Tag Archive: el budismo


El Ego

images

«¿Y qué hago yo ahora para librarme de esta terrible agresividad?» La respuesta es: «Nada. ¡Disfrútala!» Es precisamente este «no querer tener» lo que provoca la formación de la sombra y nos pone enfermos: ver la agresividad nos sana

 

El Budismo no es una religión en un sentido semejante al de las llamadas reveladas o del libro, las cuales reconocen un ser superior al que llaman Dios, al que interpretan, al que se dirigen de variadas maneras, piden cosas, solicitan su perdón… etc. Estas religiones tienen dogmas que son creencias indiscutibles como la existencia de un alma, la vida eterna después de la muerte con premios y castigos… etc.

El Budismo es una práctica de las Enseñanzas de Buda, un hombre  que vivió hace unos dos mil quinientos años. Es un intento de imparcialidad, una experiencia de ensanchamiento de la percepción de lo que nos rodea hasta la ilimitación, una forma de vida sin adicción a los objetivos mundanos, opiniones vulgares, creencias o ideas preconcebidas. Es el hallazgo del origen de nuestra propia naturaleza anterior a la consciencia pensante, condicionada e ignorante, causa de todo sufrimiento y comportamiento egoísta y depredador.

Todas estas expresiones resultarán incomprensibles en gran parte a las personas que no han estudiado el Budismo verificándolas en sí mismos, observando el automatismo egocéntrico, esa costumbre de ser continuos protagonistas, actores de una película autocomplaciente del “todo para mí”, agotadora y sin mérito por ser inconsciente en su mayor parte y desesperadamente pasiva cuando nos damos cuenta que está causada por la moda y la manipulación.

Tenemos una consciencia que reacciona codiciosamente ante la posibilidad de ganancia, que es la ley de moverse hacia lo que gusta y alejarse de lo que disgusta. La consciencia así condicionada, es con la que nos identificamos llamándola Yo o Ego que erigido en directivo de pensamientos, sentimientos y conducta, los domina hasta el descontrol excluyente de lo que no sea egoísmo.

El intento de controlarle no será el resultado de imposiciones o astutos argumentos sino de la imparcialidad, la impersonalidad, la ausencia de objetivos en la experimentación de otra forma de consciencia vacía de ellos.

EL EGO PERMANENTE

La idea de que el Buda predicaba la no existencia del yo, se apoya principalmente en algunos libros de fecha posterior no canónicos, tales como Las Preguntas del Rey Milinda. Esta idea se basa principalmente en algunas respuestas que el Buda da al ser interrogado acerca del yo y del no-yo, las cuales están exactamente contenidas del mismo modo en los Upanishads. El Buda nos dice claramente que ni la forma, ni las sensaciones, ni las percepciones, ni las impresiones, ni la mente son el yo; pero en modo alguno dice que el yo no existe, sino sólo que el cuerpo y todas las demás posesiones que generalmente se confunden con el yo, no lo son en realidad. Dice que el yo es algo que se halla muy por encima de todas estas cosas, y afirma que cuando el yo se reconoce como distinto de todo lo que le rodea, y se despoja de toda afección, por la ausencia de esta afección se hace libre. Esta afirmación parece que decide de una manera concluyente la existencia de un yo permanente, puesto que si el yo no existe, ¿qué es, pues, lo que logra hacerse libre? Nuestras mentes occidentales, extrañas por completo a las concepciones de los hindúes, a quienes el Buda dirigía sus sermones, sólo ven la aniquilación ante sí cuando oyen afirmar que hasta la razón no es el yo. Pocos son los que pueden comprender que la mente y la razón, y hasta mucho que está tras ellas, por sublimes que sean, no son más que meros vehículos compuestos de materia. El verdadero yo las trasciende todas, y en las enseñanzas directas de Buda podemos hallar abundantes datos que contradicen la teoría de que negaba este ego tutelar.

tMrs. Besant con respecto a este último en su admirable libro que lleva este título. “Estudiar la vía del Budismo es estudiarse a sí mismo; estudiarse a sí mismo es abandonar el ego; abandonar el ego es fundirse con todo el cosmos entero.”

224300_376053569132099_1313699311_n

Esto es posible porque, fuera de nuestra mente, el tiempo no existe

Las diferentes piezas del mecanismo, son to­das realmente meros instrumentos del ego mien­tras el dominio de estas sobre ellas esté aún muy incipiente. Importa por ello tener siempre pre­sente que el ego es una entidad en desarrollo, no pasando en la mayoría de nosotros de ser una simple semilla de lo que un día llegará a ser. Una estancia del libro de Dzyan dice: “aquellos que no recibieron sino una chispa permanecerán desprovistos de entendimiento: la chispa brillaba débilmente”; y la señora Blavatsky explica: “a­quellos que no recibieron sino una chispa consti­tuyen la base humana que tiene que adquirir su intelectualidad mediante la presente evolu­ción manvantárica” (La doctrina Secreta, Cap. 2). En el caso de la mayoría, la chispa está ardien­do aún muy floja, y muchas eras transcurrirán antes de que su lento crecimiento alcance el estado de una llama fija y resplandeciente. Es verdad que en la literatura teosófica hay pasajes que parecen dar a entender que nuestro ego superior no necesita evolución, siendo ya perfecto y divino en su propio plano; pero donde quiera que tales expresiones hayan sido usadas sea cual fuera la terminología empleada, debe aplicarse tan sólo al alma, el verdadero dios dentro de nosotros, que, ciertamente, está mucho más allá de la necesidad de cualquier espe­cie de evolución de la que podamos saber. El ego reencarnante, sin duda evoluciona, pu­diendo ser claramente visto el proceso de su evolución por los que desarrollaron la visión clarividente, en la medida necesaria a la perfec­ción de lo que existe en los niveles superiores del plano mental.

Es de materia de este plano (si le podemos dar el nombre de materia) de lo que se compone el cuerpo causal, relativamente permanente, que el ego lleva con él a través de nacimientos y naci­mientos hasta el estadio final evolutivo humano. Pero aunque todo ser individualizado deba po­seer necesariamente cuerpo causal (pues es su posesión lo que constituye la individualidad), la apariencia de ese cuerpo no es la misma en todos los casos: en el hombre común no desarro­llado sus contornos son imprecisos, y malamente se distinguen incluso entre los dotados de visión que les abra los secretos de aquel plano; por lo tanto no pasa de ser una simple película incolora, apenas lo bastante para mantener su conexión y constituir una individualidad reencarnante y no más. Sin embargo, cuando el hombre comienza a desarrollar su intelectualidad, o incluso su intelecto superior, sobreviene un cambio. El Individuo real comienza a tener una característica propia, y las partes de las que fueron modeladas en cada una de sus personalidades por las circunstancias ambientales, inclusive la educa­ción: y aquella característica es representante por el tamaño, color, luminosidad y precisión del cuerpo causal, del mismo modo que de la perso­nalidad se muestra el cuerpo mental, con la diferencia de que el primer vehículo superior es naturalmente, más bello y sutil.

Sobre otro aspecto difiere también de los cuerpos inferiores: en ninguna de las circuns­tancias ordinarias puede el mal manifestarse a través de él. El peor de los hombres ha de mos­trarse en este plano superior solamente como entidad no desarrollada; sus vicios, aunque transmitidos de vida a vida, no pueden manchar su vehículo superior, apenas volverán más difícil el desarrollo de las virtudes opuestas. Por otro lado, la perseverancia en el camino recto se refleja inmediatamente en el cuerpo causal; en el caso del discípulo que progresó en la senda de la santidad, es una visión maravillosa que transciende toda concepción terrenal; y en el adepto, es una deslumbran­te esfera de luz y de vida, cuya gloria radiante no hay palabras que lo describan. Aquel que con­templó una vez un espectáculo tan sublime como este y puede también ver a su alrededor indivi­duos en todas las fases de desarrollo desde esa película incolora de la persona vulgar, jamás alimentará dudas en cuanto a la evolución del ego reencarnante. El poder que tiene el ego sobre sus diversos instrumentos y, por lo tanto, la influencia que en ellos ejerce, es naturalmente poco apreciable en los estados iniciales. Ni su mente ni sus pasiones están sobre su control total; en verdad, el hombre común casi no hace esfuerzos para frenarlos, sino que se deja llevar por aquí y por allá, como sugieren sus pensamientos o deseos de orden inferior. De esto se difiere porqué en el sueño las diferentes piezas del mecanismo se encuentran libres para operar casi enteramente por cuenta propia, sin dependencia del ego, y el estado de su progreso espiritual es uno de los factores que tenemos que ponderar en la cuestión de los sueños. Es importante considerar también la parte que el ego desempeña en la formación de nuestras concepciones de objetos externos. Debemos recordar que las vibraciones de los hilos nervio­sos simplemente se limitan a comunicar impre­siones al cerebro, y que pertenece al ego, actuando a través de la mente, la tarea de clasificar­las, combinarlas y recombinarlas. Cuando por ejemplo, yo miro por la ventana y veo una casa y un árbol, inmediatamente las identifico, aunque la información transmitida a mí por los ojos sea por si sola insuficiente para esta identificación. Lo que sucede es que ciertos rayos luminosos (esto es, corrientes de éter vibrando en determinada longitud de onda) son reflejados por aquellos objetos e hieren la retina de mi ojo, y los hilos nerviosos sensibles se ocupan de conducir estas vibraciones al cerebro. ¿Pero qué es lo que ellos nos tienen que decir? La información que realmente transmiten es la de que en determinada dirección existen blo­ques de colores variados, limitados por contor­nos más o menos definidos. Es la mente la que en virtud de experiencias pasadas, es capaz de discernir que un objeto particular de superficie blanca representa una casa, y otro rodeado de verde a un árbol; y que son ambos probablemente de uno u otro orden de tamaño, situándose a esta o aquella distancia de donde me encuentro. Aquel que es ciego de nacimiento, que adquie­re la visión por medio de una operación, queda durante largo tiempo sin saber que son los objetos que ve, y no puede enjuiciar a que distancia se encuentran. Se da el mismo caso con los recién nacidos. Les vemos muchas veces queriendo agarrar cosas que están fuera de su alcance (la luna por ejemplo); pero a medida que van creciendo, aprenden inconscientemente por la experiencia, el tamaño probable de las for­mas por él vistas. E incluso las personas adultas pueden con facilidad engañarse en cuanto a la distancia y la dimensión de cualquier objeto que no les sea familiar, especialmente si lo ve con luz difusa e incierta. Se comprende por lo tanto que la visión sólo por sí misma, no es en absoluto suficiente para una percepción exacta; y que el discernimiento del ego, actuando a través de la mente, es lo que conduce a la identificación de las cosas vistas. Y ese discernimiento, además de esto, no es un instinto peculiar de la comparación inconsciente de muchas experiencias, puntos que deben ser objetos de cuidadosa atención cuando llegue­mos a la próxima división de nuestro asunto.

hfhgf

La aceptación del síntoma lo hace superfluo. La resistencia provoca mayor presión. El síntoma desaparece rápidamente cuando al paciente se le ha hecho indiferente. La indiferencia indica que el paciente acepta la validez del principio manifestado en el síntoma. Y esto se consigue sólo con «abrir los ojos»

