: La que posee cualquier cuerpo por su movimiento. || Energía Nuclear FÍS:La producida por la fisión nuclear en los reactores nucleares, lo que constituye el fundamento de la bomba atómica, y por la fusión nuclear en las reacciones termonucleares, fundamento de la bomba de hidrógeno…

Sinónimos: fuerza, vigor, potencia, poder, firmeza, contundencia, poderío, pujanza, reciedumbre, resistencia, acción, vida, dinamismo, vivacidad, garra, coraje, ímpetu, brío, intensidad, ánimo, valor, carácter, empuje, entereza, resolución, tenacidad

Antónimos: flaqueza, debilidad.

Sinónimos: calor, combustible, carburante, electricidad, petróleo, gas.

“El matiz del aura divina es un reflejo de Él”.

Con el paso del tiempo y el perfeccionamiento cada vez mayor de la tecnología, vemos que el mundo de la ciencia y el mundo metafísico tienen cada vez mas cosas en común.

Ya Albert Einstein nos explicaba que la materia no existe, que la materia es una ilusión creada por la veloci­dad de vibración de las diversas formas de Energía. Todo lo que vibra en lo que llamamos cuerpo físico se nos aparece en forma de materia sólida. Nuestro sol y las estrellas son, relativamente hablando, campos de Ener­gíasAuras. Su volumen es unas 22 veces del cuerpo humano.

·         Forma

·         Color

·         Brillo

·         Pureza

·         Densidad

·         Emplazamiento

·         Movilidad

·         Función

Existen siete de estas capas o cuerpos aúricos y cada una de ellas parece corresponder con un nivel de concien­cia. Es preciso saber que cada capa es la expresión y la parte individual de un “campo” colectivo.

Las capas aúricas son las siguientes:

·         Aura física

·         Aura etérea

·         Aura vital

·         Aura astral

·         Aura mental inferior

·         Aura mental superior

·         Aura espiritual

AURA FÍSICA

La primera capa, la más cercana al cuerpo físico, esta compuesta por minúsculas líneas de Energía que siempre están en movimiento. Quienes la perciben refieren haber vista un halo blanco azulado que sobresale del cuerpo unos 10 o 20 cm. Esto es lo que se ha llamado Aura Física. Las emanaciones de esta aura reflejan las motivaciones fundamentales de nuestra salud y el funcionamiento de nuestra personalidad. Estas emanaciones son de gran utilidad para estudiar nuestra salud física. Esta aura física es muy brillante y densa debido a la materia física, como mucosidad y partículas de la piel, que se desprenden del cuerpo físico con la respiración y el movimiento. Estas partículas están suspendidas en un campo de Energía Electromagnética. Ya que esta capa tiene la misma estructura que nuestro cuerpo físico, puede ser considerada como un espejo de nuestra armonía física. Cuando tenemos buena salud esta capa aurica se puede ver brillante, clara y de tamaño uniforme alrededor de todo nuestro cuerpo. Cuando nuestra salud es precaria, la capa se abultara cerca de la zona afectada por la enfermedad. Su tono azulado indica fluidez, flexibilidad y sensibilidad.

Según dicen, esa capa aurica absorbe el Prana (Energía Universal) y lo distribuye por todo el Cuerpo, razón por la cual recibe el nombre, en el primer nombre que tuvo, es decir en sánscrito, de Pranayamakosha.

AURA ETÉREA

La segunda capa es fluida y esta constantemente en movimiento. Su forma se asemeja al cuerpo físico del cual es una copia idéntica. Es la transición del cuerpo físico que surge de la Energía procedente del reino no físico. Esta compuesta por matices multicolores de sustancia fluida en perpetuo movimiento. Se extiende unos 15 cm. más allá del cuerpo físico y esta asociada a las emociones y reacciones viscerales. Tiene una función de enlace entre las dos capas que la enmarcan. La mayor o menor luminosidad y la claridad de esta capa son indicadores de las experiencias emocionales. Algunos estudiosos solían unir esta capa aurica con la siguiente, considerándola una sola y por eso le dieron el nombre de doble etéreo. La razón por lo que a menudo se les consideraban como una, es que ambas son muy brillantes y suelen ser las primeras capas aúricas que perciben los principiantes. Cuando se empieza a ver el aura etérea por primera vez se puede percibir una nebulosa azul clara o gris que sale del cuerpo. Más delante, esta parte del aura presentara colores diferentes. Desde naranjas, verdes, azules, violetas y hasta amarillos. Cuando la capa aurica etérea experimenta su transi­ción se pueden observar una superposición de colores. Esta capa etérea es importante para el diagnóstico de la enfermedad. Si esta es mas grave que una simple tensión muscular, el abultamiento de la capa aurica física desplazara a la capa aurica etérea de su sitio, produciendo un agujero. Y esto permitirá que entren vibraciones negativas que proceden de la capa aurica vital. La capa aurica etérea es un indicador de lo que sucede en niveles muy fundamentales de nuestro ser. ¿Cuál es la base en la que descansan los actos de cada uno de nosotros? ¿Estamos equilibrados? ¿Estamos viviendo de una manera intuitiva? ¿Actuamos movidos por los impulsos? Todas estas preguntas encuentran respuesta al analizar los colores de esta capa áurica. Uno de los aspectos mas fascinantes de esta capa aurica es la posibilidad de usarla para producir fenómenos visuales, a través de un médium; ya que emplean las partículas densas de su aura etérea para generar una sustancia llamada ectoplasma.Por medio de un esfuerzo de la voluntad, podemos proyectar prana hasta los límites del aura física, creando así una especie de escudo impenetrable a cualquier influencia astral o elemental.

AURA VITAL

La tercera etapa aúrea esta estructurada con respecto a nuestro pensamiento. Compuesta por finas líneas amarillas, se dilata y resplandece cuando nos concentramos en un proceso mental. Siguiendo el perfil de la etapa áurica etérea y extendién­dose de 5 a 15 cm., se encuentra un cuerpo muy brillante formado por líneas de Energía resplandeciente que se propaga en todas direcciones. La capa áurica vital es única en la medida en que no solo irradia Energía hacia el exterior sino que también la dirige hacia el interior. EI cuerpo transporta energía del sol y de nuestro entorno, y la envía al cuerpo físico para alimentarlo. La capa áurica vital es de gran ayuda para diagnosticar la intensidad de una enfermedad en una zona determinada. Las zonas afectadas por la enfermedad están vacías de energía vital. Esto hace que las líneas de energía, normalmente rectas, se inclinen hasta tocar la parte mas profunda de esta capa aurica, de un modo caótico y desordenado. La confusión de estas líneas resplandecientes no solo indica un descenso en la energía que entra en la zona del cuerpo físico, sino que además inhibe el flujo de energía. Sin un flujo de energía vital, los tejidos em­pezaran a degradarse o atrofiarse. En casos de trastornos aúricos graves, la capa áurica física se abultara desplazando a la capa áurica etérea, produciendo con frecuencia un agujero, el cual afecta a la capa áurica vital, y provoca la inclinación de las líneas resplandecientes. La capa áurica vital toca la capa áurica astral o emotiva y se extiende en mementos de gran vitalidad. Esta relación es de gran importancia porque la capa áurica vital actúa también para absorber los trastornos emocionales, llevándolos a las capas mas profundas del aura y enviándolos al vértice de energía (chakra) apropiado, ya que cada chakra se .relaciona con un determinado tipo de energía. Cuando nuestra vitalidad se reduce nos sentimos agota­dos, esto se traducirá en una gran disminución de tamaño de la capa áurica vital. El resplandor se debilita y resulta difícil de apreciar. Es en este aspecto, que presenta la capa áurica, cuando su resistencia es menor y la enfermedad tiene oportunidad de entrar en el sistema físico. Dada su proximidad con la capa emocional, la capa aurica vital es un buen indicador de lo que ocurre en el área de la personalidad. Las líneas resplandecientes de esta, capa llegan a la mente de los demás, dando una idea de nuestra personalidad o carisma. Los colores son importantes en lo que respecta al examen de la salud y la personalidad. EI tono, el brillo, la claridad y otros factores forman parte del análisis. Debemos tener en cuenta que las capas aúricas físicas, etéreas y vitales son muy flexibles. .

Al igual que el cuerpo físico, las capas aúricas pueden soportar daños de abusos constantes antes de quedar permanentemente dañadas. En contra de los algunos creen, el aura se recupera de la enfermedad o el abuso de drogas. Con el tiempo y tratamiento, el aura logra recuperarse en la mayoría de los casos. Esta curación no solo se refiere al problema físico, sino también a los trastornos del aura, tanto emocionales como intelectuales. Las dos capas áuricas que siguen muestran elementos presentes en la salud emocional y mental en cada uno de nosotros. Las capas anteriores presentan una composición bas­tante más densa comparada con las capas que siguen, las cuales muestran una estructura más sutil y en consecuen­cia resultan más difíciles de ver, aun cuando se trate de alguien con gran experiencia.

Aura astral

La primera de estas capas es la capa aurica astral, la cual suele ser la mas grande y tiene una forma de ovoide que se asocia con el aura. Esta capa, como la segunda, es fluida y dinámica, y esta compuesta por matices multico­lores, pero con tonos mas luminosos en los que predomina el magenta (adj. y m. Se dice del color carmesí oscuro obtenido de la mezcla de rojo y azul: una blusa magenta; le gusta vestir de magenta) EI tamaño de esta parte del aura oscila entre 10 cm. y 1 m. Su anchura, es por lo general, de aproximadamente 60 cm. desde el exterior de la capa áurica vital. La capa áurica astral se forma con las emanaciones del cuerpo astral que es donde almacenamos la información de nuestra vida pasada y presente. La existencia de esta capa áurica ha sido objeto de controversia debido a su naturaleza sutil y filosófica. Mientras que hay muchas personas que son capaces de ver las capas áuricas más densas, sólo un reducido grupo de personas pueden percibir la capa áurica astral. La mayoría de los que trabajan con la capa áurica astral la “ven” con su visión interna. La capa áurica astral suele ser el primer sitio donde las experiencias de bueno y malo producen efecto.

Las formas de pensamiento negativas afectan la constitución de esta capa áurica, formando aristas duras y colores sucios, y cuyo tamaño puede ser desde una uva grande hasta una pequeña semilla. Esta forma de pensamiento comienza a irritar las líneas resplandecientes de la capa áurica vital, produciendo una disminución de su tamaño. Al debilitarse de este modo la capa áurea vital, se crea un agujero por que la forma de pensamiento puede atacar a la capa áurica etérea. Hay personas que llevan formas de pensamiento nega­tivas durante mucho tiempo y pueden permanecer activas en la capa áurica astral durante un momento, muchos años y hasta varias vidas. Cuanto mas se prolonguen y mas fuertes sean, mas claro harán a los sistemas físico y emocional. En un estado ideal de salud emocional, la capa áurica astral tiene un color azul brillante o un azul humo. Esta capa se puede percibir en las personas que tienen un estado emocional ideal y que transmiten tranquilidad a su alrededor.

Las capas áuricas astral y mental inferior se pueden unir a la de las demás personas que los rodean. La felicidad, el temor, la ira y la tristeza pueden ser enormemente contagiosos. Nuestras emociones y las de los demás pueden conver­tirse en otro factor importante de contaminación ambiental, O puede ser una forma de energía positiva que mejoren nuestra vida y en consecuencia el mundo. Si hay rabia o cólera, en la capa áurica astral suele percibirse en forma de pequeñas astillas de un color rojo intenso. La depresión en la capa áurica astral suele aparecer en forma de pequeñas nubes negras de diferentes densidades, según el grado de aflicción. La tristeza se preserita como un humo fino, negro o gris. En el aspecto positivo, el naranja indica el equilibrio y la armonía en la capa áurica astral. Este color naranja se crea para ayudarnos a combatir la depresión, la ira o la tristeza, y es gracias al esfuerzo del consciente o inconsciente que se puede luchar contra las viejas formas del pensamiento alojadas en nuestro campo emocional. El color no es el efecto sino la manifestación visual del proceso, como lo son todos los colores del aura. Existen otros indicadores positivos, como son el brillo y la claridad del color.

