CUADRO MASLOW

LOS BENEFICIOS DEL AUTOANALISIS
CUANDO ESTAN SUSTENTADOS POR EL DISCERNIMIENTO

Por
Swami Krishnananda Saraswati
(Licenciado en Psicología)

Resume de este modo las dos principales formas en las cuales este poderoso instrumento puede manifestarse en el hombre. En aquel en el cual no existe control, ni deseo real de obtenerlo, los descontrolados pensamientos y sentimientos le harán padecer las turbulencias del desequilibrio y el conflicto de los pensamientos y emociones no armónicas o concordantes. Así la mente se convierte para él en una cruel ama, que no conoce ni domina. Los más encontrados pensamientos y pasiones, cuyo verdadero origen y causa desconoce, hacen fácil presa de él. La mente es aquí una cruel y caprichosa ama que reacciona, incluso a veces en forma violenta, según la idea o pasión predominante en ese momento. En este estado vive, con leves diferencias de variación y grado, en general el hombre. Pero, una inefable sensación, la cual se manifiesta en cada uno de un modo particular, le dice que esto no necesariamente debe ser así. Esta inefable sensación, le advierte que nuestras pasiones y pensamientos pueden ser conocidos en su real causa y origen y que nuestra mente puede ser dominada. Desde la más remota antigüedad el hombre ha conocido esta sensación, dando origen, en los casos en que su manifestación se hacía más fuerte y evidente, a la búsqueda de ese dominio, a fin de convertir a esa cruel ama en el útil y eficaz instrumento que en realidad es, en la fiel servidora del hombre.

Muchos nombres ha recibido y recibe esta sensación -“el llamado divino”, “la voz del Yo interno o Superior”, etcétera-, pero podemos genéricamente denominarla “nuestra interna intuición”. Esta particular sensación que tenemos y que nos dice que realmente podemos conocernos y lograr un total dominio de nuestros pensamientos y emociones, que podemos lograr y gozar de un estado de verdadera paz y equilibrio,  es el inicio y la base de un verdadero y eficaz autoanálisis. El atender correctamente lo que nos marca  esa intuición y desarrollarla en la debida forma, nos brindará dos importantes cosas: la necesaria confianza interna para intentar hasta su fin la tarea y nos señalará en forma clara el fin o meta a lograr, o sea el total conocimiento y dominio de nuestra mente. Si el interno llamado de esta intuición, que se halla en esencia presente en todos los seres humanos, se encuentra superado por todos los “ruidos” físicos -como por ejemplo los aparatos con audífono o el televisor continuamente prendidos y a todo volumen que no brindan paz e impiden pensar-, intelectuales -como los juzgamientos y dogmas que rigidizan y paralizan la capacidad de pensar- y pasionales -como los celos, enojos y odios que mutilan el sentir-,  que el hombre  inventa, se aficiona y muchas veces tercamente mantiene, éste no “escuchará” a su intuición, no habrá inquietud interna de real conocimiento, ni deseo, ni confianza para alcanzar esa meta. El hombre continuará viviendo a merced de esa cruel y caprichosa  ama, a la que desconoce y no domina y que es su propia mente.