EL CEREBRO

Cuando el ego dejó de dominar el cerebro, no perdió éste enteramente la conciencia, como tal vez pudiéramos esperar. Se evidenció en varias experiencias que el cuerpo físico está dotado de una cierta conciencia intrínseca, enteramente distinta del ego y distinta también del mero agregado de la conciencia de sus células. Observó el autor durante varias ocasiones, el efecto de esta conciencia, al presenciar una extracción de dientes bajo la acción de un gas anestésico. El cuerpo dejó escapar un grito con­fuso y las manos se irguieron en un movimiento instintivo, indicando claramente que hasta cierto punto fue sentida la operación. Pero cuando el ego reasumió el mando veinte minutos después, declaró que no había sentido absolutamente nada. Se que tales movimientos son general­mente atribuidos a la acción refleja, y semejante afirmación acostumbra a ser aceptada como si fuese una explicación real; la verdad, sin embar­go, es que no pasa de ser una frase cuyas palabras no aclaran nada de lo que realmente ocurrió. Tal conciencia, por lo tanto, aún funciona en el cerebro físico, aunque el ego esté flotando enci­ma de él. Pero su alcance es sin duda mucho menor que el del hombre propiamente dicho, y, consecuentemente todas aquellas causas antes mencionadas como de probable repercusión en la actividad del cerebro, son entonces capaces de influenciarlo en mucha mayor escala. La más ligera alteración en la alimentación o en la circu­lación de la sangre, produce ahora graves trastornos, y es por esto que la indigestión, perturbando el flujo sanguíneo, da origen a sueños agitados o malos sueños con frecuencia. Pero aunque alterada, esta extraña y desorde­nada conciencia, presenta muchas peculiari­dades dignas de tomar en cuenta. Su acción parece en gran medida automática, y sus resul­tados habitualmente incoherentes, desconexos y confusos en extremo. Parece incapaz de apren­der una idea excepto cuando reviste la forma de una escena en que él es el propio actor; y de ahí el porqué todos los estímulos, sean de dentro o de fuera, son inmediatamente traducidos en imá­genes perceptibles. Es incapaz de asimilar ideas abstractas o de retener recuerdos de este orden, las cuales se convierten en nociones imagina­rias. Si por ejemplo, la idea de la gloria pudiera ser sugerida a esta conciencia, no tomará forma sino como una visión de algún ser glorioso, apareciendo delante del soñado; si fuera un pensamiento de odio, éste solamente será apreciado como una escena en la cual un actor imaginario manifestó un violento rencor hacia el soñador. Además de esto, toda dirección local del pensamiento significa para él de modo absoluto un transporte espacial. Si durante las horas de vigilia pensamos en la China o en Japón, es como si nuestro pensamiento, en ese mismo instante, estuviera en esos países; sin embargo, sabemos perfectamente que nuestro cuerpo no sale de donde se encontraba un momento antes. En el estado de conciencia ahora considerado, el ego no se encuentra presente para distinguir y comparar las impresiones más groseras, por consiguiente, cualquier pensamiento transitorio sugerido a la China o a Japón, puede represen­tarse apenas como un transporte instantáneo y efectivo hacia aquellos países, el soñador allí se encontraría de repente, rodeado de todas las circunstancias propias que en este momento pudiera recordar. Se ha notado que aunque espantosas transiciones de este tipo son demasiado frecuentes en los sueños, jamás el soñador parece sentir cualquier sorpresa o imprevisto por ellas. Este fenómeno es fácilmente explicable cuando se ha examinado a la luz de observacio­nes como las presentes, porque en la restrictiva conciencia del cerebro físico, no existe nada que nos pueda comportar tal sentimiento de sorpresa: simplemente él percibe las escenas como se presentan delante de él, careciendo de discernimiento para enjuiciar su secuencia o falta de ella. Otra fuente de extraordinaria confusión visible en esta semiconciencia, es la manera en la que en ella opera la ley de asociación de ideas; es familiar para todos nosotros la notable acción instantánea de esta ley en la vida de vigilia; sabemos como una palabra casual, una nota musical e incluso el perfume de una flor, pueden ser suficientes para redespertar en la mente una cadena de recuerdos hace mucho tiempo olvi­dados. Durante el sueño, en el cerebro, esa ley está siempre activa, pero funciona bajo curiosas limi­taciones. Todas las asociaciones de ideas abs­tractas o concretas se convierten en una mera combinación de imágenes; y, porque nuestra asociación de ideas actúa casi siempre por sincronismo, en forma de acontecimientos que se suceden unos a otros, aunque realmente sin ninguna interconexión, fácilmente se concibe común la ocurrencia de inexplicables confusio­nes de imágenes, tanto o más como que es prácticamente infinito su número, y todo lo que se puede extraer de esa inmensa reserva de memoria, aparece bajo la forma de imágenes. Como es natural, una tal sucesión de cuadros raramente permite una reconstrucción perfecta en la memoria, porque a nada ayuda la ausencia de orden; la diferencia de lo que sucede en vigi­lia, es que no hay dificultad para recordar una frase o verso asociados, aunque hayan sido oídos una sola vez; mientras que si se recurre a un sistema nemotécnico, sería casi imposible reconstruir con exactitud un simple aglomerado de palabras sin sentido en circunstancias seme­jantes. Otra peculiaridad de esa curiosa conciencia del cerebro, es que es singularmente sensible a muchas pequeñas influencias externas, él todavía las aumenta y las transforma a un grado casi increíble. Todos los que escribieron al respecto de los sueños citan ejemplos de esto; y con seguridad, alguno de éstos serán del conoci­miento de cuantos han dedicado atención a este asunto. Entre las historias más comunes que se han escuchado, existe la de un hombre que tuvo un sueño angustioso de estar siendo ahorcado por­que el cuello de su camisa estaba demasiado ajustado; y de otro que exageró una herida que le fue infligida durante un duelo; y de otro que transformó un pequeño pellizco en una morde­dura de un animal feroz. Maury cuenta que cierta vez la barra de la cabecera de la cama en que dormía, se soltó tocando levemente su cuello, pero que este insignificante contacto dio origen a un terrible sueño sobre la revolución francesa  en el que sentía que estaba siendo guillotinado. Relata otro autor que muchas veces despierta con el recuerdo confuso de sueños llenos de ruidos, voces altas y sonidos irritantes, y que durante mucho tiempo no le fue posible descu­brir la causa; pero al final consiguió relacionarlos con el sonido murmurante producido en el oído, tal vez por la circulación de la sangre, cuando tumbado sobre la almohada escuchaba un poco más alto el mismo murmullo que se oía cuando una concha se acerca al oído. En este punto ya se habrá evidenciado que es en el propio cerebro físico donde tienen sede un sinnúmero de exageradas confusiones en la historia de muchos fenómenos oníricos.

EL CEREBRO ETERICO

Es obvio que esta parte del organismo tan sensible a todas las influencias, incluso durante nuestras horas de vigilia, debe ser aún más susceptible durante el estado del sueño. Examinando el cerebro etérico en tales cir­cunstancias por un clarividente, se observó que por él están siempre pasando corrientes de pensamientos; no hay pensamientos propios, pues le falta el poder de pensar, pero hay pensa­mientos ocasionales que flotan a su alrededor. Es una verdad perfectamente conocida por los estudiantes de ocultismo, que “los pensamien­tos son cosas”, porque todo pensamiento queda impreso en la esencia elemental plástica, y gene­ra una entidad con vida temporal, cuya duración depende de la energía del pensamiento-impulso. Vivimos, por lo tanto, en medio de un océano de pensamientos ajenos, los cuales, estemos dor­midos o despiertos, se presentan constantemen­te a la parte etérica de nuestro cerebro. Mientras estamos pensando activamente, y tenemos así nuestro cerebro perfectamente ocu­pado, este se vuelve prácticamente impermea­ble a la incesante intromisión de pensamientos desde afuera; pero a partir del momento en que lo dejamos ocioso, la corriente caótica comienza su invasión. Entre los pensamientos, hay muchos que no son asimilables y que pasan casi desaper­cibidos; de cuando en cuando, sin embargo, sobreviene uno que provoca vibraciones a las que no está acostumbrada la parte etérica del cerebro, y éste lo incorpora como propio y lo aumenta de intensidad. Tal pensamiento, a su  vez, sugiere otro, y así, toda una serie de ideas comienzan hasta que eventualmente también se disipan. Entonces, la corriente desconexa y con­fusa recomienza a fluir a través del cerebro. La gran mayoría de las personas, si prestaran atención a lo que habitualmente consideran sus pensamientos íntimos, verán que ellos consisten en gran medida en una corriente ocasional como aquella, que en verdad no es de pensamientos propios, pero se compone de meros fragmentos dispersos de los de otras personas. Porque el hombre ordinario no tiene dominio sobre su men­te; casi nunca sabe exactamente lo que está pensando en determinado momento, o porqué le viene tal o cual pensamiento; en vez de orientar la mente hacia un rumbo certero, consiente en que ella vague sin voluntad y sin objetivo. Y así cualquier semilla adventicia traída por los vien­tos, encuentra terreno propicio para germinar y fructificar. El resultado es que aún cuando el ego real­mente desee alguna vez pensar ordenadamente sobre un asunto en particular, se ve prácticamen­te imposibilitado de hacerlo; de un lado a otro convergen súbitamente todo tipo de pensamientos errantes, y no acostumbrado a dominar la mente, carece de fuerzas para detener su caudal. No sabe que el verdadero pensamiento se caracteriza por la concentración; y no habiendo ésta, aquella debilidad de la mente y de la voluntad, hace que para el hombre común sean tan difíci­les los primeros pasos en el sendero del progre­so oculto. Además de esto, ya que en el presente estado de evolución del mundo, hay probable­mente, más pensamientos malos que buenos en circulación alrededor de él, semejante debilidad de la mente transforma al hombre en un ser expuesto a toda suerte de tentaciones, que serían del todo evitadas si hubiese un poco de atención y esfuerzo. En el sueño, entonces, la parte etérica del cerebro se encuentra aún más que normalmente a merced de aquellas corrientes de pensamien­to, dado que en esta situación, el ego está en asociación menos íntima con él. Hecho curioso mostrado en experiencias re­cientes, es el de que si por cualquier circunstan­cia son esas corrientes alejadas de la parte eté­rica del cerebro, éste no permanece absoluta­mente pasivo, sino que evoca para sí mismo escenas  de su almacén de memorias pasadas. Más adelante daremos ejemplos en este sentido describiendo algunas de las experiencias.

393028_131349650393615_1318534770_n

Si en un síntoma descubrimos un principio que nos falta, basta con aprender a querer el síntoma ya que él hace realidad lo que nos falta. El que espera con impaciencia la desaparición del síntoma no ha comprendido el concepto. El síntoma expresa el principio que está en la sombra: si nosotros aceptamos el principio, mal podemos rechazar el síntoma

EL CUERPO ASTRAL

Como hemos dicho anteriormente, es en este vehículo en el que el ego funciona durante el sueño y es generalmente visto por aquellos cuya visión interna esté abierta, flotando en el aire por encima del cuerpo físico en la cama. Su aparien­cia, sin embargo, varía bastante según el grado de evolución alcanzada por el ego. En el caso de un ser humano atrasado y aún por desarrollarse, no es más que una nube vaporosa e imperfecta con forma ovoide, de contornos muy irregulares y mal definidos; y la figura central (la contraparte astral más densa del cuerpo físico), rodeada por una nube, es también vaga a pesar de ser reconocible. El cuerpo astral sólo es receptivo a las vibraciones más groseras e impetuosas del de­seo, y es incapaz de alejarse unos metros más allá del cuerpo físico; pero a medida que se evoluciona, la nube ovoide va ganando contor­nos más definidos, y la figura en el interior asume el aspecto de una imagen casi perfecta del cuerpo físico. Al mismo tiempo aumenta su receptividad y pasa a responder instantáneamente a las vibraciones de su plano, desde la más sutil a la más abyecta, si bien en el cuerpo astral de un Ser humano altamente evolucionado, ya no existe prácticamente materia grosera para responder a las vibraciones de este último tipo. Se hace mayor también su poder de locomoción, y es capaz de viajar sin dificultad a considerables distancias de su vehículo físico, y regresar trayendo impresiones más o menos exactas de los lugares visitados y de las personas con quienes se ha encontrado. En todos los casos, es el cuerpo astral extre­madamente impresionable por cualquier pen­samiento o sugestión que implique deseo, aun­que en algunas personas los deseos de más fácil repercusión sean de carácter más elevado que en otras.

EL EGO DURANTE EL SUEÑO

La condición del cuerpo astral durante el sue­ño es en sobremanera variable a medida que progresa en la evolución; pero la del ego que en él habita varía aún más. Estando aquel bajo la forma de una nube que flota, permanece el ego casi dormido, como el cuerpo físico; es ciego a las visiones y sordo a las voces de su propio mundo superior. Si alguna idea perteneciente a este mundo, por casualidad le alcanzase, esca­pándose del control del respectivo mecanismo, no tendría medios de imprimirla en el cerebro físico para recordarla al despertar. Si un hombre en este estado primitivo captase algo de todo aquello que le sucede durante el sueño, sería casi invariablemente el resultado de meras im­presiones físicas, internas o externas, recibidas por el cerebro, olvidada cualquier posible expe­riencia del ego real. En casi todas las fases pueden ser observados los que duermen, desde la del total olvido de las cosas, hasta la de la plena y perfecta conciencia en el plano astral, si bien sea relativamente rara esta última. Hasta incluso lo bastante consciente de la importantes experiencias por las que muchas veces haya pasado en este plano superior, pue­de el hombre eventualmente, lo que no es raro que ocurra, sentirse impotente hasta cierto punto para ejercer dominio sobre el cerebro en el sentido de refrenar sus formas-pensamientos irracionales, sustituyéndolas por las que desea­se recordar. Y así, una vez despierto, al cuerpo físico sola­mente le resta el más confuso recuerdo, o incluso ninguno, de lo que efectivamente sucedió. Y es una pena que así suceda, porque se le pueden deparar muchas cosas de la mayor importancia e interés para él. No sólo le es posible visitar escenarios distan­tes de extraordinaria belleza, sino incluso mantener e intercambiar ideas con amigos vivos o muertos que estén igualmente despiertos en el plano astral. Es probable que obtenga felicidad al encontrar personas cuyos conocimientos sean superiores a los suyos, y le proporcione consejos e instrucciones; puede, por otro lado gozar del privilegio de ayudar y consolar a los que saben menos que él. Y también entrar en contacto con entidades no humanas de varias especies: espíritus de la naturaleza, elementales artificiales, o incluso devas, aunque raramente. Estará más sujeto a varios tipos de influencias benéficas o maléficas, estimulantes o aterrorizantes.

EL EGO Y SU TRASCENDENTAL

MEDIDA DEL TIEMPO

Tanto si guarda o no recuerdo de alguna cosa cuando esté físicamente despierto, el ego está dotado de plena, o al menos parcial con­ciencia del ambiente astral; está empezando a entrar en posesión de su patrimonio de poderes, que transcienden con mucho aquellos de que aquí dispone; pues su conciencia, cuando es así liberada del cuerpo físico, disfruta de amplias posibilidades. Su medida del tiempo y el espacio es totalmente diferente de la que es normal durante nuestra vida de visita. Desde nuestro punto de vista es como si para él no existiese el tiempo ni el espacio. No cabe aquí discutir, ni deseo hacerlo, el tema, por más que resulte interesante, para poder afirmar si el tiempo realmente existe, la muerte, parece adoptar una medida trascendental del tiempo que nada tiene en común con nuestra medida fisiológica. Para comprobarlo, centenares de historias pueden ser recordadas; basta mencionar dos; una bien antigua relatada, creo yo, por Addison en “The Spectator”, y la otra que hace referencia a un acontecimiento que ocurrió en época bien reciente y que fue reflejado por la prensa.