Aura mental inferior

La quinta capa establece la diferencia entre el pensa­miento cotidiano consciente (mental inferior) y el Ser Superior. La capa áurica mental inferior muestra la capaci­dad de una persona en el plano consciente o intelectual. Cuando se posee un buen dominio de la capacidad intelectual esta capa áurica es brillante y ancha, normal­mente de 4 a 20 cm. de anchura, sobre todo en la región de la cabeza. Esta capa suele ser, casi siempre, de color amarillo claro cuando se goza de buena salud mental.

La capa áurica mental inferior se confunde a menudo con la capa áurica, ya que ambas comparten el mismo espacio solo cuando la mente es muy activa, o cuando el pensamiento consciente puede separarse de las emanaciones, es cuando se puede ver el destello amarillo fuera de los límites de la capa áurica astral. Si en la capa áurica hay manchas rojas estas denotan sentimientos de ira. Estas manchas que se generan en el cuerpo emocional, entran en la zona del pensamiento consciente y dificultan Ios procesos que allí tienen lugar. Si se ven nubes negras en esta capa indican depresión. Cuando existen problemas de tipo mental, esta capa se muestra asimétrica. En ocasiones, la mitad de la capa áurica es muy ancha, en tanto que la mitad restante es estrecha y encogida. Otras veces uno de los ciclos es oscuro y sucio, mientras que el otro es claro y brillante. Aunque la capa áurica mental inferior los muestra el estado de equilibrio entre las emociones y el intelecto, para diagnosticar la salud mental de cada uno de nosotros es importante considerar el aura entera.  Tal vez algún día desaparezcan las limitaciones en cuanto al diagnóstico por medio de la observación del áura y se pueda ayudar a la humanidad para que tengamos una mejor salud física y mental.

Una de las características del aura humana es su división en dos cuerpos de energía separados. No se refiere con esto a las divisiones que hay en cada una de las capas, sino de dos formas distintas y separadas, una de las cuales rodea al cuerpo fisco y la otra se muestra, sobre nuestra cabeza, encima de la primera. Los cuerpos áuricos inferiores están formados por cinco capas. Los cuerpos áuricos superiores constan sólo de dos capas. Ocupan desde unos centímetros por encima de la cabeza hasta 15 m por encima de cada uno de nosotros.

Un factor determinante para la localización de los cuerpos áuricos superiores es el comportamiento de cada uno de nosotros. Si tenemos poco interés por la vida espiritual, los cuerpos áuricos se alejaran de nosotros y si por el contrario, evolucionamos rápidamente, los cuerpos áuricos superiores se acercaran, ya que necesitamos gran cantidad de energía superior. La separación de estas auras es provocada por la incapacidad del cuerpo fisco para soportar el poder y la intensidad de las energías superiores. Quienes han podido llevar el aura superior hasta el aura inferior durante determinados períodos de tiempo, o incluso durante toda una vida, han recibido títulos diferentes como santo, buda, profeta, sabio, iluminado, gurú, maestro, cristo…

Aura mental superior

EI borde exterior del aura superior suele ser de color violeta con una franja azul oscuro en la parte interior. Dada su energía, este cuerpo vibra con una frecuencia difícil de apreciar por el ojo humano y por lo tanto sólo se puede ver una parte de este cuerpo, que en forma de medialuna, esta dispuesta transversalmente sobre la cabeza. Suele medir unos 60 cm. lado a lado.

La capa áurica mental superior contiene las energías que generan la capacidad de nuestra mente superior. Es nuestro vínculo con nuestro origen. Es la morada de nuestro ser superior y nos proporciona la información mas amplia que la que nuestro cerebro es capaz de crear a partir de la experiencia diaria. También que se concen­tra la suma total del Conocimiento Universal. Es esta capa la que utilizan las personas con poderes psíquicos. Esta capa áurica, en forma de medialuna, es de gran importancia en el estudio y análisis del aura, ya que demuestra nuestra capacidad para usar energías superiores y el grado de desarrollo espiritual que tenemos, y lo que en potencia podemos llegar a evolucionar

Aura espiritual

Contenida en la capa mental superior, es el núcleo del aura superior y recibe el nombre de aura espiritual. Se le ha descrito como una luz blanca nacaradaradiante e inimaginable. Sólo por medio de la visión interna es posible saber que está ahí. Este lazo que nos une a EI, al Origen. Es aquí donde se manifiesta la forma más alta de energía del mundo físico. Toda la Energía Universal que usamos en nuestra vida es enviada desde este cuerpo. Rara vez empleamos todo su potencial, la cual es procesada al entrar al chakra de la cabeza. Aquí la energía pura es transformada en las partes de energía específica que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades. La energía alimenta los siete cuerpos sutiles y luego es envia­da a las diferentes capas del aura inferior. Gracias a que la energía es procesada, no nos sentimos abrumados por las intensas propiedades de la energía. Ya que vivimos en un mundo tan denso y de vibración lenta el aura espiritual necesita separarse de las capas inferiores. Pero debemos tener presente que el aura supe­rior está próxima a nosotros para tirar inconscientemente de ella y continuar nuestro proceso evolutivo. Cuando llegamos a la punta del “ser” en el que tomamos conciencia de nuestro lazo con el universo, cuando perci­bimos la Luz y el Amor en todo lo que existe, cuando sentimos que formamos parte de ese Arco iris maravilloso y sabemos que somos uno con EI, entonces es cuando hemos rozado este nivel del aura.”Brilla… brilla! Veré la maravilla de ti mismo, para ser solamente como Tu arco iris puede ser “.

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Los Colores del Aura

“Que tiene ese azul infinito, que la luz del hombre puede habitarlo con tan solo abrir su alma?”

El aura y los chakras son dos maneras de expresar la presencia de las energías cromáticas, dentro del cuerpo y a su alrededor. EI numero de matices, tintes y tonos de un color es infinito, como lo son los diferentes aspectos mentales, emocionales, físicos y de la salud espiritual que aparecen en el aura en forma de colores. Cada color básico tiene un matiz, y cada matiz tiene un significado diferente. Con gran frecuencia, una capa del aura presenta dos, tres y basta cuatro colores diferentes.

Algunos de estos colores aparecen superpuestos al color predominante de la capa áurica, y otros aparecen diseminados aquí y alía por todo el cuerpo áurico. Es indispensable que el observador del aura, lleve anotado en un cuaderno los colores que aprecia en las distintas capas y también la opinión de la persona observada con respecta a dicha interpretación. De este modo, las definiciones de los colores que observamos estarán en armonía can nuestra percepción particular. Cada uno de nosotros debe construir su propia verdad a partir de experien­cias personales. Decimos esto, porque esta demostrado que cada persona percibe el color de una manera ligera­mente distinta a como lo hacen los demás.

También es importante considerar lo que hay detrás de cada persona. Una pared de color amarillo o un fondo roja, sin duda cambiara el modo en que percibimos el color áurico que se superpone a estos colores. Para evitar esto se debe colocar un fondo oscuro para interpretar con mayor fidelidad los colores de las capas áuricas Lo ideal sería que la persona estuviera desnuda, pero esto sería pedir mucho a la mayoría de la gente. Los colores que se aprecian en el aura son distintos a los colores del espectro con que estamos familiarizados, ya que los colores áuricos son traslucidos, transmiten la sensación de que están vivos y a veces tienen textura. Existe cierta correlación entre los colores áuricas y los colores del espectro que el cerebro impone al observar el aura, lo que hace posible las interpretaciones, aun cuando los colores no sean los mismos.

EI aura se expresa en términos de vibración de color y para su estudio e interpretación nos basaremos en el hecho de que los pensamientos y sentimientos se congregan alrededor del cuerpo físico, en forma de finas ondas vibratorias a rayos de color. Los rayos, y de hecho todos los fenómenos del uni­verso, son manifestaciones de diferentes frecuencias de vibración. El mundo de la naturaleza es considerada una sinfonía de color que expresa emanaciones de diversos rayos de luz, ya se trate de las delicadas tonos de una alborada o de los vividos matices del crepúsculo, de los tonos maravi­llosos del arco iris o de la suave intensidad del sol de mediodía en verano. La ciencia esotérica nos enseña que el Sol emite fuertes rayos vibratorios o longitudes de onda de luz, denomi­nados los siete colores vibratorios principales, de los cuales brotan los siete tipos básicos de mentalidades y tempera­mentos humanos.

En orden de grado, estos son:

·         Violeta Fuerza espiritual

·         Indigo Intuición

·         Azul Inspiración

·         Verde Energía

·         Amarillo Sabiduría

·         Anaranjado Salud

·         Rojo Vida

·         Estos son los colores que componen el espectro, pera cada uno de estos rayos se divide en muchos matices. Además de estos, la ciencia admite la existencia de muchos rayos invisibles para la vista física normal como, por ejemplo, el ultravioleta o el infrarrojo. En términos del cosmos, el aura de los planetas del sistema solar se basa en la misma expresión de color, en cuanto a simbolismo, que la del aura humana. Marte emite un aura roja; Venus, verde, al igual que la Tierra; Júpiter, el planeta regio o afortunado, exhibe un. aura violeta, mientras que Mercurio, vibra en Indigo. Los siete colores poseen un significado interno u oculto que es de gran importancia en e: estudio del aura. En el aura humana hay tonos de color básicos que revelan clases definidas de talento, hábitos y carácter, y hay un número infinito de tonos de color individuales. Los antiguos egipcios fueron los primeros en formular la teoría de la correspondencia entre los colores y la triple constitución humana. Un ser humano esta “hecho” de diferentes estratos de conciencia o pIanos de existencia y posee un vehículo separado para la expresión de cada uno de estos, o sea, los cuerpos físico, etéreo, astral, mental y espiritual. Cada uno de estos cuerpos o modalidades de concien­cia se encuentran relacionados de una peculiar manera con los colores primarios: rojo, amarillo y azul, que simbolizan el cuerpo material (físico-etéreo), el alma (astral-mental) y el espíritu (conciencia-espiritual), respectivamente.

De esta trinidad emanan los colores secundarios o complementarios: anaranjado, verde, Índigo y violeta. Al mezclarse estos siete rayos principales con el negra y el blanco se obtienen todos los demás colores.

Rojo

Para empezar desde la base de la escala de colares, esta el rayo rojo, que esta considerado como el color fisco predominante. Es el primer color primario y en la sim­bología antigua representa el cuerpo, la tierra y el infierno. Se trata de un color de vibración inferior que repre­senta el elemento animal, la experiencia de los sentidos, todas las casas físicas y el pensamiento materialista. El rojo es el símbolo de la vida, su presencia denota fortaleza y vitalidad. Las personas con abundante rojo en su aura tienen fuertes predisposiciones físicas, as! como una mente y una voluntad poderosa. Generalmente poseen una perspectiva materialista de la vida y suelen manifestar una naturaleza muy ardiente y amorosa. El rojo denota las más profundas pasiones humanas: amor, valor, odio, rencor. Los matices del rojo señalan cualidades diferentes. Los tonos oscuros intensos, manifiestan una tendencia al egoísmo, mientras que los nebulosos indican codicia y crueldad. Los rojos brillantes y claros son los mejores del grupo: revelan generosidad y ambición. Cuando el color rojo predomina en el aura, denota una naturaleza fuerte y dominante, el tipo que solemos llamar “personalidad magnética”, que se reconoce en pioneros y en dirigentes de empresas audaces. Mientras mas oscuro es el matiz de rojo en el aura, menos favorables son los aspectos que presenta. EI car­mesí indica una propensión a la sensualidad, las pasiones y los deseos más bajos, mientras que un escarlata subido señala lujuria. Un carmesí intenso mezclado con negro revela que se trata de un individuo de naturaleza sensual baja, cuya mente se halla bajo el dominio de las pasiones animales. En todas las auras rojizas hay una tendencia hacia la experiencia sensorial más que hacia la mental o la espiri­tual. Estos aspectos negativos se pueden observar en las naturalezas dominantes y ampulosas de ciertos individuos pertenecientes a este grupo, que tiene la adulación y la vanidad como aspectos adicionales. Se han realizado numerosos experimentos sobre el uso de luces rojos y filtros con animales y plantas. Los experi­mentes realizados con las plantas muestran que la luz rojo estimula el crecimiento y produce plantas mas altas que aquellas que se desarrollan bajo una luz normal. EI tipico problema es que estas plantas crecen largas y débiles, y tienen pocas hojas. No se recomienda visualizar el rojo en la meditación, ya que incrementa el ritmo cardíaco y eleva la presión sanguínea. También se ha comprobado que el uso de rapas rojos puede provocar en los demás sentimientos de ira.