Si atendemos y desarrollamos debidamente a aquello que sutil y constantemente nos marca nuestra intuición, habremos dado el primer paso hacia un positivo autoanálisis. Y habremos logrado también parte de la necesaria confianza interna y claramente determinado la meta a lograr, que es lo que intuitivamente percibimos: que el autoconocimiento es algo real y posible. Pero, habiéndonos ya decidido a hacer el debido caso a nuestra intuición, la pregunta que surge ahora es ¿cómo lograr que la mente esa “cruel ama”, se convierta en “fiel servidora”? Dos de las facultades que posee la mente son las que nos interesan en especial para el logro de nuestro cometido: su poder de reflexión y su poder de discriminación. El poder de reflexión es esa capacidad que posee la mente de poder estudiarse a sí misma. Tenemos la capacidad, tanto interna -o sea en nuestra propia mente, de sentir que esos pensamientos y emociones no son totalmente nuestros, como si pertenecieran a algún otro-, como externa -o sea la posibilidad de vernos actuar en relación a una situación o a los demás sintiéndonos ajenos a nosotros mismos-, de poder tomar cierta distancia de nosotros mismos y de reflexivamente estudiarnos, sea interna como externamente. Podemos pues tanto sentir internamente nuestros pensamientos y sentimientos de un modo bastante objetivo, como observarnos externamente también en forma suficientemente objetiva. Esta capacidad de poder reflexionar, de poder objetivarnos interna y externamente, no debe ser confundida con patologías disociativas o similares, pues el caso patológico es en general una malformación no buscada y siempre limitante. El desarrollo voluntario, metódico y consciente de una capacidad de nuestra mente, la que todos y en múltiples ocasiones experimentamos, no es ni patológica ni limitante, al contrario, va a servir para la mejor expresión de todas nuestras capacidades internas. haiku1

La otra facultad de la mente que nos interesa para el logro de nuestro fin es su capacidad o poder de discriminación. El poder de discriminar es la posibilidad que tenemos de poder distinguir, de poder diferenciar una cosa de otra. Esta facultad de nuestra mente, si la consideramos en forma ligera, a muchas personas mueve a risa: “¡Cómo no voy a saber distinguir entre dos cosas!”, nos dicen muy resueltas en apariencia. Sin entrar en ahondamientos, vemos que en todos los campos de la ciencia objetiva existen muy importantes y profundos problemas de discriminación, en la física, en la biología, la medicina o psicología, etcétera. En los dos últimos campos que hemos nombrado, podemos citar a modo de simple ejemplo, el problema discriminativo que implica un correcto diagnóstico. Esta dificultad discriminativa, enfocada en la filosofía occidental a través del problema en distinguir entre las cualidades primarias o definitorias y las secundarias o supletorias, o sea entre aquello que es propio o inherente y aquello que sólo es adherido o circunstancial al ente del que se trata, si la trasladamos a la mente del hombre vemos la real dificultad que presenta. ¿Cuál de todos esos pensamientos, de esos razonamientos que constantemente inundan nuestra mente es propio, original, realmente nuestro y no sobreimpuesto por la ignorancia de identificarnos con algo que en realidad no somos, por la costumbre, por el miedo, por el prejuicio, por el dogma y el fanatismo, por la comodidad? La misma pregunta podemos formularla con respecto a nuestros sentimientos y emociones. ¿Hasta dónde no estamos condicionados por todo lo nombrado y somos originalmente nosotros mismos?

Hemos visto hasta ahora tres de los importantes elementos que intervienen en un real y profundo autoanálisis. El primero fue el prestar la debida atención a esa inefable, pero no por eso menos real y existente en cada uno, sensación que hemos denominado intuición. El segundo fue el poder de reflexión que posee la mente, su capacidad de tomar cierta distancia de sí misma y así poder estudiarse. El tercero fue la capacidad discriminativa de la mente, su facultad de poder diferenciar entre dos distintos elementos o entre los elementos constitutivos o supletorios de un mismo elemento. El desarrollo del primero, de nuestra intuición, nos brindará la creciente confianza interna, necesaria para poder iniciar y continuar en la disciplina que implica el autoconocimiento. El desarrollo y aplicación metódica y consciente de los otros dos elementos, el poder de reflexión y el poder de discriminación de la mente, nos permitirá tomar la debida distancia de nosotros mismos y luego poder así distinguir entre los pensamientos y sentimientos realmente propios y aquellos sólo sobreimpuestos. Para poder eficazmente discrimininar entre lo propio y lo sobreimpuesto debemos realizar una profunda tarea de inquisitiva investigación. Hemos señalado en el párrafo anterior una pregunta que contiene varias de las cosas que nos condicionan -ignorancia, miedo, prejuicio, comodidad, etcétera-. Pero, ¿qué valor pueden tener las respuestas que obtengamos si a esta reflexiva, discriminativa inquisición que realizamos para investigar qué es lo que es nuestro en realidad y qué es lo sobreimpuesto, no las acompañamos de una real sinceridad?