EJEMPLOS ILUSTRATIVOS

Existe en el Corán, parece ser, la maravillosa narración de una visita que en la mañana de cier­to día hizo al cielo el profeta Mahoma. Allí vio muchas y diferentes regiones sobre las cuales oyó amplias y completas historias; también tuvo largos coloquios con los ángeles. Mientras tanto, cuando volvió al cuerpo físico, notó que la cama de donde se levantaba aún estaba caliente y verificó que habían transcurrido apenas unos segundos; se dio cuenta, en efecto, que no había acabado de vaciarse un jarro de agua, que él accidentalmente había derramado al partir hacia la expedición. La historia de Addison cuenta como un sultán de Egipto, declarando que era imposible creer aquello que escuchó, pasó en tono desabrido a apostofrar de mentirosa la narrativa de su ins­tructor religioso. El instructor, notable y erudito doctor en leyes, dotado de poderes milagrosos, quiso al instante probar al incrédulo monarca que la historia no era absolutamente imposible. Trajo consigo un gran barreño de agua y le pidió al sultán que metiera en él la cabeza y la retirase lo más deprisa posible. El rey se puso de acuerdo en meter la cabeza dentro del barreño de agua y, para su gran sorpresa, se vio inmedia­tamente en un lugar que jamás conoció, una larga playa cercana al pié de una gran montaña. Después de volver en sí de su asombro, la idea más natural que le pasó por la mente, como soberano oriental, fue la de haber sido hechizado; comenzó entonces a proclamar contra la innominable traición del sabio. Pero el tiempo transcurría; sintió hambre, y no le quedaba otra alternativa sino salir en busca de alimento en esa extraña región. Después de errar durante algún tiempo, dio con unos hombres que se ocupaban en derrum­bar árboles en un bosque. A ellos se dirigió pidiéndoles ayuda. Aceptaron la propuesta y le llevaron en su compañía hasta la ciudad en que residían. Allí quedó él viviendo y trabajando durante años; economizó dinero y más tarde contrajo matrimonio con una mujer rica. Pasó mu­chos años felices de vida matrimonial, constituyendo una pequeña familia de catorce hijos; pero después de perder su esposa y sufrir muchas adversidades, por fin reducido a la miseria, fue obligado, ya en edad adulta a volver al antiguo oficio de cargador de leña. Un día cuando paseaba junto al mar se quitó la ropa y se zambulló en el agua para darse un baño. Al erguir la cabeza y sacudir los ojos, se que­dó pasmado de verse en pié en medio de sus antiguos cortesanos con el viejo instructor a su lado y el recipiente con agua enfrente. No es de extrañar que sólo después de algún tiempo le fuese posible creer que todos aquellos años de incidentes y aventuras no pasaron de ser el sueño de un momento, provocado por la suges­tión hipnótica del instructor, y que él realmente no hiciera sino meter la cabeza por un instante en el recipiente con agua y erguirla a continua­ción. Una buena historia que sirve para ilustrar lo que hemos dicho antes; cierto es, sin embargo, que no tenemos pruebas para demostrarlo. Es bien diferente lo que le ocurrió otro día a un conocido hombre de ciencia. Tuvo que some­terse a la extracción de dos dientes, para lo que le fue aplicada la anestesia apropiada. Interesa­do en problemas de este tipo, decidió observar cuidadosamente sus sensaciones durante el curso de la operación; pero en el momento en que inhaló el gas, se apoderó de él tal entorpeci­miento que olvidó inmediatamente su intención, pareciendo caer en un sueño profundo. Despertó a la mañana siguiente, conforme él supuso, y salió como de costumbre a reanudar sus trabajos y experiencias científicas, dar con­ferencias en varias corporaciones eruditas, etc., todo con un exaltado sentimiento de alegría y de redoblada capacidad: la conferencia representó un notable triunfo; cada experiencia condujo a nuevos y magníficos descubrimientos; se suce­dieron a este ritmo los días y las semanas duran­te un considerable período, aunque el tiempo exacto no se pudiera precisar. Hasta que finalmente, cuando estaba haciendo una exposición delante de los miembros de la Real Sociedad se vio importunado por el insólito comportamiento de uno de los presentes que le perturbó diciendo: “ahora todo está terminado”; y deteniéndose para saber que significaba tal observación, oyó otra voz que decía así: “ambos están fuera”. Fue entonces cuando se dio cuenta de que se encontraba sentado en la silla del dentista: todo aquel período de intensa actividad él lo había vivido en cuarenta segundos exactamente. Se puede decir que ninguno de estos casos fue propiamente un sueño común. Pero acontecimientos semejantes se dan frecuentemente en los sueños comunes, habiendo, por consiguiente, innumerables testimonios que lo comprue­ban. Steffens, uno de los autores alemanes que se ocuparon de este asunto, relata que, aún siendo niño, dormido al lado de su hermano, soñó que estaba siendo perseguido por un terrible animal feroz, en una calle lejana. Huyó poseído por un  gran pánico y sin poder gritar, hasta que alcanzó una escalera en la cual se subió; pero exhausto por la carrera y por el terror, fue agarrado por el animal, que le mordió gravemente en el muslo. Se despertó asustado, y vio entonces que su her­mano le había pellizcado el muslo. Richers, otro escritor alemán, cuenta la historia de un hombre a quien el estampido de un tiro le despertó, siendo este momento el final de un largo sueño en el cual él se hiciera soldado, desertara, y, vencido por un inmenso cansancio, fuera capturado y sometido a proceso, condena­do y finalmente fusilado; todo este gran drama se desarrolló hasta el instante en que le despertó del sueño el sonido del tiro. Existe también la historia del hombre que se durmió en un sillón mientras fumaba un cigarro, y que después de soñar con la existencia de inci­dentes durante años y años, se despertó con el cigarro todavía encendido. Casos como estos se pueden multiplicar en número casi infinito.

EL PODER DE LA DRAMATIZACIÓN

images

el cuerpo humano está diseñado para ser un “canal”

Otra notable peculiaridad del ego a acrecentar su trascendental medida del tiempo, es sugeri­da por algunas de estas historias y viene a ser su facultad, o tal vez sea mejor decir su costumbre de dramatizar, instantánea. Se observará en los casos de los disparos y en el pellizco, que precisamente acabamos de referir: el efecto físico que despertó a la persona surgió como el clímax de un sueño que aparentemente se prolongó duran­te un largo espacio de tiempo, mientras que en verdad, fue obviamente sugerido por el propio efecto físico. La noticia, por así decirlo, de este efecto físico, tanto si ha sido un sonido como un contacto, fue comunicado al cerebro por los hilos nerviosos, y semejante transmisión exige cierto lapso de tiempo, sólo una insignificante fracción de se­gundo sin duda pero aún así, una cantidad  definida que es calculable y mesurable por los delicadísimos instrumentos usados en la moderna investigación científica. El ego, cuando está fuera del cuerpo, es capaz de percibir con abso­luta instantaneidad, y sin uso de los nervios; consecuentemente, se da cuenta de lo que ocurre justamente en aquella infinitesimal fracción de segundo antes que la información llegue  cerebro físico. En ese inapreciable espacio de tiempo, parece que él compone una especie de drama o serie de escenas, que culminan y finalizan en el evento que despierta al cuerpo físico; y después de despertar sufre la limitación de los órganos de este cuerpo, volviéndose incapaz de distinguir en la memoria entre lo subjetivo y lo objetivo y de ahí imaginar haber realmente participado en el drama durante el sueño. Ese estado de cosas, con todo, parece ser peculiar al ego que desde el punto de vista espiritual está aún relativamente subdesarrolla­do; a medida que ocurre la evolución, y el hombre real pasa a comprender su posición y sus responsabilidades, trasciende él la fase de los alegres pasatiempos de la infancia. Se asemeja al hombre primitivo, que ve todo fenómeno natural bajo la forma del mito: el ego no evolucionado drama­tiza todos los eventos que caen en sus manos. Pero el hombre que alcanzó la continuidad de la conciencia, se encuentra de tal modo absorto en su trabajo en los planos más elevados, que no le sobra energía para otras cosas y por eso deja de soñar.

FACULTADES DE PREVISIÓN

Otro resultado del método paranormal de medir el tiempo consiste en la posibilidad de que el ego haga previsiones dentro de ciertos límites. Presente, pasado y futuro se abren ante él siem­pre que él los sepa leer; y no hay duda que él así puede ver a priori sucesos de importancia o interés para su personalidad inferior, en los cua­les sus intentos para grabarlos tendrán mayor o menor éxito. En el caso del hombre común son tremendas las dificultades del camino. Ni incluso semides­pierto él se encuentra; casi no ejerce ningún dominio sobre sus diversos vehículos; no puede así impedir que su mensaje sea transformado o aumentado por las ondas del deseo, o por las corrientes del pensamiento que sobrepasan en la parte etérica del cerebro, o por algunos pe­queños problemas fisiológicos en el cuerpo denso. Teniendo en cuenta todo esto, no es de extrañar que solo raramente tengan éxito sus intentos. Una y otra vez, la previsión completa y perfecta de un acontecimiento es traída con nitidez de dominios del sueño; pero la mayoría de las veces la escena llega desfigurada e irreconocible, mientras otras veces todo no pasa de ser una sensación imprecisa de una densidad inminente, y con más frecuencia, nada alcanza al cuerpo. Se argumenta a veces, que si la previsión se cumple, debe ser mera coincidencia; pues si los hechos pudieran ser previsibles es porque estarían preordenados, no existiendo entonces el libre albedrío en el hombre. Sin duda existe este libre albedrío; he aquí por qué dijimos antes que la premonición sólo es posible dentro de ciertos límites. Los asuntos que dicen respecto al hombre común, es proba­ble que esta posibilidad sea en escala más amplia, porque él carece de voluntad propia desarrollada, digámoslo así, y es por consiguien­te, criatura en manos de las circunstancias. Su karma hace que se vea en medio de circunstan­cias especiales cuya acción sobre él constituye el factor más importante de su vida, de tal modo que su futuro curso es previsible con una certi­dumbre casi matemática. Cuando consideramos el caudal de conoci­mientos sobre los cuales la acción del hombre tiene apenas una diminuta influencia, y  también los efectos, ha de parecernos un poco espantoso que en el plano donde se hace visible el resulta­do de todas las causas actualmente en juego, se pueda predecir una extensa parte del futuro, incluyendo sus pormenores. De que tal cosa sea factible tenemos un sin número de pruebas, no solamente a través de los sueños proféticos como por la segunda-vista de los habitantes del norte de Escocia y por las tradiciones de los clarividentes; en que se basa todo el esquema de la astrología. Pero cuando pasamos a tratar con un hombre desarrollado, un hombre dotado de conocimien­to y voluntad, entonces nos falla la profecía, porque ya no es él una criatura en manos de las circunstancias sino el señor de casi todas ellas. En verdad, los acontecimientos principales de su vida se disponen de antemano por su karma pasado. Con todo, la manera por la cual él deja que le influencien y su método de comportamiento de cara a los mismos es su posible triunfo; eso no depende de él y no puede ser objeto de previsión excepto como probabilida­des. Sus actos en este sentido, por su turno se convierten en causas, generándose cadenas de efectos que escapan al ordenador original, y por vía de la consecuencia, a la exactitud del pronóstico. Encontramos una analogía en una simple ex­periencia mecánica. Si fuera empleada cierta cantidad de fuerza para empujar una pelota, nos será imposible anular o disminuir la fuerza a partir del momento en que la pelota entra en movimiento; pero podremos neutralizar o modifi­car el impulso mediante la aplicación de una nueva fuerza en sentido diferente. Una fuerza rigurosamente igual en dirección opuesta inmovilizará la pelota. Una fuerza menor, reducirá la velocidad; y cualquier fuerza de otro lado tendrá el efecto de alterar, tanto la velocidad como la dirección. Este es el “modus operandi” del destino. Es obvio que en un momento dado están en juego una serie de causas. No habiendo interferencia serán inevitables ciertos resultados, resultados que en los planos ya elevados parecen ya pre­sentes, pudiendo ser trazados con exactitud. Pero también es obvio que un hombre con volun­tad fuerte podrá, recurriendo al empleo de fuer­zas nuevas, variar estos resultados; y tales modificaciones no podrían normalmente ser previstas por un clarividente a menos que nuevas fuerzas hubiesen entrado después en acción.

ALGUNOS EJEMPLOS

Dos incidentes que llegaron recientemente al conocimiento de este autor representan exce­lentes ilustraciones de la posibilidad de previ­sión y de su modificación por efecto de una firme voluntad. Un caballero que poseía el don de la escritura automática recibió cierta vez por este medio, una comunicación que se decía procedente de una dama con la que él mantenía relaciones superfi­ciales. En la carta se mostraba ella muy contraria­da y en estado de profunda indignación: tenien­do preparada una conferencia que iba a dar, no había nadie en el salón a la hora concertada. Sintiose por esto frustrada en la presentación de su discurso. Encontrándose con la dama días después, y suponiendo que la carta se refería a un aconte­cimiento pasado, le expresó él su pesar por su frustración. Con gran sorpresa respondió ella que era todo muy extraño, puesto que aún no estaba lista la conferencia, siendo su intención pronunciarla la próxima semana. Añadió que esperaba que la comunicación no significase una profecía. Pero por el contrario, lo que quedó probado es que se trataba realmente de una profecía: nadie estuvo presente en el salón, la conferencia no se realizó y la interesada se manifestó contrariadí­sima y afligida, tal como había vaticinado la escritura automática. ¿Que especie de entidad inspiró la comunicación? No se sabe; pero seguro que fue una que se situó en un plano donde la previsión era posible; y bien podría haber sido realmente como se mencionó, el propio ego de la conferencista, ansioso por mitigarle la frustración que previó tendría la mente en el plano inferior. Si lo fue nos preguntaremos, ¿por qué no la influenció directamente?; es admisible que estu­viese del todo imposibilitado de hacerlo, y que la mediumnidad del amigo fuese el canal único del que disponía para transmitir el aviso. Aunque el método es indirecto, conocen los estudiantes de estos asuntos numerosos ejemplos de comunicaciones idénticas en que fue imposible recurrir a otros medios. En otra ocasión el mismo caballero recibió por el mismo proceso lo que parecía ser otra carta de otra amiga femenina, relatándole la larga y triste historia de su vida. Se mostraba ella en estado de gran aflicción y decía que toda la dificultad se originó en una versación, cuyos pormenores expuso, con cierta persona que la persuadió contra sus propios sentimientos, a adoptar un determinado comportamiento. Y pasó a describir como poco más o menos después de un año tuvieron inicio una serie de acontecimientos directamente atribuibles a ese comportamiento, y que culminaron en la práctica de un crimen hediondo, arruinándole la vida para siempre. Como en el caso precedente, inmediatamente que nuestro caballero se encontró con la su­puesta autora de la carta, se refirió al contenido de esta. Nada sabía ella a tal respecto; y sin embargo, de la fuerte impresión que le causaron las singularidades de la historia, convinieron los dos en no prestarle ningún significado. Pasado algún tiempo, y para gran sorpresa de la joven, la conversación aludida en la carta vino a realizarse, siendo instada a asumir un compor­tamiento cuyo trágico destino le hubiera sido pronosticado. Por cierto que ella hubiera acep­tado, insegura de su propio discernimiento, si no fuera porque recordó la profecía; y fue este recuerdo lo que le dio fuerza para resistir con la mayor de las determinaciones, aunque tal actitud acusase extrañeza y decepción a su interlocutor. Como no fue seguido el comportamiento indicado en la carta, el tiempo de la catástrofe vaticinado llegó y pasó sin ningún incidente fuera de lo normal. Así podría haber ocurrido cualquiera que fuese el caso. Entretanto, si recordamos que la otra predicción se cumplió exactamente, tendremos que admitir que la advertencia transmitida por la carta probablemente impidió la práctica del cri­men. Si esto es verdad, ahí tenemos un buen ejemplo de cómo podemos modificar nuestro futuro mediante el ejercicio de una voluntad firme.