El rosa es un placer que nos brinda el grupo de rojos. El rojo activo alcanza su máxima expresión al mezclarse con la luz blanca. Representa el amor universal y suele ser el color del chakra del corazón. Allí donde se encuentra el rosa hay una energía amorosa activa. Cuando alguien visualiza y transmite el color rosa esta dando su amor incondicional. EI tono del albaricoque (rosa can naranja) ayuda a calmar un animo agitado, ya que presenta la ventaja adicional del elemento naranja, un factor de equilibrio.

Anaranjado

El anaranjado es otro color que genera actividad. Se trata de una mezcla equilibrada del rojo (lo físico) y el amarillo (lo mental). Este es el color más común en las auras. EI anaranjado representa una actividad armonizadora y de equilibro constante. Este rayo comprende todos los matices del naranja, desde el opaco anaranjado rojizo que denota egoísmo y orgullo, hasta los brillantes y claros tonos de la salud y la vitalidad. EI anaranjado expresa la fuerza vital, la energía del Sol. Los yoguis lo llaman el “alma de la energía”. La presencia de tonos anaranjados en el aura nos habla de una personalidad vital, enérgica y activa. Esas personas con frecuencia dominan a otras con la sola fuerza de su vitalidad. Aunque nacen para ocupar posiciones de responsabilidad y encuentran más fácil gobernar que servir, carecen de codicia por el poder. Buenos patrones, manejan con tacto a sus subordinados; son sociables en excelencia y generalmente pueden entenderse con cualquier clase de persona, rica o pobre. Sin embargo, el rayo anaranjado rara vez es encontrado sin cierta porción de orgullo, el cual esta, en general. subordinado al sentido común.

Los autores antiguos consideraron el color naranja como expre3ión ce sabiduría y de los poderes del razona­miento. Las personas clasificadas bajo el rayo anaranjado son comúnmente individuos equilibrados. En el aura, el color anaranjado es considerado también como un color de transición. Cuando el color anaranjado aparece en la misma zona durante mucho tiempo, es evidente que la persona esta bloqueada ” es incapaz de evolucionar. Cuando estemos fatigados, realicemos la respiración naranja, la cual resultara muy útil. Esta práctica revitaliza la mente y el cuerpo, y nos permite seguir adelante. Un naranja oscuro denota pereza y ciertos tonos os­curos revelan una personalidad que esta reprimiendo alga. Cuando la represión es general las zonas del segundo y tercer chakra aparecen cubiertas por un tono indefinido de marrón, verde y naranja. Desde el punto de vista psicológico, el anaranjado genera actividad y vigilancia.

Amarillo

Es el color del intelecto y cada matiz o tono amarillo indica un tipo de capacidad o expresión del intelecto, desde la destreza de un amarillo mostaza, a la elevación del pensamiento de un amarillo claro o la timidez de una amarillo rojizo. EI color amarillo, excepto cuando posee matices tur­bios y oscuros, es un buen aspecto en el aura. Los matices dorados denotan particularmente las cualidades del alma y las fuerzas astral-mentales. El amarillo simboliza el pensamiento y la concen­tración mental. Donde el amarillo predomina se esta señalado la pre­sencia del intelecto. Significa la luz, que representa al Sol. Un amarillo dorado y brillante tiene un significado espiritual, lo que explica el usa que de el se hace en ceremonias religiosas y misterios sagrados, en los que se le utiliza en vasos y utensilios de los altares. Los rayos amarillos son de lo más benéfico, pues poseen el poder de disipar el temor y la preocupación. Tienen un elemento tónico que es valioso en algunos trastornos nerviosos. Son estimulantes tanto para la salud como para la mente. Este color aparece en las auras de personas brillantes y optimistas, rodea a personas que son inteligentes y capaces, especialmente en asuntos de negocios. Cuando presentan un amarillo pálido son por regla general ani­mosas y a la vez precavidas. Los matices de amarillo oscurecidos o empañados son malos; denotan celos y sospecha. Ciertos tonos opacos de amarillo que aparecen en el aura indican la inutilidad de algunos personas, aquellas que se pasan las horas de ocio soñando en visiones sin objeto o fantasías infructuosas. Esas personas no son optimistas sino soñadoras. Como regla, el amarillo tirando a dorado descubre un alma que esta adquiriendo cualidades espirituales. Cuando el amarillo aparece en el aura en combinación con otros colores, junto a ellos o superpuestos, se presu­pone una participación mental consciente en el proceso que tiene lugar en la zona. Si una de las capas del cuerpo aurico vital se muestra de un color verde brillante y al observarla se descubren algunas manchas amarillas, es posible determinar enton­ces que la persona se encuentra llena de fuerza y vitalidad.

Verde

EI verde es el color del crecimiento. Desde el punta de vista psicológico recuerda a la primavera. Podemos visua­lizar la hierba que nace del suelo oscuro, las pequeñas hojas que crecen en las ramas secas cuando los últimos días del invierno se desvanecen como en sueños y la vida renace. EI crecimiento, la renovación, la vida que surge de la muerte. Este proceso es una reflexión sobre los ciclos naturales que se repiten en todos los pianos de la vida. Los verdes primaverales nos recuerdan la esperanza de sobre­vivir a los inviernos de la vida. La presencia del color verde en el aura, con excepción del verde olivo y otros matices oscuros es una buena señal. Ese color indica, en general, individualismo, regeneración, energía y previsión. Es el símbolo del ego. El rayo verde gobierna el crecimiento individual como, por ejemplo, la semilla que crece. Las personas que han alcanzado prosperidad y éxito en la vida muestran invariable mente fuertes tonos de verde en sus auras. El verde también gobierna el reino mental e indica una multiplicidad de ideas. Un verde brillante, claro, aparece en auras de personas que son naturalmente animosas, versátiles, consideradas y adaptables. Representa la liberación de cualquier sujeción, la independencia y una vida nueva. El verde hierba, mezclado con una pequeña cantidad de luz blanca, da un hermoso verde pastel que indica un pacífico proceso evolutivo. El verde plata oscuro, como el de los pinos, es tran­quilizante y se recomienda utilizarlo en los ejercicios de respiración de colores para neutralizar y tranquilizar el murmullo de la gente.

EI verde con un poco de azul oscuro representa la existencia de un proceso de desarrollo o crecimiento. La gente envidiosa o celosa presentara un verde oscuro sucio en las capas auricas astral o mental inferior. Si la gente nerviosa, impresionable, tensa, se diera cuenta de los efectos benéficos y curativos del color verde sobre la mente y los nervios, sin duda se haría rodear de este confortante color, cuyas vibraciones son extremada­mente refrescantes para el alma. En Oriente, el verde es el color del luto, pero esta idea se basa en la creencia de que es el color del crecimiento. y la vida nueva, y no un símbolo de muerte y tristeza. Los chinos, un pueblo filosófico, lo utilizan profusamente en sus festivales de alegría y gozo. Los aspectos negativos del verde son la envidia y los celos, indicados por un matiz oscuro, y el engaño y la traición señalados por el verde olivo.

Azul

Es el matiz propio del cielo. El azul representa la inspiración, es el color espiritual. Su poder y significado espirituales se conocen desde hace mucho tiempo. En los países orientales se acostumbraba colocar objetos de color azul en las tumbas para alejar a los males espíritus. En China y Japón es el color de la Fortuna.Hay azules que representan la mayor de las capaci­dades intuitivas y azules que indican la más profunda melancolía. La presencia de mucho azul en el aura significa una naturaleza artística y armoniosa, así como comprensión espiritual. Es el rayo de la Luna y siempre se le ha asociado con el aspecto femenino. EI azul figuro de manera prominente en los templos a Isis en el antiguo Egipto.

En la iglesia católica es el color de la Virgen Maria. Un azul brillante de nota seguridad y confianza en uno y la posesión de un carácter más positivo que el de aquellos cuyas auras irradian tonalidades más pálidas de azul. Las personas con una buena porción de brillante azul son, por regla general, amigos fieles y de carácter sincero. Los matices mas oscuros de azul muestran cualidades espirituales. La presencia de Índigo en el aura indica un alto grade de espiritualidad, integridad y profunda sinceridad. La sabiduría y la santidad están representadas por auras azul oscuro, y ciertos matices de azul pálido indican idealismo. EI azul mas común en las auras es el azul marino e indica la entrada de información desde la profunda fuente de todo conocimiento. En las capas del aura representa diversos grados de intuición. Cuando se encuentra en la capa áurica etérea, la intuición es fuerte y, can frecuencia, inconsciente. Las personas can poderes psíquicos, exhiben este azul en muchas zonas del aura. Otro azul muy común es el azul claro, el cual representa un proceso de estudio. Cuando una persona tiene este matiz significa que esta recibiendo estímulos para apren­der alga que es importante para su desarrollo. Es el color óptimo para la capa áurica astral, ya que cuando el azul cielo aparece por todas partes, la persona se encuentra en un momento de excelente salud emocional. Hay otro azul, el cual al mezclarse con el verde da el turquesa; se le conoce como el color de la Nueva Era, porque indica un desarrollo orientado positivamente.

Violeta e Índigo

El Índigo es un azul oscuro que se acerca al violeta. Indica una mezcla de intuición y espiritualidad. El sexto chakra esta relacionado can este color y sirve para estimularlo. Mezclando azul oscuro (el conocimiento ilimitado) con rojo vivo (actividad) se obtiene el violeta. Por lo tanto el color que resulta de la actividad espiritual en el aura es el violeta. que representa el conocimiento ilimitado. EI rayo violeta es un fenómeno que raramente se ve en el aura ordinaria. Es el color mas espiritual, ya que contiene la espiritualidad del azul sumada a los elementos de vitalidad y poder del rojo. Es el color del iniciado y del adepto. En realidad, arenas si pertenece al plano terrenal, ya que es propio de la alta esfera de los seres espirituales. Por mucho tiempo ha sido considerado el color regio: del poder y la influencia, y todas las grandes almas están bajo su benigna protección.

Su presencia en el aura revela grandeza y mereci­miento. La gente destacada por su amor desinteresado y su sabiduría irradia hermosas tonalidades de violeta. Los matices mas azulados son señal de trascendente idealismo. No se recomienda a las principiantes que mediten en este color, ya que su belleza y energía tan poderosa hacen que sea muy difícil para el no iniciado, volver al estado consciente normal. Cuando el principiante regresa suele estar vació y muy cansado. Para el experimentado, la concentración en el color violeta durante un tiempo moderado puede ser una experiencia espiritual renovadora. El violeta ocupa el lugar numero tres en la escala espiritual del color. EI numero uno es el blanco, y el dos es el oro. En el grupo de los violetas es importante no omitir el color lavanda, el cual resulta de la mezcla del blanco con el violeta. Es el color de la energía dominante y se llega a percibir en el chakra coronario.

Marrón

El color marrón no es muy común en la mayoría de las auras, ya que casi siempre se encuentra mezclado. Los marrones indican la existencia de una influencia negativa en el aura. También son característicos de una personalidad exce­sivamente materialista y egoísta, que se preocupa solo por si misma. Esto no significa que todos los marrones sean un factor negativo en el aura. El marrón chocolate denota afinidad con la tierra y el marrón oro, simboliza la laboriosidad. El color marrón denota capacidad para la organización y la administración. Es el color del hombre de negocios. Representa industria; por ejemplo, es café la tierra que incesantemente se esfuerza por producir frutos y vida vegetal. No esperemos fuertes sentimientos o tendencias emo­tivas en las auras matizadas de café, ya que es dominante el convencionalismo. Es el punto de partida de la ambición y el poder, material y comercial, y de la perseverancia para lograrlo. Moteado de verde indica egoísmo, mientras que el tono más luminoso señala avaricia.