Será sólo una total y completa sinceridad interna la que brindará respuestas efectivas. La que dará las respuestas que en verdad estamos buscando. Si las respuestas que damos no están acompañadas por esa total sinceridad interna, sólo serán un engaño más de nuestra mente. Y para ser realmente sinceros, debemos ser también realmente humildes, pues ¿qué es lo que sabemos en verdad de nosotros mismos? Y sabemos que quien toma las cosas con sincera humildad, siempre demuestra respeto, pues como no conoce, se mueve con cuidadosa atención, aunque sea dentro de sí mismo. Debemos hacer aquí una importante aclaración: se mueve con cuidado, con respeto, no con miedo o temor y sin la sensación de culpa tan afín a esas dos sensaciones. El cuidadoso y atento respeto que pone en su investigación interna le permite remover hasta las más profundas sensaciones de su interior sin miedo, culpa o temor, ubicándolas, ya conocidas y dominadas, en el justo lugar que les corresponde.

Con estos tres nuevos, pero conocidos elementos -sinceridad, humildad y respeto-, podemos decir que completamos aquellos elementos que nos son necesarios para obtener un real beneficio de un autoanálisis que se halle sustentado por un correcto discernimiento. Pero, quizá algunos de los lectores de estas notas encuentren que varios de los elementos aquí nombrados se hallan en coincidencia con los elementos que constituyen esa particular actitud mental denominada Shraddha, compuesta por Fe o Confianza en uno mismo, por Sinceridad, por Humildad y por Respeto, y que se encuentra perfectamente descripta desde muy antiguo en esa disciplina de verdadero autoconocimiento que es el Yoga. Efectivamente, los principales y básicos elementos son los mismos. Sólo hemos agregado aquí a las facultades reflexiva y discriminativa que posee la mente, las cuales van a ser las herramientas que van a permitir que esa primera e interna intuición se desarrolle en un  sentimiento de verdadera Fe o Confianza en uno mismo, y que es a la vez el camino y el destino al que debemos arribar, nosotros mismos. Estas facultades de la mente, como eficaces herramientas, guiadas por los sentimientos de Sinceridad, Humildad y Respeto, nos brindarán finalmente la meta deseada. Si a todos estos elementos, el sincero devoto, tomando este término en el sentido que le da la Vedanta monista, o sea “aquel que busca el conocimiento de su real naturaleza” (Shankara, La Joya Suprema del Discernimiento, 31), desea darle un correcto sentido, buscará además “la cuidadosa protección de un sabio espiritual que ha alcanzado la perfección” (ibídem, 3). Este Sabio Perfecto recibe en el Yoga el nombre de Sadgurú. Será Su “cuidadosa protección”, Su Desinteresada Guía, la que dará real sentido a nuestra búsqueda y a nuestras prácticas, impidiendo que caigamos en las sutiles trampas de la mente, en sus engaños intelectuales y emocionales. Los beneficios del autoanálisis cuando están sustentados por el correcto discernimiento y bajo la Guía de un Sadgurú, son el total conocimiento y dominio de nuestra naturaleza interna. Es lo que hará que el antiguo proverbio oriental, en su segunda parte, sea una realidad: “La mente es cruel ama, pero fiel servidora”.

sahngs

QUE LA LUZ DEL DISCERNIMIENTO NOS GUIE
DE LO IRREAL A LO REAL
QUE LA LUZ DE UN SADGURU NOS GUIE
EN NUESTRA BUSQUEDA INTERIOR
HARI OM TAT SAT

Los signos de escritura que no transmiten ideas ni significado resultan tontos y vacíos. Y esto no lo cambiará el análisis de los signos, por minucioso que sea. Otro tanto ocurre en el arte. El valor de una pintura no reside en la calidad de la tela y los colores; los componentes materiales del cuadro son portadores y transmisores de una idea, una imagen interior del artista. El lienzo y el color permiten la visualización de lo invisible y son, por lo tanto, expresión física de un contenido metafísico.