EL PENSAMIENTO SIMBOLICO

Otro punto digno de atención con referencia a la condición del ego cuando está ausente del cuerpo durante el sueño, es que él parece pensar por medio de símbolos. Queremos decir: lo que en nuestro plano sería una idea cuya expresión exigiría gran número de palabras, para el ego es perfectamente transmisible apenas a través de una imagen simbólica. Ahora, cuando un pensa­miento como ese viene a imprimirse en el cere­bro, y es recordado en la conciencia de la vigilia, sin duda es que necesita una traducción. Mu­chas veces la mente ejecuta esta función; pero en otras el símbolo no viene acompañado de su llave, permaneciendo por así decirlo sin traduc­ción; y entonces surge la confusión. Muchas personas, sin embargo, traen de este modo los símbolos e intentan aquí darles inter­pretación. En casos así cada persona tiene su propio sistema de simbología. La señora Crowe, en un párrafo de su libro “Night side of nature”, escribe: “sé de una señora que sueña con tener un gran pez siempre que está cercana a sufrir un infortunio. Soñó una noche que el pez había mordido dos dedos de su hijo. Inmediatamente después un colega del niño le produjo una herida en los mismos dedos con una pequeña hacha. Encontré varias personas que aprendieron por experiencia a considerar determinado tipo de sueño como una premonición segura de un acontecimiento infausto”. Sin embargo, existen muchos puntos en que están de acuerdo muchos de estos soñadores; por ejemplo, el de que soñar con aguas profundas significa un disgusto que va a venir, y que soñar con perlas es señal de lágrimas.

LOS FACTORES DE LOS SUEÑOS

Examinada así la condición del hombre duran­te el sueño, vemos cuales son los factores capa­ces de influir en la producción de sueños:

El ego, que puede encontrarse en estado de conciencia, desde la insensibilidad casi com­pleta, hasta el dominio total de sus facultades, y que al aproximarse a esta última condición va entrando cada vez más en la posesión de ciertos poderes, los cuales trascienden los que gene­ralmente poseemos en estado normal de vigilia.

El cuerpo astral, siempre agitado por turbulen­tas ondas de emoción y deseo.

La parte etérica del cerebro, por la cual pasa una incesante colección de cuadros entre sí.

El cerebro físico inferior, con su semicon­ciencia inferior y su costumbre de expresar todos los estímulos en forma pictórica.

Al dormirnos, nuestro ego se recoge más en sí mismo y deja que sus cuerpos más libres sigan su propio camino; debe recordarse, sin embargo, que la conciencia de estos vehículos, separada cuando les es dado mostrarla, es de carácter muy rudimentario. Si añadimos que cada uno de aquellos factores es entonces infinitamente más susceptible a las impresiones exteriores que en otros momentos, veremos que no hay muchas razones para extrañarnos de que la memoria de la vigilia (una especie de síntesis de todas las diferentes actividades que se verifican) sea casi siempre confusa. Vamos ahora, con tales pensamientos en nuestra mente, a ver cómo los diferentes tipos de sueños habituales deben ser expuestos.

La conciencia (consciente-inconsciente)

Arjuna

Y ahora que ya sé todas estas cosas, ¿qué tengo que hacer para curarme?» Nuestra respuesta es siempre la misma: «¡Abrir los ojos!»

Si nuestro espíritu esta perturbado, las funciones naturales de nuestro cuerpo están en general desequilibradas. Si el espíritu está tranquilo, el cuerpo puede actuar espontáneamente; esta acción se vuelve entonces libre y fácil. Si se utiliza constantemente el mental, el cuerpo se encuentra trabado en su acción. No debemos pensar únicamente con nuestra conciencia. Corregir el mental es muy difícil. No es sólo el cerebro el que piensa. Esta es la razón por la que a menudo repito: “Durante zazen, se debe pensar y vivir con todo el cuerpo.”

Cuando nuestro cuerpo y nuestro cerebro son dirigidos por el ego, no pueden ser más que un circuito cerrado, Durante zazen pueden abrirse a la vida inconsciente y universal.

En el Hannya Shingyo se explica:

1.   Shiki   soku    ze    ku:   los fenómenos engendran ku, el vació.

2.   Ku    soku   ze   shiki:   ku engendra los fenómenos.

Esto significa que todos los fenómenos son idénticos, que el mundo fenomenal y el mundo invisible de ku se interpenetran y son intercambiables.

¿Cómo vivir la relación entre estos dos mundos?

A esto es a lo que quiere responder el Zen abriendo nuestra conciencia a esta dimensión. Esta es la respuesta al problema central de nuestra civilización.

La vida auténtica es conciencia interdependiente (conciencia del universo) más conciencia dependiente (o conciencia del ego).

Aquellos que tienen un ego demasiado fuerte no pueden recibir esta conciencia universal. Para obtener el satori hay que abandonar el ego. Para recibirlo todo hay que saber abrir las manos y dar. Esta conciencia universal es el origen de la intuición. La intuición no viene solamente del consciente, o del sistema nervioso voluntario, sino sobre todo del sistema vegetativo y del conjunto de células nerviosas del cuerpo, relacionadas con el cuerpo interno, el cual solamente actúa durante el zazen.

Los monjes Zen, por un largo ejercicio y entrenamiento a la práctica del zen, adquieren una profunda intuición y una gran sabiduría antes de llegar a ser Maestros, a su vez. Siguiendo la enseñanza de su Maestro, por  zazen, inconscientemente, obtienen la vida universal llamada satori. Antes de tener esta comprensión total de ellos mismo, se han impregnado de la conciencia ku.

Zazen

El Budismo es el nombre dado en Occidente a un movimiento de liberación espiritual creado cinco siglos antes del comienzo de la era cristiana por Sakiamuni Buda. “Buddha” es un término sánscrito que significa “El que ha despertado”.

Sakiamuni Buda alcanzó esta experiencia de despertar llamada “iluminación” mediante la práctica de una meditación exacta y poderosa, basada en el aquietamiento del cuerpo y de la mente y en una profunda introspección.

Después de su iluminación, Buda Sakiamuni enseñó las   Cuatro Nobles Verdades:

  1. La Verdad del Sufrimiento. La existencia es sufrimiento.
  2. La Verdad de la Causa del Sufrimiento. El deseo, el apego y la ignorancia son las causas del sufrimiento.
  3. La Verdad de la Cesación del Sufrimiento. Los seres humanos podemos experimentar un estado de conciencia exento de sufrimiento.
  4. La Verdad del Camino hacia la Cesación del Sufrimiento. A este Camino se le llama el Noble Sendero Octupleporque está formado por ocho aspectos:
    1. Visión correcta.
    2. Pensamiento correcto.
    3. Palabra correcta.
    4. Acción correcta.
    5. Medio de existencia correcto.
    6. Esfuerzo correcto.
    7. Atención correcta.
    8. Meditación correcta.

Todas  las formas de Budismo tienen su fuente original en esta primera enseñanza dada por Sakiamuni Buda en el Parque de las Gacelas de Benarés, poco tiempo después de su iluminación.

La enseñanza del Buda ha aparecido en este mundo para indicar a los seres humanos el camino que conduce desde el sufrimiento a la liberación del sufrimiento.

Origen del Zen

Durante los siglos que sucedieron a la desaparición de Sakiamuni Buda, el Budismo se extendió por toda India y el sudeste asiático. Pronto surgieron divergencias entre distintas maneras de interpretar las enseñanzas originales del Maestro. Se crearon diversas escuelas y se desarrolló una compleja exégesis sobre el sentido real de lo enseñado por el Buda. Esto produjo una cierta confusión en el mundo budista primitivo. Ante esta confusión, grupos cada vez más numerosos de maestros y monjes budistas decidieron retirarse a las montañas y a los bosques para dedicarse exclusivamente a la práctica de la meditación enseñada por el Buda. Así, de manera poco organizada, fue naciendo la llamada Escuela de Dhyana. Dhyana es un término sánscrito que significa “absorción de la mente” y designa el estado de conciencia propio de la meditación budista. Dhyana se convirtió en Ch’an na, en chino. Más tarde la expresión quedaría abreviada en Ch’an. Zen es la transcripción fonética al japonés del término chino Ch’an.

La enseñanza del budismo zen no está basada en las escrituras, sino que es transmitida de corazón a corazón, de maestro a discípulo, a través de la realización de la propia naturaleza original que tiene lugar gracias a la práctica de la meditación zen.


Breve historia del Budismo Zen.*

El Zen en India.

La historia del Zen comienza en la India. En la época del Buda, el yoga en tanto que práctica de concentración del espíritu estaba ampliamente extendido. En su naturaleza, el yoga va destinado a concentrar el espíritu en un solo punto: la realización de la serenidad a través de la meditación en posición sedente. En realidad, los métodos del yoga se reducían en esta época a privaciones de alimento, ayunos, a ciertos votos como por ejemplo permanecer largo tiempo de pie sobre una sola pierna. A través de esta ascesis y de toda una serie de ejercicios, el yogui se entrenaba a la indiferencia ante los estímulos del exterior y al control del menor movimiento de su propio espíritu.

El Buda practicó este yoga durante doce años desde el momento en el que decidió renunciar al mundo. Visitó a los santos y se entrevistó con grandes eruditos, recorriendo los cuatro rincones del país. Pero, en definitiva, el Buda no consiguió a través del Yoga encontrar respuesta a dos preguntas esenciales: ¿ Qué es el hombre? ¿Cómo debe vivir el hombre?

Buda abandonó el ascetismo, se sentó tranquilamente, cruzó las piernas y controló su respiración. Durante el amanecer del octavo día de Zazen alcanzo un nivel superior de conciencia al ver el resplandor de una estrella. Se convirtió en Buda, aquel que se ha iluminado, el que se ha despertado. Buda encontró su verdadera naturaleza en el universo y una regla de existencia para todos los hombres.

El Zen en China

El Zen fue introducido en China por Bodhidharma. Bodhidharma representaba la vigésimo octava generación de discípulos del Buda. China estaba dividida en esta época en estados rivales. El desorden reinaba por todas partes debido al desgarro que producía la lucha por el poder. El país se encontraba sometido a los tiranos y ensangrentado por las rebeliones. La dinastía de los Liang reinaba sobre uno de los estados de la antigua China. El emperador Wu-Ti, jefe de esta dinastía, budista ardiente, oyó hablar de Bodhidharma y le recibió en su palacio. A la pregunta de Wu-Ti: ¿Cuál es el principio fundamental del Budismo? Bodhidharma respondió: Un vacío inmenso. Un cielo claro. Un cielo en el que no se distinguen los iluminados de los ignorantes. El mundo mismo tal y como es. Wu-Ti, a pesar de que era un budista ferviente, no comprendió el mensaje de Bodhidharma y este ultimo supo que la hora de difundir el Zen en China no había llegado aun, por lo cual cruzó el río Yang-Tse y se retiro en las montañas septentrionales, en el Templo Shorin. Allí practicó Zazen frente a un muro durante nueve años, algunos afirman que sin interrupción.

El Zen se extendería rápidamente por China seis generaciones después, gracias a Eno (Huei-Neng) considerado como uno de los más grandes Patriarcas del Zen Chino. A partir de Eno nació una flor con cinco pétalos. Esta frase Zen quiere decir que el Zen se abrió como una flor de cinco pétalos y se extendió por todo el país a través de las cinco escuelas que surgieron del linaje del Maestro Eno. Estas escuelas fueron Igyo, Hongen, Soto, Unmon, Rinzai. Por las montañas y los bosques de China se comenzaron a construir millares de Templos en los que vivían miles de personas entregadas al estudio y a la practica del Dharma del Buda. Con el tiempo, el Zen impregnaría la civilización china elevando su pensamiento, cultura y arte de vivir a cotas sublimes.

De estas cinco escuelas chinas, sólo tres llegaron a Japón: Soto, Rinzai y Obaku (esta ultima es considerada como una rama de la escuela Rinzai). Las otras dos se extinguirían en China.


El Zen en Japón.

En Japón sólo las escuelas Rinzai y Soto alcanzaron una implantación importante, la primera debido a Eisai y la segunda a Dogen y Keizan. La tradición Rinzai esta basada en una disciplina estricta destinada a desarticular las creaciones mentales. El Koan o pregunta enigmática de difícil resolución adquiere una gran importancia y su resolución, mas allá del intelecto, conduce a la experiencia del Satori y Despertar.

La Tradición Soto quiere antes que nada concentrarse sobre la Vía del Buda, es decir, seguir la vida cotidiana del Buda, avanzando continuamente en la realización gracias a la práctica diaria, sin esperar nada especial. La esencia del Soto es Shikantaza, sentarse, solamente sentarse.

Con el Maestro Dogen (1200-1254) la tradición Soto y la esencia misma del Budismo alcanzan un grado de madurez y precisión difícil de encontrar en otras épocas. Su obra maestra, el SHOBOGENZO es una pieza imprescindible para comprender el Budismo y la esencia de toda la civilización oriental.

El Zen ha ejercido una influencia profunda en la vida cotidiana del pueblo japonés. Esta influencia puede apreciarse en cualquier aspecto de la vida japonesa: alimentación, vestidos, pintura, caligrafía, arquitectura, teatro, música, jardinería, decoración, etc.

Aun hoy día, a pesar de que muchos japoneses no saben qué es el Zen, en sus comportamientos y manifestaciones puede verse la impronta dejada en el alma japonesa por esta enseñanza.

El Zen en Occidente.

Hace relativamente poco tiempo que los occidentales hemos comenzado a mostrar interés por el Zen y a practicarlo con interés y constancia sinceros.

En América del Norte, el Zen fue conocido a principios de siglo, especialmente en la costa oeste, adonde junto con la importante inmigración japonesa llegaron los primeros monjes Zen. Después de la II Guerra Mundial, debido a la ocupación americana del Japón, muchos americanos entraron en contacto directo con la tradición Zen japonesa e importaron a su país un gran numero de libros y experiencias. Por esta época, coincidiendo con la llamada beat-generation, D. T. Suzuki comenzó a publicar un importante trabajo de erudición sobre el Zen y sus libros se hicieron muy conocidos en Estados Unidos y en Europa, especialmente en Gran Bretaña, Alemania y Francia. Pero sólo con la llegada de verdaderos maestros Zen japoneses comenzó a asentarse en Occidente los principios básicos del Budismo Zen. En Estados Unidos, Shunryu Suzuki Roshi creó un importante centro en San Francisco, desde el que sus discípulos continúan desarrollando un trabajo serio de practica y difusión basado en el modelo de la vida monástica Zen, pero ampliamente abierto a los practicantes laicos. Actualmente, más de veinte centros y tres monasterios dependen de los sucesores de Suzuki Roshi.