Gris

Es un color que suele representar aspectos negativos, ya que genera una energía sofocante. Quienes ostentan este color, normalmente en la capa mental inferior y astral, son muy convencionales y carecen por completo de imaginación. Se muestran fríos y duros hacia el mundo exterior. Las personas con un amor innato por las reglas y la formalidad, de mente burocrática, tienen varios matices de gris en sus auras. Su presencia indica falta de imaginación o tendencia a la estrechez mental; un gris muy opaco puede interpretarse como mezquindad y torpeza. Algunos autores consideran que el gr1s denota un profunda poder de concentración y perseverancia y, en efecto, !as personas de aura gris son muy persistentes, el tipo afanoso que no dejara nunca tarea sin terminar. Entre esta gente encontramos al solitario y a las personas a quienes les gusta vivir a su manera. El gris es uno de los colores característicos de la de­presión. El color gris suele ir acompañado de motas rojos de ira y nubes negras de depresión.

Negro

Cuando se habla del negro en el aura, lo que se esta describiendo en realidad es una zona en la que no hay luz, como si fuera un “agujero negro” en el aura. Cuidado con este color! Porque, hablando con exac­titud, no se trata de un color sino de la ausencia de color. Desde los tiempos más remotos el negro ha sido asociado con acciones malas y oscuras: su presencia en el aura es siempre negativa. Por eso es incomprensible la inclinación de los primeros hombres de la Iglesia por este color; un error que afortunadamente no han cometido las religiones de Oriente. Las influencias ocultas del negro ocupan un lugar muy bajo en la escala, es como símbolo del odio, la discordia y los males pensamientos. Aquellos de los más deplorables seres a quienes llamamos almas perdidas tienen un aura negra que de nota la perdida o negación de todo lo bueno. En las almas diabólicas y depravadas se ve brillar el aura con un rojo carmesí mezclado con negro, que señala la más horrenda combinación de maldad que se conoce. Cuando se combina el negro con otros colores del aura \os influye negativamente, así un aura oscura y turbia denota mala salud.

Rosa

EI rosado fue considerado por los filósofos antiguos como un color místico, porque no es un matiz de ningún otro y, como tal, no podía ser explicado ni comprendido. Un aura de color rosa de nota un carácter tranquilo, refinado, modesto. Rara vez se ve el color rosa en el aura de la gente positiva, dogmática o agresiva. Se manifiesta con frecuencia en sujetos que gustan de la vida tranquila en un ambiente bello y artístico. Las personas del tipo de aura rosada mostraran una grande y duradera devoción. La monja recatada y autosacrificada tiene una fuerte mezcla de rosado con azul celeste en su mística aura.

Plateado

El color plata estimula los procesos de los colores que lo rodean. Casi siempre se percibe este color en la energías gulas, las cuales nos proporcionan las energías necesarias para salir adelante. Un aura veteada de plata indica carácter constante, animoso, pero no confiable. La tiene gente versátil, activa y agraciada en las cuestiones relativas al movimiento, el lenguaje, los viajes, etcétera; son las que frecuentemente se dedican de modo superficial a todos los oficios y profesiones, pero sin ser expertos en ninguno. Se espera debilidad, inconstancia y humores cambiantes donde el color plata predomina. El plateado es un color metálico y reflector que tiene cualidades protectoras.

Oro

Cuando hablamos del color ora, no nos referimos a los acres, sino al color metálico reflector característico del metal dorado. Este hermoso color tiene un brillo especial cuando aparece en el aura. Este color esta presente en las energías guías y en los chakras. Su fuerza y naturaleza reflejante ofrecen protección y pureza, y sus altas vibraciones limpian y purifican. Las propiedades purificantes del oro se pueden utilizar en la visualización para limpiar los chakras y el aura.

Blanco

Es el color perfecto, hacia el que tendemos todos. Si viviésemos en completa armonía, todas nuestras vibracio­nes cromáticas se mezclarían y tendríamos un aura del blanco más pura. As! era la del Cristo representado en las reproducciones, especialmente en aquellas que le des­criben tras su resurrección. El color es luz y es el primer testimonio de la Creación. Vivimos en un mundo de colores que no vemos, del mismo modo que hay sonidos que no percibimos. Nuestro ámbito de percepción es muy limitado… mas allá de los tonos del arco iris existe una cantidad insospechada de colares, tan brillantes y maravillosos que nos cegarían si pudiésemos verlas. Cuales serian los tonos de ese arco iris si los viéramos con los ojos del alma?

¿Cómo ver el Aura?

“Cuando logremos percibir el aura con una estrella, podremos decir que hemos visto el universo”.

Para lograr ver el aura, es necesario aprender pensar y a creer en ella. Todos tenemos dentro de sí la capacidad de ver el área iris del aura.Nos hemos acostumbrado tanto a los sentidos físicos, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto; que nuestro sentido interior de la percepción ha quedado oculto y no lo aplicamos. Para ejercitar este sentido interior, debemos aprende a ver con los ojos cerrados, a sentir lo que esta mas allá de nuestros sentidos normales y a aceptar en nuestra mente consciente lo que han percibido nuestros sentidos interiores. Ya que el aura, con sus variados colores, es algo no físico; necesitamos realizar un esfuerzo consciente pare verla. Si deseamos ver el aura debemos aceptar en primer lugar su existencia. De lo contrario, la mente consciente puede rechazar la idea del aura; puede rechazar incluso, las señales del inconsciente que le describen el aura.

La mayoría de nosotros, con el aprendizaje y la actitud correcta, podemos recuperar la capacidad de ver el aura y hacer usa de otras percepciones extra sensoriales. Pero, tal vez, nos preguntaremos ¿para que ver el aura? La visión del aura y su área iris, verdaderamente magnifico, crea un lenguaje del pasado, del presente y del futuro, un lenguaje que debemos leer y comprender, un lenguaje que trae aparejada una enorme responsabilidad. Además, si logramos desarrollar este don; podremos ayudar a nuestros semejantes, e incluso curados y com­prender con mayor plenitud a todas las personas que nos rodean. El conocimiento de ese arco iris que vestimos va mucho mas allá de la mera connotación del color físico. Nos puede responder a una infinidad de preguntas, ya se planteen o no. El tono del color nos puede revelar la honradez o la folia de ella, en una persona; si hay amor o este esta ausente; si existe miedo, dolor o compasión. Se trata, en la práctica, del medio curativo natural más poderoso que existe. El ver el aura es un “sentido videncial” y, como tal, no necesariamente se ve con los ojos físicos. La capacidad de ver el aura es la capacidad de sentirla. En realidad, la percepción del aura es un sentido interior. Cuando vemos las cosas con nuestros ojos, cono­cernos las cosas y sabemos donde las vimos, incluso después de haber cerrado los ojos. Lo mismo sucede con el aura. Esta allí, sabemos que esta allí, vemos sus colores, pero muchas veces no sabemos realmente que sentido es el que ha proporcionado esa imagen. Con la misma rapidez con que cambian nuestros pen­samientos, así cambia el aura. Cuando se observa a una persona, es interesante advertir los diversos tonos de color que conforman su personalidad. La capacidad de ver e interpretar los colores del aura tiene también una aplicación prcáctica. Observando el color es posible diferenciar lo bueno de lo malo, a la persona sincera de la falsa. Algunas veces al ver el aura, sentimos el camino co­rrecto para que una persona encuentre la paz y la armonía, pero nos encontramos con que su pensamiento negativo, bloquea e impide su comprensión.

Debemos ser conscientes del poder de nuestra mente, ya que este poder solo esta limitado por nuestras propias barreras. La mente puede asomarse al futuro, viajar al pasado, curar nuestros cuerpos e incluso curar a los demás. En la mente hay poderes que nos ayudan a percibir el aura, todo ello en función de nuestra conciencia y de la disposición que tengamos para usar este poder. Si queremos ver el aura e interpretarla rápidamente, esto no es posible. Hace falta dedicación y paciencia para formarnos a nosotros mismos y ser capaz de verla. La meditación es uno de los caminos más seguros para establecer un juicio correcto; la confianza serena es esen­cial. Ver el aura es “ver” sin hacer usa de nuestros otros sentidos. En esencia estamos pidiendo a nuestra mente que observe y que nos de su opinión sin hacer usa de los sentidos externos. Cuando hayamos llegado al punta de la objetividad total, nuestra mente vera el aura y a ese maravilloso arco iris en todo su esplendor, de tal manera que lo que vean nuestros ojos fiscos no se podrá comparar nunca con lo que ve nuestra mente. Estamos acostumbrados a los éxitos apresurados. Re­chazamos las cosas que no se consiguen con rapidez. La visión interior sólo se puede obtener cuando la impaciencia da paso a ese sentido interior que nos hace “saber”. Nuestra visión periférica es quien percibe el aura. En el campo visual de un ojo hay 130 millones de bastones receptores, la mayoría de los cuales se localizan en la periferia de dicho campo. Son los que funcionan en condiciones de poca luz y constituyen nuestra visión nocturna. Trabajando a partir del centro del campo visual y en la zona de los bastones hay unos 7 millones de conos receptores que operan mejor a la luz del día. Los bastones receptores sintetizan la rodopsina, tam­bién llamada púrpura visual, que es extremadamente sensible a la luz baja. Para ver el aura la luz debe ser tenue, ya que son los bastones receptores quienes perciben la luz sutil de las emanaciones áuricas. Para empezar a entrenar la mente para ver las auras lo haremos con un ejercicio muy sencillo, el cual consiste en sentir la presencia de nuestro propio campo de energía. Extendamos los brazos ante el cuerpo con las palmas de las manes enfrentadas entre sí, a unos 40 centímetros de distancia. A continuación, acerquemos las palmas de las manos con mucha lentitud y regularidad. Cuando vayamos acercando, las manos, notaremos una resistencia entre ellas. Esta resistencia es el campo de energía. Otro ejercicio que nos ayudara a percibir el área iris del aura, es el siguiente: Meditemos sobre los colores y aceptemos la posibilidad de percibirlos. Imaginemos que percibimos los colores. Dejemos entrar en nuestra conciencia las energías sutiles. Si podemos hacerlo sin sentir que “fingimos” percibir los colores, probablemente empezaremos a ser conscientes de la sensación de los mismos. Esto no necesariamente se producirá de inmediato; a algunos nos resultara mas fácil que a otros. Pero, cuando aceptemos la posibilidad, nos haremos más receptivos a las emanaciones de la “Energía Universal”.

Cuando intentemos ver por vez primera el aura, no nos desanimemos si no sentimos o vemos nada. Debemos darnos tiempo y tener fe. Algunas personas experimentan un despertar instantáneo, pero a otras suele llevarles algún tiempo. A veces el problema radica en que se esta inten­tando con demasiada fuerza, situación que puede destruir la sensibilidad. Cuando esto nos suceda, debemos esperar cierto tiempo antes de intentarlo de nuevo. Hay varios métodos sobre el modo de observar el aura. En la mayoría de ellos se recomienda trabajar en un cuarto oscuro, con una luz pequeña. También se recomienda entrecerrar los ojos para que la mirada tenga una dimensión mas profunda.

Resulta más fácil observar el aura cuando la persona esta de pie ante un fondo de color claro, blanco de ser posible. Los colores físicos y los objetos materiales pueden distraernos, y resulta más fácil ver el aura en condiciones favorables. La iluminación es un elemento esencial para “leer” el aura, sobre todo cuando no se tiene experiencia; lo mejor es intentarlo en condiciones óptimas. Asegurémonos de colocar una fuente luminosa detrás de nosotros cuando nos sentemos frente a la persona a la cual se le va a interpretar su aura. Lo mejor es la luz natural, ya sea la luz del sol que entra por una ventana o la luz de una veta. Comprobemos que en la habitación no haya corrientes de aire que produzcan sombras en movimiento, al alterar la llama de la vela. Normalmente es necesario realizar varias pruebas hasta dar con la iluminación adecuada a nuestras necesidades particulares.

Empecemos visualizando el aura de nuestra pareja o de algún amigo. por supuesto, las posibilidades de éxito serán mayores si la persona participa de buen grado en el experimento. Es aconsejable buscar un amigo interesado en ver el aura y turnarnos para hacerlo. Pongamos música suave y relajante. Tengamos el conocimiento de lo que hacemos antes de intentar cualquier visualización, meditación o lectura del aura. Esto es, que conozcamos los diferentes pasos.