Referencias históricas a un campo energético universal

Época

Lugar

Nombres de la energía

Propiedades descubiertas

5000 a. de C.

India

Prana

La fuente básica de toda vida

3000 a. de C.

China

Ch’i

Presente en toda la materia

 

 

Yin y yang

Compuesta de 2 fuerzas polares,

equilibrio de 2 fuerzas polares =

salud

500 a. de C.

Grecia

Energía vital

Percibida como un cuerpo luminoso

que podía hacer curas

 

Siglo XVI

Europa ,Paracelso

Illiaster

 

Fuerza vital y materia vital; curación;

trabajo espiritual

Siglo XIX

Anton Mesmer

Flujo magnético

Podía cargar objetos animados e

inanimados; hipnosis; influencia a

distancia

 

 

Wilhelm von Leibniz

Elementos esenciales

Centros de fuerza que contienen su

propia fuente de movimiento

 

 

Wilhelm von Reichenbach

Fuerza ódica

Comparación con el campo

electromagnético

Fecha

Persona

Observado

Propiedades descubiertas

1911

Walter Kilner

Atmósfera humana

Aura

Utilizó pantallas y filtros de colores para ver 3 capas del aura; relacionó la configuración aural con la enfermedad

1940

George De La Warr

Emanaciones

Desarrolló instrumentos electrónicos para detectar las radiaciones de Tejidos vivos; lo usó para diagnósticos y curación a distancia

1930-1950

Wilhelm Reich

Orgón

Desarrolló un modo de psicoterapia usando la energía orgón en el cuerpo humano; estudió la energía en la naturaleza y construyó instrumentos

para detectar y acumular orgón

1930-1960

Harold Burr y F.S.C. Northrup

Campo vital (CV)

El CV dirige la organización de un organismo; desarrollaron la diea de los ritmos circadianos

Años 1950

L. J. Ravitz

Campo de pensamiento(CP)

El CP interfería con el CV para Producir síntomas psicosomáticos

1970-1989

Robert Becker

Campo electromagnético

Midió sistemas de control de corriente directa en el cuerpo humano; Relacionó los resultados con la

salud y la enfermedad; desarrolló métodos para mejorar el crecimiento óseo con corriente eléctrica

Años 1970-

1980

John Pierrakos,

Richard Dobrin y

Barbara Brennan

CEH

Relacionaron las observaciones clínicas del campo

energético con la respuesta emocional; las

mediciones con cámara oscura de un nivel de luz

bajo tenían correlación con la presencia humana

Años 1970

David Frost

Barbara Brennan y Karen Getla

CEH

Flexión láser con CEH

1970-1990

Hiroshi Motoyama

Ch’i

Midió eléctricamente los meridianos de

acupuntura; lo utilizó para el tratamiento y

diagnóstico de enfermedades

1970-1990

Victor Inyushin

Bioplasma

El CEH tiene un bioplasma compuesto de iones

libres; quinto estado de la materia; equilibrio de

iones positivos e iones negativos = salud

1970-1990

Valerie Hunt

Biocampo

Midió electrónicamente la frecuencia y situación

del biocampo en sujetos humanos; relacionó los

resultados con los lectores de aura

1960-1990

Andria Puharich

Campo de aumento de vida

Midió campos magnéticos alternos de aumento de

la vida (8 Hz) en las manos de sanadores; observó

que las frecuencias superiores o inferiores son

perjudiciales para la vida

1980-1990

Robert Beck

Ondas Schumann

Relacionó las vibraciones magnétcias de los

sanadores con las vibraciones del campo

magnético terrestre, las ondqas Schumann

1980-1990

John Zimmerman

Ondas cerebrales

Demostró que el cerebro de los sanadores accede

a una sincronización derecha/izquierda en alfa,

como el de los pacientes