En Los Angeles, Maezumi Roshi hizo famoso el Centro Zen de Los Angeles (ZCLA) y su figura ocupa un lugar destacado en la historia del Zen en América. En Europa, Taisen Deshimaru Roshi, fallecido en 1982, es considerado unánimemente como Primer Patriarca Soto Zen de Europa. Tras quince años de misión, sus discípulos están repartidos por todo el continente, en tanto que responsables de más de cien centros Zen. En la época actual, se puede decir que todas las principales capitales europeas cuentan con un Dojo Zen destinado a la practica de Zazen.

Podríamos ver en la historia reciente del Zen en Occidente tres fases bien marcadas: Llegada de eruditos y libros Zen japoneses. Interés inicial en ciertos círculos intelectuales de Occidente.

Llegada de Maestros Zen japoneses. Se inicia el contacto real con la transmisi6n Zen y con la práctica. Aparecen los primeros monjes Zen occidentales. En esta fase nos encontramos ahora.

Un punto importante que debe ser comprendido es el gran valor de la verdadera transmisión del Dharma budista Zen. Esta transmisión sólo puede producirse de un Maestro autentico a sus discípulos. Este es el Zen que seguimos en nuestra Comunidad. Por eso, no nos ocupamos aquí de ciertos movimientos llamados Zen que han surgido en Occidente, totalmente ajenos a la transmisión y que utilizan algunos aspectos prácticos, estéticos o filosóficos del Budismo Zen, adaptados a intereses personales, ideológicos o religiosos. A pesar del gran interés que estos movimientos tienen desde un punto de vista sociológico o cultural, es importante saber que estos movimientos no pueden transmitir la verdadera enseñanza Zen. Por otra parte, podemos encontrar también en Occidente seguidores de distintas escuelas Zen, tales como la Rinzai o la Coreana del Maestro Souh Sam Nim. Estas escuelas también están realizando una importante labor.

Hoy día, los occidentales podemos saber qué es el Zen y cada vez son mas las personas que integran la práctica de la meditación en Zazen con sus actividades diarias. Un gran numero de profesores, artistas, doctores y gente de toda condición social ven en la práctica y en el arte de vivir del Zen una bocanada de aire fresco para su vida cotidiana y una semilla de renovación integral para las civilizaciones occidentales. La historia del Zen en Occidente no ha hecho mas que comenzar.

La Línea de la Transmisión.

La enseñanza del Zen sólo puede ser transmitida de corazón a corazón, de ser a ser, de maestro a discípulo. La relación maestro-discípulo es pues fundamental. Desde el Buda Sakiamuni hasta el momento presente, el budismo zen ha sido transmitido de maestro a discípulo, generación tras generación. El árbol de la genealogía espiritual del budismo zen tiene su raíz en el Buda Sakiamuni y ha crecido a lo largo de la historia desarrollando diversos linajes.

Siete Budas:


India

China

Japón

Vipashin Buda Daioshô

Sikin Buda Daioshô

Visvabu Buda Daioshô

Krakuchanda Buda Daioshô

Kanakamuni Buda Daioshô

Kashiapa Buda Daioshô

Sakiamuni Buda Daioshô

Mahakashiapa Daioshô

Ananda Daioshô

Shanavasa Daioshô

Upagupta Daioshô

Dritaka Daioshô

Michaka Daioshô

Vasumitra Daioshô

Budanandi Daioshô

Budamitra Daioshô

Parshiva Daioshô

Punyayasha Daioshô

Asvagosha Daioshô

Kapimala Daioshô

Nagaryuna Daioshô

Kanadeva Daioshô

Rahulata Daioshô

Sanganandi Daioshô

Kayashata Daioshô

Kumarata Daioshô

Yayata Daioshô

Vasubandu Daioshô

Manorita Daioshô

Haklenayasha Daioshô

Simabiksu Daioshô

Basasita Daioshô

Puniamitra Daioshô

Prañatara Daioshô

Bodidarma Daioshô

Bodidarma Daioshô

Dazu Huike Daioshô

Yianzi Senkan Daioshô

Dayi Daoxin Daioshô

Daman Hongren Daioshô

Dayian Huinen Daioshô

Kinyuan Xinsi Daioshô

Shitou Xikian Daioshô

Yaoshan Ueiyan Daioshô

Yunyuan Tanshen Daioshô

Doshan Lianyie Daioshô

Yonyu Daoyin Daioshô

Tongan Daopi Daioshô

Tongan Guanzi Daioshô

Lianshan Yuanguan Daioshô

Dayan Yinxuan Daioshô

Touzi Yikin Daioshô

Furon Daokai Daioshô

Danxian Zichun Daioshô

Zenxie Kingliao Daioshô

Tianton Zonyue Daioshô

Xuedou Ziyian Daioshô

Tianton Ruyin Daioshô

Eihei Dôgen Daioshô

Koun Eyô Daioshô

Tetsû Yikai Daioshô

Keizan Yôkin Daioshô

Meihô Sotetsu Daioshô

Shugan Tochin Daioshô

Tesan Shikaku Daioshô

Keigan Eisho Daioshô

Chuzan Rioun Daioshô

Yizan Tonin Daioshô

Shogaku Kenriu Daioshô

Kinen Horiu Daioshô

Teishitu Chisen Daioshô

Kokei Shoyun Daioshô

Sekiso Yuho Daioshô

Kaiten Guenyu Daioshô

Shuzan Shunsho Daioshô

Chozan Yinetsu Daioshô

Fukushô Kochi Daioshô

Medo Yuton Daioshô

Hakuho Guenteki Daioshô

Gueshu Shuko Daioshô

Tokuho Rioko Daioshô

Mokushi Soen Daioshô

Gankioku Kankei Daioshô

Kokoku Soriu Daioshô

Rosetsu Riuko Daioshô

Ungai Kiozan Daioshô

Shoriu Koho Daioshô

Shokoku Zenko Daioshô

Somon Kodo Daioshô

Soden Shuyu Daioshô

 

Kodo Sawaki Roshi ha sido uno de los más grandes maestros de la historia moderna del Zen japonés. Popularmente se le conocía con el nombre de “Kodo sin morada” ya que se negó siempre a vivir en un templo y prefirió recorrer el país, viajando siempre solo, enseñando zazen en las carceles, en las fábricas, en las universidades, allí donde hubiera alguien deseoso de oír el Dharma y de practicarlo. Dio clases en la Universidad Zen de Komazawa, fue educador en el segundo monasterio Soto de Japón, el famoso Sojiji. Su enseñanza podría ser resumida en dos puntos: exactitud en la práctica de zazen y estudio constante del Shobogenzo del Maestro Dogen.

Murió en 1966, después de haber enseñado durante toda su vida a laicos y monjes. Su cuerpo fue entregado por deseo suyo a la Facultad de Medicina de Tokyo. Entre sus principales discípulos destacamos a Shuyu Narita Roshi, Kosho Uchiyama Roshi, Suzuki Kakuzen Roshi y Taisen Deshimaru Roshi.


Shuyu Narita Roshi fue el primer discípulo confirmado en el Dharma por el Maestro Kodo Sawaki. Actualmente vive no lejos de Akita, en el norte de Japón, al pie de una pequeña montaña, en el Templo Todenji, del que es vigésimo octavo sucesor.

En 1977, con ocasión del décimo aniversario de la misión de Taisen Deshimaru Roshi en Europa, visitó por primera vez nuestro continente invitado por el maestro Deshimaru.

En abril de 1983 Shuyu Narita Roshi transmitió el Dharma del Buda a Taiten Guareschi, uno de los más antiguos discípulos de Deshimaru Roshi y principal impulsor del Zen en Italia. En abril de 1986 Shuyu Narita Roshi vuelve a transmitir la esencia de su enseñanza a Ludger Tenryu Tenbreul otro de los más antiguos discípulos del Maestro Deshimaru y actualmente presidente de la Asociación Zen de Alemania.

 

Taisen Deshimaru Roshi nació en Saga, Japón, en 1914. Estudió Ciencias Políticas y Económicas en Tokio y trabajó varios años para la primera empresa del país, la Mitsubishi. Aún joven conoce al Maestro Kodo Sawaki de quien rápidamente se hará discípulo. Desde entonces y durante treinta años sigue a su maestro por todas partes. Tras la muerte de Kodo Sawaki, Deshimaru Roshi viene a Europa, lo cual marca un giro importante en la historia del Zen y de la cultura europea. En efecto, fue el primer maestro autorizado por la Escuela Soto japonesa para implantar en Europa las semillas del Verdadero Zen.

Durante quince años de trabajo constante, dedicados exclusivamente a la expansión del Dharma y a la formación de los primeros monjes Zen europeos, Deshimaru Roshi encarnó el espíritu Zen transmitido por los Patriarcas. Más de ciento cincuenta centros repartidos por todos los países del continente, más de trescientos monjes ordenados y miles de discípulos laicos lo confirman como Primer Patriarca Zen de Europa.

Taisen Deshimaru Roshi recibió la transmisión del Dharma de Yamada Reirin Zenji, abad de unos de los dos grandes monasterios zen japoneses, el Eiheiji. Su muerte súbita le impidió transmitir su linaje a sus discípulos europeos.

Breve introducción a la práctica de la meditación Zen.*

La práctica de zazen es la esencia del Budismo Zen. Sin zazen no hay Zen. zazen es la práctica de Buda, la práctica del Despertar de la conciencia. Gracias a Zazen encontramos una gran libertad interior y una gran energía en nuestra vida.

Antes de sentarnos en zazen conviene tener presente algunos aspectos prácticos que nos facilitaran la concentración y la estabilidad. Estas recomendaciones conciernen a la verdadera sala de meditación transmitido por los Maestros Zen. A partir de estos consejos, cada uno debe aplicar los que considere más convenientes para sus circunstancias.

 

El lugar.

Para hacer Zazen conviene una habitación silenciosa y, en la medida de lo posible, dedicada únicamente a Zazen. No debe ser demasiado oscura ni demasiado luminosa, ni demasiado cálida ni demasiado fría (Demasiado es el origen de todas las perturbaciones). La simplicidad y la limpieza deben ser protegidas. En un altar situado en el centro, se coloca una imagen de Buda, de un Bodisatva o de un santo. De esta manera, ningún demonio ni ningún espíritu maléfico podrá perturbaros. Quemad incienso, encended una vela y ofreced flores. Los Budas y Bodisatvas que preservan la enseñanza auténtica proyectarán su luz sobre ese lugar y lo protegerán. Si lo hacéis así, ese lugar, por pequeño que sea, se convertirá en un verdadero Dojo, en un lugar de alta dimensión espiritual.


¿Cómo sentarse?

Caminamos así hasta llegar a nuestro sitio. Por lo general, en los Dojos Zen tradicionales, cada practicante tiene un lugar determinado. En el se encuentra un zafu (cojín de Zazen) y un zafuton (especie de estera o cojín plano). El zafu es un objeto altamente apreciado y respetado en el Zen. No es un cojín vulgar, sino el asiento del Buda. El origen del zafu se remonta al Buda Shakyamuni. Se cuenta que antes de inmovilizarse en Zazen, el Buda se fabricó un cojín de hierbas secas, con el fin de poder bascular la pelvis hacia adelante y poder apoyar con fuerza las rodillas en el suelo. De esta manera se consigue una postura estable y equilibrada y una curva lumbar justa. El zafu nunca debe ser golpeado con el pie, ni arrojado, ni maltratado.

Cuando llegamos delante del zafu saludamos con las palmas de las manos juntas (gassho), manifestando así nuestro respeto hacia el lugar en el que nos convertiremos en Buda y nos situamos delante de nuestro zafu, frente al muro, una vez que hemos bordeado el zafu por la izquierda.

Nos sentamos sobre el zafu tranquilamente, sin precipitación y sin dejarnos caer como un peso muerto. Controlamos el movimiento que nos conduce de la posición erguida a la posición sedente. Nos sentamos justo en el centro del zafu, ni demasiado a la izquierda ni demasiado a la derecha, ni demasiado al borde ni demasiado atrás. Para Zazen existen dos posturas posibles: loto y medio loto. Dogen Zenji escribe en el Fukanzazengi: “Para la postura de loto poned primero vuestro pie izquierdo sobre el muslo derecho y el pie derecho sobre el muslo izquierdo. Para la postura de medio loto, contentaros con presionar vuestro pie izquierdo contra el muslo derecho.

A parte de  estas dos posiciones; son válidas para Zazen, la postura llamada Seiza, que es un sentarse sobre los talones, con apoyo de banquitos, sujeta-barbillas, etc.

Lo esencial de Zazen es que las rodillas se apoyen fuertemente en el suelo y las nalgas sobre el zafu. Este triángulo es la base de la postura de Zazen.

Una vez que hemos tomado bien esta posición de piernas debemos estirar completamente la columna vertebral, estirar la nuca y recoger la barbilla. Encerramos los dedos pulgares en los puños, colocamos estos sobre las rodillas, vueltos hacia arriba y nos balanceamos de izquierda a derecha, siete u ocho veces. Comenzamos con una oscilación amplia y poco a poco vamos disminuyendo la amplitud, al igual que un péndulo, hasta recuperar la perfecta verticalidad.. .

¿Cómo inmovilizarse?

Una vez que estamos seguros de la estabilidad de la postura y de la verticalidad de la columna vertebral, hacemos gassho, inspiramos por la nariz y nos inclinamos en gassho al mismo tiempo que espiramos por la boca. Al inspirar volvemos a la vertical y disponemos las manos de la siguiente manera: la mano izquierda sobre la mano derecha, palmas hacia arriba.

Los dedos pulgares se tocan suavemente, formando una línea completamente horizontal. Si la postura de las piernas es correcta, las manos están apoyadas en los talones de los pies. El tono muscular de las manos es muy importante. Antes de inmovilizarnos totalmente, inspiramos con fuerza por la nariz y espiramos por la boca vaciando los pulmones del aire viciado. Esta respiración se repite dos o tres veces. después de lo cual nos inmovilizamos absolutamente y respiramos por la nariz, en silencio y con delicadeza.

 


¿Cómo hacer zazen?

Zazen significa: Absorción de la conciencia en su propia luz original a través de una estabilidad perfecta del cuerpo y de la mente. Para conseguir este apacible equilibrio debemos tener en cuenta tres aspectos fundamentales:

1. Posición corporal justa.

2. Respiración justa.

3. Actitud de la conciencia justa.

 

Posición corporal justa.