Tanto nosotros como la persona, a la que se le va a leer el aura debemos empezar por cerrar los ojos y respirar profundamente para relajarnos. Sentémonos con el tronco recto, las piernas sin cruzar y los pies apoyados en el suelo. Coloquemos las manos sobre nuestro regazo con las pal­mas hacia arriba. Después respiremos hondo y abramos los ojos len­tamente: no los abramos del todo. Recordemos que no debemos concentrarnos en intentar ver el aura. Relajémonos y procuremos mirar el perfil de la persona que tenemos enfrente. Al cabo de un rato, la rodopsina decolorara los bas­tones y nos obligara a cerrar de nuevo los ojos para permitir que se resinteticen. Al cerrar los ojos es probable que veamos imágenes que se hayan grabado en nuestra mente. Aparecerán como una imagen en negativo. De­jemos que estas imágenes se fundan y luego volvamos a abrir los ojos. Repitamos el proceso tantas veces como sea necesario. Se recomienda tener un cuaderno para anotar las observaciones. Si trabajamos varias veces con la misma persona, es interesante comparar las notas para ver si hay cambios o coincidencias entre una sesión y otra, Tomemos nota de los colores, formas, sentimientos, símbolos o imágenes que hayamos percibido.

La práctica de este método nos fortalecerá la visión del aura y cada vez nos resultara más fácil. No nos desani­memos, el desarrollo de este método suele llevar tiempo. Algunas personas ven los colores perfectamente, mientras que otras sólo aprecian un halo azul. Recordemos que no debemos esforzarnos en ver el aura; relajémonos y dejemos que ocurra naturalmente. Al poner demasiado empeño, nuestra visión convergente entra automáticamente en funcionamiento. Cuando los músculos del ojo se fatigan, la posición de este varía ligeramente, Y entonces vemos la imagen gra­bada donde deberíamos de ver el aura. A esto se le conoce como “falsa aura”, la cual es de un color opaco, no traslucido como el aura verdadera. Al realizar la lectura de: aura, disfrutemos de la expe­riencia y estemos alegres. Cuando intentemos por primera vez “leer” el aura de una persona, hagamos que nos formule una pregunta cuya respuesta se pueda verificar fácilmente. Al ver o sentir el aura por primera vez, necesitaremos adquirir cierto grado de confianza. Por este motivo, es conveniente que la persona cuya aura estemos observando, responda con sinceridad a las interpretaciones que le estamos planteando. Para complicar mas las casas, es posible que los colares que observamos parezcan erróneas, porque los pensa­mientos de la persona, tal vez no correspondan a los que se tengan en ese momento, pero si pueden corresponder a un suceso posada o a un recuerdo inconsciente.

Así, un lectura del aura, puede ser muy importante, a pesar de una negativa por parte de la persona que se esta observando. Aquí es, en estos primeros intentos, donde nos hare­mos distintos de los demás. Si encontramos fracasos tendremos que continuar con decisión. Todas las etapas de la percepción extra sensorial exigen esfuerzo, a pesar de la actitud negativa de los que nos rodean. ¡Pidamos permiso! EI mirar en el interior del aura de una persona es una cuestión muy personal. Pidamos permiso antes de aden­trarnos en ese mundo de mensajes sutiles. Si entramos sin el es fácil que percibamos una imagen distorsionada. Cuando ya creemos que “vemos” el aura, tenemos que dar el siguiente paso; realmente ver el aura. ¿Como es esto? Lo que sucede en la mayoría de los casos, es que nuestro ser interior intuye las emanaciones áureas y las forma en la mente mediante los órganos visuales. Tal vez lo que estamos viendo es solo la capa física del aura. Esto es apenas el comienzo, debemos seguir intentándolo y continuar capa tras capa, hasta que podamos percibir su Luz. “Los colore del aura son claros y luminosos; son emanaciones de la Energía Universal de una delicadeza indescriptible”.

El aura es una Luz que fluye de la Energía Universal, pero cuando enfermamos física o mentalmente, perdemos su luminosidad y se vuelve oscura y sombría. Recordemos que el aura es la suma total de las ema­naciones de vida de cada uno de nosotros, y que con frecuencia, esconde a la vista de todos, nuestro lado más oscuro. Por lo tanto, debemos buscar en nuestro interior y sacar lo mejor de nosotros hacia la superficie, para recuperar su Luz. Este proceso de purificación nos traerá el fortaleci­miento de nuestra vida y por lo tanto, del aura. Afortunadamente, el aura se puede limpiar, devolviéndonos la vitalidad física y mental. La limpieza del aura puede aliviar nuestras molestias, facilitarnos la respiración, aliviar la fatiga y reducir la tensión. Otro de sus aspectos, es la ayuda espiritual que nos brinda y que nos aleja de todo pensamiento negativo. Pero la limpieza del aura tiene efectos temporales si insistimos en volver a la infelicidad y alas molestias. Ya que la limpieza del aura puede ser un recurso eficaz para restablecer nuestro equilibrio, a continuación se des­cribirán los pasos necesarios para limpiar el aura de otra persona. Empecemos la limpieza buscando una pared sin dibujos. No debe haber corrientes de aire que nos distraigan. Debemos recomendar a la persona, a la cual se le va ha hacer la limpieza, que no se mueva. Se puede sentar, aunque es preferible que permanezca de pie, ya que la limpieza sólo dura algunos minutos.

Debemos decide que adopte la postura que le sea mas cómoda, después le pedimos que cierre los ojos y que piense en El. Nadie cura sin la ayuda de una fuerza superior. Puede llamar a esta fuerza energía universal, mente sobre la materia o Dios. Como quiera que la llame, proviene de Uno que es mayor que nosotros. Cuando la persona cierre los ojos, podrá imaginarse una oración, ya sea como pensamiento visual o auditivo; esto ayudara para la aceptación de la limpieza del aura. Para protegernos de cargar la enfermedad, frotémonos las palmas sobre una superficie áspera, descargándonos de energía. EI objetivo es rechazar la energía que emana de la persona enferma. Se debe repetir este ejercicio protector después de cada ciclo de limpieza. Podemos empezar la limpieza. Nos arrodillamos y empezamos por los pies, para después ir subiendo hacia arriba y hacia afuera, hasta llegar a la parte superior de la cabeza. Con las palmas de las manos hacia arriba, y ligeramente inclinadas hacia afuera, localicemos el exterior del aura e intentemos apartar la suciedad. En realidad, nuestras manos actuaran como el agua y el jabón, limpiando las fibras sucias.

Cuando vayamos subiendo, el aura que este de­bajo de nuestras manos estará limpia. Cuando hayamos llegado a la parte superior de la cabeza, apartemos las manos y oremos pidiendo que la suciedad retirada del aura penetre en la tierra, donde no pueda hacerle mal a nadie. Inclinando ligeramente hacia abajo las palmas de las manos haremos que la suciedad caiga con facilidad a tierra. Después de habernos liberado del aura sucia, frotémonos sobre la superficie áspera y volvamos a comenzar el proceso. Para completar satisfactoriamente la limpieza del aura se precisa hacerlo por lo menos tres veces. Cuando hayamos completado la limpieza del aura, es fundamental mantener la mente de la persona apartada de todos sus problemas, y cuando se empiece a sentirse mejor física y mentalmente, es prudente hacer que se acueste y descanse. EI periodo de descanso variara en función de la duración de la enfermedad. Pidamos a la persona que evite hablar durante la limpieza, pues el silencio ayuda a la paz mental que hemos inducido a limpiar el aura.

Otro método eficaz para la limpieza del aura, en una persona, es el siguiente: Empecemos por colocar las palmas de las dos manos sobre su cabeza. La mano derecha debe estar sobre la zona del dolor en la parte delantera de su cabeza y la mano izquierda sobre la base de la cabeza. Mantengamos las manos en esta posición durante varios minutes, mientras tiene lugar la curación. Fluirán sensaciones de calor a la zona del dolor y se calentara mucho la palma de la mana derecha. Cuando esta zona se enfríe, se habrá efectuado la curación. Cuando se practica este método de curación, se reduce la sobrecarga de estímulos, permitiendo que el aura vuelva a fluir regularmente. Como siempre, hagamos que la persona se relaje, recostándose después de la curación e impidámosle que recuerde el periodo de sufrimiento. Si somos capaces de percibir el color del aura de esta persona, veremos que su color habrá cam­biado. Este método de “limpieza del aura” es muy beneficioso para los dolores de cabeza, la tensión y la ira. Hay algunas advertencias sobre la limpieza del aura. Si la persona se mueve durante la limpieza, el aura puede llegar a abrirse, provocando una situación grave. Cuando se ha emprendido la limpieza del aura, la persona debe permanecer quieta. Un aura alterada puede tener zonas abiertas por las que pueden entrar influencias negativas. Es indispensable que como “curadores” seamos ca­paces de ver, sentir o percibir el aura. La actitud, los deseos y las buenas intenciones deben estar respaldados para nuestro conocimiento y nuestra conciencia. Siempre que ayudemos a una persona limpiándole su aura, debemos dar gracias a EI, por habernos otorgado el don de ver su Luz.

La curación del aura

La enfermedad es la falta de armonía de nuestros sistemas físicos. mentales y espirituales. La salud es equili­brio. Podríamos definir la armonía como la combinación adecuada de todos los elementos que nos dan vida. La energía negativa afecta la frecuencia y la amplitud del funcionamiento normal de las células sanas, alterando las emanaciones áuricas. La falta de armonía puede tener su origen en acon­tecimientos y actitudes muy diversas: falta de autoestima, la muerte de un ser querido, miedo, culpa, depresión y una lista interminable. Debemos tener presente que todos nosotros estamos unidos en algún nivel o niveles de conciencia, y muy próximos, por la capa áurica vital. Cuanto mas conscientes seamos del hecho de que esta experiencia que estamos viviendo, es parte de nuestro aprendizaje, mas fácil nos resultara asimilarla. Lo que queremos decir es que al estar participando en nuestro proceso evolutivo de manera consciente, debe­mos dejarnos llevar por el flujo natural de nuestra vida, y de esta forma tendremos menos falta de armonía. La mayoría de los problemas que tenemos a lo largo de nuestra vida, tiene su origen en que caemos siempre en los mismos errores.

Las lecciones que no aprendimos la primera vez, se repetirán con mayor poder la vez siguiente. Al darle la vuelta a las cuestiones importantes de nuestra vida, producimos una energía negativa que afecta a nuestras células físicas. El ritmo de vibración de estas células no esta en la misma frecuencia que las de más y es entonces cuando los mecanismos de defensa de nuestro cuerpo comienzan su ataque contra las células afectadas. Estos síntomas los solemos ignorar basta que nuestro organismo queda realmente incapacitado. Para entonces el trastorno se ha agudizado y la curación, o el equilibrio se ha vuelto mas difícil. Al observar el aura se pueden apreciar estos trastornos antes de que lleguen a la fase de su manifestación física. Cuanto antes se haga un diagnostico exacto y se siga un tratamiento, mejor. En la mayoría de los casos, la medicina moderna solo hace el diagnostico una vez que presenta­mos síntomas físicos. Entonces se limita a tratar el cuerpo físico, eliminando los síntomas. Pero la raíz del trastorno suele ignorarse. La buena salud no es solo el funcionamiento armonioso del cuerpo físico, es también la armonía de los cuerpos espiritual, mental, y emocional.

Su Luz y la curación

La luz es importante para la curación en el plano aurico. Los efectos de la luz visible producen un cambio de vibración de las emanaciones áuricas. Esto afecta tanto a los cuerpos sutiles como al cuerpo físico, ya que sabemos que toda lo. materia es energía en vibración. Las distintas energías presentan diferentes frecuencias vibratorias. La ciencia moderna y la medicina emplean todo tipo de frecuencias vibratorias; desde las microondas hasta los rayos X, las ondas de radio y televisión, el teléfono y otras. Como podemos ver, las diferentes frecuencias son aceptadas y utilizadas por la medicina y la ciencia con fines diversos por lo tanto, seria absurdo pensar que la luz visible es una excepción. Cualquier biólogo a botánico nos podrá decir que la luz visible es absolutamente esencial para la salud y la propia existencia de la vida en este planeta.

Cualquier procedimiento quirúrgico, trauma fisco o enfermedad se manifestara en forma de trastornos en el aura. La manifestación de este trastorno es la ausencia de luz áurica. Estos agujeros en el aura permiten el desarrollo de infecciones y otro tipo de complicaciones en lo. zona física afectada. Los procesos de curación natural se ven obstaculizados durante algún tiempo y la curación es muy lenta. Se ha podido comprobar que si inmediatamente después de una intervención quirúrgica, alguien proyecta la energía curativa de sus manos a las capas áuricas que hay sobre la herida, el proceso curativo se acelera conside­rablemente. A esto se le llama “curación y sellado” del aura.