A parte de las indicaciones dadas anteriormente, debemos tener en cuenta también los siguientes puntos:

  • La postura de loto es, por excelencia, la postura de Zazen. En el caso de que encontréis una imposibilidad a la hora de tomar esta postura, debéis consultar con un Maestro Zen, que es la persona mas cualificada para indicaros el proceso a seguir. En la postura de loto, los pies presionan sobre cada muslo unas zonas que contienen importantes puntos de acupuntura correspondientes a los meridianos del hígado, vesícula y riñones, estimulándolos y fortaleciéndolos.
  • La pelvis debe estar basculada hacia adelante a nivel de la quinta vértebra lumbar. De esta manera la masa de los órganos internos queda libre y colocada hacia adelante, lo cual les permite un funcionamiento más óptimo y al mismo tiempo aligera la carga de la columna vertebral.
  • La columna vertebral debe estar lo más derecha posible, respetando sus curvas naturales. En el Zen se dice: Empujad el suelo con las rodillas. Empujad el cielo con la coronilla.
  • La barbilla debe estar recogida y la nuca estirada.
  • La nariz se encuentra en la misma línea vertical que el ombligo.
  • El cuello esta relajado y los hombros caen naturalmente.
  • La boca esta cerrada, sin crispación. Las mandíbulas se tocan. La extremidad de la lengua toca el paladar superior durante zazen.
  • Los ojos están semicerrados, la mirada se posa, sin fijarse, a un metro delante de sí. La mirada esta, de hecho, vuelta hacia el interior. No se mira nada, aunque se ve todo.
  • La cabeza tampoco debe caer hacia adelante ni hacia atrás, sino permanecer justo sobre los hombros.
  • Los dedos pulgares no deben desplomarse ni subir, sino permanecer en una horizontalidad perfecta.

Montaña

Ni montaña ni valle

Valle

 

Respiración justa.

La respiración Zen desempeña un papel fundamental en la meditación y en todas las acciones de la vida cotidiana Ante todo va dirigida a establecer un ritmo lento, poderoso natural. Esta respiración esta esencialmente basada en una espiración larga y profunda.

Como hemos dicho antes, al principio de Zazen hay que inspirar varias veces por la nariz y espirar por la boca. A partir de aquí la respiración debe volverse completamente silenciosa y nasal. Muchos principiantes me preguntan: “¿Debo controlar o forzar mi respiración?” Mi respuesta es siempre: “Sólo se puede controlar aquello que se conoce íntimamente”.

Lo primero que un principiante debe hacer es observar atentamente su respiración y volverse íntimo con ella.

Las zonas más importantes que actúan directamente sobre la respiración son: caja torácica, músculos dorsales, músculos pectorales, diafragma, músculos intercostales y músculos abdominales.

Según el nivel de actuación de estas zonas, podemos decir que existen tres tipos esenciales de respiración:

Torácica. Es la más superficial de todas. La inspiración predomina sobre la espiración. Es una respiración propia de personas excitadas y excitables. En esta respiración interviene la caja torácica, los músculos pectorales y, muy débilmente, el diafragma.

Diafragmática. La espiración se vuelve ya mas profunda debido a la presión que los músculos intercostales ejercen sobre la caja torácica, vaciándola un poco más. Esta respiración supone un diafragma flexible, lo cual requiere una cierta relajación de los músculos dorsales. Mi experiencia en el Dojo me ha hecho comprobar que la mayoría de las personas, en la época moderna de las grandes ciudades, llegan con un diafragma rígido que impide una espiración larga y profunda. El primer paso consistiría pues en suavizar la tensión del diafragma.

Abdominal. En la respiración abdominal se continúa el oleaje muscular provocado por la presión que la caja torácica ejerce sobre el diafragma, y éste a su vez, sobre los músculos abdominales. Esta respiración supone un gran vaciado de los pulmones y por lo tanto una mayor cantidad de aire nuevo al inspirar. En esta inspiración, la espiración es mas larga y potente que la inspiración. El oleaje muscular puede ser prolongado hasta el bajo vientre, hasta el llamado HARA o KIKAITANDEM (océano de energía) en japonés.

Esta es la respiración propia de Zazen, hacia ella debemos tender. Pero hay que tener cuidado. Muchos practicantes se equivocan en este punto, ya que intentan forzar una espiración larga y potente sin comprender antes el mecanismo completo de la respiración.

Si, por ejemplo, el diafragma esta contraído e intentamos presionar en los abdominales, esto provocara un gran conflicto interno en el cuerpo y en la conciencia, ya que el oleaje muscular ha quedado interrumpido en el diafragma y sin embargo se presiona en los abdominales. Es mejor seguir íntimamente el recorrido de este oleaje y no obstaculizarlo ni querer ir mas deprisa de lo que marca su ritmo natural.

Sea como sea, la respiración es un asunto delicado que requiere consejos directos de un Maestro Zen.

En líneas generales, tras la espiración viene naturalmente la inspiración. Con la practica podemos concentrarnos en desarrollar una espiración cada vez mas larga y profunda. Esta espiración desarrolla una gran energía en la cintura, en los riñones y en la cadera.

Todas las artes marciales se fundaron tradicionalmente sobre esta espiración.

El aire contiene la energía del cosmos. Recibimos esta energía a través de nuestros pulmones y de cada una de nuestras células. Es muy importante, pues, saber respirar. Ordinariamente respiramos 15 o 20 veces por minuto, de una manera superficial puesto que solo utilizamos una parte de nuestra capacidad pulmonar. Una respiración profunda y completa no se efectúa solamente al nivel de la caja torácica, como hemos visto, sino que debe apoyarse también en el abdomen.

Gracias a la práctica de Zazen en una postura corporal justa, esta respiración se vuelve poco a poco habitual en nuestra vida cotidiana e incluso durante el sueño.

Esta respiración Zen aumenta nuestra energía vital.

La actitud justa de la conciencia.

La actitud del espíritu fluye naturalmente de una concentración profunda sobre la postura y la respiración.

Durante Zazen, el cortex cerebral se reposa y el flujo consciente de pensamientos se detiene, mientras que la sangre afluye hacia las capas mas profundas del cerebro. Mejor irrigado, el cerebro se despierta de un semi-sueño y su actividad da impresión de bienestar, de calma y serenidad, próximas al sueño profundo, pero en plena vigilia. El sistema nervioso se relaja, el cerebro primitivo entra en actividad. Se es receptivo, se está atento, en el más alto grado, a través de todas las células del cuerpo. Se piensa con el cuerpo, inconscientemente, sin usar energía.

No se trata de querer detener los pensamientos, lo cuál sería todavía peor, sino de dejarlos pasar como nubes en el cielo, como reflejos en un espejo, sin oponerse a ellos, sin apegarse a ellos. De esta manera, las sombras pasan y se desvanecen. Y poco a poco, una vez que las imágenes del subconsciente han surgido y desaparecido, se llega al subconsciente profundo, sin pensamiento, mas allá de cualquier pensamiento, HISHIRYO, verdadera pureza.

HISHIRYO es el estado de conciencia propio del Zen. SHIRYO es el pensamiento. FU SHIRYO es el no-pensamiento.

HISHIRYO es el Pensamiento Absoluto, mas allá del pensamiento y del no-pensamiento. Mas allá de las dualidades, de las oposiciones, de los contrarios. Mas allá de todos los problemas de la conciencia personal. Es nuestra Naturaleza Original, o Naturaleza de Buda, o Inconsciente Cósmico.

Cuando el intelecto se vacía y se vuelve sereno, apacible, nada puede detener la corriente de vida profunda, intuitiva, ilimitada que surge desde lo más profundo de nuestro ser y que es anterior a cualquier pensamiento. Este es el flujo eterno de la actividad del Todo. El espíritu contiene todo el cosmos. La conciencia es más rápida que la luz.

Sentado, sin meta, se puede comprender MUSHOTOKU e HISHIRYO, secretos de la esencia del Zen. Pero esta comprensión es diferente a la del sentido común o a la de intelecto. Es percepción directa.

MUSHOTOKU es la filosofía del no-provecho, del no deseo de adquirir. Es el principio esencial del Zen. Dar sin esperar recibir nada a cambio. Abandonarlo todo sin miedo a perder. Volver la mirada hacia el interior. De la misma manera que en toda obra de arte, el artista debe saber darse enteramente sin ocuparse de alcanzar la gloria, la belleza, la riqueza, para expresarse en una obra bella, pura, autentica, de la misma manera el discípulo obtendrá la Sabiduría si quiere conocerse, superarse, darse sin esperar alcanzar ningún provecho personal. Si lo abandonáis todo, lo obtendréis todo.

HISHIRYO es la conciencia cósmica, y no la conciencia personal. Podemos experimentarla durante Zazen. Durante Zazen pensamos en nuestras ansiedades, en nuestra vida cotidiana, en nuestros amigos, en nuestras vacaciones, en todo los fenómenos que provienen de nuestra memoria, pero si nos concentramos profundamente sobre nuestra postura, sobre la respiración, podemos detener los pensamientos, podemos olvidarlo todo y armonizarnos con el pensamiento cósmico. El subconsciente surge así a la superficie, gracias a este abandono. Los pensamientos se alargan, se ensanchan profundamente y alcanzan la conciencia universal. Podemos llegar hasta el final de esta conciencia universal. Podemos llegar hasta el final de esta conciencia última, pero para ello no debemos trascender los pensamientos de nuestra autoconciencia. Este es el arte esencial del Zazen.

El Maestro Dogen escribió: “Pensad sin pensar. ¿Cómo se piensa sin pensar? Pensando desde el fondo del no-pensamiento. Esta es la dimensión cósmica, HISHIRYO”.

Los sentidos de nuestra conciencia no pueden imaginarla. Las categorías no pueden definirla. La palabra no puede explicarla. Sólo podemos acceder a este estado a través de nuestra experiencia vivida. HISHIRYO es la armonía de las visiones objetivas y subjetivas, la ultima conciencia, más allá del espacio y del tiempo, la conciencia más excelente, global, universal, mas allá de todos los fenómenos, mas allá del pensamiento y del no-pensamiento.

  • Zazen es alcanzar la condición HISHIRYO.
  • El abandono del ego es Satori.
  • La Nada incluye el Todo.
  • Una mano abierta puede recibirlo todo.
  • Una botella vacía puede ser llenada.
  • El cielo puro e infinito no es perturbado por el vuelo de las nubes blancas.

Principales errores en la práctica de zazen.

Dogen Zenji enseñó: “Desde el comienzo de Zazen debemos descartar la relajación física y mental y la distracción. Efectivamente, durante Zazen podemos caer en dos estados perniciosos para la salud física y mental y totalmente contrarios al estado de vigilia de un Buda.

Por una parte podemos caer en un estado de relajación física y mental caracterizado por una gran actividad inconsciente, muy cercana al sueno, y por una falta de tono muscular. Este estado es llamado konchin en el Zen. Es un estado de somnolencia, de falta de claridad. La vigilancia se empaña y la conciencia se embrutece. El cuerpo pierde tono, la cabeza cae hacia adelante, los dedos pulgares se desploman y las manos yacen inertes. La respiración se vuelve totalmente inconsciente y se abandona a su propio ritmo. Este estado debe ser evitado. El mejor método para ello es volver a una postura corporal justa: estirar la columna vertebral, fortalecer el tono muscular y especialmente no dejar que los ojos se cierren.

Por otra parte, podemos caer en un estado de distracción, de dispersión mental. Este estado es llamado sanran en el Zen. Viene caracterizado por un tono muscular crispado y por una actividad mental muy excitada. Aparecen muchos pensamientos, muchas sensaciones, recuerdos, deseos… Esta es la actitud típica de los que piensan durante Zazen. A nivel corporal, la barbilla se escurre hacia arriba, los dedos pulgares también se encrespan y se tensan. Para evitar este estado debemos concentrarnos especialmente en una espiración larga y suave. Debemos depositar nuestra atención en el hueco de la palma de la mano izquierda y rehacer una postura corporal justa en general: recoger la barbilla y mantener la horizontalidad de los dedos pulgares.

Equilibrando nuestro cuerpo podemos equilibrar nuestra mente. Dogen Zenji enseñó: “El Zazen del que yo hablo no es el aprendizaje de una técnica de meditación. Es el Dharma de la Paz y de la Felicidad, la Practica-Realización de un Despertar Perfecto. Zazen es la manifestación de la Realidad Ultima. Las trampas y las redes del intelecto no pueden atraparlo. Una vez que hayáis comprendido su esencia, seréis parecidos al tigre cuando penetra en la selva y al dragón cuando penetra en el océano”

Zen y Civilización.

Ser no es tener.

Aunque poseyéramos todo lo que deseamos no estaríamos satisfechos. Esta es la causa de nuestra enfermedad, sobre todo en el seno de una sociedad que nos lo promete todo, pero que nos priva de lo esencial. Ya que lo esencial no es obtener, sino ser, y cuanto más tenemos, más deseamos, y cuanto más deseamos, menos somos.

Nuestra verdadera riqueza, la que nos pertenece en propiedad y que nadie puede robarnos, esta dentro de nosotros mismos, profundamente escondida y casi siempre mal conocida.

Este fondo de nosotros mismos, estable y apacible, esta riqueza nuestra olvidada, sólo se puede descubrir a través de un método radical y riguroso.

El Zazen, la práctica constante y asidua del Zen, es la llave que abre este reino interior.

 

Zen y vida cotidiana.

En el mundo del Budismo Zen, preguntas tales como: ¿Para qué? o ¿Por qué? carecen totalmente de sentido. La pregunta esencial es: ¿Cómo?. ¿Cómo vivir, cómo morir? De esta actitud se desprende una 4sabiduría práctica que puede ser aplicada a cada momento de la vida cotidiana: Cómo dormir, como tomar los alimentos, cómo caminar, cómo conducir el auto, cómo sentarse, cómo respirar, cómo atravesar de manera justa este corto lapso de tiempo que va desde nuestro nacimiento hasta nuestro ataúd? ¿Con qué actitud de espíritu?

La práctica de la meditación en Zazen no está en contradicción con nuestra vida diaria y, sobre todo, no es una evasión ante las dificultades que el vivir diario nos presenta. Por el contrario, gracias a la práctica asidua de Zazen, podemos encontrar la lucidez, la calma y la energía necesarias para resolver con soltura y eficacia las situaciones cotidianas.