Bastara con colocar la palma de nuestra mano derecha sobre una herida y efectuar un movimiento circular con la mano en cada plano de las cinco capas áuricas inferiores. Se puede utilizar un cristal, además de las manos, ya que estos favorecen la curación al concentrar energía. También se puede proyectar un color deterrninado, según sea el problema que se este tratando. Pero lo verdaderamente importante no son los colores o el cristal, ni siquiera trabajar en distintos pianos del aura sino que se realice con amor. El amor es lo que impulsa la energía de las manos. Es lo que hace que la vida vuelva al espacio aurico vacío. Todos podemos emplear este proceso simplemente transmitiendo amor a través de nuestras manos. Este método debe estar armonizado con la actitud de la persona enferma, ya que nadie se cura si no acepta la curación y estimula los sistemas de curación naturales. Podemos resumir este proceso curativo en las siguien­tes puntas: La curación es un proceso estimulado por un intercambio de energía amorosa. Para curamos por completo tenemos que encontrar la raíz del problema y no tratar solamente el cuerpo fisco. El uso de visualizaciones y afirmaciones puede hacer que la mente se concentre en lo positivo, sustituyendo las creencias y comportamientos negativos. La luz visible es un instrumento importante para la curación por media del aura. Serla conveniente que analizáramos nuestra forma de vida y nuestro trabajo, e hiciéramos los cambios oportunos. La intención es más importante que la técnica. Todo aquel que tenga la actitud correcta puede curar a los demás o curarse a sí mismo. La curación y sellado del aura garantiza un periodo de curación rápido y sin efectos secundarios. Cada uno de nosotros somos responsables de nuestra curación, así como también somos los únicos responsables de nuestra falta de armonía. No nos engañemos, su Luz nos pertenece y debemos contemplarla. La Luz es nuestra, exijámosla y seamos uno con ella. “Si invocamos su luz, podremos percibir el bello cristal de la pureza cósmica y así ver con claridad la Luz en otros” ..

El aura protectora

“El fortalecimiento del aura es el primer paso en el camino correcto”

Para vivir la vida a plenitud es importante tener una actitud positiva, ya que esta genera hechos positivos y hace que los demás se muestren abiertos hacia nosotros. Los pensamientos y las actitudes negativas; así como los actos que de ellos resulten, limitan nuestra capacidad y provocan situaciones dolorosas. Somos nosotros los que creamos nuestro realidad a cada momento; las elecciones que hacemos, ya sean positivas o negativas, causarán efecto positivo o negativo, respectivamente. Una vez que comprendemos que siempre tenemos la posibilidad de elegir entre estas dos realidades en cual­quier momento, adquirimos una gran responsabilidad.

¡La elección es simple, optamos por lo positivo!

Una de estas posibilidades, es una técnica de visualización llamada el aura protectora, la cual podemos emplear y nuestro vida cambiara, ya que al ayudarnos a crear actitudes positivas, sucederán cosas positivas. Esta visualización la podremos hacer en cualquier parte. No hace falta que cerremos los ojos, aunque al principio puede resultar mas fácil si la realizamos con los ojos cerrados. Una vez que dominemos la idea básica la podremos emplear siempre que lo deseemos, en cualquier momento. EI aura protectora es estupenda cuando alguien intenta discutir con nosotros o perturbar nuestra tranquilidad. Es importante para ayudarnos a vivir “en el presente”. EI use del aura protectora requiere nuestro presencia en el eterno presente, ofreciendo paz y seguridad. Pensemos en todos los pensamientos negativos y los temores que nos acechan actualmente y alejémoslos de nosotros durante un tiempo. Tomemos la decisión de que al menos durante un minuto al día podemos librarnos de ellos. Este será nuestro escape momentáneo. Imaginemos que hemos arrojado toda esta carga mental que llevamos lejos de nosotros. La dejamos en un rincón y permitimos que salga de nuestra mente. Los momentos que vienen a continuación son maravillosos. Tomamos aire y gritamos en silencio:

iFuera!, pero pensándolo verdaderamente.

Respiramos profundamente y mantenemos la respiración contando hasta cinco, luego expulsamos el aire lentamente, liberando la tensión que aun pudiera quedar, y nos relajarnos. Respiramos por segundo vez imaginando que nuestro cuerpo esta cubierto por una hermosa capa de metal dorado. AI respirar esta vez, vemos que esta capa se infla, cubriéndonos y rodeando los bordes externos de nuestra aura. EI oro es el color protector por excelencia en el reino físico; sus reflejos y su pureza impiden que todas las fuerzas externas negativas entren en el aura. Lo negativo solo puede venir ahora desde nosotros mismos, desde el interior de la envoltura dorada. Llenemos el interior de este capullo protector dorado con la hermosa luz positiva del arco iris. Respiremos esta energía positiva, fresca y tranquilizante, y relajémonos. Es nuestro tiempo, aquí estamos a salvo, protegidos de las fuerzas negativas del exterior.

Sin embargo, hay una advertencia. Un pensamiento negativo procedente del interior puede destruir este capullo protector, y será preciso volver a reconstruirlo. Esto se hace fácilmente, basta con respirar para crear uno nuevo y llenarlo otra vez de cosas positivas. Como podernos notar, la primera vez que se trabaje con esta técnica, invertiremos gran cantidad de tiempo fabricando nuevas auras protectoras. Esta técnica es ideal para usarla en el trabajo. Con frecuencia nos vemos sometidos a presiones y nuestra atmósfera se llena de actitudes negativas. En estos casos, construyámonos un aura protectora. Una vez que alcancemos un estado de ánimo sereno y positivo, no entraremos en el juego de alguien que está enfadado.

¡Todas nuestras respuestas serán positivas! ¡Seremos intocables! Al vernos sonreír, nos devolverán la sonrisa. EI aura protectora es una visualización que genera pensamientos positivos en nosotros. Es la clave para que nuestra conciencia despierte y tengamos su Luz en nuestro corazón. Nuestra aura es algo muy frágil, que se puede cortar o desgarrar, e incluso penetrar. Debemos proteger nuestra aura y así como protegemos nuestro cuerpo ffsico; ya que una aura fuerte y saludable puede ser la esencia misma de nuestro salud física y mental. Protejamos este arco iris que nos rodeo, ya que al hacerlo estamos protegiendo todo nuestro ser. El aura nos sirve como espejo y escudo personal; ya que nos refleja y nos cubre. Cuando amamos a alguien, el aura adquiere un brillo suave que irradia cariño y admiración; es un espejo de nuestra alma. Pero si alguien esta enviando odio y violen­cia, nuestra aura nos protegerá; será un escudo. Para proteger nuestra aura, es básico que aprendamos amar nuestro cuerpo físico y mental.

La protección videncial debe formar parte pe todos los momentos durante la vigilia, y debe estar grabada en nuestro subconsciente. Este es uno de los aspectos más importantes de la conciencia del aura y debemos siempre tenerlo en cuenta y proteger nuestra aura. Un aura debidamente reforzada con el amor en noso­tros mismos y en la autoconfianza, puede llegar a irradiar energía positiva e influir directamente en todos los que nos rodean. Amar a la persona que nos hace daño es importante, pues elimina del aura todas la influencias negativas.  Aceptemos esto, y estaremos protegidos; incluso de la persona que mas daño nos puede hacer…¡Nosotros mismos!

Influencias negativas

Aunque tengamos la mejor salud física y mental, las influencias negativas se pueden percibir con frecuencia. Es importante reconocer estas influencias y evitarlas. Una influencia o vibración negativa es como una enfermedad contagiosa, ya que afectara a todos los que se encuentran cerca. Algunos de nosotros hemos percibido esta negatividad cuando en un grupo de personas de pronto se pierden’ las sonrisas. Parece como si el sol se hubiera puesto antes de tiempo y nos sentimos irritados y molestos. Para evitar esto, hagamos una visualización de grupo. Veamos que una capa nos cubre a todos, protegiéndonos y sintiendo su bondad y su pureza. Sepamos que la energía del amor universal nos rodea y que nos cura el alma. Si queremos intentar llevar la armonía a nuestros semejantes deberemos retirarnos a un lugar tranquilo Y silencioso, donde podamos concentrarnos y que no seamos interrumpidos.

Visualicemos una gran nube rosada que cubre a todas las personas que conocemos; imaginémoslas cubiertas por esta energía de amor. Veamos que cada una de ellas acepta el don del amor y del afecto, y a su vez que cada una de estas personas proyecta una sonrisa a otra persona. ¡No olvidemos incluirnos en este grupo! La gratitud es uno de los preceptos básicos de las personas que tienen el don de percibir su Luz,

Decidamos que camino queremos seguir: el de la armonía o el estarnos quejando de nuestra existencia. Nuestra aura, es el ropaje que El nos brinda con el fin de acrecentar el amor. No la destruyamos, ni la obliguemos a abrirse por descuido; por el contrario, hagamos que nos cubra herméticamente, porque nos envuelve en su Amor y en su luz. “¡Que oportunidad tan maravillosa tenemos, cuando logramos ver la Luz que El nos ha dado!” Más allá del arco iris

¡Quién no ha sido algo niño al mirar un

arco iris… tu siempre has tenido uno!

¿Algunos lo llaman aura… tú sólo brilla y sonríe!”

Sigamos en la búsqueda de ese ir mas allá de lo que somos, de continuar el esfuerzo encaminado a demostrar lo que podemos llegar a ser cuando nos unimos con su Luz: porque sabemos que esa energía que proviene de EI y que nos cubre, es la que nos da los tonos del arca iris.

Ya sabemos sobre la vibración del don sobre como afecta la retina del ojo conocemos sus diferentes aspectos y percibimos el sutil sombreado que indica las gradaciones de nuestros pensamientos y sentimientos.

Pero es mucho más maravilloso cuando en vez de percibirlos como emanaciones de nosotros por fin lo vemos como lo que es: la imagen original de su Luz, la cual se ha manifestado en nuestra aura.

Cualquiera de nosotros que intuimos nuestro verdade­ro tamaño, comparado con lo que vemos en una noche estrellada, percibimos la existencia de un Ser Superior, de una Energía Universal…de El

Esa Energía Universal que nos rodea y da vida a todas las cosas, esa Energía que no tiene Iímites y a la cual podemos recurrir en cualquier momento, en cualquier hora, de día o de noche, en cualquier día del año.

Algunos le asignan a esta energía nombres científicos: pero, sea cual sea su nombre, allí la tenemos para solicitarla siempre que lo deseemos.

¿Queremos éxito?

¿Necesitamos felicidad?

¿Buscamos el despertar espiritual?

Sea lo que sea a lo que aspiramos, podemos con­seguirlo por medio de la Energía Universal.

Cuando levantamos la vista al cielo, nos hacemos preguntas sobre nuestra existencia y la de todo lo que nos rodea, y nos encontramos con algo que está más allá de nuestra comprensión.

Este misterio insondable del universo es el secreto de la Energía Universal.

Los milagros de la naturaleza, la frescura de llover, una flor que se abre, el revolotear de un ave, los tonos del arco iris, el movimiento de los astros; todo esto que va más allá de nuestra verdadera comprensión.

La Energía Universal es de una vastedad tal, que a veces perdemos la capacidad de asombrarnos. Podemos acceder a esta energía y aprender a utilizarla de una manera constructiva. Todos los curadores utilizan esta Luz Universal; aunque pueden darle otros nombres, los resul­tados son los mismos.

Esta Energía Universal esta disponible para todos. Basta con saber que EI esta allí en todo momento para ayudarnos. Lo único que tenemos que hacer es aceptarlo.

La Energía Universal es también una forma excelente de obtener una relación armoniosa con los demás. Si tenemos un problema a la hora de relacionarnos con alguien o existe una situación que al parecer no se puede resolver probemos con la Energía Universal.

Lo importante es aprender a utilizar esta energía para el bien: así permanecerá el equilibrio de nuestra aura con lo que nos rodea.

Para recurrir a La Luz Universal, hagamos lo siguiente:

Busquemos un lugar donde relajarnos y meditar.

Es importante practicar esta reflexión en un ambiente tranquilo.

Calmemos nuestra mente antes de emprender este viaje del pensamiento hacia la Luz Universal.