Zazen no es, de todas maneras, una técnica de bienestar que se pueda usar con fines utilitarios. Más bien, es a través del abandono del egoísmo y de la crispación causada por la conciencia egótica, como podemos sumergirnos, sin miedo, en nuestra existencia y evolucionar en ella como el pez en el agua, naturalmente, inconscientemente.

Los mejores momentos para sentarse en Zazen son el amanecer y el anochecer. Estos momentos de transformación de la naturaleza y de nuestros propios ritmos biológicos favorecen la concentración y nos preparan para afrontar abiertamente la jornada por una parte, y para purificar nuestra conciencia y nuestro cuerpo de todas las impresiones sensoriales nocivas que hemos acumulado durante el día, por otra.

Las personas que continúan diariamente esta practica son testimonios de la profunda renovación que han experimentado en sus vidas.

Zen y psicosomática.

El Zen no es un conocimiento para añadir a otros, y menos aun un objeto de especulación intelectual o de discusión. Es una experiencia personal, la más íntima de todas, algo que nadie puede hacer por nosotros. Es suficiente practicar Zazen, es decir, ponerse en postura, con la columna vertebral derecha, sentado sobre un cojín redondo y espeso, completamente inmóvil, y en un lugar tranquilo y silencioso. Se respira lentamente, profundamente, y se deja que el espíritu agitado se tranquilice así y se aclare. Rápidamente se sentirán los efectos benéficos de esta postura: las preocupaciones cotidianas dejan de inquietarnos, se alejan y por ultimo aparecen como lo que son: pequeñas e insignificantes oleadas en la superficie de nosotros mismos. Poco a poco, la angustia se transforma en seguridad, la inquietud incesante en una calma anteriormente desconocida y primer anuncio de una profunda serenidad. Comienza a manifestarse una sensación de alivio, de equilibrio recuperado.

Esto es lo que sucede realmente y lo que, en efecto han confirmado actualmente doctores de la Universidad de Tokyo, de Europa y de América, los cuales han examinado sobre los practicantes en meditación los efectos fisiológicos del Zazen. El control de la respiración modera y apacigua el ritmo del corazón, regulariza la circulación, hace que la tensión nerviosa disminuya. La espiración profunda del Zazen expulsa de los pulmones los residuos de gas carbónico que habitualmente se estancan en ellos, produciendo nerviosismo y ansiedad. El grado de ácido láctico de la sangre, factor de la agresividad, baja muy sensiblemente mientras que el hecho de estirar la columna vertebral le hace encontrar su agilidad y libera las contracciones nerviosas.

Por último, y sobre todo, el funcionamiento del cerebro se modifica muy sensiblemente, al pasar de la actividad de las capas superficiales a las capas profundas. Las ondas alfas aparecen rápidamente, lo cual origina un estado de conciencia completamente diferente al de la vida cotidiana, a la vez más relajado y más perspicaz, más sensible y despierto. Pero debemos precisar que no se trata de ninguna manera de un estado anormal o extático, sino por el contrario, una vuelta a las condiciones naturales y normales del funcionamiento fisico-psíquico del ser humano. Las personas que practican regularmente Zazen tienen así este sentimiento de volver a tomar posesión de ellos mismos, de volverse a encontrar, mas allá de las crispaciones, de las distorsiones, en la situación original, primitiva, que deberá ser la de todo hombre.

 

La figura del maestro Zen.

Es evidente que pasar del estado en el que nos ha puesto una vida caracterizada por la agitación y el desorden, por la avidez y la huida de nosotros mismos, a esta situación original de la que estamos tan alejados, requiere esfuerzos largos y continuos.

Sin embargo, todo el mundo puede hacer Zazen. No existe ninguna contraindicación médica. Y aunque la meta de Zazen no sea de ninguna manera curar, las condiciones fisiológicas más defectuosas pueden mejorarse sensiblemente con su practica.

Pero el Zazen es una disciplina rigurosa que no puede ser practicada sin la ayuda de un maestro. La presencia de éste es necesaria, no solamente para controlar la postura y para enseñar la pacificación del espíritu, sino sobre todo para guiar a cada uno según sus medios. Esta es la razón por la que Zazen debe ser practicado en la atmósfera apacible de una sala de meditación. De esta manera el practicante se beneficia, no solamente de la dirección del maestro, sino de la presencia de los demás participantes. El esfuerzo de cada uno se multiplica en un vasto esfuerzo colectivo, que sostiene, alienta y apacigua.

Así solamente gracias a este ejercicio continuo, que poco a poco formara parte de nuestra vida, comenzaremos a cambiar, imperceptiblemente al comienzo, pero cada vez mas sensiblemente. Y no solamente nosotros, nuestra vida, los demás, el mundo, todo cambia al mismo tiempo.

En realidad, lo que habrá cambiado será nuestra relación con la vida, con los demás, con el mundo. Poco a poco nos iremos deshaciendo de la envoltura del ego. Nuestra conciencia dejara por fin de estar dividida. Al estar derrumbadas y abolidas todas las barreras, la comunicación se establecerá y el otro ya no será el “otro”. Nuestra conciencia participara en la vida sintiéndose una emanación del cosmos, identificándose a él.

Zazen es en su origen la postura misma de Buda, gracias a la cual obtuvo la completa liberación, el desapego soberano, el conocimiento perfecto. El Zen nos recuerda que todos nosotros tenemos, “aquí y ahora”, esta posibilidad, pero simplemente lo ignoramos. A través de la practica y de la enseñanza del maestro, nos acercamos, a través de una transmisión ininterrumpida, a esta experiencia, a esta prodigiosa metamorfosis del ser que es el Despertar.

 

Zen, aquí y ahora.

Mas allá de las formas, de los dogmatismos, de las instituciones o de las teorías, el ser humano esta buscando un nuevo estado de conciencia (o una antigua conciencia dormida) que le permita liberarse, transformarse, desarrollarse, a partir de la fuente profunda que está en él.

El Zen no es ni un razonamiento ni una teoría. No es un conocimiento comprensible por el intelecto solamente. Es una práctica, una experiencia. A la vez objetiva y subjetiva, ya que no separa estos dos puntos de vista complementarios, de la misma manera que no disocia el cuerpo y el espíritu, la fisiología y la psicología, el consciente y el inconsciente, sino que hace una llamada a la totalidad del ser.

En este sentido corresponde a las aspiraciones que actualmente orientan la marcha de la civilización moderna, la cual intenta superar las categorías, las separaciones estrechas, las divisiones en todos los dominios.

“Debemos armonizar los contrarios, remontándonos a su origen. Esta es la actitud Zen, la Vía del Medio: abarcar las contradicciones, hacer su síntesis y realizar el equilibrio”, dijo el maestro Taisen Deshimaru.

O como dijo anteriormente Rabindranath Tagore: “En el futuro, los occidentales y los orientales formaran una gran sinfonía espiritual. Espero que venga pronto el día en el que toda la Humanidad se armonizara en una comunión universal”.

En la época actual, todas las naciones del mundo deben superar el camino unilateral de una ideología o de un nacionalismo estrecho. Las barreras nacionalistas o raciales deben ser abolidas. Debemos apuntar hacia un objetivo común: El del camino universal. Debemos entendernos y armonizar nuestras concepciones con un espíritu abierto. El espíritu moderno de libertad debe deshacerse de las viejas supersticiones, de las creencias y de las estrecheces formales, con el fin de poder encontrar en el fondo de nosotros mismos el origen de una moral autentica, personal y universal a la vez, ligada a la conciencia profunda de la vida.

 

Zen es conocerse a sí mismo.

En la base del Despertar esta el conocimiento de sí mismo. Este punto es y fue el esencial de la enseñanza de muchas filosofías y religiones, si bien es verdad que esta búsqueda del conocimiento de sí mismo ha podido desembocar en el egoísmo y en el individualismo. Hoy día, después de los descubrimientos de la psicología profunda, del psicoanálisis, la concepción del yo y del sí mismo ha evolucionado y no puede ser ceñida a un estudio objetivo racional de la conciencia, y tampoco a un análisis puramente intelectual

Por otra parte, parece que el hombre no pueda vivir basándose simplemente en valores sociales, religiosos y morales exteriores a él. Actualmente necesita un afianzamiento interior, descubierto y vivido en lo mas profundo de él mismo.

La vida en sociedad educa al hombre según condicionamientos que le enseña a juzgar el bien y el mal según unos criterios que son más un habito adquirido que una noción realmente vivida.

Además hoy día, todo el mundo toma conciencia de este estado de hechos, lo cual produce uno de los factores más importantes de la incomodidad sentida por los individuos.

Todo esto nos conduce a una búsqueda interior más aguda y personal, y nos acerca de una manera diferente al problema:

¿Cuál es la naturaleza del hombre y del universo?

¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte?

Ni la ciencia, ni la religión, a través de la historia de los hombres, han aportado una respuesta satisfactoria.

Nosotros, en tanto que cuerpo y espíritu, somos la vida. Esta es la respuesta Zen. Ver claramente en nuestro propio espíritu. El hecho de vivir y de realizar profundamente esta unidad cuerpo-espiritu, nos hace descubrir la fuente de la vida en nosotros mismos, aquí y ahora.

Este sentimiento de vida es lo universal en nosotros y nosotros en lo universal, mas allá del ego y más allá de la vida y de la muerte, en la interdependencia de todas las existencias.

Este sentimiento de unidad universal es la base del amor que une a todo lo que vive.

 

Zen y Psicología.

La noción de inconsciente cósmico ha dado a la psicología una dimensión que anteriormente no tenía.

El desarrollo de la personalidad ligada a lo universal, trasciende los limites del individuo y del ego en particular. No existe un yo separado de los demás, sino un sí mismo, plenamente sí mismo, diferente y parecido a los otros a la vez. El dinamismo interior tiende hacia la unidad y hacia la superación de las contradicciones, empezando por la noción de vida y de muerte.

La naturaleza de la conciencia es especial y profundamente estudiada en el Zen

Una imagen ilustra claramente la transformación que se instaura: es la imagen de la puerta que separa simbólicamente el consciente del inconsciente. Esta puerta sólo se abre generalmente hacia el exterior, pero debería llegar a ser “batiente”, libre.

El Zen es la vía sin atolladeros. Nos enseña a tomar conciencia de nuestros propios recursos y de la profunda humanidad que esta en cada uno de nosotros.


* Libro “¿Qué es el Zen? de Dokusho Villalba, ediciones Miraguano.

 