Cerremos los ojos, respiremos profundamente, tres veces, y abandonemos todos los pensamientos externos.

Utilicemos la imaginación hasta su máxima altura.

Imaginemos el lugar en que estamos, sin techo, por el cual nos llega la Energía Universal. Visualicemos como se derraman los rayos del sol sobre nuestro cuerpo físico y mental, impregnándolo. Disfrutemos de las sensaciones de calor, del calor del alma, de la paz que El nos da.

Proyectemos una imagen de belleza sobre cualquier persona que intentemos ayudar a relacionarnos armoniosamente. Observemos como su rostro se beatifica al recibir la Luz Universal. Veamos como lo0 cubren los rayos del amor del sol. Pidámosle a EI que le ayude a encontrar la paz interior.

Esperemos en silencio y con paciencia a que esta persona encuentre la tranquilidad como la hemos encontrado nosotros.

Acerquémonos mentalmente a él con los brazos abiertos. Veamos una comprensión total, y sepamos que todo irá bien a partir de este momento.

Demos gracias a EI por hacer posible todas las cosas. Antes de abrir los ojos, seamos, conscientes de que la Luz Universal está disponible en todo momento.

Salgamos de nuestro lugar tranquilo sintiendo, amor y armonía. Caminemos suavemente sabiendo, sin reservas, que podemos recurrir en cualquier situación a la Luz Universal para que nos ayude.

El estudiar el aura nos demuestra que somos mejores de lo que pensábamos.

Podemos ver como se interrelacionan nuestros pen­samientos, nuestra aura y nuestros chakras.

Hemos vista como podemos curamos y curar a los demás transmitiendo esa Energía Universal.

Al comprender el como crear y mejorar nuestro reali­dad descubrimos que del mismo modo podemos crear un mundo mejor.

Debemos saber que, de la misma manera que El nos da su Luz, le brinda esta misma Luz a todo el planeta; y así cada acto que realizamos, pasa a formar parte de esta aura planetaria.

Para seguir avanzando del modo más positivo debe­mos aprender primero a dominar el pasado y erradicar sus aspectos negativos para continuar caminando con libertad.

Es verdaderamente importante aprender a perdonar y desechar los acontecimientos del pasado. Al aferrarnos a sentimientos negativos, como el resentimiento, lo único que hacemos es alimentar nuestra ira, y ella se alimenta de nosotros.

Cuando eliminamos estos sentimientos negativos, lim­piamos nuestra aura y potenciamos la salud y el bienestar emocional, espiritual y físico,

¡EI perdón es fundamental!

Es la puerta que nos lleva más allá del arco iris, donde reina la paz y la armonía.

Tenemos las respuestas desde hace años. Rondaban en nuestra mente en el plano intelectual. Pero raras veces llegaban a nuestros corazones, allí donde la verdadera curación es necesaria,

La mayoría de nosotros ha oído hablar de las afirma­ciones o las hemos empleado, de una u otra forma, en algún momento de nuestra vida. Son un recurso excelente para superar los viejos recuerdos, sustituyendo las conduc­tas negativas por otras positivas.

Muchos de nosotros, tal vez, habremos intentado rea­lizar ejercicios de afirmación con poco o ningún éxito. Las afirmaciones eran demasiado largas o simplemente nos dábamos por vencidos,

Otros habremos obtenido resultados negativos de estas afirmaciones, Debemos tener cuidado al pronunciar las afirmaciones, La causa mas común por la que una afirmación no surte efecto suele ser porque se emplea durante un periodo de tiempo demasiado breve. Los comportamientos, creencias y actitudes que intentamos cambiar han crecido con nosotros durante muchos años y es preciso un esfuerzo tremendo para superarlos.

Dado que los viejos recuerdos han tenido mucho tiempo para quedar grabados en nuestro subconsciente, su superación requiere un periodo igualmente largo.

La afirmación debe ser breve, ya que el ego busca alguna razón para no cambiar y una afirmación larga es una buena excusa para detener el proceso.

La afirmación debe tener una estructura sencilla.

EI primer paso consiste en formular una frase concisa y segura que diga lo que queremos ser o tener.

¡Yo Soy su Luz!

El siguiente paso consiste en poner la afirmación en funcionamiento Repitamos la frase, con sentimiento, cien veces al día. Parece una tarea imposible, pero no lo es. Se pueden recitar en cualquier momento.

Cada vez que se empieza una nueva afirmación es bueno pronunciarla en voz alta. Pongamos todo nuestro sentimiento en lo que estamos diciendo.

EI tercer paso consiste en repetir la afirmación durante un plazo que nos hayamos fijado, por ejemplo tres meses. Recordemos que estamos tratando de eliminar comportamientos muy arraigados.

Si obtenemos antes resultados. continuemos con la afirmación hasta terminar con el plazo fijado.

¡Terminemos lo que empezamos!

El momento más difícil es cuando llega el momento de parar y no deseamos hacerlo, porque la afirmación se ha convertido en nuestro “amigo”.

Posados los tres meses pensemos que otra cosa corregir. Elaboremos una nueva afirmación y continuemos.

¡Rompamos con el pasado, tengamos una nueva con­ciencia y atrevámonos a ir…. más allá del arco iris!

¡Seamos perfectos en nuestros actos… y brillemos en nuestra aura!

Construyamos un templo cósmico formado por muchas auras…

Unamos nuestro microcosmos con el macrocosmos. . .

Vivamos una conciencia planetaria. .

¡Vayamos más allá del arco iris…!

“Yo soy su Luz, vivo en su Luz…

Soy la dimensión más plena de su Luz…

Soy la intención más pura de su Luz”.

Después de saludar a su cliente y discutir lo que ellos pueden esperar de Reiki y contestar cualquier inquietud, les pregunta acerca de sus razones para buscar el tratamiento de Reiki y lo que ellos esperan de Reiki. Es mejor que su cliente se quite los zapatos, los lentes y algunas joyas voluminosas. Ellos no deben llevar accesorios pero deberán permanecer completamente vestidos y cómodos. Pero esto no es obligatorio, se recomienda. Ellos no necesitan quitarse el anillo de bodas, las dentaduras, pendientes pequeños, los anillos de ombligo etcétera.

Para el tratamiento general coloque el cliente acostado en una mesa de masaje o si no es posible disponga otra mesa firme tal como una de cocina o de comedor con una almohadilla de algún tipo, o un banco, el sofá, la cama o el piso si eso es cómodo para ustedes dos. Los tratamientos pueden ser también hechos con el cliente sentado.

La limpieza emocionalEl receptor puede sentir frío, usted debe tener una frazada ligera disponible para cubrirlo si necesita, una o varias almohadas pueden ser útiles para arreglar al máximo y aliviar particularmente durante el tratamiento de la espalda. Esto puede ser un verdadero acierto si usted lo hace y obtiene un descanso para la cara del paciente.

Entraré en algunos detalles acerca del aura y los chakras, que forman parte del aura, porque ese es el mapa con que aprendí a trabajar.

Su cuerpo físico es sólo una parte pequeña de su verdadero ser. Lo que usted ve no es todo lo que usted tiene. El cuerpo humano no es apenas la sangre y los huesos que percibimos en el vehículo físico. Somos hechos de la energía que penetra cada capa de nuestro ser. Nuestro cuerpo físico es apenas energía que vibra más lentamente que la energía que está más allá de nuestra percepción común. El campo del aura o la energía es generalmente invisible a la visión física pero la mayoría de las personas pueden aprender a percibirla con la práctica. El aura es más densa cerca del cuerpo y llega a ser más sutil a medida que se separa. La mayoría de las Auras humanas se extienden de 1 a 5 pies fuera y alrededor del cuerpo, aunque en los individuos más espiritualmente desarrollados se dice que puede extenderse hasta 50 pies del cuerpo e incluso un poco más en algunos casos. El  Aura y la energía del cuerpo tienen capas, estructuras, canales energéticos y órganos dentro de él. Los traumas y disturbios emocionales pueden crear los bloqueos y otros daños en su cuerpo energético, si este daño no se repara y continúa en el tiempo, entonces la manifestación exterior de esto es la enfermedad.

 

 

 

El aura es el campo energía que penetra el cuerpo y se extiende fuera de él dos a cinco pies en la mayoría de las personas, algunos nombres comunes para las capas del aura desde el interior más densa a la capa exterior más fina o de más alta vibración son: 1. etérica 2. emocional 3. mental 4. causal 5. La plantilla etérica 6. intuitivo 7. cósmica. Estos nombres no son de ninguna manera definitivos y varias de las capas individuales y el sistema entero son a menudo llamados el cuerpo astral.

Hay muchas más capas de la energía del cuerpo o el aura que siete, algunos han enlistado más, yo puedo contar verdaderamente 32 y también dicen que hay 89 pero yo no estoy en posición de contarlas. Estas capas del aura no se segregan en la manera que la palabra capas pueda sugerir. Cada capa del aura interpenetra las otras y comienza en nuestro centro. La vibración de cada nivel llega a ser más fina y más alta cuando nosotros vamos del interior hacia fuera. Los niveles del aura no corresponden directamente a los planos esotéricos que es un área increíblemente compleja y oscura del estudio. Mientras que sí es cierto que somos sólo parte de un vasto universo de energía interconexionado que enfocaremos en el aura humana individual ahora. Ha habido confusión y variaciones considerables acerca de los nombres dados a cada uno de los Siete niveles conocidos del Aura. Estas descripciones obedecen a las maneras comunes que el aura es percibida, pero no son de ninguna manera la única o la descripción definitiva. Cuando trate de ver el aura, recuerde por favor que esto es una energía sutil y no es una exposición de luz. El aura cambia constantemente, puede tener un color predominante en las capas emocionales y causales. La manera que el aura se percibe puede variar magníficamente de persona a persona, las observaciones acerca de las capas se basan en un consenso general pero no son de ninguna manera absolutas. El tamaño varía también magníficamente dependiendo del nivel de la energía de la persona y la manera como ellos usan esa parte particular de sí mismos. El estrés, el trauma y el dolor emocional pueden mostrarse como deformaciones y bloqueos en el aura tiempo antes de que ellos lo manifiesten como enfermedad en el plano físico. Cada capa es relacionada al chakra del mismo número.

 

Desde dentro hasta el exterior del cuerpo, pasando por la piel física, todo es penetrado por estas capas.

 

1. Etérico: baja astral, chakra raíz, una capa azulada o grisácea que se extiende una pulgada o dos fuera del cuerpo, muy asociado con el cuerpo físico, es el más fácil de ver. Algunas personas son capaces de ver los destellos etéricos de los órganos internos. Algunas personas ven una luz Azul en un marco azul oscuro. Asuntos de Sobrevivencia, la función física del cuerpo y la sensación física del dolor, el placer, etc. automático de funciones.

 

2. Emocional: Chakra Sacro, los aspectos emocionales de nuestro vivir. Suave, nubes de luz multicolor visible de una a seis pulgadas fuera, esta es la capa donde la mayoría de las personas describen que el Aura muestra los lugares oscuros o área nublada y áreas estancadas donde los bloqueos y el dolor emocionales existen.

 

3. Mental: cuadrícula dorada, Chakra Plexo Solar, el cuerpo mental refleja los procesos del pensamiento, tipos de pensamiento. El poder personal.

 

Estos tres cuerpos son el más bajo astral y se dice que juntos componen la personalidad y que se crea en la concepción y se disuelve en la muerte.

 

4. Causal: más Alto Astral, búdico, chakra Corazón, nubes multicolores, asociado con el corazón y el amor. Este conecta el plano más bajo con los tres del más alto, virtualmente toda la energía curativa viene por esta capa es la capa del amor, ambos específico y universal, y el primero de las capas espirituales.

 

5. Atmic: (plantilla Eterica) la beatitud, chakra garganta, los aspectos más altos de la conexión con lo divino, el habla y la comunicación, escuchar, responsabilidad que toma por otros y pone en las acciones, vista por algunos como una rejilla de luz azul que rodea el cuerpo y se extiende cerca de dos y medio pies fuera del cuerpo. Ha sido muy raro para la personas activar esta capa pero se logra cuando se logra el equilibrio y se promueve una beatitud mostrándose como un ser movido por lo Divino. Está llegando a activarse más en las personas de este tiempo. El poder de la palabra y la manifestación.

 

6. Intuitivo: (monadic) plantilla del ketherico, chakra de la Frente, rayos multicolores de luz, comunicación espiritual con el conocimiento Divino para nutrirse de Amor a sí mismo como un aspecto de lo que es llamado por algunos, Dios, Amor de toda vida y la unión con el todo.

 

7. Cósmico: universal, esfera de rayos dorados o blancos del ketherico, chakra Corona, más alto, la mente, la conexión con la información divina y espiritual y la integración del espiritual y los aspectos físicos de ser.

 


[1] Posible es que nosotros no nos hayamos hecho cargo de todo el alcance que el escritor encierra en este párrafo, porque, a la verdad, no vemos la absoluta imposibilidad de comprender estos asertos, desde el momento en que se admite lo que en este escrito se expo­ne, de que: (La Ciencia Oculta) principia por el postulado de que el Ser elevado que emprende la formación de un sistema (a quien a veces llamamos el Logos del sistema), forma primero en su mente un concepto completo de la totalidad del misma, con todas sus suce­sivas cadenas. Por el acto mismo de tal concepción, llama a todo si­multáneamente a la existencia objetiva en el plano de su pensamien­to (plano, por supuesto, mucho más elevado que ninguno de los que tenemos conocimiento), desde el cual descienden, en el debido momento, los diversos globos, cualquiera que sea el estado más objetivo que les esté destinado. A menos que tengamos siempre presente el hecho de la existencia real de todo el sistema, desde el principio mismo, en un plano superior, nunca llegaremos a comprender debi­damente la evolución física que vemos actuando aquí abajo. Entendemos que no puede darse una explicación más clara y preci­sa, para cualquier estudiante de Teosofía, que el párrafo transcrito del porqué y del cómo no existe ni puede existir para la conciencia del Logos un pasado y un futuro reales respecto de nuestro sistema, sino únicamente el presente; pues no puede ser de otro modo desde el momento en que por el acto mismo de la concepción del siste­ma, llama a todo simultáneamente a la existencia objetiva en el pla­no de su pensamiento; cual plano añadimos nosotros, es para El lo que para los simples mortales es la conciencia física, para la cual está presente cualquier objeto físico mientras subsista como tal. No obstante, esto no implica que para la conciencia del Logos deje de existir a su vez un pasado, un presente y un futuro con relación al Ab­soluto, porque ha llegado a tan elevada conciencia por medio de la evolución, y por etapas sucesivas continuará siempre elevándose en la infinidad de la escala de la Conciencia Absoluta, o lo que es lo mismo, que El es, respecto del Absoluto, un Ser mudable y progresi­vo, lo cual implica que necesariamente tiene que existir para su con­ciencia un pasado, un presente y un futuro o sea lo que ha sido, lo que es y lo que será.

[2] Desde el momento en que el Logos ha objetivado en su concien­cia la totalidad del sistema, no hay posibilidad de que exista un futuro en El mismo, puesto que lo tiene todo presente. La objetivación física gradual de su concepción, en nada afecta a ésta, por cuanto el Maya de los diferentes planos de una manifestación más objetivada no tiene realidad alguna para EL

[3] El autor apunta aquí el mismo dilema: ¿Existe el Libre Albedrio? en donde, por modo incontrovertible, se expone lo fatal de la peren­ne manifestación de totalidad del Todo Infinito de los Números, como corolario de la Inmutabilidad de la Ideación Absoluta, en donde el Todo se encuentra, simultáneamente, en potencia y en acto. El autor trata de salvar la dificultad del dualismo que se presenta entre dos verdades – la verdad de la no existencia del futuro en la conciencia del Logos, y la verdad del Libre Albedrio que niega la predestinación implicada por la otra verdad – con el argumento de la previsión todopoderosa de una sabiduria omnisciente, argumento que, a nuestro modo de ver, es una espada de dos filos que deja la cuestión en pie. Entendemos que los dos factores antagónicos, «fatalidad» y «libre albedrio», son tan verdad el uno como el otro, y este mismo antago­nismo los denuncia como el par de opuestos de la Ley de Justicia que rige la evolución: fatalidad en el fenómeno, libre albedrio en el noumeno, fenómeno y noumeno tan intrincadamente enlazados, que llegan a ser indistingibles para la intelectualidad pura, la cual únicamente admite el primero, por ser el segundo sólo perceptible al sex­to sentido, el sentido del intelecto espiritual, del cual sólo se posee aquí abajo un reflejo y aun éste, por desgracia, muy poco generaliza­do. Esto explica por qué distinguimos con tanta claridad el fatalismo, que es la característica del fenómeno, y por qué se nos escapa la explicación racional de la característica del noumeno, o sea el libre albedrio, cuya existencia efectiva es tan evidente al sentido interno, como lo es la fatalidad para el sentido vulgar.

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AURA FÍSICA

PRANAYAMAHOSHA

AURA DE LA SALUD

Aura Primera casi incolora, y parece como es­triada, es decir, como compuesta de una infinidad de líneas rectilíneas que irradian del cuerpo en to­das direcciones.

AURA ETÉREA

 

AURA VITAL

Aura Segunda

Íntimamente unida con la precedente, está aura pránica, El prana irradiado no tiene el color rosa, bajo el que se le distingue fácilmente cuando cir­cunda al cuerpo, sino que posee un color con ma­tiz clarísimo, pálido. en los días de estío, vemos surgir de las tierras expuestas a los rayos del sol. Se podría llamar así también aura magnética, y sirve, en efecto, para producir muchos fenómenos de mesmerismo. Eso es probablemente la llama magnética que los sensitivos han observa­do en algunos experimentos del Barón Reichenbach.

 

AURA ASTRAL

 

Aura Tercera

El tercer aura que hemos de considerar es la que representa Kama o el deseo. Un acceso de cólera llena el aura de ráfagas rojizas sobre un fondo obscuro y un espanto súbito trans­forma instantáneamente todo en una masa lúgubre de gris lívido.

 

AURA MENTAL INFERIOR

 

Aura Cuarta

Muy estrechamente unida al aura kámica se en­cuentra del manas inferior, registra exactamente los progresos de la personali­dad. formada por un orden de materia más elevado que el de la substancia kámica, que corresponde a los subplanos inferiores del plano mental o devachánico. De esta substancia está formado el vehículo en el que la personalidad pasa su periodo de sueño en el Devachán; y de ella está formado también el Mayavirupa, el cuerpo de que el adepto o el discípulo se sirven para obrar so­bre el astral o los subplanos devachánicos inferiores, pues ese vehículo es superior, bajo todos respetos al «cuerpo astral» de que hemos hablado ya. Este cuarto aura, representa; en suma, el estado medio de las auras inferiores a ella; pero es algo más, pues aparecen en la misma rayos de intelec­tualidad y de espiritualidad que no dejan su huella sobre las envolturas inferiores. Si las llamas colorea­das, formadas por las vibraciones engendradas por los deseos, se producen frecuentemente y con in­tensidad en el aura kámica, provocan por fuerza vi­braciones correspondientes en este aura manásica inferior, produciendo en ella un tinte permanente del mismo color. Es así también como en este aura se pueden leer las disposiciones generales o el ca­rácter de una persona, sus buenas y peores partes; y en algunas de la corrientes, en relación con esa aura, pueden registrarse los cuadros de la pasada personalidad terrestre, cuadros sobre los cuales pueden leer algunos clarividentes como sobre un libro. Cuando, durante el sueño, un hombre aban­dona su cuerpo, la mayor parte del tercer aura, el cuarto y los que le siguen por debajo, le acompa­ñan, mientras que la primera y la segunda, más un débil residuo de la tercera, que no se ha empleado para la formación del cuerpo astral, quedan con su cuerpo. Y ha de tenerse en cuenta que si ese hom­bre ha de pasar a un plano superior, el devachánico o el espiritual, dejará más numerosas auras tras sí. Es interesante conocer los matices que las diver­sas cualidades mentales o morales pueden dar a las auras tercera y cuarta (la kámica y la manásica inferior). Esto es un tema de estudio de los más complejos y difíciles de proseguir, y en el que la ecuación personal de los diversos observadores entra por mucho, lo que hace, además, que haya difícilmente un completo acuerdo. La verdad es que sólo tras un cuidadoso estudio y una larga prác­tica se puede asegurar uno de la visión sobre el pla­no astral y los demás. Precisa, además, un alto nivel de instrucción para no equivocarse y recoger aque­llo que puede contribuir a exagerar la ecuación per­sonal, cuando se quiere expresarlo con palabras. La lista de los colores y de su significación que ahora sigue, puede tomarse como la expresión de la opinión de dos o tres personas únicamente.

 

 

AURA MENTAL SUPERIOR

 

Aura Quinta

Venimos ahora a considerar el aura quinta, la del Manas superior o Individualidad. No hay que decir que ese aura no la ve todo el mundo. En los casos en que es perceptible, su belleza y su delicadeza están por encima de toda expresión. Asemejase menos a una nube coloreada, que a una luz viva; pero no hay en verdad palabras para expresarla. Está compuesta de una materia que corresponde a la de los subplanos devachánicos más elevados, y es en efecto el Karana Sharira, el vehículo del Ego reencarnador que pasa con él, de vida en vida, por las condiciones de su substancia y de su grado de avance. En el aura de un adepto, tiene tan inmenso predominio sobre el aura de la personalidad, que esta última en realidad no existe; pero el estudio del aura del adepto está por encima de los medios de aquellos que están en el comienzo del Path (Sendero). Uno, por ejemplo, de esos puntos im­portantes a considerar, es el de ese obscuro y mis­terioso factor que indica el tipo particular a que per­tenece el adepto, y de ese orden de ideas que reve­la una tradición persistente, – y perfectamente fun­dada – es la preservación de las pinturas murales que representan a Gotama Buddha en los templos de Ceilán. El Gran Maestro está representado en ellas con aura cuya coloración y disposición serían ridículas e imposibles si se tratara de un hombre or­dinario o de un adepto (si puede usarse sin irreve­rencia tal expresión), de un adepto medianamente desarrollado, pero que son en realidad la represen­tación basta del actual estado áureo de los adeptos del tipo particular al que pertenecen los Buddhas. Es de notar, además, que algunas de esas pinturas indican también el aura de salud de que hemos hablado al principio.

 

AURA ESPIRITUAL

 

Auras Sexta y Séptima

Las auras sexta y séptima existen sin duda, pero no tenemos datos sobre ellas; las mismas anterio­res son ya bastante difíciles de imaginar por el que no las ha visto. Podrá formarse quizá una idea re­cordando que todas las partes constitutivas del aura son sencillamente manifestaciones de una misma entidad en planos diferentes, no siendo sino ema­naciones del hombre como diversas expresiones del mismo. Al verdadero hombre no podemos verle, pero a medida que aumenta nuestra vista y nuestro cono­cimiento nos aproximamos a Eso que se oculta en él; y si admitimos que el Karana Sharira es el vehí­culo más elevado que podemos percibir, estamos entonces cerca de la concepción del verdadero hombre que podemos ver. Pero si el mismo hom­bre no se considera sino desde el punto de vista de los planos inferiores devachánicos, únicamente se verá lo que puede expresarse por el cuarto aura, la cual es la manifestación de la personalidad; y si se le examina sobre el plano astral, se encuentra que un nuevo velo le recubre, y que su parte inferior sólo ha podido expresarse por el vehículo kámico visible, mientras sobre el plano físico nos hallamos peor situados, puesto que el verdadero hombre nos está más escondido y oculto que nunca. Y aunque una vista abierta pueda percibir todas esas manifes­taciones, no es menos cierto que las más elevadas de ellas se aproximan más que las otras a la reali­dad, de suerte que es el aura lo que es el verdadero hombre, y no ese agregado de materia física crista­lizada que se ve en medio de ella y a lo que atribui­mos por nuestra ceguera una exagerada importan­cia. Estas líneas no pretenden, por lo demás, sino esbozar la superficie de un grandísimo problema, pero pueden servir para mostrar que el aura no es un estudio que esté desprovisto de interés para quien la ve, y desde que la visión de ella es a menudo una de las mayores evidencias de la apertura del sensorio supernatural, es razonable esperar que un gran número de nuestros miembros se colo­quen en situación de completar por su método de observación directa, la información que han de de­cidir para el estudio de nuestra literatura teosófica.