Vipasana. OTRA MEDITACION apolínea

Para realizarla puede sentarse en el suelo con las piernas cruzadas, o, si prefiere, relajarse en su sillón favorito, incluso, puede tenderse en la cama o el piso, tratando eso sí de no utilizar cojines o almohadas, de modo que pueda mantener lo más recta posible la columna vertebral. Una vez que esté cómodo y relajado, siéntase respirar:
perciba el aire, que dilata los orificios nasales, recorre la garganta, la tráquea y penetra profundamente en los pulmones. Luego trate de percibir el movimiento de la espiración. Es inevitable que durante este proceso de percepción le asalten numerosas imágenes, recuerdos e ideas. Lo fundamental de esta técnica apolínea de meditación es que usted observe dichos pensamientos sin implicarse con ellos, mirándolos simplemente pasar. Son pensamientos, no realidades externas. Si alguno de ellos lo asusta o preocupa en extremo, observe su miedo o preocupación como si fuese un pensamiento más. Poco a poco la imagen esa irá cediendo lugar a un nuevo pensamiento, o imagen. Déjala pasar después de observarla, sin comprometerse con ella y apenas pueda, vuelva a percibir su respiración.
No realice este ejercicio por más de una hora y considérelo como un descanso, un momento diario de la mente destinado a encontrarse con su cuerpo. Al terminarlo, lo frecuente es sentirse muy descansado y tranquilo. Si consigue hacer de la vipasana una costumbre diaria, ojala a la hora de la siesta o al atardecer, se sentirá renovado a los pocos días de hacerlo, entonces verá la realidad exterior con mayor objetividad y las imágenes mentales perderán gran parte de su virulencia. La meditación trae conciencia, armonía y orden natural a la vida humana. Despierta la inteligencia para hacer la vida feliz, pacífica y creativa. Vamos a compartir un simple y sencillo método de meditación. Elija un tiempo libre si es posible temprano en la mañana y siéntese calladamente. Permita a sus ojos reconocer el ambiente que lo rodea, a sus oidos percibir los sonidos. Relaje sus músculos. Después de pasar un tiempo observando este mundo exterior,cierre sus ojos y traiga su atención de lo externo hacia adentro. Empiece a contar los movimientos de los pensamientos, deseos y emociones. Desde el banco de la conciencia observe la actividad de el río de pensamientos. No trate de detener, cambiar o juzgar esta experiencia. Por medio de esta observación interna, usted se esta limpiando de distracciones;  esta llegando al comienzo de una transformación radical. La conciencia se expandirá y comenzará a relajarse. Las bodegas de energía se abrirán: estos son los benéficos de practicar la meditación. Hay otras formas de meditación que también traen grandes beneficios: siéntese en silencio y observe su respiración. La respiración es un movimiento de prana y como prana es una fuerza y energía vital, tiene dos polaridades: inhalación y exhalación. La inhalación es fría y la exhalación es tibia. Juntas crean un biorritmo natural. A través de la respiración, usted puede estar conciente de la vibración del sonido cósmico. Este sonido cósmico, el sonido sin sonido OM, tiene dos manifestaciones, una masculina y otra femenina. La manifestación masculina es hum y la femenina es so. Durante la inhalación usted sentirá la vibración del sonido cósmico so. Durante la exhalación, sentirá el sonido hum. En la meditación so-hum tiene lugar la unión de la conciencia individual con la conciencia cósmica. Escuche el sonido so-hum-so a través de la respiración. Estas vibraciones de energía-sonido son una con la energía-vida de la respiración. Su respiración se hará silenciosa, espontánea e ira más allá del pensamiento, más allá del tiempo y espacio, más allá de causa y efecto. Las limitaciones se desvanecerán, su conciencia se vaciara y en el vacío la conciencia se expandirá. Esta función de la conciencia individual a la conciencia cósmica trae samadhi, el estado espiritual de más equilibrio. En este estado la paz y la alegría descenderán como una bendición. Su vida cambiara y su vivir diario se convertirá en una experiencia nueva y fresca. La vida sera meditación, pues la meditación no esta separada de la vida, sino es que parte de ella. La vida es meditación y la meditación es vida. La inteligencia operativa comenzara a operar en su cuerpo, mente y conciencia. Todos los problemas se disolverán en esta nueva conciencia de expansión. La meditación es necesaria para traer armonía a la vida diaria. Sin embargo no olvide que los resultados de la meditación son frutos de una práctica comprometida y regular.Aprender a discernir lo real de lo irreal, lo efímero de lo eterno. Aprender, sobre todo a separar el saber de la cabeza, de la sabiduría del alma; los “ojos”, del “corazón”. El Bhagavad Gita constantemente reitera las enseñanzas de la indiferencia al dolor y el placer, del equilibrio perfecto en todas las circunstancias, sin las cuales no es posible el Yoga verdadero. “Maestros de la Compasión”. En primer lugar debemos reconocer que el Ego en todos es uno; de modo que en toda persona con quien vengamos en contacto nos desentenderemos de cuanto sea inatractivo en la vestimenta moral y sólo reconozcamos al Ego, presente en su co­razón. En segundo lugar debemos darnos cuenta -en el sentir, no únicamente en teoría -que el Ego esta procurando expresarse por medio de la vestimenta mortal que lo obstruye, y que la naturaleza interna es completamente bella, pero desfigurada por nosotros por medio de las envolturas que la rodean. Luego debemos identificarnos con el EGO, el que en verdad es en esencia nuestro EGO y cooperar con EL, en su lucha contra los elementos bajos que obstruyen su expresión. Y puesto que hemos de operar con nuestra propia naturaleza inferior, la única forma de ayudar eficazmente es mirar las cosas según ese hermano las mira, con sus limitaciones, sus prejuicios, su visión desfigurada; y viéndolas así, y siendo así afectados por ellas en nuestra naturaleza in­ferior, ayudarlo según su sentir y no el nuestro, porque solamente así puede darse ayuda verdadera. He allí el entrenamiento oculto. Apren­damos a separarnos de nuestra naturaleza inferior, a estudiarla, a sen­tir sus sentimientos sin ser afectados por ellos, y así, en tanto que emocionalmente experimentamos, intelectualmente juzgamos. Debemos utilizar este método por amor a nuestro hermano, y al sentir como el siente, tal como la nota sincronizada emite la nota de su cuerda correspondiente, así debemos usar nuestro “yo” desemba­razado para juzgar, aconsejar, elevar, pero siempre usándolo de tal manera que nuestro hermano sea consciente de su noble naturaleza que se expresa por medio de nuestros labios. Debemos desear compartir lo que tengamos de mejor; no es el retener sino el dar lo que es la vida del espíritu. A menudo, lo que tengamos de “mejor” puede ser inatractivo para aquel a quien deseamos ayudar, así como la poesía elevada es para su pequeñuelo; en tal caso debemos dar lo mejor que el pueda asimilar, conservando lo demás no por exagerada parsimonia, sino porque el no lo quiere todavía. Es así como los Maestros de la Compasión nos ayudan a nosotros que somos como niños para Ellos; de igual manera debemos tratar de ayudar a aquellos que son más jóvenes que nosotros en la vida del espíritu. No olvidemos que la persona que por casualidad se encuentra con nosotros en un  momento dado es persona enviada a nosotros por el Maestro para que la sirvamos en ese  momento. No necesitando cosa alguna, puede darlo todo. No amándose a si mismo, vuelvese la encarnación del amor para los otros. Servir por amor al servicio, y no por el placer que sintamos en servir, es dar un paso definitivo hacia adelante; porque entonces comenzamos a adquirir ese balance, ese equilibrio que nos vuelve aptos para servir contentos, ora en el fracaso, ora en el éxito, sea en la obs­curidad interna, sea en la luminosidad externa. Quienquiera que sea atraído fuertemente hacia cualesquiera de las mo­dalidades externas del vivir, tarde o temprano ha de aprender la com­parativa significación de todas las cosas externas. Y cuanto mas pronto se pase por las experiencias requeridas por el Karma del pasado, tan­to mejor para el individuo. Es desagradable en verdad verse repentina­mente arrojado de su elemento, pero la copa que cura la torpeza es siempre amarga, y debe apurársela si ha de erradicarse la enfermedad. Cuando la suave brisa que viene del Loto de Sus Pies susurra sobre el alma, entonces comprendes que las peores circunstancias inherentes no son lo suficientemente fuertes para malograr la encantadora música interna. No obstante, es completamente una ilusión, porque no nos acercamos a los Señores de la Pureza por medio de locomoción física, sino volviéndonos mas puros y mas fuertes por medio del sufrimiento constante del pobre mundo alucinado con respecto a nuestros reverenciados Señores, La vida espiritual y el amor no se acaban por el hecho de gas­tarlos. El gasto tan solo aumenta el acopio y lo hace mas rico y mas intenso. Tratad de ser tan felices y contentos como podáis, porque en el gozo se halla la real vida espiritual. La tristeza es solamente el resultado de nuestra ignorancia y de la ausencia de una visión clara. Así pues, debéis resistir, tanto como podáis, todo sentimiento de tris­teza porque obscurece la atmósfera espiritual. Y aun cuando no po­dais detener completamente su aparición, no debéis dejaros vencer completamente por él. Recordad que en el mismo corazón del universo esta la Beatitud. Nada me duele más que el ciego y frenético empeño con el cual una gran mayoría de nues­tros hermanos del género humano se dedican a la búsqueda del pla­cer de los sentidos, y la vista errónea y eternamente vacía que tienen de la vida. El espectáculo de esta ignorancia y locura me toca el cora­zón mucho más tiernamente que las penalidades físicas que las gen­tes padecen. La preciosa imagen vista de Kali de pie sobre Shiva postrado es ilustración de la utilidad – el uso más elevado – de la Ira y el Odio. La complexión negra representa la Ira; con la espada, ella significa también proeza física; y toda la vista significa que mientras el hom­bre tiene ira y odio y fuerza física, debería usarlas en la supre­sión de las otras pasiones, en la masacre de los deseos de la carne. Ella representa, asimismo, lo que realmente ocurre cuando la men­te se vuelve por primera vez hacia la vida superior. Hasta allí carece­mos aun de sabiduría y equilibrio mental, y por lo tanto quebranta­mos los deseos con nuestras propias pasiones, dirigimos nuestra ira contra nuestros vicios, y así los subyugamos; empleamos igualmente nuestro orgullo contra las indignas tendencias del cuerpo y también contra las de la mente, y en esa forma subimos al primer peldaño de la escala. Shiva postrado nos enseña que cuando uno esta comprome­tido en guerra como esta no tiene en cuenta los más elevados princi­pios, más aun, el Atma, de hecho los pisotea, y hasta no haber venci­do al ultimo de los enemigos de su YO no llega a reconocer su actual posición durante la batalla con respecto a Atma. De este modo Kali halla a Shiva a sus pies solamente cuando ella ha matado al ultimo Deitya, la personificación de Ahamkara, y entonces ella se ruboriza ante su furia insana. En tanto que las pasiones todas no hayan sido subyugadas, debemos usarlas para su propia exterminación, neutralizando la fuerza de una con la otra; y solamente así podremos, al prin­cipio, lograr destruir el egoísmo y alcanzar el primer vislumbre de nuestro verdadero Atma – Shiva dentro de nosotros – al que descono­cemos mientras los deseos rugen y crujen en el corazón. Bien podemos siempre poner de lado nuestro miope deseo per­sonal a fin de servir a Ellos con fidelidad. Experiencia mía es que sola­mente siguiendo así Su guía uno evita siempre algún peligroso pre­cipicio hacia el cual inconscientemente corría. Difícil parece por el momento desprenderse de cuanto nos gusta, pero al fin, solamente el gozo resulta de sacrificio tal. No hay entrenamiento mejor que los po­cos breves años de nuestra vida, cuando al impulso de puros desenga­ños buscamos abrigo ante los benditos Pies de los Señores, puesto que en ninguna otra parte hay lugar pare el descanso. Y entonces crece en el discípulo el habito de pensar siempre que su único refugio esta en Ellos; y cuando no piensa en Ellos se siente desdichado. Así, des­de la misma obscuridad de la desesperación aparece una luz que nun­ca se extingue. Aquellos cuyos ojos penetran las vastas lejanías del futuro, veladas a los ojos mortales, han hecho y harán lo que sea me­jor para el mundo. Se deben sacrificar los resultados inmediatos y las satisfacciones temporales si la finalidad ha de asegurarse sin riesgo de fracaso. Cuanto mas queramos que sean ciertas las posibilidades de éxito final, tanto menos debemos anhelar los días de la cosecha. Sola­mente en virtud del dolor podemos alcanzar la perfección y la pureza; solamente a costa del dolor podemos hacernos servidores dignos del Huérfano que incesantemente llora por alimento espiritual. La vida es digna de poseerla solamente cuando la sacrificamos a Sus Pies. Regocijémonos por el hecho de tener oportunidades para servir en la Gran Causa por medio de sacrificios personales, pues tal sufri­miento puede ser usado por Ellos para atraer a la pobre errante Hu­manidad, un pequeño paso hacia lo alto. Cualquier dolor que un discípulo puede sufrir es prenda de igual ganancia para el mundo. El debe, por lo tanto, sufrir con buena voluntad y alegremente, puesto que el ve un poquito mas claramente que los ciegos mortales por quie­nes sufre. En todo el curso de la evolución hay una ley, tan dolorosa­mente evidente, aun a los ojos del mas bisoño, según la cual todo cuanto sea digno de adquirirse no ha de obtenerse sin el sacrificio correspondiente. Aquel que renuncia todo sentir del yo, y hace de si mismo un instrumento para que con el trabajen las Divinas Manos, no debe te­mer las tribulaciones y dificultades del riguroso mundo. “Según Tu diriges, así trabajo yo”. Este es el camino mas fácil para salir de la esfera del Karma individual, pues aquel que pone todas sus facultades a los Pies de los Señores no aumenta Karma para si; y así, según Shri Krishna promete: “Yo tomo sobre Mí el saldo de sus cuentas” El discípulo no debe pensar en el fruto de sus acciones. Tal enseñó el Gran Maestro Cristiano: “No os preocupéis por el mañana”. No permitáis que los impulsos guíen la conducta. El entusiasmo pertenece al sentimiento, no a la conducta. El entusiasmo en la con­ducta no tiene lugar en el Ocultismo verdadero, pues el Ocultista debe ser dueño de si mismo. Una de las cosas mas difíciles en la vida del Ocultista es mantener el balance al nivel – este poder emana de la real penetración espiritual. El Ocultista tiene que vivir más en la vida interna que en la externa. El siente, comprende, sabe mas y mas, pero exhibe menos y menos. Aun los sacrificios que tiene que hacer pertene­cen más y mas al mundo interno que al externo. En la ordinaria de­voción religiosa todo el sacrificio y fuerza de que nuestra naturaleza es capaz se usan adhiriéndose a lo externo y en superar el ridículo y las tentaciones del plano físico. Pero estas deben servir para ma­yores objetos en la vida del Ocultista. Debe considerarse la propor­ción, y subordinarse lo externo. En una palabra: nunca ser peculiar. Así como el Hamsa toma la leche solamente y deja el agua en que ambas están mezcladas, tal hace el Ocultista, extracta y retiene la vida y la quinta esencia de todas las diversas cualidades y arroja las cáscaras en que ellas están alojadas.  ¿Por qué debe cortarse la comunicación con el mundo interno, causando melancolía y pesadumbre al corazón? Porque el exterior tie­ne todavía algunas lecciones que enseñar, y una de ellas es que el también es divino en su esencia, divino en su substancia y sus méto­dos, que por lo tano debéis serle más bondadosos. De otra parte, la tristeza y la melancolía tienen su uso y filosofía. Se necesita de ellas para la evolución y el pimpollecer del Alma humana como del gozo y el encanto. Sin embargo, se las necesita solamente en las primeras etapas de nuestro crecimiento, y se pasa sin ellas cuando el Ego ha flo­recido y ha abierto su corazón al Divino Sol. Vosotros sabéis como opera la evolución. Comenzamos sin sensa­ción alguna. Gradualmente la desarrollamos, y en cierto punto de nues­tra peregrinación la poseemos en el mas intenso grado. Luego viene un periodo en el cual se considera la sensación como Maya, y así comienza a disminuir y el conocimiento predomina, hasta que al fin este incinera toda la sensación, y entonces poseemos absoluta paz. Pero, ninguna en la nesciencia, como en los comienzos de nuestra vida en el reino mine­ral, mas si en la omnisciencia; paz, no en la completa apatía como si fuera la muerte, tal como la vemos en las piedras, sino en vida absolu­ta y absoluto amor. Esto halla descanso, porque da vida a todo lo que es, y derrama sus bendiciones en todo el Universo. Pero los extremos se tocan, y así en uno de los aspectos los principios coinciden. Vosotros no debéis caer en las falacias que comete el ignorante. Todo amor verdadero es atributo del Espíritu, y Prana y Bhakti son dos aspectos de la Divina Prakriti (Naturaleza) la que hace digna de vivirse la vida del aspirante a las aguas de la inmortalidad. En la tempestuosa obscuridad de la vida del discípulo la única luz viene del Amor, pues el Amor y Ananda (el Arrobamiento) en el sentido mas elevado son idénticos, y cuando mas puro y espiritual es el Amor, tan­to mas participa este en la naturaleza de Ananda y tanto menos se mezcla con elementos discordantes. Solamente el santo amor del Maes­tro es tan majestuosamente sereno al extremo de no haber nada en el que no participe de lo Divino.

Intérprete Energético

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Escuela Loto Blanco - Shaolin Tradicional

Escuela Lianhua Jia - Shaolin Tradicional

anarkiaespiritual

Just another WordPress.com site

SUKHA

SUKHA centro AYURVEDA

Esencia de la Medicina Tradicional China

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Spirit Voyage Blog

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Kukhahnyoga's Blog

A Journey Into Yoga, Breathing, Wellness, and Health

OTRA VIDA ES POSIBLE CON SAIKU

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Mantar Vigyan

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Yoga XTC Blog

everything in the light of yoga

YOGA SU PRÁCTICA Y FILOSOFÍA

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Espaco Astrologico

A Astrologia como um direcionamento superior para a humanidade do futuro.

Sociedad Valenciana de Acupuntura

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Materia sólida, líquida, energía radiante, gas, éter, mente, inteligencia y ego

Alternativo21

Vidas en equilibrio con la Tierra